La elección de la fecha electoral, como el Mjölnir de la mitología nórdica, tiende a forjarse en el corazón de una estrella moribunda. Si nada se tuerce, las próximas elecciones en Andalucía podrían celebrarse el 14 de junio. La fecha no es casual ni caprichosa. Responde a la liturgia milimétrica de Juanma Moreno, experto en protocolo, o, lo que es lo mismo pero no igual, agotar los tiempos, administrar silencios y decidir cuándo el viento sopla a favor. «La prudencia es la elegancia del marino». En el entorno del presidente andaluz trasladan una máxima: no hay prisa, tampoco pausa. La mayoría absoluta permite gobernar sin sobresaltos y viene un zafarrancho de inauguraciones. Es tiempo de verdeo. La hoja de ruta no se ha movido pese al adelanto en Extremadura y el resultado de Aragón. Moreno –que entre sus asesores más cercanos cuenta con expertos cinegéticos– observa, escucha y espera, como ya hizo en 2022. Lo que sí se mantiene en San Telmo es que, pese a la «larga conversación» de Feijóo con Abascal, el PP andaluz será autónomo antes y después de los comicios. A día de hoy, Moreno prefiere volver a convocar que gobernar con Vox.. En 2012 Moreno ya cabalgó la elección de la fecha hasta el último minuto. Convocó cuando quiso, que es cuando tocaba en la práctica, y ganó con una contundencia que cambió el tablero político andaluz. Aquella mayoría absoluta consolidó el llamado «cambio», y transformó al candidato que gobernaba por una «carambola» en presidente con mayoría absoluta. Fue la culminación de un proceso: de aspirante discutido –este 2 de marzo se cumplen doce años de aquel «Juanma, tú lo has querido» con que lo ungió Rajoy en el Congreso de Sevilla post Arenas– a líder indiscutido del centroderecha andaluz con mando en plaza a escala nacional.. Ahora el escenario es distinto, pero la estrategia es parecida. Moreno no siente presión interna. Tampoco externa. En el PSOE-A, Montero se fragua intentando armar un relato basado en el rechazo a la financiación y el estado de los servicios públicos. De la crisis de los cribados, que puso en riesgo la mayoría absoluta, el presidente andaluz ha pasado a concentrar el reconocimiento unánime. Políticamente, como pasó con la gestión de la Covid-19, la gestión de Moreno en plena crisis ha concitado el consenso de una amplia mayoría y le ha aupado como líder centrista y centrado. En medio de la «tormenta perfecta» y, antes, tras la tragedia ferroviaria de Adamuz, Moreno ha hecho cumbre. Los cálculos internos sitúan la mayoría absoluta, de nuevo, a 40.000 votos. Las tres izquierdas juntas suman menos (37,7%) que Moreno solo. El voto útil, una vez más, será determinante.. El 14 de junio encaja por calendario y clima político. Permite cerrar el curso con las urnas abiertas y afrontar el verano con el resultado cerrado. Además, se evitan interferencias: la visita del Papa a España, del 6 al 12 de junio, que monopolizará foco mediático y la presencia institucional. En San Telmo no dejan detalles al azar. Las romerías y las fiestas están señaladas en rojo.. Moreno siempre ha señalado junio como fecha deseable. La ley electoral andaluza prohíbe votar entre el 1 de julio y el 31 de agosto. La experiencia del 19 de junio de 2022, en el límite vacacional que se pretende evitar por la participación, fue fructífera. Por tanto, hay cuatro domingos posibles: 7, 14, 21 y 28. El 7 de junio coincide con el Corpus Christi. El 28 es el Día del Orgullo, con arraigo y cabalgatas en diferentes capitales. En junio también hay que sortear romerías y ferias locales. Desde la publicación del decreto de convocatoria hasta la votación deben pasar 54 días. Entre mediados de abril e inicios de mayo habrá que convocar, por tanto. La Feria de Abril de Sevilla será del 21 al 26. La campaña entrará de lleno, por ejemplo, en la romería del Rocío, que este año es del 22 al 25 de mayo. El 14 de junio supone la opción más aséptica. Precampaña entre volantes.. Moreno siempre ha defendido que las elecciones no deben convocarse por impulsos tácticos, sino cuando toca. Su liderazgo se caracteriza por evitar el ruido y sobresaltos innecesarios. Gobernar primero, votar después: «Manual de convivencia». Sólo un hipotético adelanto de Pedro Sánchez variaría el tablero. El precedente de 2022 pesa. Entonces, se especuló hasta el último momento. El presidente dejó que el calendario avanzara mientras medía cada paso, incluso a los pies de la cofradía –Fusionadas de Málaga– en la que es hombre de trono. Esa Semana Santa, Moreno se dio un tiempo de reflexión. Cuando habló, fijó fecha y marcó el tempo. Los estudios sostienen que un 20% del electorado puede cambiar el voto en una campaña normal. El pálpito ganador –lo saben tanto en Moncloa como en San Telmo– se explica sobre todo después de haber ganado.
El presidente sopesa cerrar curso en las urnas, entre la visita papal, el auge de Vox y la estrategia de Pedro Sánchez
La elección de la fecha electoral, como el Mjölnir de la mitología nórdica, tiende a forjarse en el corazón de una estrella moribunda. Si nada se tuerce, las próximas elecciones en Andalucía podrían celebrarse el 14 de junio. La fecha no es casual ni caprichosa. Responde a la liturgia milimétrica de Juanma Moreno, experto en protocolo, o, lo que es lo mismo pero no igual, agotar los tiempos, administrar silencios y decidir cuándo el viento sopla a favor. «La prudencia es la elegancia del marino». En el entorno del presidente andaluz trasladan una máxima: no hay prisa, tampoco pausa. La mayoría absoluta permite gobernar sin sobresaltos y viene un zafarrancho de inauguraciones. Es tiempo de verdeo. La hoja de ruta no se ha movido pese al adelanto en Extremadura y el resultado de Aragón. Moreno –que entre sus asesores más cercanos cuenta con expertos cinegéticos– observa, escucha y espera, como ya hizo en 2022. Lo que sí se mantiene en San Telmo es que, pese a la «larga conversación» de Feijóo con Abascal, el PP andaluz será autónomo antes y después de los comicios. A día de hoy, Moreno prefiere volver a convocar que gobernar con Vox.. En 2012 Moreno ya cabalgó la elección de la fecha hasta el último minuto. Convocó cuando quiso, que es cuando tocaba en la práctica, y ganó con una contundencia que cambió el tablero político andaluz. Aquella mayoría absoluta consolidó el llamado «cambio», y transformó al candidato que gobernaba por una «carambola» en presidente con mayoría absoluta. Fue la culminación de un proceso: de aspirante discutido –este 2 de marzo se cumplen doce años de aquel «Juanma, tú lo has querido» con que lo ungió Rajoy en el Congreso de Sevilla post Arenas– a líder indiscutido del centroderecha andaluz con mando en plaza a escala nacional.. Ahora el escenario es distinto, pero la estrategia es parecida. Moreno no siente presión interna. Tampoco externa. En el PSOE-A, Montero se fragua intentando armar un relato basado en el rechazo a la financiación y el estado de los servicios públicos. De la crisis de los cribados, que puso en riesgo la mayoría absoluta, el presidente andaluz ha pasado a concentrar el reconocimiento unánime. Políticamente, como pasó con la gestión de la Covid-19, la gestión de Moreno en plena crisis ha concitado el consenso de una amplia mayoría y le ha aupado como líder centrista y centrado. En medio de la «tormenta perfecta» y, antes, tras la tragedia ferroviaria de Adamuz, Moreno ha hecho cumbre. Los cálculos internos sitúan la mayoría absoluta, de nuevo, a 40.000 votos. Las tres izquierdas juntas suman menos (37,7%) que Moreno solo. El voto útil, una vez más, será determinante.. El 14 de junio encaja por calendario y clima político. Permite cerrar el curso con las urnas abiertas y afrontar el verano con el resultado cerrado. Además, se evitan interferencias: la visita del Papa a España, del 6 al 12 de junio, que monopolizará foco mediático y la presencia institucional. En San Telmo no dejan detalles al azar. Las romerías y las fiestas están señaladas en rojo.. Moreno siempre ha señalado junio como fecha deseable. La ley electoral andaluza prohíbe votar entre el 1 de julio y el 31 de agosto. La experiencia del 19 de junio de 2022, en el límite vacacional que se pretende evitar por la participación, fue fructífera. Por tanto, hay cuatro domingos posibles: 7, 14, 21 y 28. El 7 de junio coincide con el Corpus Christi. El 28 es el Día del Orgullo, con arraigo y cabalgatas en diferentes capitales. En junio también hay que sortear romerías y ferias locales. Desde la publicación del decreto de convocatoria hasta la votación deben pasar 54 días. Entre mediados de abril e inicios de mayo habrá que convocar, por tanto. La Feria de Abril de Sevilla será del 21 al 26. La campaña entrará de lleno, por ejemplo, en la romería del Rocío, que este año es del 22 al 25 de mayo. El 14 de junio supone la opción más aséptica. Precampaña entre volantes.. Moreno siempre ha defendido que las elecciones no deben convocarse por impulsos tácticos, sino cuando toca. Su liderazgo se caracteriza por evitar el ruido y sobresaltos innecesarios. Gobernar primero, votar después: «Manual de convivencia». Sólo un hipotético adelanto de Pedro Sánchez variaría el tablero. El precedente de 2022 pesa. Entonces, se especuló hasta el último momento. El presidente dejó que el calendario avanzara mientras medía cada paso, incluso a los pies de la cofradía –Fusionadas de Málaga– en la que es hombre de trono. Esa Semana Santa, Moreno se dio un tiempo de reflexión. Cuando habló, fijó fecha y marcó el tempo. Los estudios sostienen que un 20% del electorado puede cambiar el voto en una campaña normal. El pálpito ganador –lo saben tanto en Moncloa como en San Telmo– se explica sobre todo después de haber ganado.
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