En el invierno de 1912, un equipo arqueológico alemán levantó, de entre las ruinas de un taller en la ciudad de Amarna, un busto policromado que llevaba más de tres mil años sepultado bajo la arena. El escultor que lo había creado se llamaba Tutmosis y su obrador había permanecido abandonado desde el siglo XIV a.C. El busto representaba a una mujer de rasgos serenos, cuello largo y tocado azul. Nadie supo de inmediato quién era, pero el tiempo la devolvería al mundo entero como [[LINK:TAG|||tag|||6336153decd56e3616931efe|||Nefertiti]], una de las figuras más poderosas y más sistemáticamente borradas de toda la historia de[[LINK:TAG|||tag|||633618caecd56e36169324eb|||Egipto.]]. Para comprender quién fue Nefertiti hay que trasladarse al Egipto del siglo XIV a.C. Tebas era entonces una de las ciudades más ricas del mundo conocido. El Nilo dividía dos realidades. En la orilla occidental se extendía la necrópolis; en la oriental, el gran complejo templario de Karnak, con sus columnas de arenisca pintadas y sus hectáreas de rituales acumulados durante siglos. Por ese mismo río circulaban barcazas cargadas de oro, cedro y papiro. El sol que cruzaba cada mañana ambas orillas no era para los egipcios un fenómeno natural, sino la representación más visible del orden cósmico.. Fue en ese mundo donde creció la joven que más tarde recibiría el nombre de Nefertiti, que en lengua egipcia significa algo así como «la bella ha llegado», en alusión a la imagen de la salida del sol. Sus orígenes siguen siendo materia de debate. Algunos historiadores la identifican como hija de un cortesano llamado Ay; otros proponen que podría ser una princesa procedente del reino de Mitanni. Lo que sí sabemos es que se formó en una sociedad donde las mujeres podían poseer bienes, solicitar el divorcio y ejercer el sacerdocio, derechos que en muchos otros contextos del mundo antiguo resultaban impensables.. Nefertiti contrajo matrimonio con Amenhotep IV, faraón de la Dinastía XVIII. Juntos impulsaron uno de los cambios más profundos que registra la historia egipcia, a saber, el abandono del politeísmo tradicional en favor del culto exclusivo al disco solar, conocido como Atón. Amenhotep cambió su nombre por el de Akenatón, trasladó la capital a una ciudad construida desde cero (Amarna) y reorientó el aparato religioso, administrativo y artístico del Estado en torno a esa única divinidad. Los historiadores denominan este fenómeno monolatría, es decir, la adoración de un dios por encima de todos los demás.. Lo que hace a Nefertiti singular en este contexto es algo que va más allá de su posición de reina consorte. Los relieves y las representaciones artísticas del periodo la muestran en roles que hasta entonces habían sido patrimonio exclusivo de los reyes-faraones. Aparece abatiendo a los enemigos de Egipto, haciendo ofrendas a la divinidad y gobernando en un plano de igualdad con su esposo. Las imágenes de la familia real en escenas domésticas –algo inusual en el arte faraónico– también la incluyen en un primer plano sin precedentes. Nefertiti no era una figura decorativa; era una autoridad política.. Una rápida contrarrevolución. Akenatón murió hacia 1336-1334 a.C. Lo que siguió fue una rápida contrarrevolución. El sacerdocio y las élites apegadas al viejo orden restauraron los dioses tradicionales, abandonaron Amarna y comenzaron a borrar de forma sistemática el nombre y el rostro del faraón hereje de todos los monumentos y registros históricos. Este proceso tiene un nombre que los historiadores han tomado de la tradición romana, damnatio memoriae, «la condena de la memoria [colectiva]». Los relieves fueron raspados, los cartuchos destruidos, los archivos eliminados.. Nefertiti desapareció con él. No hay constancia documental de su muerte ni de su destino. Algunos especialistas sugieren que pudo haber reinado brevemente como reina-faraona en solitario bajo el nombre de trono Neferneferuatón, antes de que Tutankamón accediera al poder, pero las pruebas disponibles son inciertas. Su nombre permaneció borrado de la historia oficial durante más de tres milenios.. Hasta que un equipo alemán de investigadores, en el invierno de 1912, encontró en el suelo de Amarna el busto que el escultor Tutmosis había dejado atrás. El gobierno egipcio lleva décadas reclamando su restitución al Neues Museum de Berlín, donde se exhibe hoy. La reina más borrada de Egipto debe su supervivencia a un único objeto sepultado en el taller de un artesano. Fue el olvido, paradójicamente, lo que la salvó.
Nefertiti gobernó en Egipto como reina-faraona y se convirtió en símbolo del poder femenino en el siglo XX; una mujer cuya singularidad estuvo en no conformarse con ser una simple consorte
En el invierno de 1912, un equipo arqueológico alemán levantó, de entre las ruinas de un taller en la ciudad de Amarna, un busto policromado que llevaba más de tres mil años sepultado bajo la arena. El escultor que lo había creado se llamaba Tutmosis y su obrador había permanecido abandonado desde el siglo XIV a.C. El busto representaba a una mujer de rasgos serenos, cuello largo y tocado azul. Nadie supo de inmediato quién era, pero el tiempo la devolvería al mundo entero como Nefertiti, una de las figuras más poderosas y más sistemáticamente borradas de toda la historia deEgipto.. Para comprender quién fue Nefertiti hay que trasladarse al Egipto del siglo XIV a.C. Tebas era entonces una de las ciudades más ricas del mundo conocido. El Nilo dividía dos realidades. En la orilla occidental se extendía la necrópolis; en la oriental, el gran complejo templario de Karnak, con sus columnas de arenisca pintadas y sus hectáreas de rituales acumulados durante siglos. Por ese mismo río circulaban barcazas cargadas de oro, cedro y papiro. El sol que cruzaba cada mañana ambas orillas no era para los egipcios un fenómeno natural, sino la representación más visible del orden cósmico.. Fue en ese mundo donde creció la joven que más tarde recibiría el nombre de Nefertiti, que en lengua egipcia significa algo así como «la bella ha llegado», en alusión a la imagen de la salida del sol. Sus orígenes siguen siendo materia de debate. Algunos historiadores la identifican como hija de un cortesano llamado Ay; otros proponen que podría ser una princesa procedente del reino de Mitanni. Lo que sí sabemos es que se formó en una sociedad donde las mujeres podían poseer bienes, solicitar el divorcio y ejercer el sacerdocio, derechos que en muchos otros contextos del mundo antiguo resultaban impensables.. Nefertiti contrajo matrimonio con Amenhotep IV, faraón de la Dinastía XVIII. Juntos impulsaron uno de los cambios más profundos que registra la historia egipcia, a saber, el abandono del politeísmo tradicional en favor del culto exclusivo al disco solar, conocido como Atón. Amenhotep cambió su nombre por el de Akenatón, trasladó la capital a una ciudad construida desde cero (Amarna) y reorientó el aparato religioso, administrativo y artístico del Estado en torno a esa única divinidad. Los historiadores denominan este fenómeno monolatría, es decir, la adoración de un dios por encima de todos los demás.. Lo que hace a Nefertiti singular en este contexto es algo que va más allá de su posición de reina consorte. Los relieves y las representaciones artísticas del periodo la muestran en roles que hasta entonces habían sido patrimonio exclusivo de los reyes-faraones. Aparece abatiendo a los enemigos de Egipto, haciendo ofrendas a la divinidad y gobernando en un plano de igualdad con su esposo. Las imágenes de la familia real en escenas domésticas –algo inusual en el arte faraónico– también la incluyen en un primer plano sin precedentes. Nefertiti no era una figura decorativa; era una autoridad política.. Akenatón murió hacia 1336-1334 a.C. Lo que siguió fue una rápida contrarrevolución. El sacerdocio y las élites apegadas al viejo orden restauraron los dioses tradicionales, abandonaron Amarna y comenzaron a borrar de forma sistemática el nombre y el rostro del faraón hereje de todos los monumentos y registros históricos. Este proceso tiene un nombre que los historiadores han tomado de la tradición romana, damnatio memoriae, «la condena de la memoria [colectiva]». Los relieves fueron raspados, los cartuchos destruidos, los archivos eliminados.. Nefertiti desapareció con él. No hay constancia documental de su muerte ni de su destino. Algunos especialistas sugieren que pudo haber reinado brevemente como reina-faraona en solitario bajo el nombre de trono Neferneferuatón, antes de que Tutankamón accediera al poder, pero las pruebas disponibles son inciertas. Su nombre permaneció borrado de la historia oficial durante más de tres milenios.. Hasta que un equipo alemán de investigadores, en el invierno de 1912, encontró en el suelo de Amarna el busto que el escultor Tutmosis había dejado atrás. El gobierno egipcio lleva décadas reclamando su restitución al Neues Museum de Berlín, donde se exhibe hoy. La reina más borrada de Egipto debe su supervivencia a un único objeto sepultado en el taller de un artesano. Fue el olvido, paradójicamente, lo que la salvó.
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