A mediados de los 2000, una canción empezó a escucharse en todas partes: en la radio, en la televisión e incluso en los tonos de móvil (en una época en la que había que pagar por ellos). El tema era Bad Day y su autor, el canadiense Daniel Powter, pasó de ser un nombre desconocido a firmar uno de los mayores éxitos pop de la década. Pero, como tantas historias de ascenso meteórico, la suya también incluyó reinvención y una relación difícil con la fama.. Antes de ese salto al estrellato, Powter ya había intentado abrirse camino en la música en Canadá, publicando material independiente sin alcanzar demasiada repercusión hasta 2005, cuando publicó Bad Day en su álbum homónimo. La canción se convirtió en una sintonía habitual de American Idol, y terminó por explotar en 2006, catapultando a Powter a lo más alto de las listas internacionales.. El tema fue número uno en países como Estados Unidos y Reino Unido, y se convirtió en una de las canciones más vendidas ese año. Su éxito residía en una fórmula aparentemente sencilla: una melodía pegadiza, un piano reconocible y una letra universal sobre uno de esos días en los que todo sale mal. Powter pasó, en cuestión de meses, de actuar en pequeños escenarios a giras internacionales y recibir premios, entre ellos un Grammy a Mejor Interpretación Vocal Pop Masculina.. Sin embargo, el fenómeno fue difícil de sostener. Su siguiente disco, Under the Radar (2008), no logró replicar el impacto de su debut. A partir de ahí, su carrera perdió visibilidad y, aunque continuó lanzando discos (como Turn on the Lights en 2012), ya estaba lejos del gran público.. En paralelo, Powter ha hablado abiertamente de sus problemas personales durante esos años. En varias entrevistas ha reconocido su lucha contra el alcoholismo y la presión de la industria tras el éxito repentino. Según relató en medios como People, tocar fondo fue lo que le llevó a replantearse su vida y su relación con la música.. Esa etapa explica en parte su desaparición del radar mediático, al menos en occidente, ya que no dejó de trabajar y encontró un nuevo público en Asia, especialmente en Japón, donde ha mantenido una base de fans fieles y una actividad constante.. Powter ha seguido dedicado a la música, pero lejos del mainstream y desde un enfoque más personal y menos dependiente de las listas de éxitos. En los últimos años ha publicado nuevos temas, ha hecho giras (principalmente en Asia) y ha participado en proyectos más pequeños.. Además, en estos veinte años su historia ha sido revisitada con frecuencia en retrospectivas sobre los llamados one-hit-wonders, un término que él ha querido matizar en entrevistas, ya que, más que un artista de un solo éxito, se considera alguien que tuvo «un éxito descomunal que eclipsó todo lo demás».
A mediados de los 2000, una canción empezó a escucharse en todas partes: en la radio, en la televisión e incluso en los tonos de móvil (en una época en la que había que pagar por ellos). El tema era Bad Day y su autor, el canadiense Daniel Powter, pasó de ser un nombre desconocido a firmar uno de los mayores éxitos pop de la década. Pero, como tantas historias de ascenso meteórico, la suya también incluyó reinvención y una relación difícil con la fama.. Antes de ese salto al estrellato, Powter ya había intentado abrirse camino en la música en Canadá, publicando material independiente sin alcanzar demasiada repercusión hasta 2005, cuando publicó Bad Day en su álbum homónimo. La canción se convirtió en una sintonía habitual de American Idol, y terminó por explotar en 2006, catapultando a Powter a lo más alto de las listas internacionales.. El tema fue número uno en países como Estados Unidos y Reino Unido, y se convirtió en una de las canciones más vendidas ese año. Su éxito residía en una fórmula aparentemente sencilla: una melodía pegadiza, un piano reconocible y una letra universal sobre uno de esos días en los que todo sale mal. Powter pasó, en cuestión de meses, de actuar en pequeños escenarios a giras internacionales y recibir premios, entre ellos un Grammy a Mejor Interpretación Vocal Pop Masculina.. Sin embargo, el fenómeno fue difícil de sostener. Su siguiente disco, Under the Radar (2008), no logró replicar el impacto de su debut. A partir de ahí, su carrera perdió visibilidad y, aunque continuó lanzando discos (como Turn on the Lights en 2012), ya estaba lejos del gran público.. En paralelo, Powter ha hablado abiertamente de sus problemas personales durante esos años. En varias entrevistas ha reconocido su lucha contra el alcoholismo y la presión de la industria tras el éxito repentino. Según relató en medios como People, tocar fondo fue lo que le llevó a replantearse su vida y su relación con la música.. Esa etapa explica en parte su desaparición del radar mediático, al menos en occidente, ya que no dejó de trabajar y encontró un nuevo público en Asia, especialmente en Japón, donde ha mantenido una base de fans fieles y una actividad constante.. Powter ha seguido dedicado a la música, pero lejos del mainstream y desde un enfoque más personal y menos dependiente de las listas de éxitos. En los últimos años ha publicado nuevos temas, ha hecho giras (principalmente en Asia) y ha participado en proyectos más pequeños.. Además, en estos veinte años su historia ha sido revisitada con frecuencia en retrospectivas sobre los llamados one-hit-wonders, un término que él ha querido matizar en entrevistas, ya que, más que un artista de un solo éxito, se considera alguien que tuvo «un éxito descomunal que eclipsó todo lo demás».
