El lugar no podía ser más indicado para poder dialogar ayer con Sergio Ramírez. El escritor nicaragüense se reencontraba en la barcelonesa Fundación Foto Colectania con la obra fotográfica de Sergio Larrain, imágenes con las que había compartido páginas en el número 36 de la revista «Granta» y que se titulaba «Vargas Llosa for President». Ramírez estuvo en Barcelona precisamente para presentar la última entrega de la versión española de «Granta», editada por Valerie Miles y titulada «Centroamérica, la línea de sus manos», toda una declaración de principios.. Resulta inevitable empezar este diálogo planteando a Ramírez cuándo se jodió América. «Es una pregunta muy compleja porque hay distintos momentos de deterioro. Quizá el factor que domina la historia de América Latina es el caudillismo, como ha sentado en la figura patriarcal del hombre que tiene todo en su mano, porque es dueño de la tierra desde los tiempos de la colonia, dueño de la mano de obra esclava o semiesclava. Esto le dio a esta figura un dominio no solo sobre la familia, sino sobre el derecho de pernada que ayudó a definir esta figura», apuntó el Premio Cervantes. Pero luego llegó la política, concretamente, en palabras del escritor, «este desajuste político que ha tenido que ver con el desajuste de la repartición de la riqueza. América Latina es el continente más injusto en el mundo, donde la repartición de la riqueza es en los niveles más desproporcionados. Es la pobreza extrema, la riqueza extrema, el caudillo que no respeta las leyes y la democracia como una imposición que diría pertenece más al mundo de la ficción. Las instituciones democráticas nunca desarrollaron un arraigo en la estructura de la sociedad. Eso sigue ocurriendo bajo distintos signos ideológicos. Quien llega al poder con las ideas más mesiánicas, lo que quiere de inmediato es romper las reglas democráticas».. Esta ruptura con la democracia se traduce, por ejemplo, en la intención por parte de dirigentes de tratar de mantenerse en el cargo, como vimos con Bolsonaro, veremos con Milei o Lula, y «eso [pensando en el caso del brasileño que quiere volver a presentarse a unas elecciones] es una anomalía cuando a los 80 años piensas que puedes quedarte en el cargo presidencial».. Ramírez no oculta su sorpresa por la decisión de Trump de mantener en el poder a Delcy Rodríguez tras la captura de Maduro en Caracas. «Eso es sorprendente, verdaderamente es sorprendente. Hablamos de un régimen que nace con Chávez y se asiente en un discurso muy retórico, muy antiimperialista, muy virulento de confrontación con los Estados Unidos, sin distinguir si en la Casa Blanca está Biden o Trump. De repente este discurso radical, una vez que quitan a Maduro de por medio, se convierte en una colaboración prácticamente como de un protectorado, con las mismas figuras de izquierda. Cuando la señora Delcy Rodríguez habla para las tribunas locales, su discurso no cambia y, sin embargo, cuando recibe al secretario de Energía de los Estados Unidos, es otra persona. Eso es muy sorprendente, y más sorprendente aún, que pueda llegar a instalarse un sistema similar en Cuba», puntualizó Sergio Ramírez.. Esta semana se supo la intención por parte del gobierno nicaragüense de cerrar el paso a los cubanos que migran hacia Estados Unidos. El escritor sospecha que «Daniel Ortega hizo en tiempos de Biden, me parece que usando la buena fe de Biden, un negocio espectacular, abriendo las puertas de Nicaragua no solo a los vuelos desde Cuba sino de distintos puntos del Caribe y de muy lejanos puntos del mundo. Centenares de miles de emigrantes pasaron por el aeropuerto de Managua y eran embarcados en autobuses hacia Honduras. Este era un verdadero negocio y, a la vez, toda una provocación. Hoy, en este momento, con la llegada de Trump, y cuando está sucediendo todo esto en el Caribe, como la extracción de Nicolás Maduro, el aislamiento de Cuba, el embargo petrolero… como por arte de magia, la familia Ortega quita los vuelos, vuelve a poner la visa a los cubanos y a una serie de países. Los vuelos se acabaron y esto es fruto de una prevención, de limpiar sus cuentas y ponerse a bien con la administración Trump, por miedo, o fruto de un acuerdo».
El escritor y Premio Cervantes habla sobre los retos de futuro del continente en tiempos convulsos
El lugar no podía ser más indicado para poder dialogar ayer con Sergio Ramírez. El escritor nicaragüense se reencontraba en la barcelonesa Fundación Foto Colectania con la obra fotográfica de Sergio Larrain, imágenes con las que había compartido páginas en el número 36 de la revista «Granta» y que se titulaba «Vargas Llosa for President». Ramírez estuvo en Barcelona precisamente para presentar la última entrega de la versión española de «Granta», editada por Valerie Miles y titulada «Centroamérica, la línea de sus manos», toda una declaración de principios.. Resulta inevitable empezar este diálogo planteando a Ramírez cuándo se jodió América. «Es una pregunta muy compleja porque hay distintos momentos de deterioro. Quizá el factor que domina la historia de América Latina es el caudillismo, como ha sentado en la figura patriarcal del hombre que tiene todo en su mano, porque es dueño de la tierra desde los tiempos de la colonia, dueño de la mano de obra esclava o semiesclava. Esto le dio a esta figura un dominio no solo sobre la familia, sino sobre el derecho de pernada que ayudó a definir esta figura», apuntó el Premio Cervantes. Pero luego llegó la política, concretamente, en palabras del escritor, «este desajuste político que ha tenido que ver con el desajuste de la repartición de la riqueza. América Latina es el continente más injusto en el mundo, donde la repartición de la riqueza es en los niveles más desproporcionados. Es la pobreza extrema, la riqueza extrema, el caudillo que no respeta las leyes y la democracia como una imposición que diría pertenece más al mundo de la ficción. Las instituciones democráticas nunca desarrollaron un arraigo en la estructura de la sociedad. Eso sigue ocurriendo bajo distintos signos ideológicos. Quien llega al poder con las ideas más mesiánicas, lo que quiere de inmediato es romper las reglas democráticas».. Esta ruptura con la democracia se traduce, por ejemplo, en la intención por parte de dirigentes de tratar de mantenerse en el cargo, como vimos con Bolsonaro, veremos con Milei o Lula, y «eso [pensando en el caso del brasileño que quiere volver a presentarse a unas elecciones] es una anomalía cuando a los 80 años piensas que puedes quedarte en el cargo presidencial».. Ramírez no oculta su sorpresa por la decisión de Trump de mantener en el poder a Delcy Rodríguez tras la captura de Maduro en Caracas. «Eso es sorprendente, verdaderamente es sorprendente. Hablamos de un régimen que nace con Chávez y se asiente en un discurso muy retórico, muy antiimperialista, muy virulento de confrontación con los Estados Unidos, sin distinguir si en la Casa Blanca está Biden o Trump. De repente este discurso radical, una vez que quitan a Maduro de por medio, se convierte en una colaboración prácticamente como de un protectorado, con las mismas figuras de izquierda. Cuando la señora Delcy Rodríguez habla para las tribunas locales, su discurso no cambia y, sin embargo, cuando recibe al secretario de Energía de los Estados Unidos, es otra persona. Eso es muy sorprendente, y más sorprendente aún, que pueda llegar a instalarse un sistema similar en Cuba», puntualizó Sergio Ramírez.. Esta semana se supo la intención por parte del gobierno nicaragüense de cerrar el paso a los cubanos que migran hacia Estados Unidos. El escritor sospecha que «Daniel Ortega hizo en tiempos de Biden, me parece que usando la buena fe de Biden, un negocio espectacular, abriendo las puertas de Nicaragua no solo a los vuelos desde Cuba sino de distintos puntos del Caribe y de muy lejanos puntos del mundo. Centenares de miles de emigrantes pasaron por el aeropuerto de Managua y eran embarcados en autobuses hacia Honduras. Este era un verdadero negocio y, a la vez, toda una provocación. Hoy, en este momento, con la llegada de Trump, y cuando está sucediendo todo esto en el Caribe, como la extracción de Nicolás Maduro, el aislamiento de Cuba, el embargo petrolero… como por arte de magia, la familia Ortega quita los vuelos, vuelve a poner la visa a los cubanos y a una serie de países. Los vuelos se acabaron y esto es fruto de una prevención, de limpiar sus cuentas y ponerse a bien con la administración Trump, por miedo, o fruto de un acuerdo».
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