La editora Beatriz de Moura, fundadora de Tusquets Editores, ha fallecido en Barcelona, según informó el citado sello a través de sus redes sociales. Con ella se va uno de los indiscutibles grandes nombres del mundo de la edición en nuestro país.. Nacida en Río de Janeiro en 1939, editora hispano-brasileña de origen diplomático, fundadora y directora literaria durante más de cuarenta años de Tusquets Editores, su nombre está indisolublemente unido a la modernidad cultural de la Barcelona de finales del franquismo y la Transición, y a la construcción de un catálogo exigente, cosmopolita y valiente que marcó a varias generaciones de lectores.. Hija de un diplomático brasileño, Altamir de Moura, su infancia transcurrió entre continentes: Bolivia, Ecuador, Argel, Roma, Chile y, finalmente, Barcelona. Esa existencia nómada y culta, marcada también por la tragedia familiar (el suicidio de su hermana mayor), forjó en ella una voracidad lectora que encontró su alimento en las bibliotecas paternas. Habla con fluidez portugués, castellano, francés, italiano e inglés. Estudió Traducción Literaria e Historia en la Escuela de Intérpretes de Ginebra, donde también cursó Ciencias Políticas y Sociales. Llegó a Barcelona en 1961 y comenzó a formarse en el oficio editorial en casas como Salvat y Gustavo Gili. Entre 1965 y 1968 trabajó en Lumen, junto a su entonces cuñada Esther Tusquets. Fue allí donde aprendió los entresijos del mundo del libro: tratar con autores, negociar derechos y, sobre todo, entender la edición como una aventura intelectual sin concesiones. En el otoño de 1968, junto a su primer marido, el arquitecto Óscar Tusquets (hermano de Esther), decidió crear su propia editorial desde el salón de su casa. Tusquets Editores vio la luz en 1969 con dos colecciones rupturistas: «Cuadernos Ínfimos» y «Cuadernos Marginales», breves opúsculos que pronto chocaron con la censura franquista pero que se convirtieron en símbolo de la vanguardia cultural del momento. De ahí surgieron colecciones míticas como La Sonrisa Vertical, Metatemas, Andanzas o Tiempo de Memoria. En 1969, cuando Tusquets iniciaba su andadura, De Moura le pidió ayuda a Vargas Llosa quien por aquel entonces vivía en Barcelona. La editora le explicaba en una carta que «así como Gabo nos da un reportaje que hizo él en Colombia, en sus tiempos de periodista… así como Carlos Fuentes me sugirió él mismo hacer una selección de textos y escritos fantásticos sudamericanos, y darnos un ensayo suyo sobre Buñuel, pensamos que tú también tendrías este lado insólito y desconocido que podríamos sondear… Tú, ¿qué dices? A mí, en principio, se me ocurrió lo más fácil: recordaba los tiempos en que tú estabas en la TV francesa y comentabas hechos y libros (supongo) de Sudamérica y de autores sudamericanos. Escritos de crítica literaria, comentarios políticos, consideramos en general, todo un trabajo que, creo, nadie conoce. Esto es lo que se me ocurre a mí. Pero tú sabrás mejor que nadie qué te divertiría que se publicara de ti…» Vargas Llosa aceptó aquella propuesta y contestó con un texto, redactado originalmente en inglés y que vio la luz en 1971 con una imponente tirada de 20.000 ejemplares. Se titulaba «Historia secreta de una novela».. Bajo su dirección literaria, Tusquets publicó a autores fundamentales como Milan Kundera (de quien ella misma tradujo varias obras: «Los testamentos traicionados», «La lentitud», «La identidad» o «La ignorancia»), Ernst Jünger, E.M. Cioran y un largo etcétera de voces que combinaban canon, novedad y riesgo. También se convirtió en editora de nombres imprescindibles de nuestras letras como Luis Landero, Cristina Fernández Cubas, Jorge Semprún, Eduardo Mendicutti o Almudena Grandes. Sobre esta última, es uno de esos contados ejemplos de fidelidad de una autora a un sello. Toda su producción literaria apareció en Tusquets Editores desde que se dio a conocer con «Las edades de Lulú» en 1989, año el que ganó el Premio La Sonrisa Vertical a la mejor obra de literatura erótica y que convocaba el sello que nos ocupa. Sin embargo, no siempre las cosas fueron bien. Cuando Grandes quiso publicar su tercera novela, «Malena es un nombre de tango», el texto no fue del agrado de Beatriz de Moura, aunque sí de los editores Antonio López Lamadrid y un por entonces joven Juan Cerezo. Cuando las ventas y la crítica dieron la razón a Almudena Grandes por la que está considerada como una de sus mejores novelas. a De Moura no se le cayeron los anillos para admitir por carta su error: «118 páginas de un dosier de prensa confirman todas, una a una, que, cuando alguien –como yo en este caso– se queda solo ante la aplastante evidencia del elogio incondicional, es que simplemente la he pifiado. Y, aunque parezca mentira, me alegro. Por ti primero, y luego, naturalmente, por la editorial. Un pajarito me dijo que ya has empezado otra novel. Como puedes suponer, a partir de ahora, a partir de la decisión de “Malena”…, me tienes rendida de antemano. ¡Ojalá, por un desliz mío, por escandaloso que sea, no te desanimes a publicar la cuarta con nosotros». Almudena siguió siempre publicando con Tusquets Editores. Ella fue la responsable del éxito de «Soldados de Salamina» de Javier Cercas o la primera editora de «Relato de un náufrago» de Gabriel García Márquez, dos de los títulos más vendidos de la editorial. Su olfato y su independencia convirtieron la editorial en un referente de calidad y modernidad, con apuestas indiscutibles como «El primer hombre», el libro inacabado en el que trabajaba Albert Camus en el momento de su muerte; autores estadounidenses imprescindibles como Arthur Miller, John Irving o Thomas Pynchon; la obra ensayística de Salvador Dalí; el redescubrimiento de la narrativa de Marguerite Duras o Georges Simenon; o la novela policiaca de Sue Grafton o Leonardo Padura. Tampoco se olvidó de la poesía, en ocasiones con cómplices de la talla de Jaime Gil de Biedma, publicando a Jorge Guillén o José Ángel Valente en la colección Nuevos Textos Sagrados bajo la dirección del recientemente desaparecido Antoni Marí. Su curiosidad se amplió a terrenos como el del cine, siendo la responsable de que pudiéramos leer en nuestro país a Groucho Marx o Woody Allen. Todo ello lo hizo Beatriz de Moura, junto a Antonio López Lamadrid, desde la mítica sede de Tusquets Editores en la calle Cesare Cantù de Barcelona.. En 2012 firmó un acuerdo con el Grupo Planeta para la administración y distribución de Tusquets, que acabó adquiriendo por completo años después. Aunque se apartó de la dirección diaria, su huella permanece hoy en un catálogo de casi 3.000 títulos que ayudó a “volver modernos” a miles de lectores españoles y latinoamericanos. Su labor ha sido reconocida con distinciones como el Premio Sant Jordi en 2006 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2010. En 2025, la periodista Carlota Álvarez Maylín publicó la biografía “Una curiosidad sin barreras” (Tusquets), que reconstruye con rigor su trayectoria: la de una mujer culta, libérrima y tenaz que entendió la edición no como un negocio, sino como una forma de vida y de intervención cultural.
La editora fue la creadora de Tusquets Editores
La editora Beatriz de Moura, fundadora de Tusquets Editores, ha fallecido en Barcelona, según comunicó el citado sello. Con ella se va uno de los grandes nombres del mundo de la edición en nuestro país.. Nacida en Río de Janeiro en 1939, editora hispano-brasileña de origen diplomático, fundadora y directora literaria durante más de cuarenta años de Tusquets Editores, su nombre está indisolublemente unido a la modernidad cultural de la Barcelona de finales del franquismo y la Transición, y a la construcción de un catálogo exigente, cosmopolita y valiente que marcó a varias generaciones de lectores.. Hija de un diplomático brasileño, Altamir de Moura, su infancia transcurrió entre continentes: Bolivia, Ecuador, Argel, Roma, Chile y, finalmente, Barcelona. Esa existencia nómada y culta, marcada también por la tragedia familiar (el suicidio de su hermana mayor), forjó en ella una voracidad lectora que encontró su alimento en las bibliotecas paternas. Habla con fluidez portugués, castellano, francés, italiano e inglés. Estudió Traducción Literaria e Historia en la Escuela de Intérpretes de Ginebra, donde también cursó Ciencias Políticas y Sociales. Llegó a Barcelona en 1961 y comenzó a formarse en el oficio editorial en casas como Salvat y Gustavo Gili. Entre 1965 y 1968 trabajó en Lumen, junto a su entonces cuñada Esther Tusquets. Fue allí donde aprendió los entresijos del mundo del libro: tratar con autores, negociar derechos y, sobre todo, entender la edición como una aventura intelectual sin concesiones. En el otoño de 1968, junto a su primer marido, el arquitecto Óscar Tusquets (hermano de Esther), decidió crear su propia editorial desde el salón de su casa. Tusquets Editores vio la luz en 1969 con dos colecciones rupturistas: «Cuadernos Ínfimos» y «Cuadernos Marginales», breves opúsculos que pronto chocaron con la censura franquista pero que se convirtieron en símbolo de la vanguardia cultural del momento. De ahí surgieron colecciones míticas como La Sonrisa Vertical, Metatemas, Andanzas o Tiempo de Memoria.Bajo su dirección literaria, Tusquets publicó a autores fundamentales como Milan Kundera (de quien ella misma tradujo varias obras: Los testamentos traicionados, La lentitud, La identidad o La ignorancia), Ernst Jünger, E.M. Cioran y un largo etcétera de voces que combinaban canon, novedad y riesgo. Su olfato y su independencia convirtieron la editorial en un referente de calidad y modernidad.En 2012 firmó un acuerdo con el Grupo Planeta para la administración y distribución de Tusquets, que acabó adquiriendo por completo años después. Aunque se apartó de la dirección diaria, su huella permanece en un catálogo de casi 3.000 títulos que ayudó a “volver modernos” a miles de lectores españoles y latinoamericanos. Su labor ha sido reconocida con distinciones como el Premio Sant Jordi en 2006 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2010. En 2025, la periodista Carlota Álvarez Maylín publicó la biografía “Una curiosidad sin barreras” (Tusquets), que reconstruye con rigor su trayectoria: la de una mujer culta, libérrima y tenaz que entendió la edición no como un negocio, sino como una forma de vida y de intervención cultural.
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