Resistió, se derrumbó y cayó. El manual de resistencia del ex presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón, no tenía solución para soportar una situación personal que pesaba demasiado y las incógnitas de un proceso judicial que amenaza con seguir aportando escandalosas novedades de todo lo que se hizo mal aquel 29 de octubre de 2024 en el que la provincia de Valencia sufrió una devastación jamás imaginada.. Mazón ligó su futuro político al desarrollo de la reconstrucción. En ella iba la penitencia de aquella larga sobremesa en El Ventorro. La gravedad de la situación logró una inusual unidad en torno a su figura. El PP estuvo un año apoyándole con el único objetivo de que su propia figura no desgastara más al partido, pero también para señalar al que, según los populares, se está librando de toda responsabilidad, a un Gobierno central que, insisten, ni estuvo a la altura de las circunstancias el día de la emergencia ni en los días posteriores. Su dimisión ponía el foco solo en la Generalitat valenciana. Suponía aceptar que solo había un responsable.. Mazón alegó aquel 3 de noviembre que no aguantaba más. Que había llegado al límite y que presentaba su dimisión. Detrás de esa decisión pesó, por supuesto, la presión familiar que soportaba desde el mismo día en el que se conoció, tras más de una versión, que mientras el Cecopi se constituía, él estaba de sobremesa con la periodista Maribel Vilaplana, a la que todavía tuvo tiempo de acompañar al aparcamiento tras un largo almuerzo.. Porque Mazón, según se ha encargado de dejar claro su sustituto, el presidente de la Generalitat valenciana, Juanfran Pérez Llorca, ha dimitido porque no dijo toda la verdad. Los errores podrían habérsele perdonado, pero las mentiras no. Básicamente porque habían llevado a todo su Gobierno a un callejón sin salida y la mancha se extendía ya al resto del PP.. El recambio por Pérez Llorca se da por bueno. De momento, los populares dan por controlada la situación. Pérez Llorca, número dos del partido en la Comunitat Valenciana, pasará a ser el presidente del PP. Además, era el portavoz popular en Les Corts, una condición que le ha permitido tomarle la medida a Vox durante toda esta legislatura y que ha facilitado que la formación de Santiago Abascal haya actuado con una inusual colaboración para ejecutar este relevo.. Sin embargo, los agujeros que dejó la gestión de la dana no están, ni mucho menos, taponados. El PP ya se prepara para la más que probable imputación en la causa judicial. Tendrá entonces que decidir si le reclama el acta. «Tenemos que cuidar a nuestros expresidentes», apuntaba un peso pesado del PP. «Mazón ya ha dimitido, ¿alguien más del Gobierno de España ha asumido responsabilidades?».. A los populares les queda año y medio en la Generalitat. Ya no hay margen de error. 2026 es año preelectoral y debe decidir sus liderazgos para no perder todo lo que recuperó en mayo de 2023.
Después de 370 días luchando por liderar el relato, pagó con su cargo las incógnitas de lo que hizo el día de la dana
Resistió, se derrumbó y cayó. El manual de resistencia del ex presidente de la Generalitat valenciana, Carlos Mazón, no tenía solución para soportar una situación personal que pesaba demasiado y las incógnitas de un proceso judicial que amenaza con seguir aportando escandalosas novedades de todo lo que se hizo mal aquel 29 de octubre de 2024 en el que la provincia de Valencia sufrió una devastación jamás imaginada.. Mazón ligó su futuro político al desarrollo de la reconstrucción. En ella iba la penitencia de aquella larga sobremesa en El Ventorro. La gravedad de la situación logró una inusual unidad en torno a su figura. El PP estuvo un año apoyándole con el único objetivo de que su propia figura no desgastara más al partido, pero también para señalar al que, según los populares, se está librando de toda responsabilidad, a un Gobierno central que, insisten, ni estuvo a la altura de las circunstancias el día de la emergencia ni en los días posteriores. Su dimisión ponía el foco solo en la Generalitat valenciana. Suponía aceptar que solo había un responsable.. Mazón alegó aquel 3 de noviembre que no aguantaba más. Que había llegado al límite y que presentaba su dimisión. Detrás de esa decisión pesó, por supuesto, la presión familiar que soportaba desde el mismo día en el que se conoció, tras más de una versión, que mientras el Cecopi se constituía, él estaba de sobremesa con la periodista Maribel Vilaplana, a la que todavía tuvo tiempo de acompañar al aparcamiento tras un largo almuerzo.. Porque Mazón, según se ha encargado de dejar claro su sustituto, el presidente de la Generalitat valenciana, Juanfran Pérez Llorca, ha dimitido porque no dijo toda la verdad. Los errores podrían habérsele perdonado, pero las mentiras no. Básicamente porque habían llevado a todo su Gobierno a un callejón sin salida y la mancha se extendía ya al resto del PP.. El recambio por Pérez Llorca se da por bueno. De momento, los populares dan por controlada la situación. Pérez Llorca, número dos del partido en la Comunitat Valenciana, pasará a ser el presidente del PP. Además, era el portavoz popular en Les Corts, una condición que le ha permitido tomarle la medida a Vox durante toda esta legislatura y que ha facilitado que la formación de Santiago Abascal haya actuado con una inusual colaboración para ejecutar este relevo.. Sin embargo, los agujeros que dejó la gestión de la dana no están, ni mucho menos, taponados. El PP ya se prepara para la más que probable imputación en la causa judicial. Tendrá entonces que decidir si le reclama el acta. «Tenemos que cuidar a nuestros expresidentes», apuntaba un peso pesado del PP. «Mazón ya ha dimitido, ¿alguien más del Gobierno de España ha asumido responsabilidades?».. A los populares les queda año y medio en la Generalitat. Ya no hay margen de error. 2026 es año preelectoral y debe decidir sus liderazgos para no perder todo lo que recuperó en mayo de 2023.
Noticias de la Comunidad Valenciana en La Razón
