La crisis política en Ripoll ha acabado con la dimisión de los dos concejales del PSC en el municipio, pero el episodio va mucho más allá de una simple votación. Se trata de un conflicto que ha puesto en evidencia las tensiones entre la política local y las directrices de los partidos a nivel nacional, muy a menudo en direcciones opuestas.. Todo comenzó en el pleno municipal celebrado la semana pasada, cuando el Ayuntamiento de Ripoll debatía la aprobación de los presupuestos presentados por la alcaldesa Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana. En ese contexto, los dos ediles socialistas, Enric Pérez y Anna Belén Avilés, optaron por abstenerse. Una decisión que resultó clave: su posicionamiento permitió que las cuentas salieran adelante gracias a los votos favorables de Aliança Catalana y el apoyo de Som-hi Ripoll, pese al rechazo del resto de grupos de la oposición.. La decisión no fue menor. El PSC mantiene una línea política clara de rechazo a cualquier tipo de acuerdo o colaboración con formaciones de «extrema derecha». Por ello, la abstención de sus concejales en Ripoll generó un fuerte impacto tanto a nivel territorial como en la dirección nacional del partido. En un primer momento, los propios concejales defendieron su postura. Argumentaron que su intención era evitar un nuevo episodio de bloqueo institucional y lo que definieron como un “circo político y mediático” en el municipio. No era una preocupación menor: en años anteriores, Ripoll había vivido situaciones de inestabilidad presupuestaria, con cuentas prorrogadas o aprobadas de forma automática tras fracasos políticos.. Sin embargo, la reacción fue inmediata. Desde el PSC de las comarcas gerundenses se desmarcaron rápidamente de la decisión, asegurando que no había sido consultada ni contaba con su aval, y expresaron su “desacuerdo absoluto”. La crisis escaló en pocas horas hasta situarse en el foco de la política catalana.. A nivel nacional, el mensaje fue contundente. La portavoz del partido, Lluïsa Moret, reiteró que los socialistas “nunca apoyarán acuerdos que tengan que ver con los planteamientos de la ultraderecha”, subrayando que estos fomentan la división y la intolerancia. En la misma línea, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, dejó claro que el PSC mantiene una línea roja infranqueable frente a este tipo de formaciones.. Ante la presión creciente, los dos concejales dieron marcha atrás. Horas después del pleno y del revuelo generado, reconocieron públicamente su error. En un comunicado, admitieron que no habían tenido suficientemente en cuenta el principio fundamental del partido de evitar cualquier colaboración con la extrema derecha, un criterio que, según señalaron, debía haber prevalecido sobre su intención inicial.. Con ese reconocimiento, ambos ediles pusieron su cargo a disposición del partido. La decisión final llegó tras una reunión con la dirección del PSC, tanto a nivel nacional como territorial, celebrada en Girona. Allí se constató que su continuidad era difícilmente sostenible.. Finalmente, el partido ha aceptado su renuncia, dando por cerrada la crisis. Enric Pérez y Anna Belén Avilés dejarán sus actas de concejal, que serán asumidas por otros miembros de la lista socialista, aunque la formación no ha detallado todavía quiénes serán los sustitutos ni cómo se articulará el relevo.. El PSC tampoco ha concretado si impondrá sanciones internas, aunque su código ético contempla medidas severas para actuaciones contrarias a las directrices del partido, que pueden ir desde la suspensión de militancia hasta la expulsión.
El partido desautoriza a sus concejales y cierra la polémica con un relevo aún por concretar
La crisis política en Ripoll ha acabado con la dimisión de los dos concejales del PSC en el municipio, pero el episodio va mucho más allá de una simple votación. Se trata de un conflicto que ha puesto en evidencia las tensiones entre la política local y las directrices de los partidos a nivel nacional, muy a menudo en direcciones opuestas.. Todo comenzó en el pleno municipal celebrado la semana pasada, cuando el Ayuntamiento de Ripoll debatía la aprobación de los presupuestos presentados por la alcaldesa Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana. En ese contexto, los dos ediles socialistas, Enric Pérez y Anna Belén Avilés, optaron por abstenerse. Una decisión que resultó clave: su posicionamiento permitió que las cuentas salieran adelante gracias a los votos favorables de Aliança Catalana y el apoyo de Som-hi Ripoll, pese al rechazo del resto de grupos de la oposición.. La decisión no fue menor. El PSC mantiene una línea política clara de rechazo a cualquier tipo de acuerdo o colaboración con formaciones de «extrema derecha». Por ello, la abstención de sus concejales en Ripoll generó un fuerte impacto tanto a nivel territorial como en la dirección nacional del partido. En un primer momento, los propios concejales defendieron su postura. Argumentaron que su intención era evitar un nuevo episodio de bloqueo institucional y lo que definieron como un “circo político y mediático” en el municipio. No era una preocupación menor: en años anteriores, Ripoll había vivido situaciones de inestabilidad presupuestaria, con cuentas prorrogadas o aprobadas de forma automática tras fracasos políticos.. Sin embargo, la reacción fue inmediata. Desde el PSC de las comarcas gerundenses se desmarcaron rápidamente de la decisión, asegurando que no había sido consultada ni contaba con su aval, y expresaron su “desacuerdo absoluto”. La crisis escaló en pocas horas hasta situarse en el foco de la política catalana.. A nivel nacional, el mensaje fue contundente. La portavoz del partido, Lluïsa Moret, reiteró que los socialistas “nunca apoyarán acuerdos que tengan que ver con los planteamientos de la ultraderecha”, subrayando que estos fomentan la división y la intolerancia. En la misma línea, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, dejó claro que el PSC mantiene una línea roja infranqueable frente a este tipo de formaciones.. Ante la presión creciente, los dos concejales dieron marcha atrás. Horas después del pleno y del revuelo generado, reconocieron públicamente su error. En un comunicado, admitieron que no habían tenido suficientemente en cuenta el principio fundamental del partido de evitar cualquier colaboración con la extrema derecha, un criterio que, según señalaron, debía haber prevalecido sobre su intención inicial.. Con ese reconocimiento, ambos ediles pusieron su cargo a disposición del partido. La decisión final llegó tras una reunión con la dirección del PSC, tanto a nivel nacional como territorial, celebrada en Girona. Allí se constató que su continuidad era difícilmente sostenible.. Finalmente, el partido ha aceptado su renuncia, dando por cerrada la crisis. Enric Pérez y Anna Belén Avilés dejarán sus actas de concejal, que serán asumidas por otros miembros de la lista socialista, aunque la formación no ha detallado todavía quiénes serán los sustitutos ni cómo se articulará el relevo.. El PSC tampoco ha concretado si impondrá sanciones internas, aunque su código ético contempla medidas severas para actuaciones contrarias a las directrices del partido, que pueden ir desde la suspensión de militancia hasta la expulsión.
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