Cada día, Máximo Huerta congrega cientos de comentarios en Facebook. La mayoría, cordiales. La amabilidad suena hasta rara en tiempos donde la gresca copa la visibilidad de unas redes sociales desde las que contemplamos más aquello que nos indigna que las ideas que nos enriquecen.. Aunque no queramos mirar allá donde está el odio, la irritación nos sobresalta en plataformas como X. Lo hace sin previo aviso y con ayuda de unos algoritmos que premian las provocaciones del ruido más superficial. Es la diferencia que Facebook mantiene con otras redes instantáneas: mientras en la mayoría de ellas la imagen con más likes irrumpe frente a nuestros ojos, en el ‘cara-libro’ todavía hay que entrenar el esfuerzo que requiere la amistad. Si no te has hecho “amigo” del canal oficial, no verás sus publicaciones tan fácilmente. Un buen filtro para los que insultan, pues Facebook demanda un trabajo extra a los adictos a la susceptibilidad.. Así Màxim Huerta ha encontrado un refugio para compartir e incluso desahogar su cotidianidad bajo el nombre de Dietario con perro a los pies. Un diario que dibuja la vida desde los rincones de la mirada literaria y no desde los impulsos de la sociedad de la abreviatura. Aquí no hay un tope de palabras, aquí se establece un intercambio sereno de matices entre autor y lectores.. Màxim comparte recuerdos, anécdotas, sensaciones, recomendaciones culturales y dudas. Muchas dudas. Otra rareza hoy. Las dudas que representan la inteligencia emocional que nos ha hecho progresar no son trending en tantas redes sociales, que nos regalan el caramelo envenenado de creer que siempre encontraremos certezas. Certezas tan fugaces como inútiles porque, al final, solo suelen ser trampantojos de los mercaderes de la opinión con respuestas para todo y, a la vez, para nada.. “También hay que dejarse llevar en ocasiones por la grieta, que salga a la superficie. Es domingo. La leña está viva. La Vanoni canta Amore, fai presto, io non resisto. Se tu non arrivi, non esisto. Non esisto, non esisto. Qué letras escribían, eh. Qué letras. Ahora las que suenan parecen tuits. Frases cortas para que la gente las tuitee y punto. Echo de menos las historias. No hace falta que sean de Ornella, puede ser de toda esa caterva de grupos y solistas que me gustaban. Ahora ando un poco huérfano de música. O mejor dicho, de letras completas”, publicaba Màxim hace unos días en su Facebook, convertido en columna sin límite de caracteres.. Hemos interiorizado que Facebook está obsoleto. En la ventaja de que te observen como desfasado, la primera gran red social se hace fuerte entre los que huyen de la sacudida audiovisual para encontrar palabras. Las palabras cordiales que calan desde la tranquilidad, único antídoto en épocas aturdidas en estruendos.
La amabilidad suena hasta rara en épocas donde la gresca copa la visibilidad.
20MINUTOS.ES – Televisión
Cada día, Máximo Huerta congrega cientos de comentarios en Facebook. La mayoría, cordiales. La amabilidad suena hasta rara en tiempos donde la gresca copa la visibilidad de unas redes sociales desde las que contemplamos más aquello que nos indigna que las ideas que nos enriquecen.. Aunque no queramos mirar allá donde está el odio, la irritación nos sobresalta en plataformas como X. Lo hace sin previo aviso y con ayuda de unos algoritmos que premian las provocaciones del ruido más superficial. Es la diferencia que Facebook mantiene con otras redes instantáneas: mientras en la mayoría de ellas la imagen con más likes irrumpe frente a nuestros ojos, en el ‘cara-libro’ todavía hay que entrenar el esfuerzo que requiere la amistad. Si no te has hecho “amigo” del canal oficial, no verás sus publicaciones tan fácilmente. Un buen filtro para los que insultan, pues Facebook demanda un trabajo extra a los adictos a la susceptibilidad.. Así Màxim Huerta ha encontrado un refugio para compartir e incluso desahogar su cotidianidad bajo el nombre de Dietario con perro a los pies. Un diario que dibuja la vida desde los rincones de la mirada literaria y no desde los impulsos de la sociedad de la abreviatura. Aquí no hay un tope de palabras, aquí se establece un intercambio sereno de matices entre autor y lectores.. Màxim comparte recuerdos, anécdotas, sensaciones, recomendaciones culturales y dudas. Muchas dudas. Otra rareza hoy. Las dudas que representan la inteligencia emocional que nos ha hecho progresar no son trending en tantas redes sociales, que nos regalan el caramelo envenenado de creer que siempre encontraremos certezas. Certezas tan fugaces como inútiles porque, al final, solo suelen ser trampantojos de los mercaderes de la opinión con respuestas para todo y, a la vez, para nada.. “También hay que dejarse llevar en ocasiones por la grieta, que salga a la superficie. Es domingo. La leña está viva. La Vanoni canta Amore, fai presto, io non resisto. Se tu non arrivi, non esisto. Non esisto, non esisto. Qué letras escribían, eh. Qué letras. Ahora las que suenan parecen tuits. Frases cortas para que la gente las tuitee y punto. Echo de menos las historias. No hace falta que sean de Ornella, puede ser de toda esa caterva de grupos y solistas que me gustaban. Ahora ando un poco huérfano de música. O mejor dicho, de letras completas”, publicaba Màxim hace unos días en su Facebook, convertido en columna sin límite de caracteres.. Hemos interiorizado que Facebook está obsoleto. En la ventaja de que te observen como desfasado, la primera gran red social se hace fuerte entre los que huyen de la sacudida audiovisual para encontrar palabras. Las palabras cordiales que calan desde la tranquilidad, único antídoto en épocas aturdidas en estruendos.
