Barcelona se está llenando de actividades gaudinianas de desigual fortuna. El Museu Diocesà de Barcelona propone una de las más interesantes al invitar en una exposición a que dialoguen con sus respectivos trabajos Antoni Gaudí y Joan Miró. Bajo el título “Miró i Gaudí. Natura i Mística”, la muestra dibuja el mapa de las afinidades electivas, artísticas, simbólicas y espirituales entre el arquitecto y el pintor, aparentemente opuestos, aunque unidos por una admiración que va más allá del tiempo que les tocó vivir.. La exposición se articula en torno a las 21 maquetas preparatorias que Miró realizó hacia 1975 para su célebre serie de grabados “Homenatge a Gaudí”, culminada en 1979. Estas piezas, procedentes de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca, conversan de una manera nada forzada con objetos y mobiliario diseñados por Gaudí, como una silla de la Casa Batlló, un banco litúrgico de la parroquia del Sagrat Cor de la Colònia Güell, un faristol musical de la familia Güell o lóbulos de vidrio, entre otros préstamos de la Basílica de la Sagrada Família y del Bisbat de Sant Feliu de Llobregat.. Miró, que desde su juventud consideró a Gaudí un auténtico maestro, inició este proyecto con la intención de rendirle su personal tributo con motivo del cincuentenario de su muerte (1976) y en el 125º aniversario de su nacimiento (1977). Aunque la serie gráfica se retrasó hasta 1979, las maquetas revelan un proceso creativo vibrante y obsesivo: collage, papeles rasgados, recortes de periódico, gouache, pastel, tinta, lápiz, yeso y fragmentos reutilizados. Una técnica que evoca los mosaicos de cerámica y vidrio de Gaudí y Josep Maria Jujol, pero que Miró transforma en su propio cosmos de formas multicolores, astros-disco, figuras fantásticas, aves, lunas, ojos, estrellas y personajes en constante metamorfosis.. El hilo conductor de la muestra es el vínculo entre ambos creadores a través de la naturaleza y lo místico. Para Gaudí, la naturaleza era a la vez orden y caos en su infinitud, y la tarea del arquitecto consistía en ordenarla en comunión con Dios. Por su parte, Miró, en cambio, reconocía ese orden y ese caos, pero no aspiraba a la armonía: buscaba revelar la belleza oculta para liberar al individuo.. Por otra parte, la exposición es una buena oportunidad de que el visitante pueda adentrarse en el taller mental del Miró último, conociendo de primera mano su manera de trabajar y los llamados “arrepentimientos”, esos ajustes y rectificaciones que conducen a la obra final. Cabe decir que en su taller de Palma, Miró conservó una fotografía de Gaudí tomada en 1924 durante la procesión del Corpus Christi ante la escalinata de la Catedral de Barcelona, una imagen que lo acompañó hasta su muerte en 1983.
El Museu Diocesà reúne obra original de los dos creadores y subraya los temas comunes entre ambos genios
Barcelona se está llenando de actividades gaudinianas de desigual fortuna. El Museu Diocesà de Barcelona propone una de las más interesantes al invitar en una exposición a que dialoguen con sus respectivos trabajos Antoni Gaudí y Joan Miró. Bajo el título “Miró i Gaudí. Natura i Mística”, la muestra dibuja el mapa de las afinidades electivas, artísticas, simbólicas y espirituales entre el arquitecto y el pintor, aparentemente opuestos, aunque unidos por una admiración que va más allá del tiempo que les tocó vivir.. La exposición se articula en torno a las 21 maquetas preparatorias que Miró realizó hacia 1975 para su célebre serie de grabados “Homenatge a Gaudí”, culminada en 1979. Estas piezas, procedentes de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca, conversan de una manera nada forzada con objetos y mobiliario diseñados por Gaudí, como una silla de la Casa Batlló, un banco litúrgico de la parroquia del Sagrat Cor de la Colònia Güell, un faristol musical de la familia Güell o lóbulos de vidrio, entre otros préstamos de la Basílica de la Sagrada Família y del Bisbat de Sant Feliu de Llobregat.. Miró, que desde su juventud consideró a Gaudí un auténtico maestro, inició este proyecto con la intención de rendirle su personal tributo con motivo del cincuentenario de su muerte (1976) y en el 125º aniversario de su nacimiento (1977). Aunque la serie gráfica se retrasó hasta 1979, las maquetas revelan un proceso creativo vibrante y obsesivo: collage, papeles rasgados, recortes de periódico, gouache, pastel, tinta, lápiz, yeso y fragmentos reutilizados. Una técnica que evoca los mosaicos de cerámica y vidrio de Gaudí y Josep Maria Jujol, pero que Miró transforma en su propio cosmos de formas multicolores, astros-disco, figuras fantásticas, aves, lunas, ojos, estrellas y personajes en constante metamorfosis.. El hilo conductor de la muestra es el vínculo entre ambos creadores a través de la naturaleza y lo místico. Para Gaudí, la naturaleza era a la vez orden y caos en su infinitud, y la tarea del arquitecto consistía en ordenarla en comunión con Dios. Por su parte, Miró, en cambio, reconocía ese orden y ese caos, pero no aspiraba a la armonía: buscaba revelar la belleza oculta para liberar al individuo.. Por otra parte, la exposición es una buena oportunidad de que el visitante pueda adentrarse en el taller mental del Miró último, conociendo de primera mano su manera de trabajar y los llamados “arrepentimientos”, esos ajustes y rectificaciones que conducen a la obra final. Cabe decir que en su taller de Palma, Miró conservó una fotografía de Gaudí tomada en 1924 durante la procesión del Corpus Christi ante la escalinata de la Catedral de Barcelona, una imagen que lo acompañó hasta su muerte en 1983.
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