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  Internacional  Pekín y el espejismo groenlandés: el Ártico chino no pasa por Nuuk
Internacional

Pekín y el espejismo groenlandés: el Ártico chino no pasa por Nuuk

16 de enero de 2026
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El debate sobre Groenlandia vuelve a Washington con la cadencia de los mitos estratégicos que se reciclan cuando hace falta un enemigo claro. Cambian los nombres, se endurece el tono, pero la estructura del argumento permanece intacta: si Estados Unidos no actúa, “otros lo harán”. Donald Trump lo formuló sin ambigüedades, sugiriendo que China o Rusia podrían apoderarse de la isla. El Régimen de Xi Jinping respondió denunciando que se les utiliza como coartada para justificar una escalada política ajena. Y, esta vez, incluso analistas estadounidenses poco sospechosos de indulgencia con China coinciden en que este argumento no se sostiene.. La idea de que China esté en condiciones —o tenga intención— de “tomar Groenlandia” roza lo absurdo, según expertos. No solo porque no existe ningún discurso oficial, académico ni nacionalista que plantee la anexión o control de la isla, sino porque Pekín carece de los medios materiales para hacerlo. A casi 8.000 kilómetros de distancia, sin una red global de bases militares y con solo dos instalaciones navales en el extranjero —en Yibuti o Camboya para influencia en el Mar de China Meridional—, no dispone de la logística necesaria para proyectar poder militar sostenido en el Atlántico Norte. Las insinuaciones sobre destructores o submarinos chinos merodeando esta controvertida zona no han sido respaldadas por ninguna prueba pública contrastable.. Desde Taiwán hasta el Himalaya, el gigante asiático no ha sido precisamente discreto cuando se trata de reivindicaciones territoriales. Groenlandia, en cambio, no figura en ningún documento estratégico ni en fantasías nacionalistas virales. Para varios analistas estadounidenses, insistir en esa amenaza inexistente distorsiona el diagnóstico y distrae la atención de lugares donde la influencia china sí es sistemática y a su juicio preocupante.. El error de fondo es imaginar el poder como un desembarco. En el Ártico no funciona así. Aquí no se trata de banderas ni de maniobras militares espectaculares, sino de algo más silencioso y eficaz, como el control de rutas, acceso estable a energía, dominio de cadenas de valor críticas, infraestructuras capaces de sobrevivir a condiciones extremas y tecnología para operar donde casi nadie puede. En ese tablero, China no improvisa, juega a largo plazo. Y lo que hasta hace poco era una periferia congelada, empieza a adquirir valor como corredor estratégico, no como territorio a ocupar.. Reducir el debate de la “amenaza china” a si posee o no barcos cerca de la isla es quedarse en la superficie. El poder en esta región entra por las puertas laterales, con inversiones, participaciones empresariales, financiación, acuerdos de compra y tecnología civil con potencial uso dual. Incluso así, el balance es modesto. Investigadores de la RAND Corporation subrayaban a comienzos de 2025 que la actividad china en el Ártico sigue siendo limitada y que ha encontrado una resistencia significativa por parte de los países europeos de la región.. Groenlandia, además, no es un actor soberano pleno. Desde 2009 disfruta de un amplio autogobierno, pero Dinamarca conserva las competencias clave en defensa y política exterior. Cualquier inversión sensible trasciende inmediatamente a Nuuk. A ese filtro se suma otro aún más determinante: la presencia estratégica de Estados Unidos, anclada desde hace décadas a la vigilancia del Atlántico Norte. El resultado es una arquitectura de controles que explica por qué muchos proyectos chinos han quedado en intentos.. La minería ilustra bien esa fricción. Aunque Groenlandia se asocia con frecuencia a las tierras raras, su potencial sigue siendo en gran medida hipotético. No hay producción activa, entre otras cosas porque los yacimientos se encuentran en zonas remotas, costosas y políticamente sensibles. El caso de Kvanefjeld (Kuannersuit) es paradigmático. Energy Transition Minerals, participada por la china Shenghe Resources, obtuvo una licencia de explotación en 2020 tras identificar uno de los mayores depósitos del mundo. Un cambio de gobierno el año siguiente bastó para bloquear el proyecto por motivos ambientales, vinculados a la presencia de uranio. La posterior demanda multimillonaria fue desestimada por un tribunal arbitral. En el gigante blanco del Atlántico Norte, la licencia política puede anular un proyecto incluso cuando el mercado empuja en sentido contrario.. Otros intentos tampoco prosperaron. Las petroleras estatales chinas CNPC y CNOOC exploraron opciones, pero el gobierno groenlandés dejó de conceder nuevas licencias en 2021. En 2018, la constructora CCCC fue preseleccionada para ampliar el aeropuerto de Nuuk; la reacción en Dinamarca fue inmediata y la empresa retiró su candidatura. Hoy, según la propia ministra de Recursos Minerales, solo hay dos empresas mineras chinas en la isla, ambas como accionistas minoritarias en proyectos inactivos, en parte para evitar controversias políticas.. Paradójicamente, el vínculo más sólido entre China y Groenlandia no pasa por minerales ni por infraestructuras estratégicas, sino por ámbitos mucho más prosaicos como el pescado o el turismo. La segunda economía mundial es el principal mercado de exportación de la mayor empresa pesquera privada de la isla, y el nuevo gobierno groenlandés ha expresado su interés en avanzar hacia un acuerdo de libre comercio con Pekín. El turismo chino, aunque modesto, crece. Es interdependencia económica.. Mientras tanto, el verdadero centro de gravedad de la estrategia china en el Ártico está lejos de Nuuk. Se encuentra en la Ruta Marítima del Norte, el corredor que bordea la costa rusa y que Moscú considera parte de su esfera regulatoria. China ha optado por el pragmatismo: aceptar de facto ese marco ruso en lugar de desafiarlo. Para Moscú, eso reduce el temor a una injerencia política china en su propio Ártico; para Pekín, abre una vía alternativa para comercio y energía sin confrontación directa.. Entretanto, Yamal LNG resume mejor que ningún otro caso esta lógica de influencia sin ocupación. Rusia mantiene el control formal del proyecto, pero China asegura participación, contratos y destino del gas. No necesita dominar el territorio para influir en el sistema, le basta con garantizar flujos. Es una geopolítica de balance fino.. El interés chino por el Ártico responde, en última instancia, a una lógica de seguridad nacional. Energía y estabilidad van de la mano. Petróleo y gas siguen siendo pilares del crecimiento, y cualquier estrategia que reduzca vulnerabilidades adquiere valor. Ofrece, además, una promesa a largo plazo, ya que una parte significativa de los recursos no descubiertos del planeta podría concentrarse allí. No es una ganancia inmediata, pero sí un argumento de planificación.. La relación entre Moscú y Pekín en el Polo Norte, sin embargo, dista de ser una alianza sin fisuras. El Kremlin acepta capital e inversión, pero cuida sus mayorías, controla la regulación y preserva su primacía militar. Incluso aquí, China avanza con cautela.. Groenlandia concentra la atención mediática porque funciona como símbolo por ser enorme, escasamente poblada, rica en recursos potenciales y situada en un cruce estratégico. Pero la transformación real del Ártico vinculada a China no se está produciendo allí. Ocurre en el eje Moscú–Ruta Marítima del Norte–proyectos energéticos, donde Pekín ha demostrado que se puede ganar influencia sin confrontar, aceptando reglas, comprando participación y asegurando flujos.

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El debate sobre Groenlandia vuelve a Washington con la cadencia de los mitos estratégicos que se reciclan cuando hace falta un enemigo claro. Cambian los nombres, se endurece el tono, pero la estructura del argumento permanece intacta: si Estados Unidos no actúa, “otros lo harán”. Donald Trump lo formuló sin ambigüedades, sugiriendo que China o Rusia podrían apoderarse de la isla. El Régimen de Xi Jinping respondió denunciando que se les utiliza como coartada para justificar una escalada política ajena. Y, esta vez, incluso analistas estadounidenses poco sospechosos de indulgencia con China coinciden en que este argumento no se sostiene.. La idea de que China esté en condiciones —o tenga intención— de “tomar Groenlandia” roza lo absurdo, según expertos. No solo porque no existe ningún discurso oficial, académico ni nacionalista que plantee la anexión o control de la isla, sino porque Pekín carece de los medios materiales para hacerlo. A casi 8.000 kilómetros de distancia, sin una red global de bases militares y con solo dos instalaciones navales en el extranjero —en Yibuti o Camboya para influencia en el Mar de China Meridional—, no dispone de la logística necesaria para proyectar poder militar sostenido en el Atlántico Norte. Las insinuaciones sobre destructores o submarinos chinos merodeando esta controvertida zona no han sido respaldadas por ninguna prueba pública contrastable.. Desde Taiwán hasta el Himalaya, el gigante asiático no ha sido precisamente discreto cuando se trata de reivindicaciones territoriales. Groenlandia, en cambio, no figura en ningún documento estratégico ni en fantasías nacionalistas virales. Para varios analistas estadounidenses, insistir en esa amenaza inexistente distorsiona el diagnóstico y distrae la atención de lugares donde la influencia china sí es sistemática y a su juicio preocupante.. El error de fondo es imaginar el poder como un desembarco. En el Ártico no funciona así. Aquí no se trata de banderas ni de maniobras militares espectaculares, sino de algo más silencioso y eficaz, como el control de rutas, acceso estable a energía, dominio de cadenas de valor críticas, infraestructuras capaces de sobrevivir a condiciones extremas y tecnología para operar donde casi nadie puede. En ese tablero, China no improvisa, juega a largo plazo. Y lo que hasta hace poco era una periferia congelada, empieza a adquirir valor como corredor estratégico, no como territorio a ocupar.. Reducir el debate de la “amenaza china” a si posee o no barcos cerca de la isla es quedarse en la superficie. El poder en esta región entra por las puertas laterales, con inversiones, participaciones empresariales, financiación, acuerdos de compra y tecnología civil con potencial uso dual. Incluso así, el balance es modesto. Investigadores de la RAND Corporation subrayaban a comienzos de 2025 que la actividad china en el Ártico sigue siendo limitada y que ha encontrado una resistencia significativa por parte de los países europeos de la región.. Groenlandia, además, no es un actor soberano pleno. Desde 2009 disfruta de un amplio autogobierno, pero Dinamarca conserva las competencias clave en defensa y política exterior. Cualquier inversión sensible trasciende inmediatamente a Nuuk. A ese filtro se suma otro aún más determinante: la presencia estratégica de Estados Unidos, anclada desde hace décadas a la vigilancia del Atlántico Norte. El resultado es una arquitectura de controles que explica por qué muchos proyectos chinos han quedado en intentos.. La minería ilustra bien esa fricción. Aunque Groenlandia se asocia con frecuencia a las tierras raras, su potencial sigue siendo en gran medida hipotético. No hay producción activa, entre otras cosas porque los yacimientos se encuentran en zonas remotas, costosas y políticamente sensibles. El caso de Kvanefjeld (Kuannersuit) es paradigmático. Energy Transition Minerals, participada por la china Shenghe Resources, obtuvo una licencia de explotación en 2020 tras identificar uno de los mayores depósitos del mundo. Un cambio de gobierno el año siguiente bastó para bloquear el proyecto por motivos ambientales, vinculados a la presencia de uranio. La posterior demanda multimillonaria fue desestimada por un tribunal arbitral. En el gigante blanco del Atlántico Norte, la licencia política puede anular un proyecto incluso cuando el mercado empuja en sentido contrario.. Otros intentos tampoco prosperaron. Las petroleras estatales chinas CNPC y CNOOC exploraron opciones, pero el gobierno groenlandés dejó de conceder nuevas licencias en 2021. En 2018, la constructora CCCC fue preseleccionada para ampliar el aeropuerto de Nuuk; la reacción en Dinamarca fue inmediata y la empresa retiró su candidatura. Hoy, según la propia ministra de Recursos Minerales, solo hay dos empresas mineras chinas en la isla, ambas como accionistas minoritarias en proyectos inactivos, en parte para evitar controversias políticas.. Paradójicamente, el vínculo más sólido entre China y Groenlandia no pasa por minerales ni por infraestructuras estratégicas, sino por ámbitos mucho más prosaicos como el pescado o el turismo. La segunda economía mundial es el principal mercado de exportación de la mayor empresa pesquera privada de la isla, y el nuevo gobierno groenlandés ha expresado su interés en avanzar hacia un acuerdo de libre comercio con Pekín. El turismo chino, aunque modesto, crece. Es interdependencia económica.. Mientras tanto, el verdadero centro de gravedad de la estrategia china en el Ártico está lejos de Nuuk. Se encuentra en la Ruta Marítima del Norte, el corredor que bordea la costa rusa y que Moscú considera parte de su esfera regulatoria. China ha optado por el pragmatismo: aceptar de facto ese marco ruso en lugar de desafiarlo. Para Moscú, eso reduce el temor a una injerencia política china en su propio Ártico; para Pekín, abre una vía alternativa para comercio y energía sin confrontación directa.. Entretanto, Yamal LNG resume mejor que ningún otro caso esta lógica de influencia sin ocupación. Rusia mantiene el control formal del proyecto, pero China asegura participación, contratos y destino del gas. No necesita dominar el territorio para influir en el sistema, le basta con garantizar flujos. Es una geopolítica de balance fino.. El interés chino por el Ártico responde, en última instancia, a una lógica de seguridad nacional. Energía y estabilidad van de la mano. Petróleo y gas siguen siendo pilares del crecimiento, y cualquier estrategia que reduzca vulnerabilidades adquiere valor. Ofrece, además, una promesa a largo plazo, ya que una parte significativa de los recursos no descubiertos del planeta podría concentrarse allí. No es una ganancia inmediata, pero sí un argumento de planificación.. La relación entre Moscú y Pekín en el Polo Norte, sin embargo, dista de ser una alianza sin fisuras. El Kremlin acepta capital e inversión, pero cuida sus mayorías, controla la regulación y preserva su primacía militar. Incluso aquí, China avanza con cautela.. Groenlandia concentra la atención mediática porque funciona como símbolo por ser enorme, escasamente poblada, rica en recursos potenciales y situada en un cruce estratégico. Pero la transformación real del Ártico vinculada a China no se está produciendo allí. Ocurre en el eje Moscú–Ruta Marítima del Norte–proyectos energéticos, donde Pekín ha demostrado que se puede ganar influencia sin confrontar, aceptando reglas, comprando participación y asegurando flujos.

 

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