La sinergias y el trabajo colaborativo entre la asistencia sanitaria, los investigadores y la industria son claves a la hora de ampliar el abanico de opciones terapéuticas a disposición de los profesionales de la medicina para dar respuesta a las necesidades de los pacientes.. Uno de los últimos casos que ha puesto de manifiesto la importancia de esta forma de trabajar es el de una bebé con una grave alteración cardíaca que comprometía su supervivencia, a la que, en el momento de su nacimiento, con solo 2,1 kilos de peso, los profesionales del Hospital Sant Joan de Déu implantaron un marcapasos, el más pequeño del mundo, gracias al cual en la actualidad se encuentra en perfecto estado de salud.. A la pequeña ya le detectaron la alteración en el corazón durante la gestación, cuando en el segundo trimestre de embarazo, los profesionales vieron que su latido era demasiado lento (bradicardia) a causa de un bloqueo auriculoventricular completo, es decir una alteración grave del sistema eléctrico del corazón que impide que los impulsos eléctricos pasen correctamente entre sus cavidades, provocando una llegada insuficiente de sangre y oxígeno al organismo.. El origen de este bloqueo fue la enfermedad autoinmune que sufre la madre y, durante la gestación, los anticuerpos pasaron al feto a través de la placenta, dando lugar a esta alteración, que además provocó que el corazón de la bebé, al intentar compensar la lentitud del ritmo cardíaco, se dilatara y aumentara significativamente de tamaño.. Ante este panorama, la madre fue derivada al Hospital Sant Joan de Déu, donde hicieron el seguimiento del embarazo hasta que, a finales de enero, se produjo un empeoramiento de la situación y se optó por adelantar el parto, que finalmente tuvo lugar el 2 de febrero. La bebé nació con solo 2,1 kilos de peso y una bricardia severa que provocó un deterioro clínico con riesgo de fallo cardíaco.. «La situación era dramática», asegura la doctora Georgia Sarquella-Brugada, jefa del Servicio de Cardiología Pediátrica de Sant Joan de Déu, y el gran problema era que, por sus condiciones de salud, la recién nacida necesitaba con urgencia un marcapasos, sin embargo, por su tamaño, no era posible implantarle ninguno de los dispositivos disponibles hasta entonces en el mercado.. Adaptación de una tecnología pionera. Al respecto, la doctora indica que «en bebés ponemos marcapasos de adultos en la zona del cuerpo en la que moleste menos, pero por su gran tamaño, puede causar complicaciones, como problemas de infección o la compresión la compresión de órganos». En este caso concreto, el tamaño de la recién nacida hacía imposible la implantación de un dispositivo que mide al rededor de seis centímetros.. En definitiva, a priori se trataba de una problema sin solución, sin embargo, se da la circunstancia que, un tiempo antes, la doctora había participado en un congreso en el que profesionales médicos e ingenieros de casas comerciales tienen la oportunidad de departir, donde había coincidido con un representante de la empresa Abbott, con quien pudo compartir su inquietud respecto a la necesidad de poder ofrecer alguna alternativa terapéutica a estos pacientes con escaso tiempo de vida y una alteración cardíaca grave. «Tuve la suerte de encontrar a alguien que me escuchó, que entendió esta necesidad y aceptó el reto», destaca la doctora, y, en un gesto que pone de relieve la responsabilidad social corporativa de la empresa, Abbott, se comprometió a trabajar mano a mano con Sarquella-Brugada en el diseño de un marcapasos que se ajustara a las necesidades y características concretas de estos bebés.. Así, hacia el mes de diciembre, cuando los especialistas comprobaron que la situación de la bebé era realmente grave y en previsión de su nacimiento temprano, la doctora y los ingenieros de Abbott se pusieron manos a la obra. «La empresa había desarrollado una tecnología para adultos muy buena pensada para, en lugar de conectar el marcapasos al corazón a través de un cable como es habitual, introducir el dispositivo dentro del órgano. Además, esta, a diferencia de los marcapasos convencionales, no solo estimula el ventrículo a un solo ritmo, sino que sincroniza aurículas y ventrículos, haciendo que esa estimulación sea los más fisiológico y natural posible», comenta la doctora.. A partir de este modelo de alta tecnología y en muy poco tiempo, se llevaron a cabo las adaptaciones necesarias del mismo para hacerlo apto para su uso en pacientes de muy pequeño tamaño. Y, aunque el dispositivo original ya estaba aprobado para su uso en adultos, la adaptación del mismo se probó en modelos animales y fue necesario solicitar una autorización urgente a la Agencia Española del Medicamento, que respondió en apenas cinco horas.. Así, en sus primeras horas de vida, la recién nacida pudo beneficiarse de un marcapasos adecuado a sus características y necesidades. La cirugía de implantación fue liderada por el doctor Stefano Congiu, que superó con éxito el reto de trabajar en un órgano y una paciente tan pequeños, y en ella participaron 16 profesionales de especialidades como cardiología pediátrica, cirugía cardíaca, anestesia y neonatología, además de los ingenieros de Abbott. Durante la misma, en este caso, el marcapasos no se insertó en el corazón de la bebé, tal y como esta indicado en adultos, sino que, debido a las reducidas medidas del órgano de la paciente, este se conectó al mismo a través de un cable.. Pero el tamaño del dispositivo, que apenas alcanza los dos centímetros, siendo el más pequeño del mundo en su categoría, no es la única característica que lo convierte en el más apropiado y adecuado para este tipo de pacientes, sino que además, el que permita estimular el latido del corazón de forma sincronizada es clave para un órgano tan dañado y pequeño como el de esta recién nacida. Al respecto, Sarquella-Brugada, indica que «el corazón de la bebé se estaba deteriorando muy rápido y con este estimulación más fisiológica, su función cardíaca se normalizó en cuestión de días». De hecho, antes de las tres semanas de la cirugía, ya recibió el alta.. Una colaboración indispensable. En definitiva, el de esta paciente es un caso médico de éxito, pero también es un ejemplo de «la importancia que adquiere, por un lado, la colaboración entre médicos e ingenieros y, por el otro, la responsabilidad social corporativa e implicación de la industria a la hora de dar el salto gigante de no tener nada a poder ofrecer algo al paciente», destaca la doctora.. En este sentido, recuerda que «son poquísimo los casos de recién nacidos que necesitan la implantación de un marcapasos, pero pese a ello, sabiendo que no tendrá un rendimiento económico, la industria, por responsabilidad social, se implicó en el desarrollo de una solución tecnológica para estos pacientes»
Los dispositivos convencionales están diseñados para el paciente adulto y no se adecúan a las medidas y necesidades de los recién nacidos. Sant Joan de Déu y los ingenieros de Abbott han adaptado una tecnología pionera a las características de estos pacientes
La sinergias y el trabajo colaborativo entre la asistencia sanitaria, los investigadores y la industria son claves a la hora de ampliar el abanico de opciones terapéuticas a disposición de los profesionales de la medicina para dar respuesta a las necesidades de los pacientes.. Uno de los últimos casos que ha puesto de manifiesto la importancia de esta forma de trabajar es el de una bebé con una grave alteración cardíaca que comprometía su supervivencia, a la que, en el momento de su nacimiento, con solo 2,1 kilos de peso, los profesionales del Hospital Sant Joan de Déu implantaron un marcapasos, el más pequeño del mundo, gracias al cual en la actualidad se encuentra en perfecto estado de salud.. A la pequeña ya le detectaron la alteración en el corazón durante la gestación, cuando en el segundo trimestre de embarazo, los profesionales vieron que su latido era demasiado lento (bradicardia) a causa de un bloqueo auriculoventricular completo, es decir una alteración grave del sistema eléctrico del corazón que impide que los impulsos eléctricos pasen correctamente entre sus cavidades, provocando una llegada insuficiente de sangre y oxígeno al organismo.. El origen de este bloqueo fue la enfermedad autoinmune que sufre la madre y, durante la gestación, los anticuerpos pasaron al feto a través de la placenta, dando lugar a esta alteración, que además provocó que el corazón de la bebé, al intentar compensar la lentitud del ritmo cardíaco, se dilatara y aumentara significativamente de tamaño.. Ante este panorama, la madre fue derivada al Hospital Sant Joan de Déu, donde hicieron el seguimiento del embarazo hasta que, a finales de enero, se produjo un empeoramiento de la situación y se optó por adelantar el parto, que finalmente tuvo lugar el 2 de febrero. La bebé nació con solo 2,1 kilos de peso y una bricardia severa que provocó un deterioro clínico con riesgo de fallo cardíaco.. «La situación era dramática», asegura la doctora Georgia Sarquella-Brugada, jefa del Servicio de Cardiología Pediátrica de Sant Joan de Déu, y el gran problema era que, por sus condiciones de salud, la recién nacida necesitaba con urgencia un marcapasos, sin embargo, por su tamaño, no era posible implantarle ninguno de los dispositivos disponibles hasta entonces en el mercado.. Adaptación de una tecnología pionera. Al respecto, la doctora indica que «en bebés ponemos marcapasos de adultos en la zona del cuerpo en la que moleste menos, pero por su gran tamaño, puede causar complicaciones, como problemas de infección o la compresión la compresión de órganos». En este caso concreto, el tamaño de la recién nacida hacía imposible la implantación de un dispositivo que mide al rededor de seis centímetros.. En definitiva, a priori se trataba de una problema sin solución, sin embargo, se da la circunstancia que, un tiempo antes, la doctora había participado en un congreso en el que profesionales médicos e ingenieros de casas comerciales tienen la oportunidad de departir, donde había coincidido con un representante de la empresa Abbott, con quien pudo compartir su inquietud respecto a la necesidad de poder ofrecer alguna alternativa terapéutica a estos pacientes con escaso tiempo de vida y una alteración cardíaca grave. «Tuve la suerte de encontrar a alguien que me escuchó, que entendió esta necesidad y aceptó el reto», destaca la doctora, y, en un gesto que pone de relieve la responsabilidad social corporativa de la empresa, Abbott, se comprometió a trabajar mano a mano con Sarquella-Brugada en el diseño de un marcapasos que se ajustara a las necesidades y características concretas de estos bebés.. Así, hacia el mes de diciembre, cuando los especialistas comprobaron que la situación de la bebé era realmente grave y en previsión de su nacimiento temprano, la doctora y los ingenieros de Abbott se pusieron manos a la obra. «La empresa había desarrollado una tecnología para adultos muy buena pensada para, en lugar de conectar el marcapasos al corazón a través de un cable como es habitual, introducir el dispositivo dentro del órgano. Además, esta, a diferencia de los marcapasos convencionales, no solo estimula el ventrículo a un solo ritmo, sino que sincroniza aurículas y ventrículos, haciendo que esa estimulación sea los más fisiológico y natural posible», comenta la doctora.. A partirde este modelo de alta tecnología y en muy poco tiempo, se llevaron a cabo las adaptaciones necesarias del mismo para hacerlo apto para su uso en pacientes de muy pequeño tamaño. Y, aunque el dispositivo original ya estaba aprobado para su uso en adultos, la adaptación del mismo se probó en modelos animales y fue necesario solicitar una autorización urgente a la Agencia Española del Medicamento, que respondió en apenas cinco horas.. Así, en sus primeras horas de vida, la recién nacida pudo beneficiarse de un marcapasos adecuado a sus características y necesidades. La cirugía de implantación fue liderada por el doctor Stefano Congiu, que superó con éxito el reto de trabajar en un órgano y una paciente tan pequeños, y en ella participaron 16 profesionales de especialidades como cardiología pediátrica, cirugía cardíaca, anestesia y neonatología, además de los ingenieros de Abbott. Durante la misma, en este caso, el marcapasos no se insertó en el corazón de la bebé, tal y como esta indicado en adultos, sino que, debido a las reducidas medidas del órgano de la paciente, este se conectó al mismo a través de un cable.. Pero el tamaño del dispositivo, que apenas alcanza los dos centímetros, siendo el más pequeño del mundo en su categoría, no es la única característica que lo convierte en el más apropiado y adecuado para este tipo de pacientes, sino que además, el que permita estimular el latido del corazón de forma sincronizada es clave para un órgano tan dañado y pequeño como el de esta recién nacida. Al respecto, Sarquella-Brugada, indica que «el corazón de la bebé se estaba deteriorando muy rápido y con este estimulación más fisiológica, su función cardíaca se normalizó en cuestión de días». De hecho, antes de las tres semanas de la cirugía, ya recibió el alta.. Una colaboración indispensable. En definitiva, el de esta paciente es un caso médico de éxito, pero también es un ejemplo de «la importancia que adquiere, por un lado, la colaboración entre médicos e ingenieros y, por el otro, la responsabilidad social corporativa e implicación de la industria a la hora de dar el salto gigante de no tener nada a poder ofrecer algo al paciente», destaca la doctora.. En este sentido, recuerda que «son poquísimo los casos de recién nacidos que necesitan la implantación de un marcapasos, pero pese a ello, sabiendo que no tendrá un rendimiento económico, la industria, por responsabilidad social, se implicó en el desarrollo de una solución tecnológica para estos pacientes»
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