Hay mañanas de diciembre en las que el aire frío invita a caminar más despacio. La ciudad amanece envuelta en un silencio suave, roto apenas por el murmullo de quienes van camino de una misa temprana o de quienes encienden las luces de una cafetería. En esas primeras horas de un domingo cualquiera, cuando todo parece calmo, también es más fácil pensar en quienes viven estos días muy lejos de esa serenidad cotidiana. Personas para las que la Navidad no es un paréntesis luminoso, sino una estación más dentro del invierno social que arrastran desde hace años.. Cáritas Diocesana de Córdoba ha vuelto a poner palabras a esa realidad silenciosa en la presentación de su campaña de Navidad, que este año se levanta sobre un lema que es casi una advertencia: “Hagamos que tener una vida digna deje de ser cuestión de suerte”. La frase funciona como un golpe suave en la conciencia colectiva, como un gesto que pide detener el paso, quitar ruido y mirar de frente algo que solemos evitar: que miles de cordobeses siguen viviendo en la frontera de lo soportable, donde un imprevisto puede convertirse en una grieta imposible de cerrar.. Los fondos recaudados en esta campaña se destinarán íntegramente al proyecto de Atención Primaria, que actúa como primera red de sostenimiento para familias en situación de vulnerabilidad. No hay sofisticación en su finalidad: cubrir necesidades básicas —alimentación, suministros, vivienda, acompañamiento social— para permitir que esos hogares mantengan un mínimo de estabilidad. Cáritas calcula que en 2026 será necesario reunir 247.000 euros para sostener esta tarea, una cifra alta que la entidad espera alcanzar “gracias a la solidaridad de los cordobeses”. Un presupuesto que, más que una cantidad, es una apuesta por evitar que la precariedad siga cronificándose generación tras generación.. Durante la presentación, el secretario general, Jesús Jurado, insistió en que la organización vive un contexto particularmente complejo. “Aunque la sensibilización es clave para nosotros, esta Navidad también tenemos que poner el foco en la captación de fondos”, explicó, una frase que refleja la urgencia de mantener en pie proyectos que se ven sometidos a una creciente presión social. Jurado enumeró los tres ejes que más preocupan a la entidad: la emergencia habitacional, que afecta “a uno de cada cuatro hogares”; la precariedad laboral, que convierte el empleo “en un refugio cada vez menos seguro”; y las dificultades que siguen afrontando las personas migrantes, “esenciales para el futuro demográfico y social, pero aun con enormes barreras para una inclusión plena”.. Los datos aportados durante el acto dibujan un mapa claro del sufrimiento social en la diócesis. A lo largo del año, 748 personas acudieron al servicio de empleo, de las cuales solamente 160 hallaron un puesto de trabajo. La mayoría de quienes pasan por los programas de personas sin hogar son nacionales, un detalle que rompe clichés y revela la profundidad de la exclusión en la propia población local. 606 personas han sido atendidas en estos recursos, mientras que 77 han vivido temporalmente en viviendas propias de Cáritas y otras 58 en pisos de Vimpyca. A todo ello se suman las 1.500 atenciones realizadas en el proyecto de necesidades básicas y el acompañamiento silencioso que llevan a cabo las Cáritas parroquiales, muchas veces invisibles para el conjunto de la ciudadanía.. Jurado dejó una reflexión que sirve de hilo conductor para toda la campaña: “Tener una vida digna no puede depender del azar o del lugar de nacimiento”. Su frase, sencilla y certera, recuerda que esta desigualdad no es fruto de decisiones aisladas, sino del peso estructural de un modelo que deja caer siempre a las mismas personas.. El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, también quiso subrayar que este problema exige una reacción comunitaria. Recordó que el último Informe Foessa señala más de cuatro millones de personas en España en grave riesgo de exclusión social, y advirtió que a nadie se le ocurre pensar que “a todos ellos les pudiera tocar la lotería”. Para el obispo, la vida humana es demasiado valiosa “como para dejarla en manos de la suerte”, y añadió que, mientras existan personas dispuestas a ayudar, “hay esperanza”. Agradeció a los medios su labor de difusión y dedicó un reconocimiento especial a los 1.500 voluntarios de Cáritas, el tejido humano que sostiene la intervención diaria.. La figura del voluntariado se encarnó en Luisa Bustos, colaboradora de la Residencia Hogar San Pablo, un centro para mayores en exclusión. Su relato marcó uno de los momentos más emotivos de la presentación. Contó que llegó pensando que venía a dar y descubrió que recibía mucho más de lo imaginado. Su experiencia está construida sobre gestos mínimos: una conversación pausada, un café compartido, una escucha atenta. “Aquí descubres que un gesto sencillo puede iluminar un día entero para alguien que lo está pasando mal”, dijo, antes de resumir su aprendizaje en una frase que desarma: “No se necesita ser héroe para cambiar una vida. Basta con estar”. En su testimonio, la dignidad aparece no solo como un derecho, sino como un encuentro humano.. La campaña no se limita a pedir aportaciones económicas. También propone experiencias para pensar y participar. Entre ellas, un Belén viviente preparado por los residentes del Hogar San Pablo, que estos días recibirán a grupos escolares; un camino de oración el 18 de diciembre para visibilizar la realidad de las personas sin hogar; y un acto especialmente simbólico: el árbol de Navidad solidario que se instalará el 19 de diciembre en el bulevar del Gran Capitán. Cada persona que done podrá colgar un corazón rojo de fieltro. Es un gesto pequeño, pero cargado de sentido: ver el árbol llenarse de corazones será como ver materializada la solidaridad de toda una ciudad.. Además, desde el 10 de diciembre está activa una acción digital titulada “Tu corazón para tener una vida digna”. En la web de Cáritas, cada donativo se convierte en un corazón que se ilumina en un árbol virtual. “Para nosotros cada donativo es una oración hecha acción”, expresó el delegado diocesano, Antonio Reyes. Sus palabras buscan despertar una sensibilidad que vaya más allá de la emoción navideña: “Seamos el corazón que permita a otros transformar su vida”.. Quizá eso es lo que esta campaña propone en último término: que cada persona dedique un instante a mirar alrededor y reconocer que todos podemos colocar un pequeño corazón -real o simbólico- en ese gran árbol común de la dignidad. En una ciudad que despierta lentamente en este domingo de diciembre, esa invitación suena más nítida que nunca. Porque la suerte es azarosa, pero la justicia social nunca debería serlo.
La institución calcula que en 2026 será necesario reunir 247.000 euros para soportar las necesidades básicas de familias en situación de vulnerabilidad
Hay mañanas de diciembre en las que el aire frío invita a caminar más despacio. La ciudad amanece envuelta en un silencio suave, roto apenas por el murmullo de quienes van camino de una misa temprana o de quienes encienden las luces de una cafetería. En esas primeras horas de un domingo cualquiera, cuando todo parece calmo, también es más fácil pensar en quienes viven estos días muy lejos de esa serenidad cotidiana. Personas para las que la Navidad no es un paréntesis luminoso, sino una estación más dentro del invierno social que arrastran desde hace años.. Cáritas Diocesana de Córdoba ha vuelto a poner palabras a esa realidad silenciosa en la presentación de su campaña de Navidad, que este año se levanta sobre un lema que es casi una advertencia: “Hagamos que tener una vida digna deje de ser cuestión de suerte”. La frase funciona como un golpe suave en la conciencia colectiva, como un gesto que pide detener el paso, quitar ruido y mirar de frente algo que solemos evitar: que miles de cordobeses siguen viviendo en la frontera de lo soportable, donde un imprevisto puede convertirse en una grieta imposible de cerrar.. Los fondos recaudados en esta campaña se destinarán íntegramente al proyecto de Atención Primaria, que actúa como primera red de sostenimiento para familias en situación de vulnerabilidad. No hay sofisticación en su finalidad: cubrir necesidades básicas —alimentación, suministros, vivienda, acompañamiento social— para permitir que esos hogares mantengan un mínimo de estabilidad. Cáritas calcula que en 2026 será necesario reunir 247.000 euros para sostener esta tarea, una cifra alta que la entidad espera alcanzar “gracias a la solidaridad de los cordobeses”. Un presupuesto que, más que una cantidad, es una apuesta por evitar que la precariedad siga cronificándose generación tras generación.. Durante la presentación, el secretario general, Jesús Jurado, insistió en que la organización vive un contexto particularmente complejo. “Aunque la sensibilización es clave para nosotros, esta Navidad también tenemos que poner el foco en la captación de fondos”, explicó, una frase que refleja la urgencia de mantener en pie proyectos que se ven sometidos a una creciente presión social. Jurado enumeró los tres ejes que más preocupan a la entidad: la emergencia habitacional, que afecta “a uno de cada cuatro hogares”; la precariedad laboral, que convierte el empleo “en un refugio cada vez menos seguro”; y las dificultades que siguen afrontando las personas migrantes, “esenciales para el futuro demográfico y social, pero aun con enormes barreras para una inclusión plena”.. Los datos aportados durante el acto dibujan un mapa claro del sufrimiento social en la diócesis. A lo largo del año, 748 personas acudieron al servicio de empleo, de las cuales solamente 160 hallaron un puesto de trabajo. La mayoría de quienes pasan por los programas de personas sin hogar son nacionales, un detalle que rompe clichés y revela la profundidad de la exclusión en la propia población local. 606 personas han sido atendidas en estos recursos, mientras que 77 han vivido temporalmente en viviendas propias de Cáritas y otras 58 en pisos de Vimpyca. A todo ello se suman las 1.500 atenciones realizadas en el proyecto de necesidades básicas y el acompañamiento silencioso que llevan a cabo las Cáritas parroquiales, muchas veces invisibles para el conjunto de la ciudadanía.. Jurado dejó una reflexión que sirve de hilo conductor para toda la campaña: “Tener una vida digna no puede depender del azar o del lugar de nacimiento”. Su frase, sencilla y certera, recuerda que esta desigualdad no es fruto de decisiones aisladas, sino del peso estructural de un modelo que deja caer siempre a las mismas personas.. El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, también quiso subrayar que este problema exige una reacción comunitaria. Recordó que el último Informe Foessa señala más de cuatro millones de personas en España en grave riesgo de exclusión social, y advirtió que a nadie se le ocurre pensar que “a todos ellos les pudiera tocar la lotería”. Para el obispo, la vida humana es demasiado valiosa “como para dejarla en manos de la suerte”, y añadió que, mientras existan personas dispuestas a ayudar, “hay esperanza”. Agradeció a los medios su labor de difusión y dedicó un reconocimiento especial a los 1.500 voluntarios de Cáritas, el tejido humano que sostiene la intervención diaria.. La figura del voluntariado se encarnó en Luisa Bustos, colaboradora de la Residencia Hogar San Pablo, un centro para mayores en exclusión. Su relato marcó uno de los momentos más emotivos de la presentación. Contó que llegó pensando que venía a dar y descubrió que recibía mucho más de lo imaginado. Su experiencia está construida sobre gestos mínimos: una conversación pausada, un café compartido, una escucha atenta. “Aquí descubres que un gesto sencillo puede iluminar un día entero para alguien que lo está pasando mal”, dijo, antes de resumir su aprendizaje en una frase que desarma: “No se necesita ser héroe para cambiar una vida. Basta con estar”. En su testimonio, la dignidad aparece no solo como un derecho, sino como un encuentro humano.. La campaña no se limita a pedir aportaciones económicas. También propone experiencias para pensar y participar. Entre ellas, un Belén viviente preparado por los residentes del Hogar San Pablo, que estos días recibirán a grupos escolares; un camino de oración el 18 de diciembre para visibilizar la realidad de las personas sin hogar; y un acto especialmente simbólico: el árbol de Navidad solidario que se instalará el 19 de diciembre en el bulevar del Gran Capitán. Cada persona que done podrá colgar un corazón rojo de fieltro. Es un gesto pequeño, pero cargado de sentido: ver el árbol llenarse de corazones será como ver materializada la solidaridad de toda una ciudad.. Además, desde el 10 de diciembre está activa una acción digital titulada “Tu corazón para tener una vida digna”. En la web de Cáritas, cada donativo se convierte en un corazón que se ilumina en un árbol virtual. “Para nosotros cada donativo es una oración hecha acción”, expresó el delegado diocesano, Antonio Reyes. Sus palabras buscan despertar una sensibilidad que vaya más allá de la emoción navideña: “Seamos el corazón que permita a otros transformar su vida”.. Quizá eso es lo que esta campaña propone en último término: que cada persona dedique un instante a mirar alrededor y reconocer que todos podemos colocar un pequeño corazón -real o simbólico- en ese gran árbol común de la dignidad. En una ciudad que despierta lentamente en este domingo de diciembre, esa invitación suena más nítida que nunca. Porque la suerte es azarosa, pero la justicia social nunca debería serlo.
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