EEUU e Israel no pueden garantizar Ormuz sin acabar con la fuerza naval asimétrica de la Guardia Revolucionaria, compuesta por lanchas rápidas, algunas blindadas, y minisubmarinos; y eso no es tan sencillo. Así se expresa, en declaraciones a LA RAZÓN, el experto en seguridad Chema Gil.. P: ¿Cómo ha cambiado el equilibrio militar en el Estrecho de Ormuz tras catorce días de guerra?. R: En catorce días, el equilibrio militar en el Estrecho de Ormuz ha experimentado un cambio profundo, marcado por la disociación entre las fuerzas convencionales de Irán y sus capacidades asimétricas. La marina del ejército regular, el Artesh, que es una fuerza naval convencional ha quedado limitada tras ataques precisos que han afectado, según EEUU a unos 50 buques, debilitando la proyección de fuerza clásica. Esta limitación ha creado un vacío operativo que la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGCN) ha sabido cubrir con rapidez y eficacia. Irán aplica una doble doctrina: mientras que el Artesh opera bajo principios de confrontación directa y defensa territorial, la IRGCN emplea tácticas de saturación y hostigamiento constante mediante lanchas rápidas, misiles de corto alcance, drones de ataque y vigilancia, y minas estratégicamente ubicadas. Esta estructura le permite controlar indirectamente el tráfico marítimo, forzando a EE. UU y sus aliados a mantener patrullas masivas para proteger convoyes y buques comerciales si quieren usar Ormuz, en operaciones de convoyes altísimamente peligrosos.. P.¿Qué papel juegan los recursos asimétricos de la IRGCN frente a la superioridad tecnológica de Estados Unidos?. R: La IRGCN ha diseñado una estrategia que maximiza la eficacia de sus recursos frente a la superioridad tecnológica estadounidense, demostrando cómo la guerra moderna no depende únicamente del tamaño o sofisticación de los sistemas de armas. Sus enjambres de lanchas rápidas Peykaap y Boghammar, operando coordinadamente con submarinos de reducidas dimensiones para aguas someras, generan saturación de sensores y defensas de convoyes, obligando a las fuerzas estadounidenses a redistribuir recursos y aumentar la vigilancia constante. Los misiles de corto alcance Noor y Qader, lanzados desde plataformas costeras o embarcaciones ligeras, permiten neutralizar objetivos clave sin comprometer grandes unidades, mientras los drones tácticos extienden la capacidad de inteligencia y ataque con mínima exposición. La utilización de minas flotantes y ancladas crea bloqueos temporales que fuerzan desvíos y aumentan el costo operativo del tránsito marítimo, al tiempo que condicionan la planificación estratégica de EE. UU. y sus aliados.. P: ¿Qué unidades y doctrinas de la IRGCN son determinantes para mantener control en Ormuz?. R: La IRGCN ha desarrollado una estructura operacional que maximiza su capacidad de influencia pese a no disponer de la fuerza convencional del Artesh. Sus lanchas rápidas, como las clases Peykaap y Boghammar, se emplean en enjambres coordinados, capaces de saturar sensores y defensas enemigas, hostigar convoyes y forzar desviaciones estratégicas. Complementando esto, los buques de patrulla clase Hendijan y plataformas Zolfaghar actúan como nodos logísticos y lanzadores de misiles de corto alcance, permitiendo ataques selectivos y la sustentación de operaciones prolongadas sin exponer fuerzas mayores. La IRGCN opera bajo una doctrina de guerra asimétrica que combina saturación, movilidad y sorpresa, utilizando drones tácticos de vigilancia y ataque para anticipar movimientos y neutralizar amenazas antes de que puedan consolidarse.. P: ¿Cómo afecta este conflicto al tráfico comercial y las rutas energéticas internacionales?. R: La presión constante de la IRGCN sobre el Estrecho ha convertido esta vía en un espacio de alto riesgo logístico y económico. Los convoyes comerciales enfrentan desvíos prolongados, operaciones de limpieza de minas y vigilancia intensiva, lo que incrementa de forma inmediata los costos operativos y primas de seguro. Cada maniobra defensiva y cada desvío forzado tiene un efecto en la cadena de suministro energético global, elevando los precios del petróleo y el gas y generando incertidumbre en mercados dependientes del Golfo Pérsico. Más allá del impacto directo en los flujos de energía, la guerra altera la planificación logística de armadores internacionales, obligando a rutas más largas y a inversiones adicionales en seguridad, mientras EE. UU. despliega recursos masivos para proteger convoyes estratégicos.. P: ¿Qué actores internacionales podrían influir en la resolución del conflicto y cómo?. R: Los actores internacionales juegan un papel decisivo en contener la escalada y garantizar la continuidad del tráfico marítimo. China, por su dependencia energética del Golfo Pérsico, puede garantizar corredores seguros a cambio de compromisos estratégicos, reforzando así su protagonismo global y su influencia sobre el régimen iraní. Rusia, mediante sus canales diplomáticos con Teherán, tiene capacidad para mediar y reducir riesgos de confrontación directa, aprovechando la situación para consolidar su presencia geopolítica y energética. La Unión Europea puede actuar como observador y facilitador de protocolos neutrales de tránsito, coordinando rutas mínimas seguras y supervisando la protección de buques comerciales. Países del Golfo como Omán y Qatar desempeñan un rol crucial en facilitar contactos discretos que aseguren tránsito seguro y eviten bloqueos prolongados. La participación de estos actores demuestra que la guerra no se resuelve únicamente con la fuerza militar; la diplomacia estratégica, la presión económica y la coordinación internacional son igual de determinantes.. P: Si Estados Unidos declara victorias militares, ¿puede considerarse realmente vencedor?. R: La noción de victoria en este conflicto es profundamente relativa y va más allá de la destrucción de unidades convencionales del Artesh. Aunque Estados Unidos pueda declarar haber neutralizado fragatas, corbetas o submarinos de la marina regular iraní, esto no elimina la amenaza persistente de la IRGCN, cuya doctrina asimétrica y tácticas de saturación continúan generando riesgo constante en el Estrecho. La IRGCN puede hostigar convoyes, mantener minas estratégicas, operar enjambres de lanchas rápidas y desplegar drones tácticos sin exponerse a confrontación directa. Por ello, incluso si EE. UU. logra objetivos tácticos, no logra una victoria estratégica, ya que la presión indirecta sobre el tráfico marítimo y la percepción global de seguridad persiste. Paralelamente, Irán puede reivindicar logros en términos de resistencia y capacidad de influencia, demostrando que la “victoria” no se mide solo por objetivos militares destruidos, sino por la capacidad de alterar dinámicas estratégicas sostenidas.. P: ¿Qué escenarios tácticos y estratégicos podrían desarrollarse en los próximos treinta días?. R: En el horizonte de los próximos treinta días, el Estrecho de Ormuz permanecerá como un espacio de alta tensión y riesgo constante. La IRGCN continuará aplicando su doctrina de saturación mediante lanchas rápidas operando en enjambres, misiles de corto alcance lanzados desde plataformas móviles y drones de vigilancia y ataque, mientras las minas flotantes y ancladas obligan a desvíos estratégicos. Estas tácticas generarán un desgaste operativo elevado para la Marina de EE. UU. y sus aliados, que deberán mantener patrullas intensivas para garantizar tránsito mínimo seguro. En paralelo, la diplomacia internacional jugará un papel decisivo: China y Rusia podrían facilitar corredores de tránsito seguros, evitando bloqueos prolongados y mitigando riesgos económicos, mientras la UE y países del Golfo equilibrados supervisan protocolos neutrales de paso.. P: Desde un enfoque estratégico integral, ¿cómo podrían evolucionar las relaciones internacionales si el conflicto se prolonga?. R: Si el conflicto se prolonga más allá de las próximas semanas, el Estrecho de Ormuz continuará siendo un epicentro de tensión geopolítica y económica global. La Marina del Artesh permanecerá limitada, incapaz de ejercer control sostenido, mientras la IRGCN aplicará presión constante mediante tácticas asimétricas de hostigamiento y condicionando el tránsito marítimo. EE. UU. y aliados deberán mantener patrullas continuas, generando un desgaste operativo y financiero elevado. Si no hay una mediación potente, algo complicado, no sé consolidarían corredores seguros, el país o países que logren una diplomacia estratégica obtendrán beneficios económicos indirectos. La prolongación del conflicto acelerará la multipolaridad, incrementará la importancia de la diplomacia y de la economía en la resolución de la crisis y redefinirá la percepción de poder global. En este escenario, la “victoria” militar directa pierde relevancia frente a la capacidad de mantener influencia estratégica, controlar riesgos y proyectar poder sin confrontación directa, lo que evidencia que la guerra moderna combina operaciones militares, control indirecto, economía y política internacional en una interacción compleja que determinará la estabilidad regional y global. La superioridad tecnológica, armamentística puede sucumbir frente a una fuerza asimétrica potente y con una doctrina creada para ser muy disruptiva, especialmente en Ormuz.
EEUU e Israel no pueden garantizar Ormuz sin acabar con la fuerza naval asimétrica de la Guardia Revolucionaria, compuesta por lanchas rápidas, algunas blindadas, y minisubmarinos; y eso no es tan sencillo. Así se expresa, en declaraciones a LA RAZÓN, el experto en seguridad Chema Gil.. P: ¿Cómo ha cambiado el equilibrio militar en el Estrecho de Ormuz tras catorce días de guerra?. R: En catorce días, el equilibrio militar en el Estrecho de Ormuz ha experimentado un cambio profundo, marcado por la disociación entre las fuerzas convencionales de Irán y sus capacidades asimétricas. La marina del ejército regular, el Artesh, que es una fuerza naval convencional ha quedado limitada tras ataques precisos que han afectado, según EEUU a unos 50 buques, debilitando la proyección de fuerza clásica. Esta limitación ha creado un vacío operativo que la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGCN) ha sabido cubrir con rapidez y eficacia. Irán aplica una doble doctrina: mientras que el Artesh opera bajo principios de confrontación directa y defensa territorial, la IRGCN emplea tácticas de saturación y hostigamiento constante mediante lanchas rápidas, misiles de corto alcance, drones de ataque y vigilancia, y minas estratégicamente ubicadas. Esta estructura le permite controlar indirectamente el tráfico marítimo, forzando a EE. UU y sus aliados a mantener patrullas masivas para proteger convoyes y buques comerciales si quieren usar Ormuz, en operaciones de convoyes altísimamente peligrosos.. P.¿Qué papel juegan los recursos asimétricos de la IRGCN frente a la superioridad tecnológica de Estados Unidos?. R: La IRGCN ha diseñado una estrategia que maximiza la eficacia de sus recursos frente a la superioridad tecnológica estadounidense, demostrando cómo la guerra moderna no depende únicamente del tamaño o sofisticación de los sistemas de armas. Sus enjambres de lanchas rápidas Peykaap y Boghammar, operando coordinadamente con submarinos de reducidas dimensiones para aguas someras, generan saturación de sensores y defensas de convoyes, obligando a las fuerzas estadounidenses a redistribuir recursos y aumentar la vigilancia constante. Los misiles de corto alcance Noor y Qader, lanzados desde plataformas costeras o embarcaciones ligeras, permiten neutralizar objetivos clave sin comprometer grandes unidades, mientras los drones tácticos extienden la capacidad de inteligencia y ataque con mínima exposición. La utilización de minas flotantes y ancladas crea bloqueos temporales que fuerzan desvíos y aumentan el costo operativo del tránsito marítimo, al tiempo que condicionan la planificación estratégica de EE. UU. y sus aliados.. P: ¿Qué unidades y doctrinas de la IRGCN son determinantes para mantener control en Ormuz?. R: La IRGCN ha desarrollado una estructura operacional que maximiza su capacidad de influencia pese a no disponer de la fuerza convencional del Artesh. Sus lanchas rápidas, como las clases Peykaap y Boghammar, se emplean en enjambres coordinados, capaces de saturar sensores y defensas enemigas, hostigar convoyes y forzar desviaciones estratégicas. Complementando esto, los buques de patrulla clase Hendijan y plataformas Zolfaghar actúan como nodos logísticos y lanzadores de misiles de corto alcance, permitiendo ataques selectivos y la sustentación de operaciones prolongadas sin exponer fuerzas mayores. La IRGCN opera bajo una doctrina de guerra asimétrica que combina saturación, movilidad y sorpresa, utilizando drones tácticos de vigilancia y ataque para anticipar movimientos y neutralizar amenazas antes de que puedan consolidarse.. P: ¿Cómo afecta este conflicto al tráfico comercial y las rutas energéticas internacionales?. R: La presión constante de la IRGCN sobre el Estrecho ha convertido esta vía en un espacio de alto riesgo logístico y económico. Los convoyes comerciales enfrentan desvíos prolongados, operaciones de limpieza de minas y vigilancia intensiva, lo que incrementa de forma inmediata los costos operativos y primas de seguro. Cada maniobra defensiva y cada desvío forzado tiene un efecto en la cadena de suministro energético global, elevando los precios del petróleo y el gas y generando incertidumbre en mercados dependientes del Golfo Pérsico. Más allá del impacto directo en los flujos de energía, la guerra altera la planificación logística de armadores internacionales, obligando a rutas más largas y a inversiones adicionales en seguridad, mientras EE. UU. despliega recursos masivos para proteger convoyes estratégicos.. P: ¿Qué actores internacionales podrían influir en la resolución del conflicto y cómo?. R: Los actores internacionales juegan un papel decisivo en contener la escalada y garantizar la continuidad del tráfico marítimo. China, por su dependencia energética del Golfo Pérsico, puede garantizar corredores seguros a cambio de compromisos estratégicos, reforzando así su protagonismo global y su influencia sobre el régimen iraní. Rusia, mediante sus canales diplomáticos con Teherán, tiene capacidad para mediar y reducir riesgos de confrontación directa, aprovechando la situación para consolidar su presencia geopolítica y energética. La Unión Europea puede actuar como observador y facilitador de protocolos neutrales de tránsito, coordinando rutas mínimas seguras y supervisando la protección de buques comerciales. Países del Golfo como Omán y Qatar desempeñan un rol crucial en facilitar contactos discretos que aseguren tránsito seguro y eviten bloqueos prolongados. La participación de estos actores demuestra que la guerra no se resuelve únicamente con la fuerza militar; la diplomacia estratégica, la presión económica y la coordinación internacional son igual de determinantes.. P: Si Estados Unidos declara victorias militares, ¿puede considerarse realmente vencedor?. R: La noción de victoria en este conflicto es profundamente relativa y va más allá de la destrucción de unidades convencionales del Artesh. Aunque Estados Unidos pueda declarar haber neutralizado fragatas, corbetas o submarinos de la marina regular iraní, esto no elimina la amenaza persistente de la IRGCN, cuya doctrina asimétrica y tácticas de saturación continúan generando riesgo constante en el Estrecho. La IRGCN puede hostigar convoyes, mantener minas estratégicas, operar enjambres de lanchas rápidas y desplegar drones tácticos sin exponerse a confrontación directa. Por ello, incluso si EE. UU. logra objetivos tácticos, no logra una victoria estratégica, ya que la presión indirecta sobre el tráfico marítimo y la percepción global de seguridad persiste. Paralelamente, Irán puede reivindicar logros en términos de resistencia y capacidad de influencia, demostrando que la “victoria” no se mide solo por objetivos militares destruidos, sino por la capacidad de alterar dinámicas estratégicas sostenidas.. P: ¿Qué escenarios tácticos y estratégicos podrían desarrollarse en los próximos treinta días?. R: En el horizonte de los próximos treinta días, el Estrecho de Ormuz permanecerá como un espacio de alta tensión y riesgo constante. La IRGCN continuará aplicando su doctrina de saturación mediante lanchas rápidas operando en enjambres, misiles de corto alcance lanzados desde plataformas móviles y drones de vigilancia y ataque, mientras las minas flotantes y ancladas obligan a desvíos estratégicos. Estas tácticas generarán un desgaste operativo elevado para la Marina de EE. UU. y sus aliados, que deberán mantener patrullas intensivas para garantizar tránsito mínimo seguro. En paralelo, la diplomacia internacional jugará un papel decisivo: China y Rusia podrían facilitar corredores de tránsito seguros, evitando bloqueos prolongados y mitigando riesgos económicos, mientras la UE y países del Golfo equilibrados supervisan protocolos neutrales de paso.. P: Desde un enfoque estratégico integral, ¿cómo podrían evolucionar las relaciones internacionales si el conflicto se prolonga?. R: Si el conflicto se prolonga más allá de las próximas semanas, el Estrecho de Ormuz continuará siendo un epicentro de tensión geopolítica y económica global. La Marina del Artesh permanecerá limitada, incapaz de ejercer control sostenido, mientras la IRGCN aplicará presión constante mediante tácticas asimétricas de hostigamiento y condicionando el tránsito marítimo. EE. UU. y aliados deberán mantener patrullas continuas, generando un desgaste operativo y financiero elevado. Si no hay una mediación potente, algo complicado, no sé consolidarían corredores seguros, el país o países que logren una diplomacia estratégica obtendrán beneficios económicos indirectos. La prolongación del conflicto acelerará la multipolaridad, incrementará la importancia de la diplomacia y de la economía en la resolución de la crisis y redefinirá la percepción de poder global. En este escenario, la “victoria” militar directa pierde relevancia frente a la capacidad de mantener influencia estratégica, controlar riesgos y proyectar poder sin confrontación directa, lo que evidencia que la guerra moderna combina operaciones militares, control indirecto, economía y política internacional en una interacción compleja que determinará la estabilidad regional y global. La superioridad tecnológica, armamentística puede sucumbir frente a una fuerza asimétrica potente y con una doctrina creada para ser muy disruptiva, especialmente en Ormuz.
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