El sector de la música en vivo en España afronta una preocupante inestabilidad tras la reciente cancelación del festival Oh, See! y del ciclo Solaris Nerja, dos citas musicales que debían celebrarse en la localidad malagueña de Nerja este mes de junio. La organización ha comunicado oficialmente la suspensión de ambos eventos tras constatar que el ritmo de comercialización de los tickets resultaba insuficiente para sufragar los costes operativos. Este desenlace se suma a una tendencia creciente de cancelaciones que pone en entredicho la sostenibilidad del actual ecosistema de festivales, un fenómeno que ha proliferado exponencialmente en los últimos años hasta alcanzar a prácticamente todos los municipios del territorio nacional.. La crisis de un modelo agotado. La proliferación indiscriminada de citas musicales ha generado un debate sobre la saturación del mercado. Voces del ámbito público, como el concejal de Promoción Económica del Ayuntamiento de Zamora, David Gago, ya habían advertido recientemente sobre el incremento desmesurado de los cachés artísticos. Gago calificó de «absolutamente inmorales» las exigencias económicas de ciertos grupos para actuar en pequeñas localidades, financiadas habitualmente mediante fondos públicos, y sentenció con rotundidad que «ya pinchará la burbuja de los festivales». La realidad parece dar la razón a quienes alertaban sobre una dinámica de crecimiento irresponsable, donde el coste de producción supera la capacidad real de absorción del público.. Dificultades para mantener los estándares de calidad. La situación en Nerja ha servido como termómetro de esta fragilidad. El festival Oh, See!, que contaba con un cartel integrado por bandas como Ginebras o Shego, había logrado vender sus primeros 1.000 abonos, pero los organizadores reconocieron esta semana que «la realidad es que la venta de entradas no ha alcanzado el nivel necesario para hacer viable el festival y para ofrecer el evento que el público, los artistas y todos los implicados merecen». Un día más tarde, la organización del Solaris Nerja, un evento de mayor envergadura que incluía el citado Oh, See! en su programación durante diez días, confirmó el cese definitivo de toda la actividad prevista.. La justificación aportada por la empresa responsable de Solaris Nerja ahonda en la complejidad técnica y económica del sector, señalando que, tras realizar una evaluación operativa, las condiciones actuales «no nos permiten garantizar los estándares de calidad, seguridad y experiencia que consideramos imprescindibles». Este precedente se une al reciente caso del Fortaleza Sound en Lorca, Murcia, que también se vio obligado a suspender su celebración apenas tres semanas antes de su fecha programada por la misma carencia de ingresos. Mientras los grandes eventos consolidados parecen resistir, la realidad de las propuestas de menor calibre evidencia una corrección inevitable en un mercado que, tras años de efervescencia, empieza a mostrar síntomas inequívocos de agotamiento ante un público que no puede sostener tantas ofertas simultáneas.
La organización de los dos eventos malagueños ha confirmado que no podrán celebrarse al no lograr las cifras de taquilla mínimas exigidas para mantener la calidad y seguridad del proyecto, lo que pone de relieve la delicada situación que atraviesa el sector musical español
El sector de la música en vivo en España afronta una preocupante inestabilidad tras la reciente cancelación del festival Oh, See! y del ciclo Solaris Nerja, dos citas musicales que debían celebrarse en la localidad malagueña de Nerja este mes de junio. La organización ha comunicado oficialmente la suspensión de ambos eventos tras constatar que el ritmo de comercialización de los tickets resultaba insuficiente para sufragar los costes operativos. Este desenlace se suma a una tendencia creciente de cancelaciones que pone en entredicho la sostenibilidad del actual ecosistema de festivales, un fenómeno que ha proliferado exponencialmente en los últimos años hasta alcanzar a prácticamente todos los municipios del territorio nacional.. La crisis de un modelo agotado. La proliferación indiscriminada de citas musicales ha generado un debate sobre la saturación del mercado. Voces del ámbito público, como el concejal de Promoción Económica del Ayuntamiento de Zamora, David Gago, ya habían advertido recientemente sobre el incremento desmesurado de los cachés artísticos. Gago calificó de «absolutamente inmorales» las exigencias económicas de ciertos grupos para actuar en pequeñas localidades, financiadas habitualmente mediante fondos públicos, y sentenció con rotundidad que «ya pinchará la burbuja de los festivales». La realidad parece dar la razón a quienes alertaban sobre una dinámica de crecimiento irresponsable, donde el coste de producción supera la capacidad real de absorción del público.. Dificultades para mantener los estándares de calidad. La situación en Nerja ha servido como termómetro de esta fragilidad. El festival Oh, See!, que contaba con un cartel integrado por bandas como Ginebras o Shego, había logrado vender sus primeros 1.000 abonos, pero los organizadores reconocieron esta semana que «la realidad es que la venta de entradas no ha alcanzado el nivel necesario para hacer viable el festival y para ofrecer el evento que el público, los artistas y todos los implicados merecen». Un día más tarde, la organización del Solaris Nerja, un evento de mayor envergadura que incluía el citado Oh, See! en su programación durante diez días, confirmó el cese definitivo de toda la actividad prevista.. La justificación aportada por la empresa responsable de Solaris Nerja ahonda en la complejidad técnica y económica del sector, señalando que, tras realizar una evaluación operativa, las condiciones actuales «no nos permiten garantizar los estándares de calidad, seguridad y experiencia que consideramos imprescindibles». Este precedente se une al reciente caso del Fortaleza Sound en Lorca, Murcia, que también se vio obligado a suspender su celebración apenas tres semanas antes de su fecha programada por la misma carencia de ingresos. Mientras los grandes eventos consolidados parecen resistir, la realidad de las propuestas de menor calibre evidencia una corrección inevitable en un mercado que, tras años de efervescencia, empieza a mostrar síntomas inequívocos de agotamiento ante un público que no puede sostener tantas ofertas simultáneas.
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