La presencia española a lo largo de los siglos pasados en territorios fuera de nuestras fronteras ha propiciado la llegada a España del conocimiento de otras culturas y también de objetos llegados de países inusitados. Aunque también es verdad que la cultura española, o más bien su patrimonio ha traspasado fronteras por la compra de excéntricos millonarios que incluso han llegado a llevarse hasta una iglesia entre, piedra por piedra hasta los Estados Unidos.. Pero el protagonista de este artículo llega gracias a la historia misionera de la Orden de San Agustín en Extremo Oriente primero y, luego, más tarde, en la América Latina. Desde el año 1565 alrededor de unos 3.000 misioneros han estado dedicados a una labor apostólica, humana, social y cultural en estas partes del mundo.. En el año 1759 comienza a construirse un edificio neoclásico que daría forma al Real Colegio de los Padres Agustinos en Valladolid, más conocido como los «Filipinos». Desde aquí se calculan que han salido más de 2.000 misioneros en dirección a China y Filipinas. Los sacerdotes católicos a la vuelta volvían cargados de objetos de Oriente y con el gran número que se estaban almacenando se fue desarrollando la idea de construir un museo en las propias instalaciones. Y fue en el año 1874 cuando se decidió dedicar una serie de locales para este fin en el ala oriental del convento, para poner en marcha el Museo de Arte Oriental.. Imágenes, ornamentos, libros, utensilios, objetos artísticos y etnológicos, que servían también para dar a conocer en Occidente esas culturas tan lejanas. A finales del siglo XIX se incrementarían notablemente las colecciones del muso al abrirse el Canal de Suez, que permitió que el viaje fuera más corto, haciendo que regresaran más religiosos.. Y en 1925 con la celebración de la Exposición Vaticana de Misiones, celebrada en Roma, algunas piezas pasarían a los Museos Vaticanos y muchas de ellas a incrementar los fondos de los ya existentes en Valladolid.. Con el paso de los años el Museo ha ido incrementado sus colecciones, con las adquisiciones del propio museo, gracias al trabajo de Blas Sierra -que recibiría en 2008 la Orden del Sol Naciente por parte del Emperador de Japón- y gracias también a distintas donaciones.. Son 18 salas para ver buena parte de la cultura oriental. El arte chino ocupa ocho salas con una cronología que va desde el siglo V antes de Cristo hasta la actualidad. monedas, cerámica y porcelana, esmaltes, piezas de marfil, esculturas de jade, vestidos, bordados en seda o mobiliario tallado y tabacaleras.. El conjunto de arte filipino es el más completo de Europa. Ocupa cinco salas y se puede ver desde cerámica neolítica hasta material etnológico de las culturas de Luzon, Mindana y Jolo y se ilustra la con la historia del Galeón de Manila o de la Guerra de 1898.. Y por último, las últimas cuatro salas, configuran el arte japonés con esculturas budistas y sintoístas, kimonos, máscaras de teatro, armaduras y katanas así como pinturas y caligrafías del siglo XVII.. Sin duda, una visita obligada si uno se acerca hasta Valladolid
Consta de 18 salas dedicadas a China, Filipinas y Japón
La presencia española a lo largo de los siglos pasados en territorios fuera de nuestras fronteras ha propiciado la llegada a España del conocimiento de otras culturas y también de objetos llegados de países inusitados. Aunque también es verdad que la cultura española, o más bien su patrimonio ha traspasado fronteras por la compra de excéntricos millonarios que incluso han llegado a llevarse hasta una iglesia entre, piedra por piedra hasta los Estados Unidos.. Pero el protagonista de este artículo llega gracias a la historia misionera de la Orden de San Agustín en Extremo Oriente primero y, luego, más tarde, en la América Latina. Desde el año 1565 alrededor de unos 3.000 misioneros han estado dedicados a una labor apostólica, humana, social y cultural en estas partes del mundo.. En el año 1759 comienza a construirse un edificio neoclásico que daría forma al Real Colegio de los Padres Agustinos en Valladolid, más conocido como los «Filipinos». Desde aquí se calculan que han salido más de 2.000 misioneros en dirección a China y Filipinas. Los sacerdotes católicos a la vuelta volvían cargados de objetos de Oriente y con el gran número que se estaban almacenando se fue desarrollando la idea de construir un museo en las propias instalaciones. Y fue en el año 1874 cuando se decidió dedicar una serie de locales para este fin en el ala oriental del convento, para poner en marcha el Museo de Arte Oriental.. Imágenes, ornamentos, libros, utensilios, objetos artísticos y etnológicos, que servían también para dar a conocer en Occidente esas culturas tan lejanas. A finales del siglo XIX se incrementarían notablemente las colecciones del muso al abrirse el Canal de Suez, que permitió que el viaje fuera más corto, haciendo que regresaran más religiosos.. Y en 1925 con la celebración de la Exposición Vaticana de Misiones, celebrada en Roma, algunas piezas pasarían a los Museos Vaticanos y muchas de ellas a incrementar los fondos de los ya existentes en Valladolid.. Con el paso de los años el Museo ha ido incrementado sus colecciones, con las adquisiciones del propio museo, gracias al trabajo de Blas Sierra -que recibiría en 2008 la Orden del Sol Naciente por parte del Emperador de Japón- y gracias también a distintas donaciones.. Son 18 salas para ver buena parte de la cultura oriental. El arte chino ocupa ocho salas con una cronología que va desde el siglo V antes de Cristo hasta la actualidad. monedas, cerámica y porcelana, esmaltes, piezas de marfil, esculturas de jade, vestidos, bordados en seda o mobiliario tallado y tabacaleras.. El conjunto de arte filipino es el más completo de Europa. Ocupa cinco salas y se puede ver desde cerámica neolítica hasta material etnológico de las culturas de Luzon, Mindana y Jolo y se ilustra la con la historia del Galeón de Manila o de la Guerra de 1898.. Y por último, las últimas cuatro salas, configuran el arte japonés con esculturas budistas y sintoístas, kimonos, máscaras de teatro, armaduras y katanas así como pinturas y caligrafías del siglo XVII.. Sin duda, una visita obligada si uno se acerca hasta Valladolid
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