Durante años las redes sociales nos han vendido una ilusión: la de la autenticidad. Personas aparentemente corrientes que nos enseñan qué ropa usan, qué cosméticos compran, qué restaurantes visitan o qué teléfono móvil llevan en el bolsillo. Consejos sobre viajes, nutrición y deporte impartidos por personas que podrían ser nuestro vecino o vecina. Esa cercanía fue precisamente el secreto del éxito de los influencers. Parecían personas reales compartiendo experiencias reales. Pero desde hace poco más de un año, algo está cambiando.. Cada vez más marcas están sustituyendo a los creadores de contenido por personajes generados íntegramente mediante inteligencia artificial. Son jóvenes atractivos, fotogénicos, siempre disponibles y capaces de producir contenido las veinticuatro horas del día sin cansarse, sin cometer errores y sin pedir aumentos de sueldo. El problema es que muchas veces el público ni siquiera sabe que no existen.. Según un análisis de The Guardian, algunas empresas ya utilizan influencers generados por IA para promocionar productos en Instagram, TikTok y otras plataformas sin informar claramente de que se trata de personajes creados con inteligencia artificial. De hecho, en algunos casos, incluso se emplean acuerdos de confidencialidad entre las agencias y el cliente, para ocultar el uso de estas herramientas.. La pregunta es inevitable: ¿importa realmente si quien recomienda un producto es humano o no? La idea no es nueva. Uno de los casos más conocidos es el de Lil Miquela, una influencer virtual creada en 2016 que acumula millones de seguidores y ha colaborado con marcas como Calvin Klein o Prada. Lo que comenzó como una curiosidad tecnológica se ha convertido en una industria multimillonaria.. Para las agencias y las marcas, un influencer hecho con IA no se enferme, no genera polémicas y no puede trabajar para la competencia. Puede adaptarse a cualquier campaña, hablar cualquier idioma, cambiar de aspecto en segundos y mantener una imagen perfectamente alineada con los valores de la marca. A esto hay que sumarle que cada vez es más fácil y rápido crear estos personajes. Lo que antes requería estudios de animación completos ahora puede hacerse desde un ordenador portátil.. Sin embargo, la principal fortaleza de los influencers siempre fue la sensación de autenticidad. Un estudio publicado en el Journal of Marketing & Social Research analizó la reacción de 320 usuarios ante contenidos promocionales creados por influencers humanos y por influencers artificiales. Los resultados mostraron que los personajes generados por IA obtenían puntuaciones significativamente más bajas (más del 60%) en autenticidad percibida y confianza hacia la marca. Más llamativo aún: cuando se informaba explícitamente a los participantes de que el influencer era artificial, la confianza disminuía todavía más. La paradoja es evidente.. Las empresas quieren transparencia, pero la transparencia puede reducir la eficacia del mensaje. Un estudio de la Universidad de Cornell advierte de que las herramientas generativas están reduciendo drásticamente las barreras para crear contenido falso a gran escala. No se trata únicamente de producir imágenes realistas, sino de construir identidades completas capaces de publicar, interactuar y generar credibilidad durante meses o años. En otras palabras, no estamos ante simples anuncios automatizados. Estamos ante personajes capaces de desarrollar una relación parasocial con miles o millones de personas.. El Portal Europeo de la Juventud señala que muchos influencers virtuales comparten características similares: son extraordinariamente atractivos, llevan vidas aparentemente perfectas y proyectan estándares de belleza imposibles. La diferencia es que ni siquiera están limitados por la biología humana. Sus creadores pueden modificar cualquier rasgo físico con un clic.. “En el plano jurídico – señala el comunicado de la UE -, los Estados miembros elaboraron a mediados de mayo de este año las primeras normativas para el uso de la IA, centrándose en el etiquetado obligatorio y la protección y salvaguarda de los derechos fundamentales. Sin embargo, ya existe una clara brecha entre la legislación y la experiencia práctica. Esto se debe, en gran medida, al rápido desarrollo de la inteligencia artificial”. En pocas palabras, no solo es tarde, sino que los responsables de legislar lo asumen.. Mientras tanto, las plataformas intentan introducir etiquetas que identifiquen imágenes o vídeos generados mediante IA. El problema es que estas marcas pueden desaparecer cuando el contenido se vuelve a editar o se distribuye fuera de los canales oficiales.. Pero el problema más importante no es tecnológico ni jurídico, sino psicológico. Los perfiles de IA afectan negativa y rápidamente la salud mental de los adolescentes. Y a esto hay que sumarle que antes nos preguntábamos si una fotografía estaba manipulada o si un vídeo era ficticio, ahora nos cuestionamos si una persona es real. O si el producto que promociona siquiera existe. Y cuando ya no podamos responder con seguridad a esas preguntas, el activo más valioso de las redes sociales, la confianza, podría convertirse también en el más escaso.
«Existe una clara brecha entre la legislación y la experiencia práctica. Esto se debe, en gran medida, al rápido desarrollo de la inteligencia artificial» sostiene la UE.
Durante años las redes sociales nos han vendido una ilusión: la de la autenticidad. Personas aparentemente corrientes que nos enseñan qué ropa usan, qué cosméticos compran, qué restaurantes visitan o qué teléfono móvil llevan en el bolsillo. Consejos sobre viajes, nutrición y deporte impartidos por personas que podrían ser nuestro vecino o vecina. Esa cercanía fue precisamente el secreto del éxito de los influencers. Parecían personas reales compartiendo experiencias reales. Pero desde hace poco más de un año, algo está cambiando.. Cada vez más marcas están sustituyendo a los creadores de contenido por personajes generados íntegramente mediante inteligencia artificial. Son jóvenes atractivos, fotogénicos, siempre disponibles y capaces de producir contenido las veinticuatro horas del día sin cansarse, sin cometer errores y sin pedir aumentos de sueldo. El problema es que muchas veces el público ni siquiera sabe que no existen.. Según un análisis de The Guardian, algunas empresas ya utilizan influencers generados por IA para promocionar productos en Instagram, TikTok y otras plataformas sin informar claramente de que se trata de personajes creados con inteligencia artificial. De hecho, en algunos casos, incluso se emplean acuerdos de confidencialidad entre las agencias y el cliente, para ocultar el uso de estas herramientas.. La pregunta es inevitable: ¿importa realmente si quien recomienda un producto es humano o no? La idea no es nueva. Uno de los casos más conocidos es el de Lil Miquela, una influencer virtual creada en 2016 que acumula millones de seguidores y ha colaborado con marcas como Calvin Klein o Prada. Lo que comenzó como una curiosidad tecnológica se ha convertido en una industria multimillonaria.. Para las agencias y las marcas, un influencer hecho con IA no se enferme, no genera polémicas y no puede trabajar para la competencia. Puede adaptarse a cualquier campaña, hablar cualquier idioma, cambiar de aspecto en segundos y mantener una imagen perfectamente alineada con los valores de la marca. A esto hay que sumarle que cada vez es más fácil y rápido crear estos personajes. Lo que antes requería estudios de animación completos ahora puede hacerse desde un ordenador portátil.. Sin embargo, la principal fortaleza de los influencers siempre fue la sensación de autenticidad. Un estudio publicado en el Journal of Marketing & Social Research analizó la reacción de 320 usuarios ante contenidos promocionales creados por influencers humanos y por influencers artificiales. Los resultados mostraron que los personajes generados por IA obtenían puntuaciones significativamente más bajas (más del 60%) en autenticidad percibida y confianza hacia la marca. Más llamativo aún: cuando se informaba explícitamente a los participantes de que el influencer era artificial, la confianza disminuía todavía más. La paradoja es evidente.. Las empresas quieren transparencia, pero la transparencia puede reducir la eficacia del mensaje. Un estudio de la Universidad de Cornell advierte de que las herramientas generativas están reduciendo drásticamente las barreras para crear contenido falso a gran escala. No se trata únicamente de producir imágenes realistas, sino de construir identidades completas capaces de publicar, interactuar y generar credibilidad durante meses o años. En otras palabras, no estamos ante simples anuncios automatizados. Estamos ante personajes capaces de desarrollar una relación parasocial con miles o millones de personas.. El Portal Europeo de la Juventud señala que muchos influencers virtuales comparten características similares: son extraordinariamente atractivos, llevan vidas aparentemente perfectas y proyectan estándares de belleza imposibles. La diferencia es que ni siquiera están limitados por la biología humana. Sus creadores pueden modificar cualquier rasgo físico con un clic.. “En el plano jurídico – señala el comunicado de la UE -, los Estados miembros elaboraron a mediados de mayo de este año las primeras normativas para el uso de la IA, centrándose en el etiquetado obligatorio y la protección y salvaguarda de los derechos fundamentales. Sin embargo, ya existe una clara brecha entre la legislación y la experiencia práctica. Esto se debe, en gran medida, al rápido desarrollo de la inteligencia artificial”. En pocas palabras, no solo es tarde, sino que los responsables de legislar lo asumen.. Mientras tanto, las plataformas intentan introducir etiquetas que identifiquen imágenes o vídeos generados mediante IA. El problema es que estas marcas pueden desaparecer cuando el contenido se vuelve a editar o se distribuye fuera de los canales oficiales.. Pero el problema más importante no es tecnológico ni jurídico, sino psicológico. Los perfiles de IA afectan negativa y rápidamente la salud mental de los adolescentes. Y a esto hay que sumarle que antes nos preguntábamos si una fotografía estaba manipulada o si un vídeo era ficticio, ahora nos cuestionamos si una persona es real. O si el producto que promociona siquiera existe. Y cuando ya no podamos responder con seguridad a esas preguntas, el activo más valioso de las redes sociales, la confianza, podría convertirse también en el más escaso.
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