A medida que pasan los años, lo inevitable ir perdiendo la sensación de que el tiempo transcurre cada vez más deprisa. Los veranos parecen más cortos, los meses vuelan y las décadas pasan casi sin darse cuenta. Aunque se trata de una percepción muy extendida, la ciencia lleva años estudiando este fenómeno y apunta a que no se trata simplemente de una impresión individualizada, sino más bien de una forma distinta en la que nuestro cerebro procesa los recuerdos y las experiencias.. David Céspedes, médico especializado en longevidad, ha ofrecido detalles de ello explicando qué la sensación de que el tiempo pasa más rápido suele intensificarse con la edad. Según el experto, la clave está en cómo funciona el cerebro.. Durante la infancia y la adolescencia, gran parte de las experiencias son nuevas. Sirvan de ejemplos aprender a leer, comenzar en un nuevo centro educativo, hacer amigos o enfrentarse a situaciones desconocidas. «Cuando eras pequeño todo era nuevo», explica.. «Tu cerebro no necesita prestar atención, ya sabe lo que viene». Precisamente por esa acumulación constante de novedades, aquellos años suelen parecer mucho más largos cuando se recuerdan con perspectiva. Cada etapa estaba llena de acontecimientos inéditos que obligaban al cerebro a prestar atención y almacenar información.. Sin embargo, la situación cambia con el paso del tiempo. La rutina gana protagonismo y muchas jornadas terminan siendo muy parecidas entre sí. «Te levantas, haces lo mismo, trabajas en lo mismo, hablas con la misma gente y mañana repites», resume Céspedes.. En ese contexto, el cerebro deja de dedicar tantos recursos a registrar cada detalle porque ya conoce perfectamente lo que va a ocurrir. «Tu cerebro no necesita prestar atención, ya sabe lo que viene», señala. Como consecuencia, muchas experiencias cotidianas se procesan de forma automática y dejan menos huella en nuestras memorias.. «La ciencia lo tiene claro, no percibes el tiempo por lo que pasa, sino por lo que recuerdas». Para David Céspedes, ahí está la explicación de por qué los meses y los años parecen acelerarse. «La ciencia lo tiene claro, no percibes el tiempo por lo que pasa, sino por lo que recuerdas». Cuando hay pocas experiencias novedosas, se generan menos recuerdos diferenciados y, al mirar atrás, el periodo vivido parece más corto de lo que realmente fue.. El médico añade que este fenómeno va más allá de una simple sensación temporal. Según explica, la falta de estímulos nuevos también puede afectar al aprendizaje y al funcionamiento cerebral. «Cuando dejas de exponerte a estímulos nuevos, dejas de aprender», advierte.. Por ello, considera que mantener la curiosidad, aprender cosas nuevas, cambiar hábitos o vivir experiencias diferentes puede tener un impacto positivo en la percepción del tiempo y en un envejecimiento saludable. «Si no hay novedad, no hay registro. Y si no hay registro, tu vida se comprime», acaba.
El médico David Céspedes ha explicado que el cerebro deja de registrar lo cotidiano porque ya sabe lo que viene, una rutina que termina comprimiendo la percepción de los años vividos
A medida que pasan los años, lo inevitable ir perdiendo la sensación de que el tiempo transcurre cada vez más deprisa. Los veranos parecen más cortos, los meses vuelan y las décadas pasan casi sin darse cuenta. Aunque se trata de una percepción muy extendida, la ciencia lleva años estudiando este fenómeno y apunta a que no se trata simplemente de una impresión individualizada, sino más bien de una forma distinta en la que nuestro cerebro procesa los recuerdos y las experiencias.. David Céspedes, médico especializado en longevidad, ha ofrecido detalles de ello explicando qué la sensación de que el tiempo pasa más rápido suele intensificarse con la edad. Según el experto, la clave está en cómo funciona el cerebro.. Durante la infancia y la adolescencia, gran parte de las experiencias son nuevas. Sirvan de ejemplos aprender a leer, comenzar en un nuevo centro educativo, hacer amigos o enfrentarse a situaciones desconocidas. «Cuando eras pequeño todo era nuevo», explica.. «Tu cerebro no necesita prestar atención, ya sabe lo que viene». Precisamente por esa acumulación constante de novedades, aquellos años suelen parecer mucho más largos cuando se recuerdan con perspectiva. Cada etapa estaba llena de acontecimientos inéditos que obligaban al cerebro a prestar atención y almacenar información.. Sin embargo, la situación cambia con el paso del tiempo. La rutina gana protagonismo y muchas jornadas terminan siendo muy parecidas entre sí. «Te levantas, haces lo mismo, trabajas en lo mismo, hablas con la misma gente y mañana repites», resume Céspedes.. En ese contexto, el cerebro deja de dedicar tantos recursos a registrar cada detalle porque ya conoce perfectamente lo que va a ocurrir. «Tu cerebro no necesita prestar atención, ya sabe lo que viene», señala. Como consecuencia, muchas experiencias cotidianas se procesan de forma automática y dejan menos huella en nuestras memorias.. «La ciencia lo tiene claro, no percibes el tiempo por lo que pasa, sino por lo que recuerdas». Para David Céspedes, ahí está la explicación de por qué los meses y los años parecen acelerarse. «La ciencia lo tiene claro, no percibes el tiempo por lo que pasa, sino por lo que recuerdas». Cuando hay pocas experiencias novedosas, se generan menos recuerdos diferenciados y, al mirar atrás, el periodo vivido parece más corto de lo que realmente fue.. El médico añade que este fenómeno va más allá de una simple sensación temporal. Según explica, la falta de estímulos nuevos también puede afectar al aprendizaje y al funcionamiento cerebral. «Cuando dejas de exponerte a estímulos nuevos, dejas de aprender», advierte.. Por ello, considera que mantener la curiosidad, aprender cosas nuevas, cambiar hábitos o vivir experiencias diferentes puede tener un impacto positivo en la percepción del tiempo y en un envejecimiento saludable. «Si no hay novedad, no hay registro. Y si no hay registro, tu vida se comprime», acaba.
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