«El asesinato del líder iraní Alí Jamenei marca la primera vez que Israel ejecuta abiertamente al líder de un estado soberano», escribió el director del diario Haaretz, Aluf Ben, y afirmó que el gran riesgo que corre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desencadenando una guerra regional junto a Estados Unidos, es también un «primer paso de la campaña electoral para la vigésimo sexta knéset (parlamento israelí)».. Las elecciones generales están programadas para octubre de 2026 y no faltan quienes acusan al mandatario israelí de haber usado la guerra contra Hamás en Gaza, tempo y decisiones, para su propio beneficio político. Para mantenerse en el cargo con una coalición en la que tanto la extrema derecha mesiánica como la ultraortodoxia amenazaban con provocar la caída del gobierno si no se aceptaban sus términos, ya fuere la continuación de la guerra a toda costa y el asentamiento israelí en Cisjordania por parte de los primeros, o la exención del servicio militar por parte de los segundos.. La segunda guerra contra Irán, ambas iniciadas con ataques preventivos, goza, como la primera, de un amplio respaldo popular en Israel. Según una encuesta publicada el miércoles por el Instituto para la Democracia de Israel, el 81% de los israelíes apoya la guerra que comenzó, el 93% son judíos y el 26% árabes. Tras los dos años de guerra en Gaza y los 12 días contra Irán en junio de 2025, se entiende que la posición política de Netanyahu se fortalece cuando Israel está en guerra.. Si en algo coinciden Netanyahu y sus detractores es en otorgarle un carácter grandioso. Él se percibe dentro de los parámetros de la teoría del gran hombre del historiador Thomas Carlyle, según señaló Ben. De los que modelan la realidad. Y sus rivales coinciden con él, argumentando que él «es el motor de todo lo que ocurre en Israel, y si cae del poder, todo irá bien. Al igual que él, no dan importancia a la ideología ni a las masas, solo al poder del líder».. Y este líder se ha pasado gran parte de su carrera política advirtiendo sobre el peligro que representaría para Israel un Irán con armas nucleares. Meir Dagan, quien dirigió el Mosad entre 2002 y 2011 bajo los primeros ministros Ariel Sharon, Ehud Olmert y Netanyahu, destacó el papel activo de este último en la construcción de la amenaza iraní. En las semanas previas a su fallecimiento en 2016, Dagan contó en entrevistas para la miniserie de televisión «Dagan: La última guerra», que en 2009, «cuando Benjamin Netanyahu regresó como primer ministro, comenzó a dar a conocer la amenaza iraní, a hablar abiertamente de ella y a amenazar con atacar, tanto él como su ministro de Defensa, Ehud Barak».. Y añadió que «esta expresión pública lleva a los iraníes a estar muy atentos a lo que está sucediendo con nosotros, los impulsa a mejorar las capacidades de Hezbolá, los lleva a fortalecer sus vínculos con los sirios y a intentar fortalecer la conexión con todos los elementos chiítas en Oriente Medio».. Y mientras Irán enriquecía uranio a niveles muy por encima de lo pactado, según el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), poniendo nerviosos a los demás países con armamento nuclear, Netanyahu seguía señalando a Irán como amenaza existencial para Israel y Occidente y, en la era Trump, el ataque del sábado supone una apuesta enorme para consolidar un nuevo orden regional, que ya asomaba antes de esta guerra.. Si Teherán calculaba que atacando a los países el Golfo estos exigirían el fin de la guerra, parece que está sucediendo lo contrario y países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar se acercan aún más a EEUU e Israel. Según el historiador Joshua Leifer, lo que une a las partes constituyentes de este orden emergente es una convergencia de intereses económicos post ideológicos.
«El asesinato del líder iraní Alí Jamenei marca la primera vez que Israel ejecuta abiertamente al líder de un estado soberano», escribió el director del diario Haaretz, Aluf Ben, y afirmó que el gran riesgo que corre el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, desencadenando una guerra regional junto a Estados Unidos, es también un «primer paso de la campaña electoral para la vigésimo sexta knéset (parlamento israelí)».. Las elecciones generales están programadas para octubre de 2026 y no faltan quienes acusan al mandatario israelí de haber usado la guerra contra Hamás en Gaza, tempo y decisiones, para su propio beneficio político. Para mantenerse en el cargo con una coalición en la que tanto la extrema derecha mesiánica como la ultraortodoxia amenazaban con provocar la caída del gobierno si no se aceptaban sus términos, ya fuere la continuación de la guerra a toda costa y el asentamiento israelí en Cisjordania por parte de los primeros, o la exención del servicio militar por parte de los segundos.. La segunda guerra contra Irán, ambas iniciadas con ataques preventivos, goza, como la primera, de un amplio respaldo popular en Israel. Según una encuesta publicada el miércoles por el Instituto para la Democracia de Israel, el 81% de los israelíes apoya la guerra que comenzó, el 93% son judíos y el 26% árabes. Tras los dos años de guerra en Gaza y los 12 días contra Irán en junio de 2025, se entiende que la posición política de Netanyahu se fortalece cuando Israel está en guerra.. Si en algo coinciden Netanyahu y sus detractores es en otorgarle un carácter grandioso. Él se percibe dentro de los parámetros de la teoría del gran hombre del historiador Thomas Carlyle, según señaló Ben. De los que modelan la realidad. Y sus rivales coinciden con él, argumentando que él «es el motor de todo lo que ocurre en Israel, y si cae del poder, todo irá bien. Al igual que él, no dan importancia a la ideología ni a las masas, solo al poder del líder».. Armas nucleares. Y este líder se ha pasado gran parte de su carrera política advirtiendo sobre el peligro que representaría para Israel un Irán con armas nucleares. Meir Dagan, quien dirigió el Mosad entre 2002 y 2011 bajo los primeros ministros Ariel Sharon, Ehud Olmert y Netanyahu, destacó el papel activo de este último en la construcción de la amenaza iraní. En las semanas previas a su fallecimiento en 2016, Dagan contó en entrevistas para la miniserie de televisión «Dagan: La última guerra», que en 2009, «cuando Benjamin Netanyahu regresó como primer ministro, comenzó a dar a conocer la amenaza iraní, a hablar abiertamente de ella y a amenazar con atacar, tanto él como su ministro de Defensa, Ehud Barak».. Y añadió que «esta expresión pública lleva a los iraníes a estar muy atentos a lo que está sucediendo con nosotros, los impulsa a mejorar las capacidades de Hezbolá, los lleva a fortalecer sus vínculos con los sirios y a intentar fortalecer la conexión con todos los elementos chiítas en Oriente Medio».. Y mientras Irán enriquecía uranio a niveles muy por encima de lo pactado, según el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), poniendo nerviosos a los demás países con armamento nuclear, Netanyahu seguía señalando a Irán como amenaza existencial para Israel y Occidente y, en la era Trump, el ataque del sábado supone una apuesta enorme para consolidar un nuevo orden regional, que ya asomaba antes de esta guerra.. Si Teherán calculaba que atacando a los países el Golfo estos exigirían el fin de la guerra, parece que está sucediendo lo contrario y países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Qatar se acercan aún más a EEUU e Israel. Según el historiador Joshua Leifer, lo que une a las partes constituyentes de este orden emergente es una convergencia de intereses económicos post ideológicos.
La posición política del primer ministro israelí se fortalece con su país en guerra
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