Golpe de autoridad de León XIV. Con una rotundidad que no habían mostrado ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI ni Francisco. El Papa ha rubricado la excomunión de los lefebvrianos. De todos aquellos que secunden al cisma que la llamada Fraternidad Sacerdotal San Pío X materializó este miércoles con la ordenación ilícita de cuatro obispos tradicionalistas en la localidad suiza de Écône. Así lo hizo saber a primera hora de la mañana de ayer, cuando se publicó un decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, esto es, la Antigua Inquisición. Su máximo responsable, el cardenal prefecto Víctor Manuel Fernández, decreta la excomunión directa tanto para los dos obispos consagrantes que presidieron la ceremonia como para los cuatro hombres a los que se les ha entregado mitra y báculo. Sin embargo, la resolución de la Santa Sede no se queda ahí. «Se amonesta a los clérigos y a los fieles laicos para que no se adhieran al cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, pues incurrirían ipso facto en la pena de excomunión latae sententiae (automática)», se lee en el documento. De esta manera, el Papa agustino da un portazo ante el acto de rebeldía que el grupo tradicionalista suizo y negacionistas del Concilio Vaticano II anunció ya el pasado febrero: consagrar cuatro obispos saltándose a la torera el complejo proceso de selección establecido por la Santa Sede y que finaliza con la elección de cada candidato por parte del Papa dentro de la terna definitiva que se le presenta. Fue este miércoles, ante 15.000 personas, en una pradera en Écône, cuna de esta realidad eclesial, cuando el arzobispo español ahora amonestado, Alfonso de Galarreta, entregaba la mitra y el báculo a dos franceses, un suizo y un norteamericano en una ceremonia que duró unas cinco horas y que contó con todo el boato propio del misal de Pío V, esto es, promulgado tras el Concilio de Trento en 1570. De nada han servido los intentos del equipo de León XIV por reconducir la situación en estos últimos meses ni tan siquiera la carta que el propio Pontífice envió en la víspera del acto cismático. «Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás!», escribía el Obispo de Roma en una misiva en la que les advertía de las consecuencias de su «acto cismático» y les tendía la mano para «emprender un camino de diálogo y entendimiento». Las llamadas a la comunión que ha venido haciendo León XIV a lo largo de su primer año de Pontificado y su perfil moderado en las formas quizá hizo pensar a los lefebvrianos algo más de manga ancha al Papa matemático. Pero no ha sido así. Robert Prevost se ha plantado con la sanción más severa que podría aplicar. Lo cierto es que ningún intento de acercamiento por parte de Roma ha resultado fructífero desde que en 1970 Marcel Lefebvre fundara este movimiento en Suiza. Hoy cuentan con unos 1.500 miembros, entre ellos, más de 700 sacerdotes, cerca de 250 seminaristas, además de religiosos y
Horas después de que los tradicionalistas ordenaran a cuatro obispos de forma ilícita, el Papa expulsa a los protagonistas y a los fieles que les apoyen
Golpe de autoridad de León XIV. Con una rotundidad que no habían mostrado ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI ni Francisco. El Papa ha rubricado la excomunión de los lefebvrianos. De todos aquellos que secunden al cisma que la llamada Fraternidad Sacerdotal San Pío X materializó este miércoles con la ordenación ilícita de cuatro obispos tradicionalistas en la localidad suiza de Écône. Así lo hizo saber a primera hora de la mañana de ayer, cuando se publicó un decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, esto es, la Antigua Inquisición. Su máximo responsable, el cardenal prefecto Víctor Manuel Fernández, decreta la excomunión directa tanto para los dos obispos consagrantes que presidieron la ceremonia como para los cuatro hombres a los que se les ha entregado mitra y báculo. Sin embargo, la resolución de la Santa Sede no se queda ahí. «Se amonesta a los clérigos y a los fieles laicos para que no se adhieran al cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, pues incurrirían ipso facto en la pena de excomunión latae sententiae (automática)», se lee en el documento.De esta manera, el Papa agustino da un portazo ante el acto de rebeldía que el grupo tradicionalista suizo y negacionistas del Concilio Vaticano II anunció ya el pasado febrero: consagrar cuatro obispos saltándose a la torera el complejo proceso de selección establecido por la Santa Sede y que finaliza con la elección de cada candidato por parte del Papa dentro de la terna definitiva que se le presenta. Fue este miércoles, ante 15.000 personas, en una pradera en Écône, cuna de esta realidad eclesial, cuando el arzobispo español ahora amonestado, Alfonso de Galarreta, entregaba la mitra y el báculo a dos franceses, un suizo y un norteamericano en una ceremonia que duró unas cinco horas y que contó con todo el boato propio del misal de Pío V, esto es, promulgado tras el Concilio de Trento en 1570.De nada han servido los intentos del equipo de León XIV por reconducir la situación en estos últimos meses ni tan siquiera la carta que el propio Pontífice envió en la víspera del acto cismático. «Les ruego y les pido de todo corazón: ¡Den marcha atrás!», escribía el Obispo de Roma en una misiva en la que les advertía de las consecuencias de su «acto cismático» y les tendía la mano para «emprender un camino de diálogo y entendimiento».Las llamadas a la comunión que ha venido haciendo León XIV a lo largo de su primer año de Pontificado y su perfil moderado en las formas quizá hizo pensar a los lefebvrianos algo más de manga ancha al Papa matemático. Pero no ha sido así. Robert Prevost se ha plantado con la sanción más severa que podría aplicar.Lo cierto es que ningún intento de acercamiento por parte de Roma ha resultado fructífero desde que en 1970 Marcel Lefebvre fundara este movimiento en Suiza. Hoy cuentan con unos 1.500 miembros, entre ellos, más de 700 sacerdotes, cerca de 250 seminaristas, además de religiosos y reli
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