Este año ha sido el de la conmemoración del 125 aniversario de la muerte de Oscar Wilde, un autor que ahora justamente reivindicamos pero que en su tiempo fue objeto de los más detestables ataques y no por motivos literarios. Precisamente del momento en el que fue idolatrado como un escritor de referencia, como uno de esos escritores a los que había que leer o de los que había que seguir sus estrenos teatrales, son las muchas entrevistas que concedió, un caso insólito en aquella época. Montesinos ha tenido la buena idea de hacer una selección de las declaraciones públicas del autor de «El retrato de Dorian Gray» en un volumen imprescindible para los seguidores de Wilde, como para aquellos que quieren adentrarse por primera vez en el mundo y la circunstancia del gran escritor. Eso es lo que encontramos en «La importancia de ser honesto», título que, además de ser un juego de palabras con una de las piezas más famosas del escritor irlandés, no deja de ser una declaración de intenciones que nuestro protagonista cumplió sin duda alguna con creces.. Una de las grandes virtudes del libro es que nos construye voluntaria e involuntariamente una autobiografía de Wilde en el momento en el que el género de la entrevista empieza a colarse en los diarios, hecho que demuestra la fama que tenía el escritor en esos años. Y es que el volumen se abre con un reportaje dedicado a Wilde de 1880 en «The Biograph and Review» cuando todavía no es un icono literaria aunque su nombre empezaba a hacer algo de ruido y demostraba ser, como apuntaba el artículo, «un creyente en la religión de la belleza, una figura destacada entre el grupo más reciente de los estetas, un habitante de las cumbres del sentimiento».. En 1882, Oscar Wilde inició una exitosa gira por Estados Unidos que le proporcionó fama y dinero. Por ese motivo, los medios llamaron a su puerta para saber de su aventura americana. Por ejemplo, es interesante leer sus declaraciones cuando un periódico, como es «The Evening Post» de Nueva York, quiere saber quién es este hombre y qué es lo que quiere hacer en suelo estadounidense: «Lo he definido unas doscientas veces desde anoche, pero estoy aquí para difundir belleza y no tengo inconveniente en decir que… Eh, mozo, maneje esa caja con más cuidado, ¿quiere usted?», dice al anónimo reportero. Igualmente reconocía en la entrevista que «la belleza está más cerca de la mayoría de nosotros de lo que creemos. El material está a nuestro alrededor, pero necesitamos un modo sistemático de hacerlo surgir. Puede ser subjetiva, ¿sabe?, u objetiva, pero está ahí, y la ciencia de cómo alcanzarla es de lo que vengo a dar conferencias».. El libro está precisamente muy centrado en los muchos meses que pasó dando conferencias por Estados Unidos nuestro protagonista. Los diarios intentaban de alguna manera comprender quién era ese hombre y por qué resultaba tan fascinante lo que decía. Eso es lo que aparece en buena parte de las entrevistas que podemos leer en el libro, como una del 9 de abril de 1882 y que vio la luz en «The Daily Examiner». Es allí donde Wilde reflexionó sobre la imagen que daban de él en los periódicos. «Francamente, los leo todos, y no solo aquí, sino en toda América me he divertido mucho con el esfuerzo que cada uno de los caballeros ha hecho por escribir lo que yo no dije, pero tengo más simpatía por los autores de los artículos que intentan ser lo aquí en Estados Unidos llaman “graciosos”. Su duro trabajo ha sido tan evidente», aseguraba.. Una vez de vuelta en el continente llama la atención que incluso los diarios franceses quisieran sacarle algunas declaraciones, aunque estos estuvieran escritos en lengua inglesa. A este respecto es fascinante la entrevista que se publicó en «The Morning News» donde el periodista miraba y remiraba en el equipaje del literato tratando de averiguar cuáles eran sus lecturas durante su viaje de luna de miel tras casarse con Constance Lloyd. «Nunca leo desde el principio, especialmente las novelas. Es la única manera de estimular la curiosidad que los libros, con sus comienzos regulares, nunca logran despertar. ¿Nunca ha escuchado por azar una conversación en la calle, captado apenas el final, y deseando saber más? Si se “escuchan” los libros de esa manera, uno vuelve después al primer capítulo, y de allí al último de manera natural, en cuanto los personajes “muerden”», explicó desde la capital francesa, ciudad en la que acabó muriendo en 1900 olvidado y defenestrado.. Wilde, como es sabido, acabó en la cárcel por su homosexualidad tras un sonoro juicio. Todos le dieron la espalda. Resulta interesante leer las declaraciones que, poco antes de salir de prisión, concede a un periódico de Chicago: «Ahora estoy en manos de unos pocos amigos fieles y de mi amigo más querido. A ellos me entregaré, y con ellos reposa en gran parte mi destino».
Un libro recoge las mejores entrevistas del gran escritor cuando se conmemora el 125 aniversario de su fallecimiento
Este año ha sido el de la conmemoración del 125 aniversario de la muerte de Oscar Wilde, un autor que ahora justamente reivindicamos pero que en su tiempo fue objeto de los más detestables ataques y no por motivos literarios. Precisamente del momento en el que fue idolatrado como un escritor de referencia, como uno de esos escritores a los que había que leer o de los que había que seguir sus estrenos teatrales, son las muchas entrevistas que concedió, un caso insólito en aquella época. Montesinos ha tenido la buena idea de hacer una selección de las declaraciones públicas del autor de «El retrato de Dorian Gray» en un volumen imprescindible para los seguidores de Wilde, como para aquellos que quieren adentrarse por primera vez en el mundo y la circunstancia del gran escritor. Eso es lo que encontramos en «La importancia de ser honesto», título que, además de ser un juego de palabras con una de las piezas más famosas del escritor irlandés, no deja de ser una declaración de intenciones que nuestro protagonista cumplió sin duda alguna con creces.. Una de las grandes virtudes del libro es que nos construye voluntaria e involuntariamente una autobiografía de Wilde en el momento en el que el género de la entrevista empieza a colarse en los diarios, hecho que demuestra la fama que tenía el escritor en esos años. Y es que el volumen se abre con un reportaje dedicado a Wilde de 1880 en «The Biograph and Review» cuando todavía no es un icono literaria aunque su nombre empezaba a hacer algo de ruido y demostraba ser, como apuntaba el artículo, «un creyente en la religión de la belleza, una figura destacada entre el grupo más reciente de los estetas, un habitante de las cumbres del sentimiento».. En 1882, Oscar Wilde inició una exitosa gira por Estados Unidos que le proporcionó fama y dinero. Por ese motivo, los medios llamaron a su puerta para saber de su aventura americana. Por ejemplo, es interesante leer sus declaraciones cuando un periódico, como es «The Evening Post» de Nueva York, quiere saber quién es este hombre y qué es lo que quiere hacer en suelo estadounidense: «Lo he definido unas doscientas veces desde anoche, pero estoy aquí para difundir belleza y no tengo inconveniente en decir que… Eh, mozo, maneje esa caja con más cuidado, ¿quiere usted?», dice al anónimo reportero. Igualmente reconocía en la entrevista que «la belleza está más cerca de la mayoría de nosotros de lo que creemos. El material está a nuestro alrededor, pero necesitamos un modo sistemático de hacerlo surgir. Puede ser subjetiva, ¿sabe?, u objetiva, pero está ahí, y la ciencia de cómo alcanzarla es de lo que vengo a dar conferencias».. El libro está precisamente muy centrado en los muchos meses que pasó dando conferencias por Estados Unidos nuestro protagonista. Los diarios intentaban de alguna manera comprender quién era ese hombre y por qué resultaba tan fascinante lo que decía. Eso es lo que aparece en buena parte de las entrevistas que podemos leer en el libro, como una del 9 de abril de 1882 y que vio la luz en «The Daily Examiner». Es allí donde Wilde reflexionó sobre la imagen que daban de él en los periódicos. «Francamente, los leo todos, y no solo aquí, sino en toda América me he divertido mucho con el esfuerzo que cada uno de los caballeros ha hecho por escribir lo que yo no dije, pero tengo más simpatía por los autores de los artículos que intentan ser lo aquí en Estados Unidos llaman “graciosos”. Su duro trabajo ha sido tan evidente», aseguraba.. Una vez de vuelta en el continente llama la atención que incluso los diarios franceses quisieran sacarle algunas declaraciones, aunque estos estuvieran escritos en lengua inglesa. A este respecto es fascinante la entrevista que se publicó en «The Morning News» donde el periodista miraba y remiraba en el equipaje del literato tratando de averiguar cuáles eran sus lecturas durante su viaje de luna de miel tras casarse con Constance Lloyd. «Nunca leo desde el principio, especialmente las novelas. Es la única manera de estimular la curiosidad que los libros, con sus comienzos regulares, nunca logran despertar. ¿Nunca ha escuchado por azar una conversación en la calle, captado apenas el final, y deseando saber más? Si se “escuchan” los libros de esa manera, uno vuelve después al primer capítulo, y de allí al último de manera natural, en cuanto los personajes “muerden”», explicó desde la capital francesa, ciudad en la que acabó muriendo en 1900 olvidado y defenestrado.. Wilde, como es sabido, acabó en la cárcel por su homosexualidad tras un sonoro juicio. Todos le dieron la espalda. Resulta interesante leer las declaraciones que, poco antes de salir de prisión, concede a un periódico de Chicago: «Ahora estoy en manos de unos pocos amigos fieles y de mi amigo más querido. A ellos me entregaré, y con ellos reposa en gran parte mi destino».
Noticias de Cataluña en La Razón
