Las teorías sobre la suerte podrían extenderse a toda una tesis sobre la vida, incluso sobre la muerte. No entraremos ahí, pero para todo hay que tener suerte en la vida: para llegar a tiempo —o a destiempo— a coger un vuelo, un tren o a una plaza de toros el día X y a la hora Y. Pero hay más. Mucho más. La suerte de los toreros para afrontar un desafío tan desnudo de todo como para aferrarse a la vida cuando se pisa la muerte a cada paso.. Pero poco se habla de la suerte de los ganaderos, que se la juegan a una carta que muchas veces ni siquiera eligen. Solo contemplan. Poco se habla de cuando somos no solo protagonistas de la suerte, sino también sujetos pasivos, a veces atormentados por ella, que va y viene, que aletea a nuestro alrededor.. Ayer, en Feria Taurina de Olivenza, en la segunda corrida del ciclo, embistieron —en lo básico— dos toros. Dos de seis. Y los dos cayeron en manos de José María Manzanares. Al cuarto, que colocaba la cara abajo en una embestida repetida una y otra vez, se le premió con la vuelta al ruedo. Manzanares paseó un trofeo tras una faena deslavazada en la que quería ser y no era: tras dos muletazos con estructura, el siguiente se perdía, y más que en la retina o el corazón lo que quedaba era el golpe de voz con el que llamaba al toro. Noble y repetidor había sido el primero —terciado— con el que el alicantino anduvo brusco y por fuera. Lo mejor fue, sin duda, la estocada. Se pidió el trofeo, que no llegó. El animal, eso sí, había tenido muchas cosas buenas.. Turno de Daniel Luque. Daniel Luque no había pisado Olivenza en sus dos décadas como matador. Todo llega, por decir algo. Lo cierto es que dio gusto verlo en el segundo. No tuvo ritmo de salida con el capote, pero fue espléndido el comienzo de faena, muy personal. Después fue una labor de fondo, porque el toro no se empleaba ni humillaba, y aun así Luque mantenía la uniformidad donde había curvas. Una faena siempre interesante. Luego vino la espada y el tiempo se ralentizó. Su toreo era de plomo.. Tan sobrado se mostró con el quinto, noble animal, que dio la sensación de perder el hilo conductor de la faena y aquello se convirtió en un todo y nada. Sin identidad ni recuerdo. Una cosa extraña.. El tercero volvió a lanzar parte de la plaza por los aires nada más salir —junto al burladero de matadores, como había ocurrido el día anterior—. Para compensar el susto, Juan Ortega hizo el toreo con el capote. Tan despacio, tan bonito. Diferente. El comienzo de faena por bajo voló alto en verticalidad y, aunque el toro tenía un punto bronco, encontró un tempo precioso: parando al toro, parándose él. De esas cosas que ocurren y marcan distancias. Después el toro se fue viniendo abajo y la faena acabó en intermitencias.. El desfondado sexto no dio demasiadas alegrías y, aunque se esperaba expectante el inicio de faena de Ortega, pronto cundió el desánimo. Las cosas de la suerte.. Ficha del festejo. Olivenza. Se lidiaron toros de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, 3º y 5º. El 1º, noble y repetidor; 2º, sin humillar y sin ritmo; 3º, bronco y a menos; 4º, repetidor y humilla mucho y premiado con la vuelta al ruedo; 5º, noblón; 6º, desfondado. Dos tercios.. Manzanares, de marino y oro, estocada (saludos); pinchazo, estocada (oreja).. Daniel Luque, de burdeos y oro, pinchazo, estocada, aviso (saludos); pinchazo, estocada (saludos).. Juan Ortega, de canela y oro, pinchazo, estocada delantera, (silencio); estocada (silencio).
Manzanares corta un trofeo al cuarto de Puerto de San Lorenzo, premiado con la vuelta
Las teorías sobre la suerte podrían extenderse a toda una tesis sobre la vida, incluso sobre la muerte. No entraremos ahí, pero para todo hay que tener suerte en la vida: para llegar a tiempo —o a destiempo— a coger un vuelo, un tren o a una plaza de toros el día X y a la hora Y. Pero hay más. Mucho más. La suerte de los toreros para afrontar un desafío tan desnudo de todo como para aferrarse a la vida cuando se pisa la muerte a cada paso.. Pero poco se habla de la suerte de los ganaderos, que se la juegan a una carta que muchas veces ni siquiera eligen. Solo contemplan. Poco se habla de cuando somos no solo protagonistas de la suerte, sino también sujetos pasivos, a veces atormentados por ella, que va y viene, que aletea a nuestro alrededor.. Ayer, en Feria Taurina de Olivenza, en la segunda corrida del ciclo, embistieron —en lo básico— dos toros. Dos de seis. Y los dos cayeron en manos de José María Manzanares. Al cuarto, que colocaba la cara abajo en una embestida repetida una y otra vez, se le premió con la vuelta al ruedo. Manzanares paseó un trofeo tras una faena deslavazada en la que quería ser y no era: tras dos muletazos con estructura, el siguiente se perdía, y más que en la retina o el corazón lo que quedaba era el golpe de voz con el que llamaba al toro. Noble y repetidor había sido el primero —terciado— con el que el alicantino anduvo brusco y por fuera. Lo mejor fue, sin duda, la estocada. Se pidió el trofeo, que no llegó. El animal, eso sí, había tenido muchas cosas buenas.. Turno de Daniel Luque. Daniel Luque no había pisado Olivenza en sus dos décadas como matador. Todo llega, por decir algo. Lo cierto es que dio gusto verlo en el segundo. No tuvo ritmo de salida con el capote, pero fue espléndido el comienzo de faena, muy personal. Después fue una labor de fondo, porque el toro no se empleaba ni humillaba, y aun así Luque mantenía la uniformidad donde había curvas. Una faena siempre interesante. Luego vino la espada y el tiempo se ralentizó. Su toreo era de plomo.. Tan sobrado se mostró con el quinto, noble animal, que dio la sensación de perder el hilo conductor de la faena y aquello se convirtió en un todo y nada. Sin identidad ni recuerdo. Una cosa extraña.. El tercero volvió a lanzar parte de la plaza por los aires nada más salir —junto al burladero de matadores, como había ocurrido el día anterior—. Para compensar el susto, Juan Ortega hizo el toreo con el capote. Tan despacio, tan bonito. Diferente. El comienzo de faena por bajo voló alto en verticalidad y, aunque el toro tenía un punto bronco, encontró un tempo precioso: parando al toro, parándose él. De esas cosas que ocurren y marcan distancias. Después el toro se fue viniendo abajo y la faena acabó en intermitencias.. El desfondado sexto no dio demasiadas alegrías y, aunque se esperaba expectante el inicio de faena de Ortega, pronto cundió el desánimo. Las cosas de la suerte.. Ficha del festejo. Olivenza. Se lidiaron toros de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, 3º y 5º. El 1º, noble y repetidor; 2º, sin humillar y sin ritmo; 3º, bronco y a menos; 4º, repetidor y humilla mucho y premiado con la vuelta al ruedo; 5º, noblón; 6º, desfondado. Dos tercios.. Manzanares, de marino y oro, estocada (saludos); pinchazo, estocada (oreja).. Daniel Luque, de burdeos y oro, pinchazo, estocada, aviso (saludos); pinchazo, estocada (saludos).. Juan Ortega, de canela y oro, pinchazo, estocada delantera, (silencio); estocada (silencio).
Noticias de cultura en La Razón
