No importa la fecha del año que elijan para visitar Nápoles: aquí siempre es Navidad. Al menos en una de sus calles más aclamadas, la via San Gregorio Armeno, donde miles de figuritas artesanales decoran una avenida angosta en la que los ojos no saben dónde centrarse. Belenes con todo el elenco que puedan imaginar se mezclan con diminutas tallas de celebridades, así como con las típicas bolas de nieve en cuyo interior pueden hallar cualquier composición mágica. Y es que sí, la capital sureña de Italia lo es también de estos motivos navideños donde todo es posible. ¿Buscan un carrito con pequeñas pizzas o panecillos minúsculos? Lo encontrarán. Pidan: aquí sus deseos se hacen realidad.. Así nos lo explica Genny Di Virgilio, cuarta generación de uno de los establecimientos más populares de esta pintoresca calle, fundado en 1830 y que, en apenas seis metros cuadrados, acumula un sinfín de figuras talladas por su equipo, el cual trabaja todos los días del año para tener la despensa llena. “Aquí trabajamos con pasión, genialidad y creatividad”, recalca Genny, que es toda una institución.. La tienda de los reyes españoles. Cuenta que la técnica que utilizan es tradicional: la cabeza de terracota está hecha a mano, las manos y los pies son de madera, los ojos de cristal, el cuerpo es de alambre recubierto de cáñamo y la tela de la ropa es seda bordada de San Leucio. Hay ángeles, pastores, vírgenes, burros, bueyes y también, por supuesto, muchos Maradonas (recuerden que aquí el Pelusa es el rey y que en el quartieri spagnoli —o barrio de los españoles— tienen un “altar” urbano dedicado al argentino que jugó en el equipo local). También hay mandatarios internacionales; algunos de ellos incluso han sido clientes de Genny. “Aquí ha estado el papa Francisco y también estuvo Benedicto XVI. Berlusconi me compró el belén más grande y caro de todos los que he tenido. También vienen muchos españoles: el rey Juan Carlos estuvo conmigo en la tienda y se llevó un ángel muy bonito”, subraya.. El precio medio de sus belenes ronda los 500 euros, pero pueden llegar hasta los 40.000 si eligen uno que nos muestra con orgullo y que mide más de un metro de altura.. Y es que quizá no sepan que el presepe (pesebre) napolitano, caracterizado por una escenografía realista y la representación de escenas cotidianas, es más que un símbolo religioso: es una institución con acento español. Si bien es cierto que la invención del belén se atribuye a San Francisco de Asís, cuando en 1223 celebró una misa de Navidad en una gruta de Greccio (Italia) en la que colocó una imagen del Niño Jesús entre un buey y una mula, la verdad es que su uso doméstico tardó unos cuantos siglos más en llegar. Cuentan que en el siglo XV los virreyes españoles que gobernaban el reino de Nápoles encargaban a los artesanos locales escenas del nacimiento para regalar a familiares o a monasterios de su tierra natal.. Pero no fue hasta los siglos XVII y XVIII cuando se alcanzó la máxima expresión del arte del belén. Las representaciones artesanales que se exhibían en templos y lugares de culto pasaron a los hogares, y en Nápoles se gestó una tipología que sigue siendo hoy la más admirada por su técnica y expresividad. Fue Carlos III quien, al llegar al trono español en 1759, tras haber sido rey de Nápoles entre 1734 y 1759, trajo consigo estas obras de arte, popularizándolas en la corte española y, posteriormente, en cualquier casa que se preciase.. La vida bajo tierra. Compramos un par de figuritas y salimos en busca de más experiencias por las callejuelas laberínticas de Nápoles, donde los suelos adoquinados y los tendederos caseros que atraviesan las principales vías —adornados con camisetas, calcetines y ropa interior— conforman una realidad vivida y auténtica. Una ciudad que no solo presume de historia en la superficie, sino que bajo tierra también esconde tesoros (y no, no hablamos de la mafia). Túneles, galerías y catacumbas perforan a modo de queso gruyer el subsuelo napolitano en un viaje que transporta al visitante miles de años atrás. Imaginen: restos arqueológicos, refugios de las guerras mundiales… Pueden acceder a ellos desde diferentes puntos de la ciudad.. Y si de arte en el subsuelo se trata, no se pierdan las obras más recientes que han convertido el metro de la ciudad en un museo: visiten la estación de Toledo y estén alerta. Mientras bajan las escaleras mecánicas, alcen la mirada y sumérjanse en el agujero azul que se abre hacia el cielo.. Ya en la superficie, caminando por la via Toledo, se toparán con la Galleria Umberto I y quizá se sientan teletransportados a Milán: es prácticamente una réplica de la Galleria Vittorio Emanuele II. Si sienten apetito —y ya va siendo hora de probar la pizza napolitana—, hagan la turistada de hacer cola en L’Antica Pizzeria Da Michele, donde Julia Roberts degustó una porción en Come, reza, ama. Pero si de verdad quieren saborear la mejor pizza del mundo, vayan al restaurante de Diego Vitagliano, premiado con el número 1 según 50TopPizza. “Dios creó al hombre y nosotros la mejor pizza”, nos cuenta Giuseppe, el maestro pizzero del establecimiento.. Si les quedan ganas de caminar tras llenar de gluten su estómago, den un paseíto por el lungomare, como llaman a su paseo marítimo, con el Vesubio como telón de fondo. Como comprenderán, resulta imposible hablar de este volcán sin mencionar Pompeya, la ciudad que quedó atrapada bajo las cenizas (que no lava, ojo, no se confundan). A apenas 30 minutos de Nápoles, espera para completar un viaje suspendido en el tiempo: un lugar único, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.. Caminar por este enclave arqueológico, enterrado por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., es retroceder dos mil años y adentrarse en el corazón mismo de la historia. Sabemos lo que ocurrió gracias a los escritos de Plinio el Joven. En aquel entonces, los habitantes no entendían lo que estaba sucediendo: había pequeños terremotos, los peces morían en el mar… pero nadie sabía que el Vesubio era un volcán. La erupción, explosiva y cargada de gas, ceniza y material volcánico —no lava—, mató a miles de personas en apenas dos días. Al descubrir el yacimiento se hallaron numerosos cuerpos, que hoy pueden verse gracias a la técnica de vaciado desarrollada por Fiorelli, conservados en las mismas posturas en las que quedaron atrapados por las cenizas.. Pompeya fue descubierta por casualidad en 1594, pero no fue hasta la llegada de Carlos III cuando comenzaron las excavaciones sistemáticas, en 1748, en esta colonia romana de 66 hectáreas, de las cuales solo se han desenterrado 44. Durante nuestra visita incluso observamos trabajos arqueológicos en curso, visibles gracias a la capa de ceniza y material volcánico que aún cubre parte de la ciudad. Resulta impresionante recorrer sus calles y descubrir anfiteatros, villas, casas, templos y edificios públicos que siguen contando, en silencio, cómo era la vida antes de quedar petrificada por la tragedia. El pasado se mezcla con el presente para hacerse eterno.. El concierge que era íntimo de Mastroianni. En una ciudad donde el peso de la historia se impone, resulta imprescindible visitar (y por supuesto, alojarse) el hotel con mejores vistas y más anécdotas de la ciudad, además de ser el preferido de celebridades y mandatarios mundiales. El Eurostars Hotel Excelsior es un palacio construido en el siglo XIX cuya inauguración, en 1908, ya supuso un hito para Nápoles. Funcionó como hospital de la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial y fue bombardeado en la Segunda, época en la que se convirtió en cuartel general de las tropas americanas.. Los más de 110 años de historia se palpan en sus pasillos, salones y habitaciones. Inspirado en la Belle Époque, el mármol de Carrara impregna cada rincón, convirtiendo el lujo en un elemento casi artístico. Aquí se han alojado Alfred Hitchcock, Winston Churchill, Luciano Pavarotti y, más recientemente, Jennifer López o Lady Gaga, por mencionar solo algunos nombres.. Además, ha sido (y sigue siendo) objeto de deseo de cineastas: Rossellini rodó aquí «Viaggio in Italia» (1954) y varias escenas de «Los Soprano» también fueron filmadas en sus instalaciones. La lista de producciones y huéspedes ilustres es larga. Disfruten de un aperitivo en su azotea con vistas al Vesubio y no pasen por alto sus imponentes lámparas de Murano, valoradas en 50.000 euros cada una. Y si tienen la suerte de cruzarse con el director del hotel (que, por cierto, nació en este mismo establecimiento), les aseguro que su historia personal les dejará sin palabras. Spoiler: su padre, que fue el concierge más popular de Nápoles, era íntimo amigo de Mastroianni.
Nos perdemos por la via San Gregorio Armeno en busca del belén perfecto y bajamos suela para descubrir obras de arte secretas
No importa la fecha del año que elijan para visitar Nápoles: aquí siempre es Navidad. Al menos en una de sus calles más aclamadas, la via San Gregorio Armeno, donde miles de figuritas artesanales decoran una avenida angosta en la que los ojos no saben dónde centrarse. Belenes con todo el elenco que puedan imaginar se mezclan con diminutas tallas de celebridades, así como con las típicas bolas de nieve en cuyo interior pueden hallar cualquier composición mágica. Y es que sí, la capital sureña de Italia lo es también de estos motivos navideños donde todo es posible. ¿Buscan un carrito con pequeñas pizzas o panecillos minúsculos? Lo encontrarán. Pidan: aquí sus deseos se hacen realidad.. Así nos lo explica Genny Di Virgilio, cuarta generación de uno de los establecimientos más populares de esta pintoresca calle, fundado en 1830 y que, en apenas seis metros cuadrados, acumula un sinfín de figuras talladas por su equipo, el cual trabaja todos los días del año para tener la despensa llena. “Aquí trabajamos con pasión, genialidad y creatividad”, recalca Genny, que es toda una institución.. La tienda de los reyes españoles. Cuenta que la técnica que utilizan es tradicional: la cabeza de terracota está hecha a mano, las manos y los pies son de madera, los ojos de cristal, el cuerpo es de alambre recubierto de cáñamo y la tela de la ropa es seda bordada de San Leucio. Hay ángeles, pastores, vírgenes, burros, bueyes y también, por supuesto, muchos Maradonas (recuerden que aquí el Pelusa es el rey y que en el quartieri spagnoli —o barrio de los españoles— tienen un “altar” urbano dedicado al argentino que jugó en el equipo local). También hay mandatarios internacionales; algunos de ellos incluso han sido clientes de Genny. “Aquí ha estado el papa Francisco y también estuvo Benedicto XVI. Berlusconi me compró el belén más grande y caro de todos los que he tenido. También vienen muchos españoles: el rey Juan Carlos estuvo conmigo en la tienda y se llevó un ángel muy bonito”, subraya.. El precio medio de sus belenes ronda los 500 euros, pero pueden llegar hasta los 40.000 si eligen uno que nos muestra con orgullo y que mide más de un metro de altura.. Y es que quizá no sepan que el presepe (pesebre) napolitano, caracterizado por una escenografía realista y la representación de escenas cotidianas, es más que un símbolo religioso: es una institución con acento español. Si bien es cierto que la invención del belén se atribuye a San Francisco de Asís, cuando en 1223 celebró una misa de Navidad en una gruta de Greccio (Italia) en la que colocó una imagen del Niño Jesús entre un buey y una mula, la verdad es que su uso doméstico tardó unos cuantos siglos más en llegar. Cuentan que en el siglo XV los virreyes españoles que gobernaban el reino de Nápoles encargaban a los artesanos locales escenas del nacimiento para regalar a familiares o a monasterios de su tierra natal.. Pero no fue hasta los siglos XVII y XVIII cuando se alcanzó la máxima expresión del arte del belén. Las representaciones artesanales que se exhibían en templos y lugares de culto pasaron a los hogares, y en Nápoles se gestó una tipología que sigue siendo hoy la más admirada por su técnica y expresividad. Fue Carlos III quien, al llegar al trono español en 1759, tras haber sido rey de Nápoles entre 1734 y 1759, trajo consigo estas obras de arte, popularizándolas en la corte española y, posteriormente, en cualquier casa que se preciase.. La vida bajo tierra. Compramos un par de figuritas y salimos en busca de más experiencias por las callejuelas laberínticas de Nápoles, donde los suelos adoquinados y los tendederos caseros que atraviesan las principales vías —adornados con camisetas, calcetines y ropa interior— conforman una realidad vivida y auténtica. Una ciudad que no solo presume de historia en la superficie, sino que bajo tierra también esconde tesoros (y no, no hablamos de la mafia). Túneles, galerías y catacumbas perforan a modo de queso gruyer el subsuelo napolitano en un viaje que transporta al visitante miles de años atrás. Imaginen: restos arqueológicos, refugios de las guerras mundiales… Pueden acceder a ellos desde diferentes puntos de la ciudad.. Y si de arte en el subsuelo se trata, no se pierdan las obras más recientes que han convertido el metro de la ciudad en un museo: visiten la estación de Toledo y estén alerta. Mientras bajan las escaleras mecánicas, alcen la mirada y sumérjanse en el agujero azul que se abre hacia el cielo.. Ya en la superficie, caminando por la via Toledo, se toparán con la Galleria Umberto I y quizá se sientan teletransportados a Milán: es prácticamente una réplica de la Galleria Vittorio Emanuele II. Si sienten apetito —y ya va siendo hora de probar la pizza napolitana—, hagan la turistada de hacer cola en L’Antica Pizzeria Da Michele, donde Julia Roberts degustó una porción en Come, reza, ama. Pero si de verdad quieren saborear la mejor pizza del mundo, vayan al restaurante de Diego Vitagliano, premiado con el número 1 según 50TopPizza. “Dios creó al hombre y nosotros la mejor pizza”, nos cuenta Giuseppe, el maestro pizzero del establecimiento.. Si les quedan ganas de caminar tras llenar de gluten su estómago, den un paseíto por el lungomare, como llaman a su paseo marítimo, con el Vesubio como telón de fondo. Como comprenderán, resulta imposible hablar de este volcán sin mencionar Pompeya, la ciudad que quedó atrapada bajo las cenizas (que no lava, ojo, no se confundan). A apenas 30 minutos de Nápoles, espera para completar un viaje suspendido en el tiempo: un lugar único, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.. Caminar por este enclave arqueológico, enterrado por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., es retroceder dos mil años y adentrarse en el corazón mismo de la historia. Sabemos lo que ocurrió gracias a los escritos de Plinio el Joven. En aquel entonces, los habitantes no entendían lo que estaba sucediendo: había pequeños terremotos, los peces morían en el mar… pero nadie sabía que el Vesubio era un volcán. La erupción, explosiva y cargada de gas, ceniza y material volcánico —no lava—, mató a miles de personas en apenas dos días. Al descubrir el yacimiento se hallaron numerosos cuerpos, que hoy pueden verse gracias a la técnica de vaciado desarrollada por Fiorelli, conservados en las mismas posturas en las que quedaron atrapados por las cenizas.. Pompeya fue descubierta por casualidad en 1594, pero no fue hasta la llegada de Carlos III cuando comenzaron las excavaciones sistemáticas, en 1748, en esta colonia romana de 66 hectáreas, de las cuales solo se han desenterrado 44. Durante nuestra visita incluso observamos trabajos arqueológicos en curso, visibles gracias a la capa de ceniza y material volcánico que aún cubre parte de la ciudad. Resulta impresionante recorrer sus calles y descubrir anfiteatros, villas, casas, templos y edificios públicos que siguen contando, en silencio, cómo era la vida antes de quedar petrificada por la tragedia. El pasado se mezcla con el presente para hacerse eterno.. El concierge que era íntimo de Mastroianni. En una ciudad donde el peso de la historia se impone, resulta imprescindible visitar (y por supuesto, alojarse) el hotel con mejores vistas y más anécdotas de la ciudad, además de ser el preferido de celebridades y mandatarios mundiales. El Eurostars Hotel Excelsior es un palacio construido en el siglo XIX cuya inauguración, en 1908, ya supuso un hito para Nápoles. Funcionó como hospital de la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial y fue bombardeado en la Segunda, época en la que se convirtió en cuartel general de las tropas americanas.. Los más de 110 años de historia se palpan en sus pasillos, salones y habitaciones. Inspirado en la Belle Époque, el mármol de Carrara impregna cada rincón, convirtiendo el lujo en un elemento casi artístico. Aquí se han alojado Alfred Hitchcock, Winston Churchill, Luciano Pavarotti y, más recientemente, Jennifer López o Lady Gaga, por mencionar solo algunos nombres.. Además, ha sido (y sigue siendo) objeto de deseo de cineastas: Rossellini rodó aquí «Viaggio in Italia» (1954) y varias escenas de «Los Soprano» también fueron filmadas en sus instalaciones. La lista de producciones y huéspedes ilustres es larga. Disfruten de un aperitivo en su azotea con vistas al Vesubio y no pasen por alto sus imponentes lámparas de Murano, valoradas en 50.000 euros cada una. Y si tienen la suerte de cruzarse con el director del hotel (que, por cierto, nació en este mismo establecimiento), les aseguro que su historia personal les dejará sin palabras. Spoiler: su padre, que fue el concierge más popular de Nápoles, era íntimo amigo de Mastroianni.
Noticias de Andalucía en La Razón
