Los años 70 del pasado siglo significaron el punto final de una generación de toreros que marcó el rumbo de la historia de la tauromaquia. No fue ajeno a este cambio Alicante, que, tras haber disfrutado de la competencia de Tino y Pacorro, primero, y de El Caracol y El Inclusero después, con la aparición de Manzanares, vivía una época dorada. Otro torero de dinastía saldría poco después para certificar ese auge: Luis Francisco Esplá.. Descendiente de una famosa familia torera, desde bien pequeño tuvo claro que sería torero y que además no sería uno cualquiera. Cuando nació, el 19 de junio de 1958, su futuro ya estaba marcado como matador de toros, hijo del que fuera novillero Paquito Esplá Vicente, aprendió a andar en su propia plaza de toros de Vista Alegre, en la que también dieron sus primeros pasos un buen número de aspirantes a torero, como el propio José María Manzanares. Desde bien pequeño estuvo siempre rodeado de toreros, banderilleros, picadores, ganaderos y gente relacionada con el negocio taurino. Este ambiente y su pronta familiarización con el toro y todo lo que le rodea, hizo que rápidamente aflorarse su vocación y eligiese la de torero como profesión. Su foto, siendo apenas un niño, al frente de una cuadrilla, dio la vuelta a España y su nombre comenzó a sonar más allá de los límites de su ciudad natal.. El 22 de junio de 1974, en Benidorm, vistió su primer traje de luces, en una novillada sin picadores, comenzando una etapa, tampoco demasiado larga, en la que se fue curtiendo y acostumbrando a actuar ante el público. Unos meses más tarde, el 22 de diciembre de aquel año, viajó hasta Santa Cruz de Tenerife para debutar ya con picadores. Macandro y el colombiano Leónidas Manrique le acompañaron en aquel trance del que salió disparado hacia la cabeza del escalafón.. Hasta en 61 novilladas intervino en la temporada siguiente y, aunque no se presentó en Las Ventas, sí que fue a Sevilla, donde debutó el 9 de mayo, alternando con Juan Ramos y Agustín Parra «Parrita». Gustó mucho su labor en tan importante escenario y mereció el honor de ser repetido la semana siguiente, acompañado ahora por Paco Aguilar y el propio Juan Ramos. Sus éxitos como novillero y la expectación que levantaba su nombre le llevaron a tomar la decisión de no esperar mucho más tiempo para convertirse en matador de toros. Tampoco necesitaba repasar más una materia que tenía perfectamente aprendida y bien asimilada, por lo que la campaña siguiente se planteó para que en ella tuviese lugar su doctorado.. Tras tomar parte antes en una docena de novilladas, el 23 de mayo de 1976 llegó esa tan ansiada alternativa. Zaragoza fue el marco escogido y la Corrida de Beneficencia la ocasión. Sin haber cumplido todavía los 18 años, Paco Camino, en presencia de Esplá aquella tarde: «Había expectación por esta Corrida de la Beneficencia. Tarde con buena temperatura y una entrada más que aceptable. Se lidiaron seis toros de Manuel Benítez «El Cordobés», bien presentados, con cuajo y kilos, pero difíciles y peligrosos en conjunto. El ex torero y actual ganadero estuvo presente en el festejo. Como aliciente máximo la alternativa de Luis Francisco Esplá, que alcanzó el doctorado de manos del maestro Paco Camino.. Buenas verónicas en su primero. En la ceremonia del doctorado es aplaudido. Tres pares de banderillas que entusiasman al respetable. Brinda a su padre y realiza una faena inteligente y torera a un toro de corta embestida. Pincha en doble instancia y descabella a la primera, siendo ovacionado. En su segundo, acaso el más aprovechable del encierro, el ya matador de toros cuaja una gran faena de muleta, después de ser fuertemente ovacionado en capa y banderillas. Mata de una estocada siéndole concedidas las dos orejas de su enemigo».. [[CONTENT:Image» rel=»https://www.larazon.es/cultura/toros/ventas-inmortaliza-nino-capea-azulejo-homenaje-multitudinario_20250528683731e1812a8f1e6a0789df.html» target=»_blank»>6a107627b3084400076b2ac9|||https://img-cms.larazon.es/clipping/images/2026/05/22/06896C0C-1ED4-4D08-9276-8A523BEB6E9E/30.jpg. En menos de dos años, desde que comenzara a torear en serio, había pasado de matar becerritos a ser todo un matador de toros y a vérselas con toros hechos y derechos y a tener como compañeros y rivales a quien hasta hacía dos días habían sido sus ídolos. Pero no por eso se acomplejó y, muy al contrario, enseguida se adaptó a la nueva categoría y pese a ingresar en el escalafón superior con la temporada ya bien comenzada, todavía pudo sumar aquel año 45 corridas. En plena feria de San Isidro del año siguiente, el 19 de mayo, confirmó aquel doctorado en lo que fue también su presentación en la monumental madrileña. Curro Romero fue su padrino y Paco Alcalde el testigo en un festejo en el que se corrieron cuatro reses de Martín Berrocal, una de El Jaral de la Mira, y otra del Conde de Ruiseñada.. Fue la gran novedad durante las siguientes temporadas, y su frescura, conocimiento de toros, distancias y terrenos, le granjearon la devoción de los aficionados más conspicuos tanto como del gran público que se entusiasmaba con las viejas suertes que recuperaba de las tauromaquias añejas, logrando, por ejemplo, un sonado triunfo, aún sin corte de orejas, en Madrid en una corrida del ciclo isidril de 1981, al lidiar por la cara y sobre las piernas a un manso y peligrosísimo toro de Félix Cameno. Pero también encandilaba con sus espectaculares tercios de banderillas, llegando el caso de tener que dar la vuelta al ruedo tras cumplir con el segundo tercio, tal y como sucedió también en Madrid el 29 de mayo de 1979, tras parear impecablemente a un toro de Pablo Romero.. Estas dos facetas suyas serían, en aquella primera etapa como matador, las claves de sus éxitos, sobre todo, en su espectacular forma de banderillear, encontrando siempre toro, en cualquier terreno y ante enemigos de muy distinta condición, haciendo gala de una extraordinaria preparación física y de un conocimiento poco común de sus enemigos. La renovación que llevó a cabo en este tercio fue casi absoluta y a él se debe en buena parte la creación del cartel de los llamados toreros banderilleros, un espectáculo que recorrió cien veces cada temporada los ruedos y que en un principio integraron él, Victor Mendes y El Soro.. A lo largo de su amplia y dilatada carrera, muchas fueron las veces que dio muestras no solo de su poderío ante los toros, sino también de una firme convicción, en sus posibilidades y en su real valía, lo que le permitió una cierta independencia que se tradujo en poderse permitir torear donde él quiso, y al precio que pedía, sin someterse a componendas ni a admitir presiones. Su personalidad siempre brillo con luz propia, y con el tiempo adquirió una serenidad en la plaza que sirvió para disolver muchas dudas que podían malinterpretar sus intenciones o distorsionar su quehacer. Es un claro ejemplo de la aplicación consciente de la inteligencia ante los toros y puso sus portentosas facultades físicas al servicio de su creatividad e inspiración.
Se cumplen 50 años de la alternativa de Luis Francisco Esplá, alguien que ha honrado el apelativo de «Maestro»
Los años 70 del pasado siglo significaron el punto final de una generación de toreros que marcó el rumbo de la historia de la tauromaquia. No fue ajeno a este cambio Alicante, que, tras haber disfrutado de la competencia de Tino y Pacorro, primero, y de El Caracol y El Inclusero después, con la aparición de Manzanares, vivía una época dorada. Otro torero de dinastía saldría poco después para certificar ese auge: Luis Francisco Esplá.. Descendiente de una famosa familia torera, desde bien pequeño tuvo claro que sería torero y que además no sería uno cualquiera. Cuando nació, el 19 de junio de 1958, su futuro ya estaba marcado como matador de toros, hijo del que fuera novillero Paquito Esplá Vicente, aprendió a andar en su propia plaza de toros de Vista Alegre, en la que también dieron sus primeros pasos un buen número de aspirantes a torero, como el propio José María Manzanares. Desde bien pequeño estuvo siempre rodeado de toreros, banderilleros, picadores, ganaderos y gente relacionada con el negocio taurino. Este ambiente y su pronta familiarización con el toro y todo lo que le rodea, hizo que rápidamente aflorarse su vocación y eligiese la de torero como profesión. Su foto, siendo apenas un niño, al frente de una cuadrilla, dio la vuelta a España y su nombre comenzó a sonar más allá de los límites de su ciudad natal.. El 22 de junio de 1974, en Benidorm, vistió su primer traje de luces, en una novillada sin picadores, comenzando una etapa, tampoco demasiado larga, en la que se fue curtiendo y acostumbrando a actuar ante el público. Unos meses más tarde, el 22 de diciembre de aquel año, viajó hasta Santa Cruz de Tenerife para debutar ya con picadores. Macandro y el colombiano Leónidas Manrique le acompañaron en aquel trance del que salió disparado hacia la cabeza del escalafón.. Hasta en 61 novilladas intervino en la temporada siguiente y, aunque no se presentó en Las Ventas, sí que fue a Sevilla, donde debutó el 9 de mayo, alternando con Juan Ramos y Agustín Parra «Parrita». Gustó mucho su labor en tan importante escenario y mereció el honor de ser repetido la semana siguiente, acompañado ahora por Paco Aguilar y el propio Juan Ramos. Sus éxitos como novillero y la expectación que levantaba su nombre le llevaron a tomar la decisión de no esperar mucho más tiempo para convertirse en matador de toros. Tampoco necesitaba repasar más una materia que tenía perfectamente aprendida y bien asimilada, por lo que la campaña siguiente se planteó para que en ella tuviese lugar su doctorado.. Tras tomar parte antes en una docena de novilladas, el 23 de mayo de 1976 llegó esa tan ansiada alternativa. Zaragoza fue el marco escogido y la Corrida de Beneficencia la ocasión. Sin haber cumplido todavía los 18 años, Paco Camino, en presencia de Pedro Gutiérrez Moya «Niño de la Capea», le convirtió en matador al cederle la muerte del toro «Desorejado», perteneciente, como todos los lidiados aquella tarde, a la ganadería que por entonces tenía Manuel Benítez «El Cordobés».. Pese al nombre del animal, el toro se fue al desolladero con las dos orejas en su sitio, no así el que cerró plaza y del que se llevó las dos que le permitieron salir a hombros por la puerta grande en una tarde de tanta trascendencia e importancia para él.. Luque, en El Ruedo, hizo este resumen de la actuación de Esplá aquella tarde: «Había expectación por esta Corrida de la Beneficencia. Tarde con buena temperatura y una entrada más que aceptable. Se lidiaron seis toros de Manuel Benítez «El Cordobés», bien presentados, con cuajo y kilos, pero difíciles y peligrosos en conjunto. El ex torero y actual ganadero estuvo presente en el festejo. Como aliciente máximo la alternativa de Luis Francisco Esplá, que alcanzó el doctorado de manos del maestro Paco Camino.. Buenas verónicas en su primero. En la ceremonia del doctorado es aplaudido. Tres pares de banderillas que entusiasman al respetable. Brinda a su padre y realiza una faena inteligente y torera a un toro de corta embestida. Pincha en doble instancia y descabella a la primera, siendo ovacionado. En su segundo, acaso el más aprovechable del encierro, el ya matador de toros cuaja una gran faena de muleta, después de ser fuertemente ovacionado en capa y banderillas. Mata de una estocada siéndole concedidas las dos orejas de su enemigo».. En menos de dos años, desde que comenzara a torear en serio, había pasado de matar becerritos a ser todo un matador de toros y a vérselas con toros hechos y derechos y a tener como compañeros y rivales a quien hasta hacía dos días habían sido sus ídolos. Pero no por eso se acomplejó y, muy al contrario, enseguida se adaptó a la nueva categoría y pese a ingresar en el escalafón superior con la temporada ya bien comenzada, todavía pudo sumar aquel año 45 corridas. En plena feria de San Isidro del año siguiente, el 19 de mayo, confirmó aquel doctorado en lo que fue también su presentación en la monumental madrileña. Curro Romero fue su padrino y Paco Alcalde el testigo en un festejo en el que se corrieron cuatro reses de Martín Berrocal, una de El Jaral de la Mira, y otra del Conde de Ruiseñada.. Fue la gran novedad durante las siguientes temporadas, y su frescura, conocimiento de toros, distancias y terrenos, le granjearon la devoción de los aficionados más conspicuos tanto como del gran público que se entusiasmaba con las viejas suertes que recuperaba de las tauromaquias añejas, logrando, por ejemplo, un sonado triunfo, aún sin corte de orejas, en Madrid en una corrida del ciclo isidril de 1981, al lidiar por la cara y sobre las piernas a un manso y peligrosísimo toro de Félix Cameno. Pero también encandilaba con sus espectaculares tercios de banderillas, llegando el caso de tener que dar la vuelta al ruedo tras cumplir con el segundo tercio, tal y como sucedió también en Madrid el 29 de mayo de 1979, tras parear impecablemente a un toro de Pablo Romero.. Estas dos facetas suyas serían, en aquella primera etapa como matador, las claves de sus éxitos, sobre todo, en su espectacular forma de banderillear, encontrando siempre toro, en cualquier terreno y ante enemigos de muy distinta condición, haciendo gala de una extraordinaria preparación física y de un conocimiento poco común de sus enemigos. La renovación que llevó a cabo en este tercio fue casi absoluta y a él se debe en buena parte la creación del cartel de los llamados toreros banderilleros, un espectáculo que recorrió cien veces cada temporada los ruedos y que en un principio integraron él, Victor Mendes y El Soro.. A lo largo de su amplia y dilatada carrera, muchas fueron las veces que dio muestras no solo de su poderío ante los toros, sino también de una firme convicción, en sus posibilidades y en su real valía, lo que le permitió una cierta independencia que se tradujo en poderse permitir torear donde él quiso, y al precio que pedía, sin someterse a componendas ni a admitir presiones. Su personalidad siempre brillo con luz propia, y con el tiempo adquirió una serenidad en la plaza que sirvió para disolver muchas dudas que podían malinterpretar sus intenciones o distorsionar su quehacer. Es un claro ejemplo de la aplicación consciente de la inteligencia ante los toros y puso sus portentosas facultades físicas al servicio de su creatividad e inspiración.
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