Al ver aparecer con un limón en la mano a Begoña Pérez, más conocida como La Ordenatriz, Sonsoles Ónega no esperó ni un segundo para verbalizar su angustia.. «Ay, que viene Ordenatriz con el limón. Te voy a decir una cosa, estoy muy preocupada con el limón», soltó la presentadora de Y ahora Sonsoles nada más divisarlo.. Según confesó ante la audiencia, y como «dato de interés general», está «llena de caries». El supuesto detonante, relatado por la propia comunicadora, habría sido su costumbre de desayunar a diario la pulpa de este cítrico.. Dicho lo cual, la ganadora del Premio Planeta no ahorró en dramatismo. «¡Mátame, camión! Me tengo que hacer 850 empastes y tomar el puñetero limón con pajita», lamentó con desmesura, aunque sin borrar la sonrisa de su rostro.. Decidida a cambiar de hábitos, anunció su nuevo propósito: «Me he cambiado al pomelo». Sin embargo, la alternativa no parecía ofrecer demasiadas garantías. La propia Ordenatriz zanjó cualquier esperanza: «Es igual de ácido».
Sonsoles Ónega explicó en ‘YAS’ que su rutina saludable de desayunar limón a diario le habría acarreado contratiempos en su sonrisa.
20MINUTOS.ES – Televisión
Al ver aparecer con un limón en la mano a Begoña Pérez, más conocida como La Ordenatriz, Sonsoles Ónega no esperó ni un segundo para verbalizar su angustia.. «Ay, que viene Ordenatriz con el limón. Te voy a decir una cosa, estoy muy preocupada con el limón», soltó la presentadora de Y ahora Sonsoles nada más divisarlo.. Según confesó ante la audiencia, y como «dato de interés general», está «llena de caries». El supuesto detonante, relatado por la propia comunicadora, habría sido su costumbre de desayunar a diario la pulpa de este cítrico.. Dicho lo cual, la ganadora del Premio Planeta no ahorró en dramatismo. «¡Mátame, camión! Me tengo que hacer 850 empastes y tomar el puñetero limón con pajita», lamentó con desmesura, aunque sin borrar la sonrisa de su rostro.. Decidida a cambiar de hábitos, anunció su nuevo propósito: «Me he cambiado al pomelo». Sin embargo, la alternativa no parecía ofrecer demasiadas garantías. La propia Ordenatriz zanjó cualquier esperanza: «Es igual de ácido».
