Nicolás Berlanga (Úbeda, 1961) ha pasado media vida en la trastienda de las crisis africanas: es diplomático del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y uno de los perfiles españoles con más recorrido en la política africana desde Bruselas. Tras una etapa previa en acción humanitaria y cooperación, ha ocupado puestos clave de la UE en el continente.. Fue jefe de la Delegación de la Unión Europea en Somalia y jefe de la Delegación en Togo, y más recientemente jefe de la Delegación de la UE en la República Democrática del Congo, además de ejercer responsabilidades vinculadas a migración y seguridad marítima en el Golfo de Guinea. En esta entrevista con LA RAZÓN, Berlanga repasa la transformación del tablero africano a partir de su experiencia directa en algunos de los países más expuestos a esas tensiones.. P: ¿Cuál es la parte menos visible -y más decisiva- del trabajo de un embajador de la UE en África: ¿la política, la seguridad o la economía?. R: Siempre es difícil identificar una prioridad sobre las otras, todas son más o menos importantes dependiendo del país y de los intereses europeos. En realidad, la acción diplomática en el siglo XXI necesita una combinación eficaz de todos los instrumentos a nuestra disposición, incluidas la acción cultural, las relaciones personales, las empresas, la sociedad civil, las diásporas, etc.; y todo eso con sutileza y empatía, visión estratégica y espíritu de partenariado. Yo creo que la parte menos visible de la labor del embajador europeo es la coordinación de los embajadores de los Estados miembros de la UE acreditados en ese país. Una especie de mini Consejo Europeo donde el embajador de la UE dirige y establece la agenda. Juntos es como aumentamos nuestra influencia y la visibilidad de nuestras acciones, sin menoscabo de intereses bilaterales.. Usted conoce Somalia en profundidad, incluso ha escrito un libro sobre su paso por el país. ¿Cómo se negocia en un sistema político donde los equilibrios clan/élite pesan tanto como en este país?. Somalia es un caso muy particular, yo diría único en África, que alberga unos códigos de poder y diálogo entre los actores políticos que conviene conocer antes de estar destinado allí. Cada país los tiene, pero en el caso somalí nos encontramos con una sociedad en proceso de recuperación de sus instituciones, con una urbanización galopante y que mantiene una tradición cultural muy anclada en el nomadismo. Prefieren la iniciativa privada y miran al estado esencialmente para la lucha contra el terrorismo y las relaciones internacionales. Una vez conocidos los parámetros de funcionamiento, son mucho más previsibles de lo que normalmente parece. Además, como cualquier otra sociedad africana, la juventud y la influencia de la diáspora exigen cada vez más participación en los ámbitos públicos, también en las decisiones políticas. Observar este proceso e intentar ayudar para el beneficio de la mayoría hace nuestro trabajo fascinante.. ¿Qué errores comete Occidente al leer la política somalí?. Yo creo que, en las últimas dos décadas, el apoyo de occidente a Somalia se ha alineado bien con las prioridades de la propia sociedad somalí. La plaga del terrorismo integrista y la reticencia de algunos lideres regionales a perder sus privilegios han retardado los resultados, aunque estos van en la buena dirección. Un capítulo especial es el reconocimiento reciente por parte de Israel de Somalilandia. En mi opinión, este reconocimiento demuestra un desconocimiento de las dinámicas sociales de Somalia y, más allá de las relaciones entre el gobierno federal y los estados federados, puede provocar una guerra civil en el noroeste del país.. Togo presume de respuesta ‘integral’ (seguridad, desarrollo, cohesión social) para contener la amenaza terrorista del norte. Desde su experiencia allí, ¿qué medidas han tenido un efecto real sobre el terreno?. Sinceramente, creo que por el momento muy pocas. El abandono por parte del estado de esa zona fronteriza del norte del país ha sido el caldo de cultivo de la situación actual. Por supuesto, la respuesta tiene que ser integral, con contenido y desarrollada en el tiempo. Un elemento fundamental son las propias comunidades que deben sentirse parte de la respuesta y ciudadanos de pleno derecho de Togo. Cuando tuve la ocasión de visitar esas zonas antes del estallido terrorista, las condiciones de vida eran medievales. Entonces, un elemento muy positivo era el compromiso de algunos de los representantes políticos y sociales, como algunos miembros del parlamento, del obispado y del mundo asociativo de ONGs que estaban cargados de realidad y compromiso.. ¿Qué explica la ola de juntas y la erosión del modelo liberal en el Sahel: fracaso del Estado, fatiga social, inseguridad, narrativas antioccidentales…?. Todo eso y además falta de instituciones y algunas ambiciones personales desmedidas. Me cuesta aceptar que la solución a esos problemas de largo alcance provenga de golpes militares. El caso más flagrante es el del presidente Bazoum. Niger, unos de los estados más pobres del África subsahariana, había desarrollado durante más de una década políticas públicas que estaban dando resultados, con un foco de calidad, medios e inversiones en educación y salud. Había continuidad y perspectivas amplias, y un fuerte apoyo de la comunidad internacional. Fue derrocado por intereses espurios de unas pocas personas que veían amenazados sus posiciones. Los análisis geopolíticos ciegan a veces el componente humano y olvidan las consecuencias de la inestabilidad en sociedades frágiles sobre millones de personas que viven en el ámbito rural y que ven cortada la ayuda o la merma de ingresos fiscales que limita la acción gubernamental. Sin olvidar la influencia de algún actor internacional despiadado que utiliza en su beneficio estos países y, sobre todo, la ambición de sus líderes como sumisos peones del tablero global. ¿Y cómo afecta esto a los vecinos costeros del golfo de Guinea?. Les ha despertado sobre la amenaza que, quizá, veían lejos. Hemos hablado de Togo antes, pero Costa de Marfil, Benin y Ghana han reforzado estrategias coordinadas de inteligencia contra el terrorismo y han introducido políticas de desarrollo en sus regiones más alejadas de la cornisa atlántica, donde generalmente se concentra la actividad económica principal.. Usted fue coordinador de la Unión Europea para el golfo de Guinea. Desde su experiencia, ¿qué estrategia funciona de verdad en la lucha contra la piratería?. La amenaza de piratería en el Golfo de Guinea tiene su centro o su origen en Nigeria. Luego, contar con las autoridades de este país y estar dispuesto en ofrecerles acompañamiento es fundamental. También apoyarles para que los Estados cuenten con legislación y acuerdos para juzgar a los detenidos en cualquier país del Golfo de Guinea donde sean apresados. Dicho esto, la Unión Europea puso en marcha hace diez años una estrategia de presencia marítima coordinada que, desde entonces, ha hecho más efectiva las misiones de barcos de guerra de Italia, Francia, España y Portugal, que son los que participan con regularidad. No hay que olvidar que, además de la piratería, está el tráfico de drogas, que cada vez más utiliza países del oeste de África como trampolín hacia Europa. En estos días, otro fenómeno a tener en cuenta son los barcos petroleros con bandera de conveniencia de países del Golfo de Guinea que sortean el embargo al combustible ruso. En definitiva, tenemos que ahondar en esos esfuerzos y desarrollar una diplomacia activa con los países y las organizaciones regionales. La seguridad de intereses europeos y de nuestro abastecimiento energético comienza allí.lí.. Como coordinador de diálogos UE-África sobre migración, ¿qué parte del debate europeo es mito y qué parte son intereses?. Esta pregunta daría para una entrevista entera. Me limitaré a resaltar que el diálogo entre países de origen, de tránsito y de destino es fundamental, y así se lleva haciendo desde hace más de veinte años. Lo que normalmente sale a la luz son fogonazos de tragedia. Dicho esto, me gustaría precisar que el 90% de la migración africana se produce en el interior del continente africano. Y pediría que se tuviera cuidado con el lenguaje periodístico para, en cualquier caso, preservar la dignidad humana. Como decíamos antes sobre el terrorismo en algunos países del oeste de África, la respuesta a las dinámicas migratorias debe ser integral e informada, y en todo caso estratégica -a largo plazo- y alejada de las grandes declaraciones.. Con cobalto, coltán y cobre, RDC debería ser una potencia. ¿Por qué esa riqueza se sigue traduciendo tan poco en Estado y bienestar? ¿Y qué papel real puede jugar la UE sin alimentar redes clientelares?. La UE propone un modelo de cooperación con la RDC que propugna el respeto de las leyes laborales, la preservación del medioambiente, la formación profesional y la transformación de una parte de los minerales en el país. Esto es muy atractivo para las autoridades y la sociedad congolesas. Pero la inseguridad jurídica en el país bloquea la presencia de más empresas europeas que puedan llevarla a cabo. Otros socios de la RDC desarrollan con descaro un modelo basado en la extracción y la falta de transparencia. Sin embargo, están allí desde hace décadas y eso les hace imprescindibles para las autoridades. Por supuesto, la debilidad de las instituciones y la corrupción son elementos que también contribuyen a ello. Los ciudadanos del Congo merecen más. Es un país fascinante, con su sentido de «congolidad» muy arraigado. Diverso y rico, material y culturalmente. En mi opinión, la UE debe continuar explicando a los congoleses el valor añadido de trabajar juntos. Es un error pensar que el éxito está en imitar a otros.. ¿Cómo describiría la nueva norma africana de negociar con todos a la vez? ¿Qué ofrece la UE que sea competitivo frente a otros actores?. La llegada de otros actores internacionales a África a principios del siglo XXI despertó a Europa, que hasta entonces pudo pensar que la proximidad geográfica, lingüística, la historia común, las diásporas compartidas, incluso el mismo huso horario nos hacían acreedores exclusivos de la atención africana. Esa toma de conciencia fue positiva, sobre todo para los africanos, pero diría que también para los europeos.. Para los africanos, significa que tienen que dirigir y tomar sus destinos en sus manos, ser capaces de dirimir sus conflictos, desterrar prácticas de nepotismo y autocracia que no dan respuestas a los problemas de sus sociedades, preguntarse por qué sus instituciones no responden. Para los europeos, hacernos reflexionar sobre nuestras estrategias de cooperación que no pueden estar basadas en la sustitución de la responsabilidad de las autoridades nacionales. Y dejar de aplicar dobles raseros para los conflictos africanos con respecto a otros que nos atañen más cerca cuando se trata de defender la legalidad internacional y los derechos humanos.. Este panorama interno y externo se ha complicado estos últimos años con la presencia de los países del Golfo, que juegan un papel divisorio en varios conflictos (como en Sudán y Somalia) o en la codicia oscura del control de los recursos naturales. Sigo pensando que una política de partenariado europea coherente y con equilibrio entre valores e intereses es la que mejor responde a la realidad africana de nuestros días. Nos necesitamos mutuamente.
Nicolás Berlanga (Úbeda, 1961) ha pasado media vida en la trastienda de las crisis africanas: es diplomático del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y uno de los perfiles españoles con más recorrido en la política africana desde Bruselas. Tras una etapa previa en acción humanitaria y cooperación, ha ocupado puestos clave de la UE en el continente.. Fue jefe de la Delegación de la Unión Europea en Somalia y jefe de la Delegación en Togo, y más recientemente jefe de la Delegación de la UE en la República Democrática del Congo, además de ejercer responsabilidades vinculadas a migración y seguridad marítima en el Golfo de Guinea. En esta entrevista con LA RAZÓN, Berlanga repasa la transformación del tablero africano a partir de su experiencia directa en algunos de los países más expuestos a esas tensiones.. P: ¿Cuál es la parte menos visible -y más decisiva- del trabajo de un embajador de la UE en África: ¿la política, la seguridad o la economía?. R: Siempre es difícil identificar una prioridad sobre las otras, todas son más o menos importantes dependiendo del país y de los intereses europeos. En realidad, la acción diplomática en el siglo XXI necesita una combinación eficaz de todos los instrumentos a nuestra disposición, incluidas la acción cultural, las relaciones personales, las empresas, la sociedad civil, las diásporas, etc.; y todo eso con sutileza y empatía, visión estratégica y espíritu de partenariado. Yo creo que la parte menos visible de la labor del embajador europeo es la coordinación de los embajadores de los Estados miembros de la UE acreditados en ese país. Una especie de mini Consejo Europeo donde el embajador de la UE dirige y establece la agenda. Juntos es como aumentamos nuestra influencia y la visibilidad de nuestras acciones, sin menoscabo de intereses bilaterales.. Usted conoce Somalia en profundidad, incluso ha escrito un libro sobre su paso por el país. ¿Cómo se negocia en un sistema político donde los equilibrios clan/élite pesan tanto como en este país?. Somalia es un caso muy particular, yo diría único en África, que alberga unos códigos de poder y diálogo entre los actores políticos que conviene conocer antes de estar destinado allí. Cada país los tiene, pero en el caso somalí nos encontramos con una sociedad en proceso de recuperación de sus instituciones, con una urbanización galopante y que mantiene una tradición cultural muy anclada en el nomadismo. Prefieren la iniciativa privada y miran al estado esencialmente para la lucha contra el terrorismo y las relaciones internacionales. Una vez conocidos los parámetros de funcionamiento, son mucho más previsibles de lo que normalmente parece. Además, como cualquier otra sociedad africana, la juventud y la influencia de la diáspora exigen cada vez más participación en los ámbitos públicos, también en las decisiones políticas. Observar este proceso e intentar ayudar para el beneficio de la mayoría hace nuestro trabajo fascinante.. ¿Qué errores comete Occidente al leer la política somalí?. Yo creo que, en las últimas dos décadas, el apoyo de occidente a Somalia se ha alineado bien con las prioridades de la propia sociedad somalí. La plaga del terrorismo integrista y la reticencia de algunos lideres regionales a perder sus privilegios han retardado los resultados, aunque estos van en la buena dirección. Un capítulo especial es el reconocimiento reciente por parte de Israel de Somalilandia. En mi opinión, este reconocimiento demuestra un desconocimiento de las dinámicas sociales de Somalia y, más allá de las relaciones entre el gobierno federal y los estados federados, puede provocar una guerra civil en el noroeste del país.. Togo presume de respuesta ‘integral’ (seguridad, desarrollo, cohesión social) para contener la amenaza terrorista del norte. Desde su experiencia allí, ¿qué medidas han tenido un efecto real sobre el terreno?. Sinceramente, creo que por el momento muy pocas. El abandono por parte del estado de esa zona fronteriza del norte del país ha sido el caldo de cultivo de la situación actual. Por supuesto, la respuesta tiene que ser integral, con contenido y desarrollada en el tiempo. Un elemento fundamental son las propias comunidades que deben sentirse parte de la respuesta y ciudadanos de pleno derecho de Togo. Cuando tuve la ocasión de visitar esas zonas antes del estallido terrorista, las condiciones de vida eran medievales. Entonces, un elemento muy positivo era el compromiso de algunos de los representantes políticos y sociales, como algunos miembros del parlamento, del obispado y del mundo asociativo de ONGs que estaban cargados de realidad y compromiso.. ¿Qué explica la ola de juntas y la erosión del modelo liberal en el Sahel: fracaso del Estado, fatiga social, inseguridad, narrativas antioccidentales…?. Todo eso y además falta de instituciones y algunas ambiciones personales desmedidas. Me cuesta aceptar que la solución a esos problemas de largo alcance provenga de golpes militares. El caso más flagrante es el del presidente Bazoum. Niger, unos de los estados más pobres del África subsahariana, había desarrollado durante más de una década políticas públicas que estaban dando resultados, con un foco de calidad, medios e inversiones en educación y salud. Había continuidad y perspectivas amplias, y un fuerte apoyo de la comunidad internacional. Fue derrocado por intereses espurios de unas pocas personas que veían amenazados sus posiciones. Los análisis geopolíticos ciegan a veces el componente humano y olvidan las consecuencias de la inestabilidad en sociedades frágiles sobre millones de personas que viven en el ámbito rural y que ven cortada la ayuda o la merma de ingresos fiscales que limita la acción gubernamental. Sin olvidar la influencia de algún actor internacional despiadado que utiliza en su beneficio estos países y, sobre todo, la ambición de sus líderes como sumisos peones del tablero global. ¿Y cómo afecta esto a los vecinos costeros del golfo de Guinea?. Les ha despertado sobre la amenaza que, quizá, veían lejos. Hemos hablado de Togo antes, pero Costa de Marfil, Benin y Ghana han reforzado estrategias coordinadas de inteligencia contra el terrorismo y han introducido políticas de desarrollo en sus regiones más alejadas de la cornisa atlántica, donde generalmente se concentra la actividad económica principal.. Usted fue coordinador de la Unión Europea para el golfo de Guinea. Desde su experiencia, ¿qué estrategia funciona de verdad en la lucha contra la piratería?. La amenaza de piratería en el Golfo de Guinea tiene su centro o su origen en Nigeria. Luego, contar con las autoridades de este país y estar dispuesto en ofrecerles acompañamiento es fundamental. También apoyarles para que los Estados cuenten con legislación y acuerdos para juzgar a los detenidos en cualquier país del Golfo de Guinea donde sean apresados. Dicho esto, la Unión Europea puso en marcha hace diez años una estrategia de presencia marítima coordinada que, desde entonces, ha hecho más efectiva las misiones de barcos de guerra de Italia, Francia, España y Portugal, que son los que participan con regularidad. No hay que olvidar que, además de la piratería, está el tráfico de drogas, que cada vez más utiliza países del oeste de África como trampolín hacia Europa. En estos días, otro fenómeno a tener en cuenta son los barcos petroleros con bandera de conveniencia de países del Golfo de Guinea que sortean el embargo al combustible ruso. En definitiva, tenemos que ahondar en esos esfuerzos y desarrollar una diplomacia activa con los países y las organizaciones regionales. La seguridad de intereses europeos y de nuestro abastecimiento energético comienza allí.lí.. Como coordinador de diálogos UE-África sobre migración, ¿qué parte del debate europeo es mito y qué parte son intereses?. Esta pregunta daría para una entrevista entera. Me limitaré a resaltar que el diálogo entre países de origen, de tránsito y de destino es fundamental, y así se lleva haciendo desde hace más de veinte años. Lo que normalmente sale a la luz son fogonazos de tragedia. Dicho esto, me gustaría precisar que el 90% de la migración africana se produce en el interior del continente africano. Y pediría que se tuviera cuidado con el lenguaje periodístico para, en cualquier caso, preservar la dignidad humana. Como decíamos antes sobre el terrorismo en algunos países del oeste de África, la respuesta a las dinámicas migratorias debe ser integral e informada, y en todo caso estratégica -a largo plazo- y alejada de las grandes declaraciones.. Con cobalto, coltán y cobre, RDC debería ser una potencia. ¿Por qué esa riqueza se sigue traduciendo tan poco en Estado y bienestar? ¿Y qué papel real puede jugar la UE sin alimentar redes clientelares?. La UE propone un modelo de cooperación con la RDC que propugna el respeto de las leyes laborales, la preservación del medioambiente, la formación profesional y la transformación de una parte de los minerales en el país. Esto es muy atractivo para las autoridades y la sociedad congolesas. Pero la inseguridad jurídica en el país bloquea la presencia de más empresas europeas que puedan llevarla a cabo. Otros socios de la RDC desarrollan con descaro un modelo basado en la extracción y la falta de transparencia. Sin embargo, están allí desde hace décadas y eso les hace imprescindibles para las autoridades. Por supuesto, la debilidad de las instituciones y la corrupción son elementos que también contribuyen a ello. Los ciudadanos del Congo merecen más. Es un país fascinante, con su sentido de «congolidad» muy arraigado. Diverso y rico, material y culturalmente. En mi opinión, la UE debe continuar explicando a los congoleses el valor añadido de trabajar juntos. Es un error pensar que el éxito está en imitar a otros.. ¿Cómo describiría la nueva norma africana de negociar con todos a la vez? ¿Qué ofrece la UE que sea competitivo frente a otros actores?. La llegada de otros actores internacionales a África a principios del siglo XXI despertó a Europa, que hasta entonces pudo pensar que la proximidad geográfica, lingüística, la historia común, las diásporas compartidas, incluso el mismo huso horario nos hacían acreedores exclusivos de la atención africana. Esa toma de conciencia fue positiva, sobre todo para los africanos, pero diría que también para los europeos.. Para los africanos, significa que tienen que dirigir y tomar sus destinos en sus manos, ser capaces de dirimir sus conflictos, desterrar prácticas de nepotismo y autocracia que no dan respuestas a los problemas de sus sociedades, preguntarse por qué sus instituciones no responden. Para los europeos, hacernos reflexionar sobre nuestras estrategias de cooperación que no pueden estar basadas en la sustitución de la responsabilidad de las autoridades nacionales. Y dejar de aplicar dobles raseros para los conflictos africanos con respecto a otros que nos atañen más cerca cuando se trata de defender la legalidad internacional y los derechos humanos.. Este panorama interno y externo se ha complicado estos últimos años con la presencia de los países del Golfo, que juegan un papel divisorio en varios conflictos (como en Sudán y Somalia) o en la codicia oscura del control de los recursos naturales. Sigo pensando que una política de partenariado europea coherente y con equilibrio entre valores e intereses es la que mejor responde a la realidad africana de nuestros días. Nos necesitamos mutuamente.
El embajador de la Unión Europea en la República Democrática del Congo ha concedido una entrevista a LA RAZÓN
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