Tenía tan claro que Morante reaparecería en 2026 como que no comparecería en septiembre del pasado año en Valladolid. Y así ha sido. Y así fue. Para este viaje no hacían falta alforjas.. El 12 de octubre parecía que la tauromaquia quedaba huérfana. Un gesto abrupto, quizá impulsivo, que más que cerrar una etapa abría la puerta a todas las interpretaciones posibles. Pero pronto se entendió el título de Rubén Amón: punto y aparte. De ahí que sea casi de agradecer que, hace un año, no se hablara de gira de despedida.. Las entradas no se dispararon ni se convirtieron en objeto de especulación para, después, descubrir que aquello era una retirada a medias. Una pausa teatral.. A los pocos días del 12-O ya se decía que había sido un arrebato y que no se había cortado la coleta, se la había quitado. Como quien se quita una chaqueta. Puede incluso que esa misma noche ya estuviera arrepentido de lo que había hecho: jugar con las emociones de quien se sienta en el tendido.. Leía hace unos días que Domingo Delgado de la Cámara explicaba el regreso de cualquier figura por tres razones: dinero, vanidad o aburrimiento. En el caso de Morante, ninguna de las tres parece explicarlo del todo. Su relación con el toreo es más compleja, más intuitiva, menos racional.. ¿Que su regreso favorecerá a la Fiesta? Seguramente. ¿Que habrá Ferias que vuelvan a tener un mínimo de atractivo gracias a que esté anunciado? No lo pongo en duda. El final de la temporada pasada dejó incluso a los más escépticos mirando los carteles con una cierta esperanza morantista. Pero este regreso, tan inmediato como inmaduro, ha vuelto a dividir la opinión del respetable.. Teatrillo, circo, pantomima, papelón, show. Esto es lo que leo. Puede que regrese para Sevilla y ningún lugar más. O resucite el Domingo de Resurrección para hacer una temporada de éxito colgando el lleno de no hay billetes allá donde esté su nombre en un cartel. Es más, quién dice que de aquí a nueve o diez meses no se vuelva a quitar el añadido en medio de un ruedo. O dentro de un mes. O comience una segunda vida del torero hasta dentro de varios años.. A Morante se le ha mitificado y se le ha concedido el derecho al capricho. Se ha instaurado una suerte de pensamiento uniforme, donde parece que la incoherencia o el desprecio tienen cabida.. Morante puede volver cuando quiera. Pero su figura no puede ser una excepción permanente. El toreo siempre ha convivido con el misterio; pero una cosa es el misterio del arte y otra la nebulosa del desconcierto. Y los toreros pertenecen al primero. El aficionado perdona muchas cosas y quizá también ahí radica la supervivencia de la Tauromaquia.. Si Morante vuelve para torear, bienvenido sea. Si solo vuelve para estar, el tiempo acabará pasando factura.. Después de estos meses de silencio ahora le toca hablar toreando en la plaza, el único lugar que pone a todos en su sitio.
«Morante puede volver cuando quiera. Pero su figura no puede ser una excepción permanente»
Tenía tan claro que Morante reaparecería en 2026 como que no comparecería en septiembre del pasado año en Valladolid. Y así ha sido. Y así fue. Para este viaje no hacían falta alforjas.. El 12 de octubre parecía que la tauromaquia quedaba huérfana. Un gesto abrupto, quizá impulsivo, que más que cerrar una etapa abría la puerta a todas las interpretaciones posibles. Pero pronto se entendió el título de Rubén Amón: punto y aparte. De ahí que sea casi de agradecer que, hace un año, no se hablara de gira de despedida.. Las entradas no se dispararon ni se convirtieron en objeto de especulación para, después, descubrir que aquello era una retirada a medias. Una pausa teatral.. A los pocos días del 12-O ya se decía que había sido un arrebato y que no se había cortado la coleta, se la había quitado. Como quien se quita una chaqueta. Puede incluso que esa misma noche ya estuviera arrepentido de lo que había hecho: jugar con las emociones de quien se sienta en el tendido.. Leía hace unos días que Domingo Delgado de la Cámara explicaba el regreso de cualquier figura por tres razones: dinero, vanidad o aburrimiento. En el caso de Morante, ninguna de las tres parece explicarlo del todo. Su relación con el toreo es más compleja, más intuitiva, menos racional.. ¿Que su regreso favorecerá a la Fiesta? Seguramente. ¿Que habrá Ferias que vuelvan a tener un mínimo de atractivo gracias a que esté anunciado? No lo pongo en duda. El final de la temporada pasada dejó incluso a los más escépticos mirando los carteles con una cierta esperanza morantista. Pero este regreso, tan inmediato como inmaduro, ha vuelto a dividir la opinión del respetable.. Teatrillo, circo, pantomima, papelón, show. Esto es lo que leo. Puede que regrese para Sevilla y ningún lugar más. O resucite el Domingo de Resurrección para hacer una temporada de éxito colgando el lleno de no hay billetes allá donde esté su nombre en un cartel. Es más, quién dice que de aquí a nueve o diez meses no se vuelva a quitar el añadido en medio de un ruedo. O dentro de un mes. O comience una segunda vida del torero hasta dentro de varios años.. A Morante se le ha mitificado y se le ha concedido el derecho al capricho. Se ha instaurado una suerte de pensamiento uniforme, donde parece que la incoherencia o el desprecio tienen cabida.. Morante puede volver cuando quiera. Pero su figura no puede ser una excepción permanente. El toreo siempre ha convivido con el misterio; pero una cosa es el misterio del arte y otra la nebulosa del desconcierto. Y los toreros pertenecen al primero. El aficionado perdona muchas cosas y quizá también ahí radica la supervivencia de la Tauromaquia.. Si Morante vuelve para torear, bienvenido sea. Si solo vuelve para estar, el tiempo acabará pasando factura.. Después de estos meses de silencio ahora le toca hablar toreando en la plaza, el único lugar que pone a todos en su sitio.
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