Paco Rodrigo admite que en su edificio están «desesperados». Van a cumplirse quince meses desde el día que cambió todo en Massanassa, pero a pesar de que el lodo es cosa del pasado, todavía vive en su portal ubicado en la calle Jaume I el Conqueridor número 4. Concretamente, dentro del ascensor, que sigue sin arreglarse ni tiene fecha. «Lo peor es la incertidumbre. Nos dijeron que empezarían en el último trimestre, pero está a punto de finalizar el año y no sabemos. Si al menos nos dijeran exactamente ‘pues mira tal día empezamos y en cuatro meses está todo’ pues al menos nos haríamos una idea, pero ese no saber…», resopla. Cada día él sube dos pisos o tres si aparca en el garaje, pero hay quienes suben hasta seis pisos, más de cien escalones. «Cuando nos cruzamos por la escalara siempre está el comentario de que el trimestre ya se acaba. Te ríes cuando bajas y lo dices con sorna pero cuando subes, pesa», afirma Rodrigo a LA RAZÓN, que admite que no tener ascensor «te destronca la vida cotidiana».. El caso de este edificio no es el único. La Asociación de Empresas de Ascensores de la Comunitat Valenciana (Ascencoval) afirma que, aunque no hay registros actualizados, todavía quedarán «unos 600» ascensores por reparar en la zona cero de la dana. Todos ellos son los contratos firmados tras el verano, algunos por el retraso en el cobro del Consorcio de Compensación de Seguros y otros por retrasar la decisión de si, una vez que hay que arreglar el ascensor, adaptarlo a cota cero y otras necesidades. «Un ascensor completo son seis meses entre que haces el pedido, llegan los materiales, encuentras un hueco para ir y lo instalas», afirma el empresario Emilio Carbonell, presidente de Ascencoval, quien lamenta que a pesar de que el objetivo inicial era haber acabado todos a final de año, el retraso en la firma de contratos lo ha hecho imposible.. El pasado 18 de noviembre la Generalitat valenciana destinó una línea de 10 millones de ayudas a comunidades de propietarios para acelerar la reconstrucción en aquellos edificios con personas con dependencia o movilidad reducida, pero los ascensoristas creen que «aunque todo suma, se queda corto» y ya no es solo cosa de dinero, sino de medios materiales. «Falta mucha mano de obra llevamos lidiando con eso desde el minuto cero», afirma. Aunque se impulsaron dos cursos de profesionales, Carbonell explica que cada uno son 500 horas y su intención era hacer el doble, pero no han salido adelante. «Al final yo siempre hago el llamamiento, todos los sectores industriales necesitamos mano de obra, gente con cualificación relativamente alta y estos son puestos de trabajo con calidad, que no es estacional», reivindica.. La falta de personal es la principal razón que esgrime Rodrigo que les da la empresa, TK Elevator, quien además ha cambiado las condiciones del contrato. Inicialmente se comprometió a financiar el inicio del coste, pero después se echó atrás, lo que les ha llevado a tener que negociar con un banco una línea crediticia a pesar de tener ya el dinero del Consorcio.. «Antes de tener el ascensor querían todo ya cobrado, porque ya hemos cobrado del seguro, pero si les pagamos todo ya apaga y vámonos, falta que vengan», asegura Rodrigo. La desconfianza es tal que se han llegado a plantear denunciar a la empresa, pero reconocen que «al final es una pequeña comunidad contra una empresa» y su prioridad es acabar cuanto antes. «Todas las semanas la administradora habla con el jefe de zona y este dice que si hay mucha demanda, poco material y poco personal», alegan desde la empresa.
Vecinos admiten estar «desesperados» ante la lentitud y los ascensoristas lamentan la falta de personal y rapidez en la llegada de materiales para no poder acabar antes
Paco Rodrigo admite que en su edificio están «desesperados». Van a cumplirse quince meses desde el día que cambió todo en Massanassa, pero a pesar de que el lodo es cosa del pasado, todavía vive en su portal ubicado en la calle Jaume I el Conqueridor número 4. Concretamente, dentro del ascensor, que sigue sin arreglarse ni tiene fecha. «Lo peor es la incertidumbre. Nos dijeron que empezarían en el último trimestre, pero está a punto de finalizar el año y no sabemos. Si al menos nos dijeran exactamente ‘pues mira tal día empezamos y en cuatro meses está todo’ pues al menos nos haríamos una idea, pero ese no saber…», resopla. Cada día él sube dos pisos o tres si aparca en el garaje, pero hay quienes suben hasta seis pisos, más de cien escalones. «Cuando nos cruzamos por la escalara siempre está el comentario de que el trimestre ya se acaba. Te ríes cuando bajas y lo dices con sorna pero cuando subes, pesa», afirma Rodrigo a LA RAZÓN, que admite que no tener ascensor «te destronca la vida cotidiana».. El caso de este edificio no es el único. La Asociación de Empresas de Ascensores de la Comunitat Valenciana (Ascencoval) afirma que, aunque no hay registros actualizados, todavía quedarán «unos 600» ascensores por reparar en la zona cero de la dana. Todos ellos son los contratos firmados tras el verano, algunos por el retraso en el cobro del Consorcio de Compensación de Seguros y otros por retrasar la decisión de si, una vez que hay que arreglar el ascensor, adaptarlo a cota cero y otras necesidades. «Un ascensor completo son seis meses entre que haces el pedido, llegan los materiales, encuentras un hueco para ir y lo instalas», afirma el empresario Emilio Carbonell, presidente de Ascencoval, quien lamenta que a pesar de que el objetivo inicial era haber acabado todos a final de año, el retraso en la firma de contratos lo ha hecho imposible.. El pasado 18 de noviembre la Generalitat valenciana destinó una línea de 10 millones de ayudas a comunidades de propietarios para acelerar la reconstrucción en aquellos edificios con personas con dependencia o movilidad reducida, pero los ascensoristas creen que «aunque todo suma, se queda corto» y ya no es solo cosa de dinero, sino de medios materiales. «Falta mucha mano de obra llevamos lidiando con eso desde el minuto cero», afirma. Aunque se impulsaron dos cursos de profesionales, Carbonell explica que cada uno son 500 horas y su intención era hacer el doble, pero no han salido adelante. «Al final yo siempre hago el llamamiento, todos los sectores industriales necesitamos mano de obra, gente con cualificación relativamente alta y estos son puestos de trabajo con calidad, que no es estacional», reivindica.. La falta de personal es la principal razón que esgrime Rodrigo que les da la empresa, TK Elevator, quien además ha cambiado las condiciones del contrato. Inicialmente se comprometió a financiar el inicio del coste, pero después se echó atrás, lo que les ha llevado a tener que negociar con un banco una línea crediticia a pesar de tener ya el dinero del Consorcio.. «Antes de tener el ascensor querían todo ya cobrado, porque ya hemos cobrado del seguro, pero si les pagamos todo ya apaga y vámonos, falta que vengan», asegura Rodrigo. La desconfianza es tal que se han llegado a plantear denunciar a la empresa, pero reconocen que «al final es una pequeña comunidad contra una empresa» y su prioridad es acabar cuanto antes. «Todas las semanas la administradora habla con el jefe de zona y este dice que si hay mucha demanda, poco material y poco personal», alegan desde la empresa.
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