Cuando queda poco para que el Papa bendiga la llamada Torre de Jesucristo, la más alta de la Sagrada Familia, vemos el templo y tenemos la sensación de que prácticamente está todo acabado, aunque en realidad, según los responsables de la obra, como mínimo quedan diez años de trabajo que, por otra parte, no serán fáciles. Ahora parece que casi todos estamos de acuerdo porque la obra de Gaudí ha llegado a buen puerto, aunque hubo un tiempo que no fue así y que un grupo de artistas e intelectuales se opusieron a que continuaran las obras.. Fue el 9 de enero de 1965 cuando en la sección de cartas al director del diario «La Vanguardia» se publicó una extensa misiva en la que se criticaba el ritmo de los trabajos, «lentísimo, prácticamente interrumpido». Todo ello se justificaba en una serie de puntos. En el primero de ellos se subrayaba que «la catedral tenía como uno de sus fines agrupar a todos los habitantes de la ciudad en las grandes celebraciones religiosas; en las ciudades de hoy un enorme templo monumental no tiene sentido. No se trata ya de construir un gran templo para toda la ciudad, que debería tener cabida para casi dos millones de habitantes, sino de construir múltiples parroquias». No deja de sorprender leer hoy que se diga que “tampoco para las grandes concentraciones religiosas —como lo fue el Congreso Eucarístico—tendría utilidad un templo como la Sagrada Familia; se requeriría un espacio abierto o un vastísimo espacio cubierto de características muy distintas a las del templo ideado por Gaudí”.. En otro punto se aseguraba que “puede considerarse a la Sagrada Familia, desde el punto de vista de un monumento expiatorio. En este caso el templo vendría a centrar y a simbolizar el fervor expiatorio de todo un pueblo. Pero no creemos que exista este sentimiento popular, ni que nadie se sienta vinculado de veras a esta empresa colectiva de expiación”.. Igualmente la carta al director sentenciaba que “la Sagrada Familia es obra de Gaudí y tiene un valor artístico. Olvidemos por un momento que el valor artístico de un edificio no puede desvincularse de su justificación social. Es una obra de Gaudí, es una obra de arte, y hay quien quiere verla terminada. Ahora bien, ¿es posible terminar un edificio? A nadie se le ocurriría terminar un cuadro o una escultura, pero un edificio ¿se puede terminar sin el arquitecto que lo concibió? Quizá sería posible si existieran planos detalladísimos, si el edificio estuviese resuelto sobre el papel en todos sus puntos”. Los autores del texto concretaban que “no disponemos de ningún proyecto, de ningún plano auténtico de Gaudí. Esta razón es concluyente y todas las anteriores parecen innecesarias. No se puede continuar la Sagrada Familia de Gaudí porque no existen planos; todo lo que se haga son improvisaciones. Nadie que respete de veras la obra gaudiniana puede colaborar a esta mixtificación”.. ¿Quién firmaba la carta? Entre los arquitectos encontramos a Le Corbusier, Ludovico Quaroni, Paolo Portoghesi, J. A. Coderch, Antoni Bonet, Oriol Bohigas, Federico Correa, Alfonso Milà, Ricard Bofill o J. A. Corrales. La lista de artista igual impresiona al contar con Joan Miró, Antoni Tapies, Llorens Artigas, Ráfols Casamada, Hernández Pijoan, Josep Maria Subirachs -posteriormente escultor de la Sagrada Familia-, Oriol Maspons, Leopoldo Pomés, Xavier Miserachs, André Ricard o Miguel Milá.. Varios escritores también quisieron estampar su rúbrica en este texto, como fueron Alexandre Cirici, Camilo José Cela, Joan Teixidor, Joan Oliver, Joan Perucho, Salvador Espriu, Carles Soldevila, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Josep Maria Espinas o Joan Brossa.
Un manifiesto publicado en 1965 recogía numerosas firmas contrarias a seguir con las obras
Cuando queda poco para que el Papa bendiga la llamada Torre de Jesucristo, la más alta de la Sagrada Familia, vemos el templo y tenemos la sensación de que prácticamente está todo acabado, aunque en realidad, según los responsables de la obra, como mínimo quedan diez años de trabajo que, por otra parte, no serán fáciles. Ahora parece que casi todos estamos de acuerdo porque la obra de Gaudí ha llegado a buen puerto, aunque hubo un tiempo que no fue así y que un grupo de artistas e intelectuales se opusieron a que continuaran las obras.. Fue el 9 de enero de 1965 cuando en la sección de cartas al director del diario «La Vanguardia» se publicó una extensa misiva en la que se criticaba el ritmo de los trabajos, «lentísimo, prácticamente interrumpido». Todo ello se justificaba en una serie de puntos. En el primero de ellos se subrayaba que «la catedral tenía como uno de sus fines agrupar a todos los habitantes de la ciudad en las grandes celebraciones religiosas; en las ciudades de hoy un enorme templo monumental no tiene sentido. No se trata ya de construir un gran templo para toda la ciudad, que debería tener cabida para casi dos millones de habitantes, sino de construir múltiples parroquias». No deja de sorprender leer hoy que se diga que “tampoco para las grandes concentraciones religiosas —como lo fue el Congreso Eucarístico—tendría utilidad un templo como la Sagrada Familia; se requeriría un espacio abierto o un vastísimo espacio cubierto de características muy distintas a las del templo ideado por Gaudí”.. En otro punto se aseguraba que “puede considerarse a la Sagrada Familia, desde el punto de vista de un monumento expiatorio. En este caso el templo vendría a centrar y a simbolizar el fervor expiatorio de todo un pueblo. Pero no creemos que exista este sentimiento popular, ni que nadie se sienta vinculado de veras a esta empresa colectiva de expiación”.. Igualmente la carta al director sentenciaba que “la Sagrada Familia es obra de Gaudí y tiene un valor artístico. Olvidemos por un momento que el valor artístico de un edificio no puede desvincularse de su justificación social. Es una obra de Gaudí, es una obra de arte, y hay quien quiere verla terminada. Ahora bien, ¿es posible terminar un edificio? A nadie se le ocurriría terminar un cuadro o una escultura, pero un edificio ¿se puede terminar sin el arquitecto que lo concibió? Quizá sería posible si existieran planos detalladísimos, si el edificio estuviese resuelto sobre el papel en todos sus puntos”. Los autores del texto concretaban que “no disponemos de ningún proyecto, de ningún plano auténtico de Gaudí. Esta razón es concluyente y todas las anteriores parecen innecesarias. No se puede continuar la Sagrada Familia de Gaudí porque no existen planos; todo lo que se haga son improvisaciones. Nadie que respete de veras la obra gaudiniana puede colaborar a esta mixtificación”.. ¿Quién firmaba la carta? Entre los arquitectos encontramos a Le Corbusier, Ludovico Quaroni, Paolo Portoghesi, J. A. Coderch, Antoni Bonet, Oriol Bohigas, Federico Correa, Alfonso Milà, Ricard Bofill o J. A. Corrales. La lista de artista igual impresiona al contar con Joan Miró, Antoni Tapies, Llorens Artigas, Ráfols Casamada, Hernández Pijoan, Josep Maria Subirachs -posteriormente escultor de la Sagrada Familia-, Oriol Maspons, Leopoldo Pomés, Xavier Miserachs, André Ricard o Miguel Milá.. Varios escritores también quisieron estampar su rúbrica en este texto, como fueron Alexandre Cirici, Camilo José Cela, Joan Teixidor, Joan Oliver, Joan Perucho, Salvador Espriu, Carles Soldevila, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Josep Maria Espinas o Joan Brossa.
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