Natos y Waor nunca han ocultado que su carrera ha sido una montaña rusa de excesos, trabajo duro y autenticidad. Sin embargo, en un nuevo extracto de su documental, los artistas han querido compartir con sus seguidores una de las facetas más íntimas —y caóticas— de su vida en la carretera: las infinitas horas de viaje que separan un concierto de otro.. En el metraje, los raperos relatan con total naturalidad cómo lo que empezaba como un viaje rutinario de trabajo acababa convirtiéndose en una «borrachera increíble» apenas 24 horas antes de tener que actuar.. La PlayStation como «arma» de doble filo. Según explican en el clip, el epicentro del descontrol era la furgoneta de gira, equipada con televisión y una PlayStation. Lo que para cualquier otra banda sería una forma de matar el tiempo, para Fer y Gonzalo se transformaba en un peligroso juego de apuestas.. «Íbamos en la furgoneta ya jugando… íbamos apostando chupitos al Tekken, al Crash de carreras o a un juego de minigolf de mierda que había instalado», confiesan en el documental. Lo que empezó como una competición sana pronto perdió el control debido a la modificación de las reglas del juego.. La anécdota alcanza su punto más surrealista cuando explican la evolución de su sistema de «castigos». Al principio, solo bebía quien perdía la partida. Sin embargo, conforme avanzaba el trayecto y la euforia subía, las normas se volvían más severas: «Cuando llevábamos media hora jugando, quien pierda se toma dos chupitos; quien gana, se toma uno».. Con este sistema, la sobriedad era una opción inexistente. «En un viaje de cuatro o cinco horas, imagínate cómo llegábamos», concluyen entre risas y resignación, dejando claro que el ritmo de vida detrás de los focos era, en ocasiones, tan intenso como sus propias letras.
Los raperos lo cuentan en un fragmento de su documental que han publicado en redes sociales
Natos y Waor nunca han ocultado que su carrera ha sido una montaña rusa de excesos, trabajo duro y autenticidad. Sin embargo, en un nuevo extracto de su documental, los artistas han querido compartir con sus seguidores una de las facetas más íntimas —y caóticas— de su vida en la carretera: las infinitas horas de viaje que separan un concierto de otro.. En el metraje, los raperos relatan con total naturalidad cómo lo que empezaba como un viaje rutinario de trabajo acababa convirtiéndose en una «borrachera increíble» apenas 24 horas antes de tener que actuar.. Según explican en el clip, el epicentro del descontrol era la furgoneta de gira, equipada con televisión y una PlayStation. Lo que para cualquier otra banda sería una forma de matar el tiempo, para Fer y Gonzalo se transformaba en un peligroso juego de apuestas.. «Íbamos en la furgoneta ya jugando… íbamos apostando chupitos al Tekken, al Crash de carreras o a un juego de minigolf de mierda que había instalado», confiesan en el documental. Lo que empezó como una competición sana pronto perdió el control debido a la modificación de las reglas del juego.. La anécdota alcanza su punto más surrealista cuando explican la evolución de su sistema de «castigos». Al principio, solo bebía quien perdía la partida. Sin embargo, conforme avanzaba el trayecto y la euforia subía, las normas se volvían más severas: «Cuando llevábamos media hora jugando, quien pierda se toma dos chupitos; quien gana, se toma uno».Con este sistema, la sobriedad era una opción inexistente. «En un viaje de cuatro o cinco horas, imagínate cómo llegábamos», concluyen entre risas y resignación, dejando claro que el ritmo de vida detrás de los focos era, en ocasiones, tan intenso como sus propias letras.
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