Artemis II lleva camino de convertirse en uno de los mayores éxitos de la NASA en décadas. Salvo incidencias menores, como los problemas con el retrete de la cápsula espacial Orion, todos los objetivos se están cumpliendo, a falta de superar el momento más crítico de la misión, cuando los astronautas reingresen en la atmósfera terrestre a más de 38.000 kilómetros por hora y con la nave soportando temperaturas superiores a 2.700 C, en la madrugada del sábado. Por eso ha llamado la atención la sorprendente petición que el Control de Misión realizó a la tripulación durante la cuarta jornada de Artemis II.. ‘Tenemos una pequeña petición para vosotros. Con esta orientación que estamos usando para la exposición térmica, nos está dando el sol en las cubiertas de las ventanas y nos preocupa un poco que se calienten demasiado. Nos gustaría pediros que, por favor, retiréis las cubiertas de las ventanas. Entendemos que eso hará que tengáis muchísima claridad ahí dentro y queremos animaros a usar una camiseta en la cabina o algo parecido, si hace falta, para bloquear esa luz solar. Pero las cubiertas nos ayudarán con la restricción de temperatura en las ventanas’, dijeron a los astronautas, quienes colocaron inmediatamente las camisetas.. Esto plantea dos preguntas. Primero, cómo es posible que en una nave que se ha desarrollado durante dos décadas y ha costado 24.000 millones de dólares haya que recurrir a una solución tan prosaica. Y segundo, por qué es una preocupación que las ventanas se calienten demasiado por el Sol si están diseñadas para soportar las infernales temperaturas de la reentrada.. Para la primera no tenemos respuesta, pero la segunda sí tiene una explicación y tiene que ver con cómo están construidas las ventanas de Orion. Cada una de ellas, seis en total, cuenta con tres paneles. El exterior, fabricado a partir de sílice fundida, es el que debe soportar el calor extremo de la reentrada y en ningún caso se va a ver afectado por un aumento de la temperatura desde el interior.. Los otros dos paneles son acrílicos y no de cristal, como ha sido tradición en la NASA, un cambio que ha permitido reducir el peso de todas las ventanas en más de 90 kilogramos.. ‘Históricamente, los paneles de vidrio de las ventanas han formado parte de la estructura presurizada de las naves espaciales que mantiene la presión de la cabina para que los astronautas sigan con vida, y también han proporcionado protección térmica durante la reentrada en la atmósfera terrestre. Pero lo problemático del vidrio es que es un material estructural deficiente. Si se le aplican cargas, pierde resistencia con el tiempo y, si recibe un golpe o una muesca, su resistencia disminuye de forma drástica. El entorno de los vuelos espaciales es uno que, por desgracia, explota precisamente esas vulnerabilidades’, señaló Lynda Estes, responsable del subsistema de ventanas de Orion en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, a la revista USGlass sobre esta cuestión.. Los paneles acrílicos son fundamentales para mantener presurizada la nave, pero mucho menos resistentes al calor, ya que su punto de reblandecimiento se sitúa en los 100 C. Con las cubiertas interiores desplegadas, se corre el riesgo de que acumulen calor por la exposición a la energía solar y acerquen el panel acrílico a su límite, por lo que la NASA ha preferido evitarlo.. En cuanto a si las temperaturas que soportará el panel exterior de sílice fundida pueden afectar a los interiores de acrílico, la respuesta es que no, al menos durante el breve tiempo que dura la reentrada, unos catorce minutos, y en condiciones normales.
La petición del Control de Misión a la tripulación dejó una de las escenas más inesperadas de Artemis II
Artemis II lleva camino de convertirse en uno de los mayores éxitos de la NASA en décadas. Salvo incidencias menores, como los problemas con el retrete de la cápsula espacial Orion, todos los objetivos se están cumpliendo, a falta de superar el momento más crítico de la misión, cuando los astronautas reingresen en la atmósfera terrestre a más de 38.000 kilómetros por hora y con la nave soportando temperaturas superiores a 2.700 °C, en la madrugada del sábado. Por eso ha llamado la atención la sorprendente petición que el Control de Misión realizó a la tripulación durante la cuarta jornada de Artemis II.. ‘Tenemos una pequeña petición para vosotros. Con esta orientación que estamos usando para la exposición térmica, nos está dando el sol en las cubiertas de las ventanas y nos preocupa un poco que se calienten demasiado. Nos gustaría pediros que, por favor, retiréis las cubiertas de las ventanas. Entendemos que eso hará que tengáis muchísima claridad ahí dentro y queremos animaros a usar una camiseta en la cabina o algo parecido, si hace falta, para bloquear esa luz solar. Pero las cubiertas nos ayudarán con la restricción de temperatura en las ventanas’, dijeron a los astronautas, quienes colocaron inmediatamente las camisetas.. Esto plantea dos preguntas. Primero, cómo es posible que en una nave que se ha desarrollado durante dos décadas y ha costado 24.000 millones de dólares haya que recurrir a una solución tan prosaica. Y segundo, por qué es una preocupación que las ventanas se calienten demasiado por el Sol si están diseñadas para soportar las infernales temperaturas de la reentrada.. Para la primera no tenemos respuesta, pero la segunda sí tiene una explicación y tiene que ver con cómo están construidas las ventanas de Orion. Cada una de ellas, seis en total, cuenta con tres paneles. El exterior, fabricado a partir de sílice fundida, es el que debe soportar el calor extremo de la reentrada y en ningún caso se va a ver afectado por un aumento de la temperatura desde el interior.. Los otros dos paneles son acrílicos y no de cristal, como ha sido tradición en la NASA, un cambio que ha permitido reducir el peso de todas las ventanas en más de 90 kilogramos.. ‘Históricamente, los paneles de vidrio de las ventanas han formado parte de la estructura presurizada de las naves espaciales que mantiene la presión de la cabina para que los astronautas sigan con vida, y también han proporcionado protección térmica durante la reentrada en la atmósfera terrestre. Pero lo problemático del vidrio es que es un material estructural deficiente. Si se le aplican cargas, pierde resistencia con el tiempo y, si recibe un golpe o una muesca, su resistencia disminuye de forma drástica. El entorno de los vuelos espaciales es uno que, por desgracia, explota precisamente esas vulnerabilidades’, señaló Lynda Estes, responsable del subsistema de ventanas de Orion en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston, a la revista USGlass sobre esta cuestión.. Los paneles acrílicos son fundamentales para mantener presurizada la nave, pero mucho menos resistentes al calor, ya que su punto de reblandecimiento se sitúa en los 100 °C. Con las cubiertas interiores desplegadas, se corre el riesgo de que acumulen calor por la exposición a la energía solar y acerquen el panel acrílico a su límite, por lo que la NASA ha preferido evitarlo.. En cuanto a si las temperaturas que soportará el panel exterior de sílice fundida pueden afectar a los interiores de acrílico, la respuesta es que no, al menos durante el breve tiempo que dura la reentrada, unos catorce minutos, y en condiciones normales.
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