Los perdedores, los derrotados en la guerra o al inicio de esta, suele acabar siendo los grandes olvidados de la historia. Eso es lo que le pasó a Miguel Campins, el que fuera gobernador militar de Granada cuando estalla la Guerra Civil, cuando, como decía Lorca, esos campos se iban a llenar de muertos. El enemigo íntimo de Campins, ese monstruo llamado Gonzalo Queipo de Llano, no dudó en el momento de ordenar que fuera ejecutado en Sevilla, pese a que Franco, hasta en dos ocasiones, le pidió clemencia.. Lorenzo Silva ha rescatado el honor de Campins en su nuevo libro, “Con nadie”, publicado por Destino y donde reconstruye la vida y la tragedia de un militar que vivió en primera persona la guerra de Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y los primeros momentos de la sublevación militar. Silva desde Granada, su Granada, habló con este diario sobre la recuperación de quien fue siempre un ejemplo de honestidad, de quien fue fiel a sus principios hasta el final. “Fue Campins el que llegó a mí. Con él me tropecé como un personaje histórico cuando escribí sobre José Aranguren y Alhucemas en “Recordarán tu nombre”. Me pareció como uno más en esta historia, aunque interesante por ser africanista y porque acabó en la Guerra Civil: Campins en lugar de sublevarse con sus compañeros acabó contra sus compañeros, pero no pensé en ese momento como una novela. Tiempo después, en una presentación se me acerca un señor y me dijo que me interesaría la historia de su abuelo que era Miguel Campins. Empecé a estudiarlo con más profundidad. Me envió documentación y vi las otras capas del personaje”, aseguró el escritor.. El escritor define la vida de su protagonista como solitaria. “Se casa a los 36 años y lo matan a los 56. Es decir, entre una y otra cifra, pasa 36 años de una soledad que no tenía nombre: ni familiar, ni exactamente romántica, sino una soledad más honda, existencial. Cuando forma esa familia se vuelca con ella, pero se arrepiente de haber puesto el valor militar por encima de la familia durante mucho tiempo”, dijo.. Suele decirse que para que una buena historia funcione es conveniente que tenga un villano. Probablemente en esta tragedia ese papel es el que cumple Queipo de Llano. A este respecto, Lorenzo Silva matizó recordando que “sería esta una historia muy binaria si se limitara solamente a un bueno y a un malo porque me interesan también esos personajes que pueden verse como intermedios. Queipo se empeñó a que lo fusilaran. Es curioso, pero nadie habla bien de él, no existen testimonios a su favor y lo definen como un ser colérico, oportunista y de mal carácter. Campins era su némesis y Campins sabía que Queipo no era alguien de fiar”.. Detenido por los militares sublevados tras su breve paso por Granada como gobernador militar, negándose a firmar el bando de proclamación de estado de guerra -hasta la presión se hizo inaguantable-, fue trasladado a Sevilla para ser juzgado en una especie de proceso de pandereta. La sentencia era evidente que Queipo la había dictado mucho antes de que empezara el juicio. Hubo alguien que intentó salvar a Campins del paredón, alguien que había coincidido con él en África y en la Academia Militar de Zaragoza. Era Franco. ¿Hizo realmente todo lo que pudo por Campins? En este sentido, Lorenzo Silva sostuvo que “Franco hizo todo lo que Franco podía hacer en esas circunstancias, aunque él sabía que Queipo no lo quería bien, algo que se ve en las memorias de este último. Por otro lado, Queipo tenía el convencimiento de que Franco lo había delatado ante Primo de Rivera”. Pero el llamado virrey de Andalucía despreció a Franco-Salgado Araujo, primo del futuro dictador, en las dos ocasiones en las que lo recibió con una carta pidiendo el perdón: una fue rota y la otra ni leída. “Franco llegó hasta donde pudo, pero evitando el tener que humillarse”, aclaró el escritor. Dolores Roda, ya convertida en viuda de Miguel Campins, escribió el 26 de agosto, diez días después de que su marido fuera ejecutado, estas líneas a quien pensaba que podría ser salvador: “Franco, Franco. ¿Qué han hecho con mi marido? ¿Quién me lo ha matado? ¿Qué crimen ha sido el suyo? ¡Usted sabe quién es! Usted, que es hoy la primera figura de España, ¿no lo pudo salvar?”. Hay un apéndice dramático a esta historia y que demuestra lo poco que valía la vida humana en ese tiempo. Tiempo después, en manos de Franco estaba la suerte de otro militar republicano: el general Domingo Batet. Fue entonces Queipo quien pidió clemencia. “No niego cierto gustirrinín cuando Franco dijo que no a salvarle la vida, pero es que tenía varias cuentas con Batet que hizo un informe muy negativo sobre él en 1921, tras el desastre de Annual”, concluyó Silva. Y un segundo epílogo: el día en el que Campins era ejecutado, un 16 de agosto, en Granada, su Granada. Ramón Ruiz Alonso detenía a Federico García Lorca para entregarlo a sus asesinos.
Lorenzo Silva recupera la historia del general que fue ejecutado por Queipo y al que Franco intentó salvar
Los perdedores, los derrotados en la guerra o al inicio de esta, suele acabar siendo los grandes olvidados de la historia. Eso es lo que le pasó a Miguel Campins, el que fuera gobernador militar de Granada cuando estalla la Guerra Civil, cuando, como decía Lorca, esos campos se iban a llenar de muertos. El enemigo íntimo de Campins, ese monstruo llamado Gonzalo Queipo de Llano, no dudó en el momento de ordenar que fuera ejecutado en Sevilla, pese a que Franco, hasta en dos ocasiones, le pidió clemencia.. Lorenzo Silva ha rescatado el honor de Campins en su nuevo libro, “Con nadie”, publicado por Destino y donde reconstruye la vida y la tragedia de un militar que vivió en primera persona la guerra de Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y los primeros momentos de la sublevación militar. Silva desde Granada, su Granada, habló con este diario sobre la recuperación de quien fue siempre un ejemplo de honestidad, de quien fue fiel a sus principios hasta el final. “Fue Campins el que llegó a mí. Con él me tropecé como un personaje histórico cuando escribí sobre José Aranguren y Alhucemas en “Recordarán tu nombre”. Me pareció como uno más en esta historia, aunque interesante por ser africanista y porque acabó en la Guerra Civil: Campins en lugar de sublevarse con sus compañeros acabó contra sus compañeros, pero no pensé en ese momento como una novela. Tiempo después, en una presentación se me acerca un señor y me dijo que me interesaría la historia de su abuelo que era Miguel Campins. Empecé a estudiarlo con más profundidad. Me envió documentación y vi las otras capas del personaje”, aseguró el escritor.. El escritor define la vida de su protagonista como solitaria. “Se casa a los 36 años y lo matan a los 56. Es decir, entre una y otra cifra, pasa 36 años de una soledad que no tenía nombre: ni familiar, ni exactamente romántica, sino una soledad más honda, existencial. Cuando forma esa familia se vuelca con ella, pero se arrepiente de haber puesto el valor militar por encima de la familia durante mucho tiempo”, dijo.. Suele decirse que para que una buena historia funcione es conveniente que tenga un villano. Probablemente en esta tragedia ese papel es el que cumple Queipo de Llano. A este respecto, Lorenzo Silva matizó recordando que “sería esta una historia muy binaria si se limitara solamente a un bueno y a un malo porque me interesan también esos personajes que pueden verse como intermedios. Queipo se empeñó a que lo fusilaran. Es curioso, pero nadie habla bien de él, no existen testimonios a su favor y lo definen como un ser colérico, oportunista y de mal carácter. Campins era su némesis y Campins sabía que Queipo no era alguien de fiar”.. Detenido por los militares sublevados tras su breve paso por Granada como gobernador militar, negándose a firmar el bando de proclamación de estado de guerra -hasta la presión se hizo inaguantable-, fue trasladado a Sevilla para ser juzgado en una especie de proceso de pandereta. La sentencia era evidente que Queipo la había dictado mucho antes de que empezara el juicio. Hubo alguien que intentó salvar a Campins del paredón, alguien que había coincidido con él en África y en la Academia Militar de Zaragoza. Era Franco. ¿Hizo realmente todo lo que pudo por Campins? En este sentido, Lorenzo Silva sostuvo que “Franco hizo todo lo que Franco podía hacer en esas circunstancias, aunque él sabía que Queipo no lo quería bien, algo que se ve en las memorias de este último. Por otro lado, Queipo tenía el convencimiento de que Franco lo había delatado ante Primo de Rivera”. Pero el llamado virrey de Andalucía despreció a Franco-Salgado Araujo, primo del futuro dictador, en las dos ocasiones en las que lo recibió con una carta pidiendo el perdón: una fue rota y la otra ni leída. “Franco llegó hasta donde pudo, pero evitando el tener que humillarse”, aclaró el escritor. Dolores Roda, ya convertida en viuda de Miguel Campins, escribió el 26 de agosto, diez días después de que su marido fuera ejecutado, estas líneas a quien pensaba que podría ser salvador: “Franco, Franco. ¿Qué han hecho con mi marido? ¿Quién me lo ha matado? ¿Qué crimen ha sido el suyo? ¡Usted sabe quién es! Usted, que es hoy la primera figura de España, ¿no lo pudo salvar?”. Hay un apéndice dramático a esta historia y que demuestra lo poco que valía la vida humana en ese tiempo. Tiempo después, en manos de Franco estaba la suerte de otro militar republicano: el general Domingo Batet. Fue entonces Queipo quien pidió clemencia. “No niego cierto gustirrinín cuando Franco dijo que no a salvarle la vida, pero es que tenía varias cuentas con Batet que hizo un informe muy negativo sobre él en 1921, tras el desastre de Annual”, concluyó Silva. Y un segundo epílogo: el día en el que Campins era ejecutado, un 16 de agosto, en Granada, su Granada. Ramón Ruiz Alonso detenía a Federico García Lorca para entregarlo a sus asesinos.
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