Todo el mundo aspira a ser feliz, evitar el sufrimiento y construir una vida más satisfactoria. Sin embargo, la experiencia cotidiana parece mostrar una paradoja desconcertante: a menudo repetimos conductas que nos hacen daño, mantenemos relaciones que nos lastiman o volvemos una y otra vez a situaciones que prometimos abandonar.. Esta contradicción ha sido objeto de estudio durante décadas en la psicología y el psicoanálisis. ¿Por qué alguien insiste en tropezar con la misma piedra? ¿Qué lleva a una persona a repetir patrones que le generan dolor? El psicólogo y escritor argentino Gabriel Rolón abordó esta cuestión en una reflexión difundida en sus redes sociales, donde planteó una idea tan incómoda como sugerente: la dificultad que tienen muchas personas para desprenderse de ciertos sufrimientos.. El sufrimiento como una forma de identidad. En su intervención, Rolón afirma: “Al ser humano le cuesta mucho renunciar al sufrimiento, porque en el sufrimiento encontramos un lugar. Yo soy este, soy el que sufre de esta manera”. La frase apunta a un fenómeno conocido en psicología: la tendencia a construir parte de nuestra identidad alrededor de experiencias repetidas. Cuando una persona lleva años enfrentándose al mismo conflicto, ese problema puede convertirse en algo familiar, incluso cuando resulta doloroso.. No se trata de que alguien quiera sufrir conscientemente. Más bien, el sufrimiento ofrece una especie de territorio conocido. Aunque genere malestar, proporciona una sensación de coherencia: la persona sabe quién es dentro de ese relato y cómo moverse en él. Por eso, cambiar no siempre resulta tan sencillo como tomar una decisión racional. Abandonar ciertos patrones implica también renunciar a una versión de uno mismo que, por dañina que sea, resulta conocida.. Rolón ilustra esta idea con el caso de una paciente que enlazaba sucesivamente relaciones con hombres casados. Según explica, la mujer había encontrado una forma concreta de sufrir y la repetía una y otra vez. En sus palabras: “Ya está, me engancho con tipos casados, decía esta paciente. Listo, entonces de esta manera sufro”. Desde la perspectiva psicoanalítica, esta tendencia puede relacionarse con lo que Sigmund Freud denominó «compulsión a la repetición»: la inclinación inconsciente a recrear situaciones dolorosas del pasado, incluso cuando generan frustración.. La lógica que opera detrás de estas conductas no siempre responde al deseo consciente de bienestar. En ocasiones, la mente busca repetir experiencias conocidas porque resultan psicológicamente más manejables que enfrentarse a lo nuevo o incierto.. La ambivalencia humana: querer y no querer al mismo tiempo. Otro aspecto central de la reflexión de Rolón es la contradicción que habita en todos los seres humanos. Según explica, muchas veces convivimos con deseos opuestos. “Todos tenemos esa ambivalencia que hace que lo mismo que queremos, no lo queremos, y que aquello que decimos no desear, lo buscamos”, señala.. La psicología contemporánea respalda esta idea. Los especialistas hablan de conflictos internos entre metas a corto y largo plazo, impulsos emocionales y decisiones racionales. Un ejemplo clásico es el de quien decide comenzar una dieta y pocos días después rompe sus propias reglas.. Rolón lo resume con una imagen sencilla: “Este que está comiendo una porción de pizza no es el mismo que dijo hace dos días, yo voy a hacer una dieta”. La explicación no radica necesariamente en la falta de voluntad, sino en la coexistencia de motivaciones contradictorias. Una parte de la persona busca el cambio, mientras otra se aferra a hábitos conocidos que proporcionan gratificación inmediata o seguridad emocional.. ¿Por qué es tan difícil cambiar?. Las investigaciones sobre conducta humana muestran que el cerebro tiende a preferir lo familiar frente a lo desconocido. Incluso cuando una situación produce malestar, abandonarla puede generar incertidumbre, miedo o sensación de pérdida.. Por eso, superar patrones repetitivos suele requerir algo más que fuerza de voluntad. Implica desarrollar conciencia sobre los mecanismos emocionales que los sostienen, cuestionar creencias arraigadas y tolerar la incomodidad que acompaña a cualquier transformación personal.
Según el psicólogo argentino, muchas personas permanecen atrapadas en situaciones dolorosas no porque las disfruten, sino porque el sufrimiento puede convertirse en una parte de su identidad
Todo el mundo aspira a ser feliz, evitar el sufrimiento y construir una vida más satisfactoria. Sin embargo, la experiencia cotidiana parece mostrar una paradoja desconcertante: a menudo repetimos conductas que nos hacen daño, mantenemos relaciones que nos lastiman o volvemos una y otra vez a situaciones que prometimos abandonar.. Esta contradicción ha sido objeto de estudio durante décadas en la psicología y el psicoanálisis. ¿Por qué alguien insiste en tropezar con la misma piedra? ¿Qué lleva a una persona a repetir patrones que le generan dolor? El psicólogo y escritor argentino Gabriel Rolón abordó esta cuestión en una reflexión difundida en sus redes sociales, donde planteó una idea tan incómoda como sugerente: la dificultad que tienen muchas personas para desprenderse de ciertos sufrimientos.. El sufrimiento como una forma de identidad. En su intervención, Rolón afirma: “Al ser humano le cuesta mucho renunciar al sufrimiento, porque en el sufrimiento encontramos un lugar. Yo soy este, soy el que sufre de esta manera”. La frase apunta a un fenómeno conocido en psicología: la tendencia a construir parte de nuestra identidad alrededor de experiencias repetidas. Cuando una persona lleva años enfrentándose al mismo conflicto, ese problema puede convertirse en algo familiar, incluso cuando resulta doloroso.. No se trata de que alguien quiera sufrir conscientemente. Más bien, el sufrimiento ofrece una especie de territorio conocido. Aunque genere malestar, proporciona una sensación de coherencia: la persona sabe quién es dentro de ese relato y cómo moverse en él. Por eso, cambiar no siempre resulta tan sencillo como tomar una decisión racional. Abandonar ciertos patrones implica también renunciar a una versión de uno mismo que, por dañina que sea, resulta conocida.. Rolón ilustra esta idea con el caso de una paciente que enlazaba sucesivamente relaciones con hombres casados. Según explica, la mujer había encontrado una forma concreta de sufrir y la repetía una y otra vez. En sus palabras: “Ya está, me engancho con tipos casados, decía esta paciente. Listo, entonces de esta manera sufro”. Desde la perspectiva psicoanalítica, esta tendencia puede relacionarse con lo que Sigmund Freud denominó «compulsión a la repetición»: la inclinación inconsciente a recrear situaciones dolorosas del pasado, incluso cuando generan frustración.. La lógica que opera detrás de estas conductas no siempre responde al deseo consciente de bienestar. En ocasiones, la mente busca repetir experiencias conocidas porque resultan psicológicamente más manejables que enfrentarse a lo nuevo o incierto.. La ambivalencia humana: querer y no querer al mismo tiempo. Otro aspecto central de la reflexión de Rolón es la contradicción que habita en todos los seres humanos. Según explica, muchas veces convivimos con deseos opuestos. “Todos tenemos esa ambivalencia que hace que lo mismo que queremos, no lo queremos, y que aquello que decimos no desear, lo buscamos”, señala.. La psicología contemporánea respalda esta idea. Los especialistas hablan de conflictos internos entre metas a corto y largo plazo, impulsos emocionales y decisiones racionales. Un ejemplo clásico es el de quien decide comenzar una dieta y pocos días después rompe sus propias reglas.. Rolón lo resume con una imagen sencilla: “Este que está comiendo una porción de pizza no es el mismo que dijo hace dos días, yo voy a hacer una dieta”. La explicación no radica necesariamente en la falta de voluntad, sino en la coexistencia de motivaciones contradictorias. Una parte de la persona busca el cambio, mientras otra se aferra a hábitos conocidos que proporcionan gratificación inmediata o seguridad emocional.. ¿Por qué es tan difícil cambiar?. Las investigaciones sobre conducta humana muestran que el cerebro tiende a preferir lo familiar frente a lo desconocido. Incluso cuando una situación produce malestar, abandonarla puede generar incertidumbre, miedo o sensación de pérdida.. Por eso, superar patrones repetitivos suele requerir algo más que fuerza de voluntad. Implica desarrollar conciencia sobre los mecanismos emocionales que los sostienen, cuestionar creencias arraigadas y tolerar la incomodidad que acompaña a cualquier transformación personal.
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