Hace un año, el rover Perseverance encontró algo desconcertante en el cráter Jezero: unas rocas sedimentarias mostraban patrones químicos parecidos a los que, en la Tierra, suelen estar asociados a actividad microbiana antigua. Los científicos fueron extremadamente cautos. Aquellas señales no demostraban la existencia de vida pasada, pero sí resultaban lo bastante inusuales como para merecer una investigación más profunda.. Ahora ha aparecido una nueva pieza del rompecabezas. Un estudio publicado en Science Advances revela que esas mismas rocas contienen carbono orgánico complejo, un tipo de material especialmente interesante para la astrobiología porque constituye uno de los ingredientes fundamentales de la química de la vida.. Y lo más importante: el carbono aparece exactamente en el mismo lugar donde Perseverance detectó anteriormente aquellas posibles biofirmas. Las muestras proceden del afloramiento Bright Angel, situado en un antiguo canal fluvial que desembocaba en el cráter Jezero hace miles de millones de años. Hoy el paisaje es un desierto helado y polvoriento. Pero en el pasado, Jezero albergó un lago alimentado por ríos. Sus sedimentos se acumularon capa tras capa, igual que ocurre en los deltas terrestres.. Los autores del estudio, liderados por Ashley Murphy, del Instituto de Ciencia Planetarias, consideran estos ambientes especialmente prometedores porque el barro fino puede atrapar y conservar moléculas orgánicas durante enormes periodos de tiempo. Entonces, ¿qué encontró exactamente el rover? Utilizando el espectrómetro Raman SHERLOC, Perseverance analizó dos lutitas o “mudstones” marcianas. En una de ellas, el carbono orgánico apareció integrado dentro de una matriz rica en silicatos, es decir, minerales que formaban parte de la roca original.. En la otra, el carbono estaba asociado a minerales secundarios de carbonato y sulfato, formados posteriormente por la acción del agua. El estudio destaca además un detalle importante: el material orgánico no parece estar fuertemente degradado. Eso podría significar que quedó expuesto a la superficie relativamente hace poco o que ha resistido sorprendentemente bien la radiación y la oxidación marcianas.. La palabra clave es “podría”. El hallazgo no demuestra que hubiera vida en Marte. Los propios autores subrayan que el carbono puede tener varios orígenes posibles, como material aportado por meteoritos y polvo interplanetario, procesos geológicos ocurridos dentro del planeta o procesos biológicos antiguos. Marte posee diversos mecanismos capaces de generar moléculas orgánicas sin intervención de organismos vivos, incluyendo reacciones hidrotermales, procesos volcánicos y transformaciones químicas del dióxido de carbono.. Entonces, ¿por qué es tan importante? Porque las evidencias empiezan a coincidir en el mismo lugar. Ahora los astrobiólogos, geólogos planetarias y expertos en química cuentan con sedimentos depositados en un antiguo entorno acuático, patrones químicos compatibles con posibles interacciones biológicas y, el último hallazgo, carbono orgánico complejo preservado en esas mismas rocas. En ciencia planetaria, la coincidencia espacial de varios indicios independientes suele ser mucho más valiosa que una observación espectacular pero aislada. Pero el estudio también señala otro aspecto relevante.. Las detecciones de materia orgánica realizadas por Perseverance están separadas por más de 3.500 kilómetros de las que el rover Curiosity encontró años atrás en el cráter Gale. Eso sugiere que la disponibilidad de compuestos orgánicos podría haber estado extendida por amplias regiones del Marte antiguo y no limitarse a un único enclave excepcional. En otras palabras, si Marte fue habitable alguna vez, es posible que esa habitabilidad no fuera un fenómeno local.. Paradójicamente, el descubrimiento más emocionante de Perseverance aún no puede responderse en Marte. El equipo de Murphy reconoce que para determinar el origen exacto del carbono será necesario analizar las muestras con instrumentos mucho más sensibles que los que lleva el rover. Eso solo será posible si las rocas recogidas por Perseverance son traídas a la Tierra en una futura misión de retorno de muestras.. Es cierto que ninguna prueba por sí sola basta para resolver el caso, pero cada nueva evidencia reduce un poco más el espacio de las explicaciones posibles. Y ahora sabemos que, en el corazón de un antiguo río marciano, Perseverance ha encontrado carbono orgánico complejo exactamente donde ya habían aparecido algunas de las señales más intrigantes de toda la exploración del planeta rojo. En pocas palabras: Marte sigue sin revelar si alguna vez estuvo vivo. Pero cada vez resulta más difícil ignorar las huellas químicas que dejó atrás.
Las rocas que ya se habían analizado ahora muestran carbono complejo, uno de los ingredientes fundamentales de la vida.
Hace un año, el rover Perseverance encontró algo desconcertante en el cráter Jezero: unas rocas sedimentarias mostraban patrones químicos parecidos a los que, en la Tierra, suelen estar asociados a actividad microbiana antigua. Los científicos fueron extremadamente cautos. Aquellas señales no demostraban la existencia de vida pasada, pero sí resultaban lo bastante inusuales como para merecer una investigación más profunda.. Ahora ha aparecido una nueva pieza del rompecabezas. Un estudio publicado en Science Advances revela que esas mismas rocas contienen carbono orgánico complejo, un tipo de material especialmente interesante para la astrobiología porque constituye uno de los ingredientes fundamentales de la química de la vida.. Y lo más importante: el carbono aparece exactamente en el mismo lugar donde Perseverance detectó anteriormente aquellas posibles biofirmas. Las muestras proceden del afloramiento Bright Angel, situado en un antiguo canal fluvial que desembocaba en el cráter Jezero hace miles de millones de años. Hoy el paisaje es un desierto helado y polvoriento. Pero en el pasado, Jezero albergó un lago alimentado por ríos. Sus sedimentos se acumularon capa tras capa, igual que ocurre en los deltas terrestres.. Los autores del estudio, liderados por Ashley Murphy, del Instituto de Ciencia Planetarias, consideran estos ambientes especialmente prometedores porque el barro fino puede atrapar y conservar moléculas orgánicas durante enormes periodos de tiempo. Entonces, ¿qué encontró exactamente el rover? Utilizando el espectrómetro Raman SHERLOC, Perseverance analizó dos lutitas o “mudstones” marcianas. En una de ellas, el carbono orgánico apareció integrado dentro de una matriz rica en silicatos, es decir, minerales que formaban parte de la roca original.. En la otra, el carbono estaba asociado a minerales secundarios de carbonato y sulfato, formados posteriormente por la acción del agua. El estudio destaca además un detalle importante: el material orgánico no parece estar fuertemente degradado. Eso podría significar que quedó expuesto a la superficie relativamente hace poco o que ha resistido sorprendentemente bien la radiación y la oxidación marcianas.. La palabra clave es “podría”. El hallazgo no demuestra que hubiera vida en Marte. Los propios autores subrayan que el carbono puede tener varios orígenes posibles, como material aportado por meteoritos y polvo interplanetario, procesos geológicos ocurridos dentro del planeta o procesos biológicos antiguos. Marte posee diversos mecanismos capaces de generar moléculas orgánicas sin intervención de organismos vivos, incluyendo reacciones hidrotermales, procesos volcánicos y transformaciones químicas del dióxido de carbono.. Entonces, ¿por qué es tan importante? Porque las evidencias empiezan a coincidir en el mismo lugar. Ahora los astrobiólogos, geólogos planetarias y expertos en química cuentan con sedimentos depositados en un antiguo entorno acuático, patrones químicos compatibles con posibles interacciones biológicas y, el último hallazgo, carbono orgánico complejo preservado en esas mismas rocas. En ciencia planetaria, la coincidencia espacial de varios indicios independientes suele ser mucho más valiosa que una observación espectacular pero aislada. Pero el estudio también señala otro aspecto relevante.. Las detecciones de materia orgánica realizadas por Perseverance están separadas por más de 3.500 kilómetros de las que el rover Curiosity encontró años atrás en el cráter Gale. Eso sugiere que la disponibilidad de compuestos orgánicos podría haber estado extendida por amplias regiones del Marte antiguo y no limitarse a un único enclave excepcional. En otras palabras, si Marte fue habitable alguna vez, es posible que esa habitabilidad no fuera un fenómeno local.. Paradójicamente, el descubrimiento más emocionante de Perseverance aún no puede responderse en Marte. El equipo de Murphy reconoce que para determinar el origen exacto del carbono será necesario analizar las muestras con instrumentos mucho más sensibles que los que lleva el rover. Eso solo será posible si las rocas recogidas por Perseverance son traídas a la Tierra en una futura misión de retorno de muestras.. Es cierto que ninguna prueba por sí sola basta para resolver el caso, pero cada nueva evidencia reduce un poco más el espacio de las explicaciones posibles. Y ahora sabemos que, en el corazón de un antiguo río marciano, Perseverance ha encontrado carbono orgánico complejo exactamente donde ya habían aparecido algunas de las señales más intrigantes de toda la exploración del planeta rojo. En pocas palabras: Marte sigue sin revelar si alguna vez estuvo vivo. Pero cada vez resulta más difícil ignorar las huellas químicas que dejó atrás.
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