Existe algo intrínsecamente atrayente, naturalmente llamativo, en las películas que confían todo el potencial de su estructura cinematográfica a las historias verídicas en las que se inspiran. Como si al leer «basado en hechos reales» el espectador iniciase de manera automática un romance secreto y sólido con la sucesión de imágenes que está a punto de contemplar. El último trabajo del director Derek Cianfrance, autor de uno de los mayores exponentes del drama romántico independiente como «Blue Valentine» y virtuoso conocedor de la narrativa íntima con tendencia a privilegiar la configuración de personajes por encima de la armadura formal de la trama, no resulta, claro, una excepción.. A finales de los años noventa, Jeffrey Allen Manchester regresó de Oriente Medio, donde había servido en la 82ª división aerotransportada del Ejército. Como muchos soldados, volvió a la vida real sin saber muy bien cómo encajar. Incapaz de mantener a su familia, fue rechazado por su esposa por no poder hacerse cargo de sus tres hijos: Becky, de 7 años, y dos bebés gemelos. Un compañero del ejército le sugirió que utilizara sus mejores habilidades para encontrar la manera de recomponer su vida y mantener a los suyos. Empujado por la propuesta, puso en práctica su inteligencia y su capacidad de observación para irrumpir en nada menos que 45 McDonald’s.. Su técnica característica adquirió fama rápidamente: entrar de madrugada por los endebles tejados y robar la caja antes de la apertura, a punta de pistola, justo antes de que el dinero saliera rumbo al banco, todo ello con la intención de mantener a su familia. Jeffrey fue finalmente detenido en 1999, en Carolina del Norte y fue condenado por robo a mano armada, secuestro y uso de un arma mortal. Recibió una pena de 45 años. Lejos de finalizar aquí la potencia del basamento argumental de «Roofman», que aterriza hoy en las salas, la particular peripecia de este delincuente bienintencionado no había hecho más que empezar. Gracias a su ingenio, en junio de 2004 Jeffrey ideó un plan para fugarse escondiéndose bajo un camión que visitaba regularmente el muelle de carga de la prisión, mientras su conductor, Charles Cummings –que en la película interpreta su propio papel–, hacía el papeleo.. Llegó al pueblo con la ropa de calle que había improvisado en prisión y terminó metiéndose en una tienda Toys R Us, donde se montó una especie de «habitación» detrás de un cerramiento frente a la sección de bicicletas, viviendo allí durante meses. Alimentándose de estantes repletos de M&M’s y vigilando todo a través de varias cámaras de vigilancia para bebés que instaló estratégicamente, Jeffrey seguía de cerca el comportamiento de los empleados, y en particular del desagradable encargado, al que observaba maltratar habitualmente a su personal.. Cansado de estar encerrado, empezó a salir (entrando y saliendo por una tienda Circuit City colindante y cerrada, a la que accedía por un agujero en la pared) haciendo su primera visita, a finales de octubre a la Crossroads Church, dirigida por el cálido y acogedor Pastor Ron Smith y su esposa Jan. Allí conoció a una madre de tres hijos, recientemente divorciada, Leigh Wainscott, interpretada por Kirsten Dunst con esa habitual pátina de fragilidad y ternura sin imposturas que tan bien maneja la actriz.. Amor sin preaviso. Sirviéndose de la colocación cronológica y fidedigna de esta sucesión episodios lo suficientemente estimulantes en términos estéticos como para que algunas de las escenas de Channing Tatum paseando en calzoncillos y flotador con patines en los pies por los pasillos de la mítica cadena de juguetes parezcan sacados de un fotograma de cualquier película de Sean Baker, Cianfrance (que mantuvo contacto telefónico con el verdadero ladrón durante cuatro años para escuchar la historia de su propia boca) propone una original comedia romántica que desemboca de manera involuntaria en una suerte de resignificación del género.. La observación y los lugares a los que te conduce su afinación parece ser la verdadera piedra angular de esta cinta notablemente entretenida que, pese a los pildorazos evidentes de «true crime» que contiene, adquiere un tono de exploración por parte del cineasta donde lo trágico y lo cómico acaban por difuminarse. Cuando aparece el amor, nos deja de importar el origen del delito, incluso las posibles motivaciones que le llevaron a cometerlo. Ya no importa por qué ese tipo con buen corazón y habilidades selectivas ha llegado a establecer su residencia temporal en un lugar colonizado por peluches. Ha dejado de sentirse solo, reinventado su identidad. Ya es otro y con eso basta.
Chaning Tatum protagoniza el último y tierno trabajo del cineasta Derek Cianfrance, poniéndose en la piel de un delincuente real que llegó a asaltar decenas de McDonald’s a finales de la década de los noventa
Existe algo intrínsecamente atrayente, naturalmente llamativo, en las películas que confían todo el potencial de su estructura cinematográfica a las historias verídicas en las que se inspiran. Como si al leer «basado en hechos reales» el espectador iniciase de manera automática un romance secreto y sólido con la sucesión de imágenes que está a punto de contemplar. El último trabajo del director Derek Cianfrance, autor de uno de los mayores exponentes del drama romántico independiente como «Blue Valentine» y virtuoso conocedor de la narrativa íntima con tendencia a privilegiar la configuración de personajes por encima de la armadura formal de la trama, no resulta, claro, una excepción.. A finales de los años noventa, Jeffrey Allen Manchester regresó de Oriente Medio, donde había servido en la 82ª división aerotransportada del Ejército. Como muchos soldados, volvió a la vida real sin saber muy bien cómo encajar. Incapaz de mantener a su familia, fue rechazado por su esposa por no poder hacerse cargo de sus tres hijos: Becky, de 7 años, y dos bebés gemelos. Un compañero del ejército le sugirió que utilizara sus mejores habilidades para encontrar la manera de recomponer su vida y mantener a los suyos. Empujado por la propuesta, puso en práctica su inteligencia y su capacidad de observación para irrumpir en nada menos que 45 McDonald’s.. Su técnica característica adquirió fama rápidamente: entrar de madrugada por los endebles tejados y robar la caja antes de la apertura, a punta de pistola, justo antes de que el dinero saliera rumbo al banco, todo ello con la intención de mantener a su familia. Jeffrey fue finalmente detenido en 1999, en Carolina del Norte y fue condenado por robo a mano armada, secuestro y uso de un arma mortal. Recibió una pena de 45 años. Lejos de finalizar aquí la potencia del basamento argumental de «Roofman», que aterriza hoy en las salas, la particular peripecia de este delincuente bienintencionado no había hecho más que empezar. Gracias a su ingenio, en junio de 2004 Jeffrey ideó un plan para fugarse escondiéndose bajo un camión que visitaba regularmente el muelle de carga de la prisión, mientras su conductor, Charles Cummings –que en la película interpreta su propio papel–, hacía el papeleo.. Llegó al pueblo con la ropa de calle que había improvisado en prisión y terminó metiéndose en una tienda Toys R Us, donde se montó una especie de «habitación» detrás de un cerramiento frente a la sección de bicicletas, viviendo allí durante meses. Alimentándose de estantes repletos de M&M’s y vigilando todo a través de varias cámaras de vigilancia para bebés que instaló estratégicamente, Jeffrey seguía de cerca el comportamiento de los empleados, y en particular del desagradable encargado, al que observaba maltratar habitualmente a su personal.. Cansado de estar encerrado, empezó a salir (entrando y saliendo por una tienda Circuit City colindante y cerrada, a la que accedía por un agujero en la pared) haciendo su primera visita, a finales de octubre a la Crossroads Church, dirigida por el cálido y acogedor Pastor Ron Smith y su esposa Jan. Allí conoció a una madre de tres hijos, recientemente divorciada, Leigh Wainscott, interpretada por Kirsten Dunst con esa habitual pátina de fragilidad y ternura sin imposturas que tan bien maneja la actriz.. Sirviéndose de la colocación cronológica y fidedigna de esta sucesión episodios lo suficientemente estimulantes en términos estéticos como para que algunas de las escenas de Channing Tatum paseando en calzoncillos y flotador con patines en los pies por los pasillos de la mítica cadena de juguetes parezcan sacados de un fotograma de cualquier película de Sean Baker, Cianfrance (que mantuvo contacto telefónico con el verdadero ladrón durante cuatro años para escuchar la historia de su propia boca) propone una original comedia romántica que desemboca de manera involuntaria en una suerte de resignificación del género.. La observación y los lugares a los que te conduce su afinación parece ser la verdadera piedra angular de esta cinta notablemente entretenida que, pese a los pildorazos evidentes de «true crime» que contiene, adquiere un tono de exploración por parte del cineasta donde lo trágico y lo cómico acaban por difuminarse. Cuando aparece el amor, nos deja de importar el origen del delito, incluso las posibles motivaciones que le llevaron a cometerlo. Ya no importa por qué ese tipo con buen corazón y habilidades selectivas ha llegado a establecer su residencia temporal en un lugar colonizado por peluches. Ha dejado de sentirse solo, reinventado su identidad. Ya es otro y con eso basta.
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