Habían confluido todos los astros en un día y una hora: Domingo de Resurrección en Sevilla. De por sí, una fecha emblemática. Un tiempo espléndido para cerrar una Semana Santa histórica, en la que la lluvia no rompió corazones ni dejó sueños rotos, y cada paso fue dando forma a una nueva realidad.. La de Lances de Futuro en Sevilla, que sí tenía el corazón herido tras la despedida de Málaga y la pérdida de uno de los suyos en los corrales de la plaza: Ricardo Ortiz. De los suyos y de los nuestros. Cada tarde sería imposible sin ese trabajo invisible, en el que tanto se arriesga.. La noche del viernes se nos apagaron todas las luces con la tragedia del que fue matador de toros. El paseo de la vida tiene una dureza tremenda. Galopaban las horas en esta cuenta atrás para llegar a la Maestranza, ese cortijo en el que se sueña que el mundo puede ser mejor de lo que es. Allí sale el sol aunque esté nublado. Es un misterio que nadie quiere resolver y, por eso, incluso en lo duro, confiamos en que la vida es bella.. Será por eso que Morante no ha podido resistirse a volver sin haberse ido del todo. Se quitó la coleta el 12 de octubre en Madrid, entre un mar de lágrimas (y con el corazón encogido), y regresó el 5 de abril en Sevilla. Quizá sea demasiado llamarlo reaparición. La ilusión por estos toreros eternos alimenta el alma.. De ahí la explosión de la reventa, la locura colectiva… y, si tenemos que cosernos el corazón que nos rompieron, nos lo cosemos. Eso lo tenemos claro. También sabemos dónde estamos.. La ocasión lo merecía: lo de Morante y el estreno de José María Garzón en esta plaza casi un siglo después de Pagés. No se lo quiso perder ni Juan Carlos I, que ama la tauromaquia de siempre, pero hacía mucho tiempo que no pisaba una plaza de toros. ¿Quién daba más para la ocasión?. Con la bulla habitual comenzó el festejo. Odisea llegar al sitio. Minuto de silencio para Ortiz y los afectados del accidente ferroviario que nos robó la seguridad hace unos meses. Antes había llegado la ovación a Juan Carlos I y a él fue el primer brindis de Morante, con un toro que no valió nada. Fue por eso que, más allá del comienzo de faena, poco encontramos.. No pintaba mejor el cuarto y, de hecho, nos llevamos un susto tremendo cuando lo paraba y se le metió por dentro. Anduvo bien de reflejos Morante, lo dejó claro, para escaparse. Y cuando siguió, en vez de dejar lugar a la duda, tiró para adelante en la cercanía con el capote, a toro parado. Hubo uno inverosímil. Se necesitan tres vidas para construir ese lance desde ahí, midiéndose en las cercanías, sin renunciar a la verónica, sin espacio para el embroque y con una belleza brutal cuando aquello ocurrió, porque era jodidamente imposible.. Muy torero el comienzo de faena y cimentado el toreo diestro que vino después a un toro que colocaba bien la cara abajo, aunque no tenía continuidad. Macizo Morante por ahí. Robusto. Alicatado. Le costaba más al natural, por donde no lo cuajó. Y, por la cara, tan inolvidable torero, remató la faena que encumbró a sus propios altares y a los de Sevilla con una estocada perfecta. Paseó doble premio, excesivo. También es hablar de matemáticas cuando el toreo brota desde las marismas. Ya habrá tiempo para apaciguar las aguas.. Doble premio se le pidió también a Roca, pero no concedido. La faena fue otra cosa de lo que veníamos. Obvio. También que quiso hacer todo por derecho, sin alardes. Hizo y quiso torear al de Garcigrande, que tenía movilidad y repetición y también ese punto de exigencia, con honestidad. Tampoco hubo toreo al natural. Se tiró a matar. Había remontado la tarde.. Con destreza manejó el capote de salida al segundo. Se picó con el quite de De Miranda y replicó. Los comienzos fueron made in Roca: rodillas y con arrucina por la espalda, a fuego. Había sufrimiento y explosión ahí abajo. Lo mejor, las dos series diestras con el noble animal que se dejó hacer. Por el izquierdo no llegó a cogerle el tiempo al toro y todo quedó en brusquedades que no igualó hasta las manoletinas del final. A Juan Carlos I había brindado.. El tercero fue manso de libro, pero no de esos que nos dejan una puerta abierta a la ilusión. En esta ocasión no hubo lugar. Lo vimos en la capa, en banderillas, y sentenció el toro en la faena de David de Miranda. Nada que hacer.. Volteretón desde la otra punta de la plaza se llevó De Miranda con el sexto, que era sobrero. Y malo. Solo que David se puso como si no lo fuera y nos hizo exponernos a ese lugar incómodo de quien se juega la vida con una verdad apabullante, como si no costara. Puñetero miedo más grande. El nuestro. La música no sonó. Aquello era otra cosa.. Ficha del festejo. Sevilla. Domingo de Resurrección. Lleno de «No hay billetes». Toros de Garcigrande. El 1º, flojo y deslucido; 2º, noble; 3º, rajado; 4º, humilla pero sin continuidad; 5º, noble y repetidor; 6º, sobrero, peligroso.. Morante de la Puebla, de catafalco e hilo blanco, estocada (silencio); buena estocada (dos orejas).. Roca Rey, de berenjena y oro, pinchazo, estocada (saludos); estocada (oreja con petición de la segunda).. David de Miranda, de purísima y oro, media, estocada, cuatro descabellos (silencio); estocada (oreja).
Roca Rey corta un trofeo, con petición del segundo, y David de Miranda, también pasea uno; con dos resuelve el de La Puebla su «regreso» a la Maestranza
Habían confluido todos los astros en un día y una hora: Domingo de Resurrección en Sevilla. De por sí, una fecha emblemática. Un tiempo espléndido para cerrar una Semana Santa histórica, en la que la lluvia no rompió corazones ni dejó sueños rotos, y cada paso fue dando forma a una nueva realidad.. La de Lances de Futuro en Sevilla, que sí tenía el corazón herido tras la despedida de Málaga y la pérdida de uno de los suyos en los corrales de la plaza: Ricardo Ortiz. De los suyos y de los nuestros. Cada tarde sería imposible sin ese trabajo invisible, en el que tanto se arriesga.. La noche del viernes se nos apagaron todas las luces con la tragedia del que fue matador de toros. El paseo de la vida tiene una dureza tremenda. Galopaban las horas en esta cuenta atrás para llegar a la Maestranza, ese cortijo en el que se sueña que el mundo puede ser mejor de lo que es. Allí sale el sol aunque esté nublado. Es un misterio que nadie quiere resolver y, por eso, incluso en lo duro, confiamos en que la vida es bella.. Será por eso que Morante no ha podido resistirse a volver sin haberse ido del todo. Se quitó la coleta el 12 de octubre en Madrid, entre un mar de lágrimas (y con el corazón encogido), y regresó el 5 de abril en Sevilla. Quizá sea demasiado llamarlo reaparición. La ilusión por estos toreros eternos alimenta el alma.. De ahí la explosión de la reventa, la locura colectiva… y, si tenemos que cosernos el corazón que nos rompieron, nos lo cosemos. Eso lo tenemos claro. También sabemos dónde estamos.. La ocasión lo merecía: lo de Morante y el estreno de José María Garzón en esta plaza casi un siglo después de Pagés. No se lo quiso perder ni Juan Carlos I, que ama la tauromaquia de siempre, pero hacía mucho tiempo que no pisaba una plaza de toros. ¿Quién daba más para la ocasión?. Con la bulla habitual comenzó el festejo. Odisea llegar al sitio. Minuto de silencio para Ortiz y los afectados del accidente ferroviario que nos robó la seguridad hace unos meses. Antes había llegado la ovación a Juan Carlos I y a él fue el primer brindis de Morante, con un toro que no valió nada. Fue por eso que, más allá del comienzo de faena, poco encontramos.. No pintaba mejor el cuarto y, de hecho, nos llevamos un susto tremendo cuando lo paraba y se le metió por dentro. Anduvo bien de reflejos Morante, lo dejó claro, para escaparse. Y cuando siguió, en vez de dejar lugar a la duda, tiró para adelante en la cercanía con el capote, a toro parado. Hubo uno inverosímil. Se necesitan tres vidas para construir ese lance desde ahí, midiéndose en las cercanías, sin renunciar a la verónica, sin espacio para el embroque y con una belleza brutal cuando aquello ocurrió, porque era jodidamente imposible.. Muy torero el comienzo de faena y cimentado el toreo diestro que vino después a un toro que colocaba bien la cara abajo, aunque no tenía continuidad. Macizo Morante por ahí. Robusto. Alicatado. Le costaba más al natural, por donde no lo cuajó. Y, por la cara, tan inolvidable torero, remató la faena que encumbró a sus propios altares y a los de Sevilla con una estocada perfecta. Paseó doble premio, excesivo. También es hablar de matemáticas cuando el toreo brota desde las marismas. Ya habrá tiempo para apaciguar las aguas.. Doble premio se le pidió también a Roca, pero no concedido. La faena fue otra cosa de lo que veníamos. Obvio. También que quiso hacer todo por derecho, sin alardes. Hizo y quiso torear al de Garcigrande, que tenía movilidad y repetición y también ese punto de exigencia, con honestidad. Tampoco hubo toreo al natural. Se tiró a matar. Había remontado la tarde.. Con destreza manejó el capote de salida al segundo. Se picó con el quite de De Miranda y replicó. Los comienzos fueron made in Roca: rodillas y con arrucina por la espalda, a fuego. Había sufrimiento y explosión ahí abajo. Lo mejor, las dos series diestras con el noble animal que se dejó hacer. Por el izquierdo no llegó a cogerle el tiempo al toro y todo quedó en brusquedades que no igualó hasta las manoletinas del final. A Juan Carlos I había brindado.. El tercero fue manso de libro, pero no de esos que nos dejan una puerta abierta a la ilusión. En esta ocasión no hubo lugar. Lo vimos en la capa, en banderillas, y sentenció el toro en la faena de David de Miranda. Nada que hacer.. Volteretón desde la otra punta de la plaza se llevó De Miranda con el sexto, que era sobrero. Y malo. Solo que David se puso como si no lo fuera y nos hizo exponernos a ese lugar incómodo de quien se juega la vida con una verdad apabullante, como si no costara. Puñetero miedo más grande. El nuestro. La música no sonó. Aquello era otra cosa.. Sevilla. Domingo de Resurrección. Lleno de «No hay billetes». Toros de Garcigrande. El 1º, flojo y deslucido; 2º, noble; 3º, rajado; 4º, humilla pero sin continuidad; 5º, noble y repetidor; 6º, sobrero, peligroso.. Morante de la Puebla, de catafalco e hilo blanco, estocada (silencio); buena estocada (dos orejas).. Roca Rey, de berenjena y oro, pinchazo, estocada (saludos); estocada (oreja con petición de la segunda).. David de Miranda, de purísima y oro, media, estocada, cuatro descabellos (silencio); estocada (oreja).
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