Los primeros años del siglo XX en Cataluña conocieron una explosión creativa de primer orden. Son los tiempos en los que Rusiñol y Casas ya han demostrado su magisterio, aunque ya les pisa los talones y el resto de los pies un Pablo Picasso que se aleja de Barcelona para comerse París y el mundo. Es en ese momento, concretamente el 15 de enero de 1910 cuando Isidre Nonell presenta dibujos y sus óleos en Faianç Català, en la Gran Via de Barcelona, logrando un gran éxito con sus obras protagonizadas por gitanas. Un año más tarde, sería el turno de otro compañero de armas culturales, Juli Vallmitjana, quien estrenó con buena acogida en el Teatre Principal su obra «Els zin-calós», también con los gitanos como tema.. El escritor e indagador en mil temas culturales, Julià Guillamon, se acerca de manera precisa a ese momento en el voluminoso trabajo «Nonell, Vallmitjana i els gitanos», publicado por Edicions de 1984 y que tiene también una extensión en una muestra que se celebra en la Fundació Palau de Caldes d’Estrac. Un ambicioso proyecto que da una dimensión tridimensional al libro que nos ocupa y que ha contado con la colaboración de Joan Mar Sauqué.. El libro nos permite ahondar en la amistad existente entre los dos protagonistas de esta historia, aunque todo aquello acabó desembocando precisamente en todo lo contrario, en un distanciamiento pese a compartir misma sensibilidad y tener ambos la suerte de acariciar el éxito. A Nonell lo rodeó, tras su paso por Faianç Català, la nueva generación de escritores y artistas, convirtiéndose en una nueva manera de entender la pintura, alejado del modernismo y del noucentisme. Por su parte, Vallmitjana, pese a su popularidad, prefirió continuar alejándose de las modas del momento, aunque –como apunta Guillamon– con el constante peligro de acabar cayendo en la caricatura. Todo ese ciclo concluiría de manera precipitada en 1911 con la muerte de Nonell y con el fracaso de «Muntanyes blanques» del dramaturgo.. Ambos nombres son hijos de la bohemia barcelonesa, la de las noches de fiesta hasta apurar lo que quedaba del tiempo en la cervecería Els Quatre Gats, aquella Barcelona que desapareció con la apertura de la Via Laietana… Fue el tiempo en el que la capital catalana perdió calles, como la de Graciamat, donde estuvo el Cristo de la Tapineria que pintó el joven Picasso.. Como apunta el experto, Nonell fue el pintor de las gitanas mientras que Vallmitjana fue el escritor de los gitanos. Pese a ello, no deja de ser curioso que el segundo nunca hiciera mención alguna a las modelos del primero, con la excepción del relato «El pintor i la model». Es hoy evidente constatar que Vallmitjana formaba parte del grupo más cercano al artista quien no dudó en retratarlo.. Vallmitjana se sentía atraído por el mundo gitano por motivos tan curiosos como el pensar que en esta raza se encontraba el origen de una humanidad perdida. No se conoce su opinión sobre los cuadros que vería en el taller y en las exposiciones de Isidre Nonell, pero resulta evidente que coincidió en no pocas ocasiones con aquellas modestas modelos que posaban para su amigo, es decir, Soledad, Consuelo, Lola, Amparo y Dolores.. Vallmitjana, en «Les lletres al meu fill David», acaba con los mitos que perseguían en aquel tiempo a los gitanos. Así lo cuenta al afirmar que «moltes vegades he sentit tractar de gandules a les pobres gitanes que van pels carrerons importunant insistentment oerquè els donin una almoina. Si el que les ha qualificades de gandules sapigués l’esforç que aquella pobra dona arriba a fer anat d’ací i d’allà, gairebé sempre amb alguna criatura al braç, caminant de pressa perquè a la que es torba una mica és ja migdia i a casa, a la tebda o al carro, són molts que esperen el que ella portarà…, i ai si no ho du!».. La muerte de Consuelo, la que fue la modelo favorita de Nonell, también ejemplifica lo que era el pesar de aquel pueblo en la Barcelona de 1900. La pobre mujer falleció el 13 de noviembre de 1905 durante el temporal que azotaba a la capital catalana. La muchacha de 14 años fue víctima de, según publicaba «La Vanguardia» al día siguiente de un huracán que afectó a en la calle Entenza derribando unas barracas, «quedando envueltas en los escombros una joven de 16 años y su abuela. La primera fue extraída cadáver y la segunda con heridas graves que le fueron curadas en el dispensario del distrito». Su nombre completo era Consuelo Jiménez.. El próximo 30 de mayo abrirá sus puertas en la Fundació Palau la exposición que tiene el mismo título que el libro. En ella se presentan obras de Ricard Canals, Joaquim Biosca, Carles Casagemas, Ramon Casas, Sebastià Junyent, Ignasi Mallol, Isidre Nonell, Enric Pascual Monturiol, Pablo Picasso, Ramon Pichot y Juli Vallmitjana dando una nueva dimensión al ensayo de Guillamon.
Una investigación de Julià Guillamon se adentra en la compleja relación de dos de los más destacados creadores catalanes de principios del siglo pasado
Los primeros años del siglo XX en Cataluña conocieron una explosión creativa de primer orden. Son los tiempos en los que Rusiñol y Casas ya han demostrado su magisterio, aunque ya les pisa los talones y el resto de los pies un Pablo Picasso que se aleja de Barcelona para comerse París y el mundo. Es en ese momento, concretamente el 15 de enero de 1910 cuando Isidre Nonell presenta dibujos y sus óleos en Faianç Català, en la Gran Via de Barcelona, logrando un gran éxito con sus obras protagonizadas por gitanas. Un año más tarde, sería el turno de otro compañero de armas culturales, Juli Vallmitjana, quien estrenó con buena acogida en el Teatre Principal su obra «Els zin-calós», también con los gitanos como tema.. El escritor e indagador en mil temas culturales, Julià Guillamon, se acerca de manera precisa a ese momento en el voluminoso trabajo «Nonell, Vallmitjana i els gitanos», publicado por Edicions de 1984 y que tiene también una extensión en una muestra que se celebra en la Fundació Palau de Caldes d’Estrac. Un ambicioso proyecto que da una dimensión tridimensional al libro que nos ocupa y que ha contado con la colaboración de Joan Mar Sauqué.. El libro nos permite ahondar en la amistad existente entre los dos protagonistas de esta historia, aunque todo aquello acabó desembocando precisamente en todo lo contrario, en un distanciamiento pese a compartir misma sensibilidad y tener ambos la suerte de acariciar el éxito. A Nonell lo rodeó, tras su paso por Faianç Català, la nueva generación de escritores y artistas, convirtiéndose en una nueva manera de entender la pintura, alejado del modernismo y del noucentisme. Por su parte, Vallmitjana, pese a su popularidad, prefirió continuar alejándose de las modas del momento, aunque –como apunta Guillamon– con el constante peligro de acabar cayendo en la caricatura. Todo ese ciclo concluiría de manera precipitada en 1911 con la muerte de Nonell y con el fracaso de «Muntanyes blanques» del dramaturgo.. Ambos nombres son hijos de la bohemia barcelonesa, la de las noches de fiesta hasta apurar lo que quedaba del tiempo en la cervecería Els Quatre Gats, aquella Barcelona que desapareció con la apertura de la Via Laietana… Fue el tiempo en el que la capital catalana perdió calles, como la de Graciamat, donde estuvo el Cristo de la Tapineria que pintó el joven Picasso.. Como apunta el experto, Nonell fue el pintor de las gitanas mientras que Vallmitjana fue el escritor de los gitanos. Pese a ello, no deja de ser curioso que el segundo nunca hiciera mención alguna a las modelos del primero, con la excepción del relato «El pintor i la model». Es hoy evidente constatar que Vallmitjana formaba parte del grupo más cercano al artista quien no dudó en retratarlo.. Vallmitjana se sentía atraído por el mundo gitano por motivos tan curiosos como el pensar que en esta raza se encontraba el origen de una humanidad perdida. No se conoce su opinión sobre los cuadros que vería en el taller y en las exposiciones de Isidre Nonell, pero resulta evidente que coincidió en no pocas ocasiones con aquellas modestas modelos que posaban para su amigo, es decir, Soledad, Consuelo, Lola, Amparo y Dolores.. Vallmitjana, en «Les lletres al meu fill David», acaba con los mitos que perseguían en aquel tiempo a los gitanos. Así lo cuenta al afirmar que «moltes vegades he sentit tractar de gandules a les pobres gitanes que van pels carrerons importunant insistentment oerquè els donin una almoina. Si el que les ha qualificades de gandules sapigués l’esforç que aquella pobra dona arriba a fer anat d’ací i d’allà, gairebé sempre amb alguna criatura al braç, caminant de pressa perquè a la que es torba una mica és ja migdia i a casa, a la tebda o al carro, són molts que esperen el que ella portarà…, i ai si no ho du!».. La muerte de Consuelo, la que fue la modelo favorita de Nonell, también ejemplifica lo que era el pesar de aquel pueblo en la Barcelona de 1900. La pobre mujer falleció el 13 de noviembre de 1905 durante el temporal que azotaba a la capital catalana. La muchacha de 14 años fue víctima de, según publicaba «La Vanguardia» al día siguiente de un huracán que afectó a en la calle Entenza derribando unas barracas, «quedando envueltas en los escombros una joven de 16 años y su abuela. La primera fue extraída cadáver y la segunda con heridas graves que le fueron curadas en el dispensario del distrito». Su nombre completo era Consuelo Jiménez.. El próximo 30 de mayo abrirá sus puertas en la Fundació Palau la exposición que tiene el mismo título que el libro. En ella se presentan obras de Ricard Canals, Joaquim Biosca, Carles Casagemas, Ramon Casas, Sebastià Junyent, Ignasi Mallol, Isidre Nonell, Enric Pascual Monturiol, Pablo Picasso, Ramon Pichot y Juli Vallmitjana dando una nueva dimensión al ensayo de Guillamon.
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