Los terremotos que golpearon Venezuela el pasado miércoles 24 de junio, con epicentro cerca de San Felipe (estado de Yaracuy), han dejado al menos 164 fallecidos y más de 970 heridos, según los primeros balances oficiales.. El sismo más fuerte, de magnitud 7,5, ha sido el mayor registrado en el país desde 1900. Ante esta tragedia, una pregunta resurge con fuerza entre la población española: ¿podría ocurrir algo similar en España? La respuesta de los sismólogos es matizada: aunque la Península no se encuentra en una zona de terremotos tan devastadores como los de Venezuela o Chile, sí presenta una actividad sísmica relevante y regiones con un riesgo considerable que no debe subestimarse.. El sureste peninsular, el punto caliente de la sismicidad española. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) señala en el apartado de preguntas frecuentes de su web que España «no representa un área de ocurrencia de grandes terremotos» superiores a magnitud 7, pero matiza que «sí tiene una actividad sísmica relevante con sismos de magnitudes inferiores a 7,0, capaces de generar daños muy graves».. La zona con mayor peligrosidad se concentra en el entorno de las Cordilleras Béticas, en el contacto entre la microplaca Ibérica, la placa Africana y la microplaca de Alborán. Provincias como Granada, Almería, Málaga, Murcia y la Vega Baja del Segura en Alicante son las que acumulan un mayor riesgo sísmico.. Este fenómeno no es casual: responde a la continua colisión entre las placas Africana y Euroasiática, un empuje lento de apenas milímetros al año pero que acumula una energía que, al liberarse de forma brusca, puede generar terremotos de gran intensidad. Otras zonas con riesgo, aunque menor, son los Pirineos, debido a la subducción de la microplaca Ibérica bajo la Euroasiática, y Galicia, una región con fallas activas.. Los expertos alertan de que «llevamos más de 140 años sin un terremoto realmente fuerte». María Belén Benito, catedrática de Geofísica de la Universidad Politécnica de Madrid, explicó en un articulo del medio EuroNews que «cuanto más tiempo pasa desde que ha ocurrido un terremoto en una falla, más se está cargando y aumenta la probabilidad de que ocurra el siguiente». Y lanza una advertencia: «En España, llevamos más de 140 años sin un terremoto realmente fuerte».. Los dos únicos terremotos que superaron el umbral de 7,0 en la escala de Richter en la Península fueron el de Dúrcal (Granada) en 1954 y el del Cabo de San Vicente en 1969.. Pero el precedente más temido sigue siendo el terremoto de Lisboa de 1755, con una magnitud estimada entre 8,5 y 9,0, que causó una destrucción masiva no solo en Portugal sino también en amplias zonas de España y Marruecos.. Aunque la probabilidad de un seísmo de esa magnitud es baja, aprovecho para recalcar que el propio IGN reconoce que la península ibérica «sí tiene una actividad sísmica relevante» y que los movimientos inferiores a 7,0 «son capaces de generar daños muy graves».. En este sentido, los expertos coinciden en que el verdadero problema no es tanto la magnitud del terremoto como la vulnerabilidad de las infraestructuras y la falta de concienciación sísmica en un país que, pese a no estar en el primer escalón del riesgo mundial, sí tiene un historial sísmico relevante.
Los dos potentes seísmos que han sacudido Venezuela reavivan el debate sobre la vulnerabilidad sísmica de la Península Ibérica, donde los expertos llevan años alertando de que el sureste peninsular concentra el mayor peligro
Los terremotos que golpearon Venezuela el pasado miércoles 24 de junio, con epicentro cerca de San Felipe (estado de Yaracuy), han dejado al menos 164 fallecidos y más de 970 heridos, según los primeros balances oficiales.. El sismo más fuerte, de magnitud 7,5, ha sido el mayor registrado en el país desde 1900. Ante esta tragedia, una pregunta resurge con fuerza entre la población española: ¿podría ocurrir algo similar en España? La respuesta de los sismólogos es matizada: aunque la Península no se encuentra en una zona de terremotos tan devastadores como los de Venezuela o Chile, sí presenta una actividad sísmica relevante y regiones con un riesgo considerable que no debe subestimarse.. El sureste peninsular, el punto caliente de la sismicidad española. El Instituto Geográfico Nacional (IGN) señala en el apartado de preguntas frecuentes de su web que España «no representa un área de ocurrencia de grandes terremotos» superiores a magnitud 7, pero matiza que «sí tiene una actividad sísmica relevante con sismos de magnitudes inferiores a 7,0, capaces de generar daños muy graves».. La zona con mayor peligrosidad se concentra en el entorno de las Cordilleras Béticas, en el contacto entre la microplaca Ibérica, la placa Africana y la microplaca de Alborán. Provincias como Granada, Almería, Málaga, Murcia y la Vega Baja del Segura en Alicante son las que acumulan un mayor riesgo sísmico.. Este fenómeno no es casual: responde a la continua colisión entre las placas Africana y Euroasiática, un empuje lento de apenas milímetros al año pero que acumula una energía que, al liberarse de forma brusca, puede generar terremotos de gran intensidad. Otras zonas con riesgo, aunque menor, son los Pirineos, debido a la subducción de la microplaca Ibérica bajo la Euroasiática, y Galicia, una región con fallas activas.. Los expertos alertan de que «llevamos más de 140 años sin un terremoto realmente fuerte». María Belén Benito, catedrática de Geofísica de la Universidad Politécnica de Madrid, explicó en un articulo del medio EuroNews que «cuanto más tiempo pasa desde que ha ocurrido un terremoto en una falla, más se está cargando y aumenta la probabilidad de que ocurra el siguiente». Y lanza una advertencia: «En España, llevamos más de 140 años sin un terremoto realmente fuerte».. Los dos únicos terremotos que superaron el umbral de 7,0 en la escala de Richter en la Península fueron el de Dúrcal (Granada) en 1954 y el del Cabo de San Vicente en 1969.. Pero el precedente más temido sigue siendo el terremoto de Lisboa de 1755, con una magnitud estimada entre 8,5 y 9,0, que causó una destrucción masiva no solo en Portugal sino también en amplias zonas de España y Marruecos.. Aunque la probabilidad de un seísmo de esa magnitud es baja, aprovecho para recalcar que el propio IGN reconoce que la península ibérica «sí tiene una actividad sísmica relevante» y que los movimientos inferiores a 7,0 «son capaces de generar daños muy graves».. En este sentido, los expertos coinciden en que el verdadero problema no es tanto la magnitud del terremoto como la vulnerabilidad de las infraestructuras y la falta de concienciación sísmica en un país que, pese a no estar en el primer escalón del riesgo mundial, sí tiene un historial sísmico relevante.
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