Hay personas que hieren, desgastan o invalidan a quienes tienen cerca y, aun así, parecen no comprender el efecto de su conducta. Se intenta que entren en razón hablando con ellas de la mejor manera posible, pero ni así se consigue que entiendan que su forma de actuar hace daño a los demás e incluso pueden generar un problema grave de salud mental. Los psicólogos explican que esta dificultad no siempre responde a una falta de sensibilidad, sino a mecanismos de defensa que impiden ver el propio daño.. Reconocer que la propia actitud lastima a otros obliga a mirar heridas, carencias y responsabilidades que resultan incómodas. Y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Carolina, psicóloga sanitaria y directora de Psicomorfosis, resume esta forma de actuar de las personas con un vídeo en su cuenta de TikTok. Su idea se resume con una crudeza que es muy real: «Voy a ser muy directa, hay personas que por mucho que tú intentes explicarles una y otra vez que su actitud te hace daño no lo van a entender».. Por qué se cierran estas personas. La psicóloga es muy contundente: «Porque para ellos es más fácil hacerte sentir que tú eres el problema que asumir su responsabilidad de sus actitudes de mierda». Detrás de esa idea hay una realidad frecuente en las relaciones interpersonales: cuando alguien no tolera la culpa, puede volcarla hacia fuera para proteger su autoestima.. La psicología llama a este proceso proyección, un mecanismo por el que una persona atribuye a otros aquello que no puede aceptar en sí misma. En lugar de reconocer comportamientos dañinos, los minimiza, los justifica o los devuelve al otro en forma de reproche. El que señala el malestar termina siendo acusado de exagerado, sensible o conflictivo. Ese desplazamiento no solo confunde, sino que puede desgastar profundamente a la otra persona, que acaba dudando de su propia percepción.. Carolina insiste en que el problema se basa en una imposibilidad emocional para asumir lo que está ocurriendo: «Estas personas no están dispuestas a mirarse hacia adentro, a hacer autocrítica». La autocrítica requiere madurez psicológica, tolerancia a la frustración y capacidad de reparar. Cuando estos recursos faltan, es más fácil construir una narrativa en la que siempre hay un culpable externo. Esa persona se libera, pero la otra sufre.. Se replica lo visto en casa. Muchas conductas dolorosas se sostienen sobre aprendizajes previos. Hay quien ha crecido en ambientes donde el daño era normalizado y reproduce lo mismo sin cuestionarlo. Otros han interiorizado que mostrarse vulnerable equivale a debilidad y reaccionan atacando, negando o invalidando. Como explica la psicóloga, “Para ellos es mucho más fácil decir que todo lo que les ocurre con la actitud de mierda que tienen con las personas es por culpa de los demás y de a mí me han tratado así, pues yo trato así”. Esa lógica, aunque pueda entenderse desde la historia personal, no justifica el daño presente.. No hay que aguantar todo. Uno de los errores más frecuentes en este tipo de vínculos es pensar que insistir más acabará generando comprensión. Sin embargo, para la explicación repetida no sirve: «Cariño, alguien que no es capaz de responsabilizarse de su mierda y de sus heridas, no se va a responsabilizar de las tuyas por mucho que se lo expliques 850.000 veces». Entender por qué ciertas personas no perciben el daño que causan también ayuda a poner límites. No siempre se trata de convencerlas, sino de protegerse. Identificar la invalidación, la culpa invertida o la falta de empatía permite salir del bucle de la justificación constante.
Carolina, psicóloga sanitaria, explica el motivo por el que es habitual no reconocer ciertos comportamientos en el día a día
Hay personas que hieren, desgastan o invalidan a quienes tienen cerca y, aun así, parecen no comprender el efecto de su conducta. Se intenta que entren en razón hablando con ellas de la mejor manera posible, pero ni así se consigue que entiendan que su forma de actuar hace daño a los demás e incluso pueden generar un problema grave de salud mental. Los psicólogos explican que esta dificultad no siempre responde a una falta de sensibilidad, sino a mecanismos de defensa que impiden ver el propio daño.. Reconocer que la propia actitud lastima a otros obliga a mirar heridas, carencias y responsabilidades que resultan incómodas. Y no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Carolina, psicólogasanitaria y directora de Psicomorfosis, resume esta forma de actuar de las personas con un vídeo en su cuenta de TikTok. Su idea se resume con una crudeza que es muy real: «Voy a ser muy directa, hay personas que por mucho que tú intentes explicarles una y otra vez que su actitud te hace daño no lo van a entender».. Por qué se cierran estas personas. La psicóloga es muy contundente: «Porque para ellos es más fácil hacerte sentir que tú eres el problema que asumir su responsabilidad de sus actitudes de mierda». Detrás de esa idea hay una realidad frecuente en las relaciones interpersonales: cuando alguien no tolera la culpa, puede volcarla hacia fuera para proteger su autoestima.. La psicología llama a este proceso proyección, un mecanismo por el que una persona atribuye a otros aquello que no puede aceptar en sí misma. En lugar de reconocer comportamientos dañinos, los minimiza, los justifica o los devuelve al otro en forma de reproche. El que señala el malestar termina siendo acusado de exagerado, sensible o conflictivo. Ese desplazamiento no solo confunde, sino que puede desgastar profundamente a la otra persona, que acaba dudando de su propia percepción.. Carolina insiste en que el problema se basa en una imposibilidad emocional para asumir lo que está ocurriendo: «Estas personas no están dispuestas a mirarse hacia adentro, a hacer autocrítica». La autocrítica requiere madurez psicológica, tolerancia a la frustración y capacidad de reparar. Cuando estos recursos faltan, es más fácil construir una narrativa en la que siempre hay un culpable externo. Esa persona se libera, pero la otra sufre.. Se replica lo visto en casa. Muchas conductas dolorosas se sostienen sobre aprendizajes previos. Hay quien ha crecido en ambientes donde el daño era normalizado y reproduce lo mismo sin cuestionarlo. Otros han interiorizado que mostrarse vulnerable equivale a debilidad y reaccionan atacando, negando o invalidando. Como explica la psicóloga, “Para ellos es mucho más fácil decir que todo lo que les ocurre con la actitud de mierda que tienen con las personas es por culpa de los demás y de a mí me han tratado así, pues yo trato así”. Esa lógica, aunque pueda entenderse desde la historia personal, no justifica el daño presente.. No hay que aguantar todo. Uno de los errores más frecuentes en este tipo de vínculos es pensar que insistir más acabará generando comprensión. Sin embargo, para la explicación repetida no sirve: «Cariño, alguien que no es capaz de responsabilizarse de su mierda y de sus heridas, no se va a responsabilizar de las tuyas por mucho que se lo expliques 850.000 veces». Entender por qué ciertas personas no perciben el daño que causan también ayuda a poner límites. No siempre se trata de convencerlas, sino de protegerse. Identificar la invalidación, la culpa invertida o la falta de empatía permite salir del bucle de la justificación constante.
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