Manu Sánchez ha pasado por Directo al grano dispuesto a poner palabras a su experiencia tras conocer que padecía cáncer testicular con metástasis en los ganglios, justo 48 horas antes de dar la bienvenida a su hija Leonor.. Un mazazo que decidió guardar en silencio durante unos días, con una muy clara razón: «No era oportuno, no era mi momento. Era el momento de mi hija. Yo no quería la Casa de Bernalda Alba, con mi familia pensando que mi hija se iba a quedar huérfana. Quería evitar eso».. Porque si algo tiene Sánchez es ese arte muy del sur de ponerle un chiste al abismo. Aunque, como él mismo ha admitido, la realidad no siempre colabora: «Una noticia así de gorda siempre viene mal». Da igual si hay un bebé en camino o una fiesta preparada. «La muerte es impertinente e inoportuna», ha sentenciado.. A partir de conocer su enfermedad, su día a día cambió por completo: operaciones, tratamientos, quimioterapia y muchas horas difíciles. Pero si hay una constante que le ha acompañado en todo ese proceso ha sido su forma de tomarse las cosas: «El humor son las gafas que no me puedo quitar».. Eso no significa que todo haya sido llevadero. Él mismo ha reconocido que ha tenido que pasar por un proceso de aceptación. «Para que yo hable de mi cuerpo de esta manera he tenido que aceptar nuevas condiciones físicas. Me he dado cuenta de que el físico no nos define. Nos condiciona, por supuesto, pero no nos define», ha apuntado.. Uno de los tramos más difíciles de su enfermedad fue cuando tuvo que enfrentarse a una cirugía de 16 horas en la que las expectativas no invitaban al optimismo. «Lo normal es que no salga bien», le dijeron. Y si salía adelante, las consecuencias podían ser desoladoras: parálisis, diálisis o la amputación de un brazo. Aun así, Sánchez se queda con el lado más humano de aquel instante: «Reímos, lloramos y nos abrazamos el médico y yo».. En medio de todo ese carrusel emocional, ha habido un pilar que Sánchez ha querido defender a capa y espada: la sanidad pública, especialmente la andaluza. «Yo tenía claro que tenía que ser en la sanidad pública, yo no estaría tranquilo ni siquiera clínicamente ante la duda de que las decisiones se estén tomando desde una gerencia de una empresa privada», ha sostenido.. Y por si quedaba alguna duda, ha rematado: «Igual estoy siendo injusto con los doctores de la privada, pero yo no quiero tener esa duda […] Yo no quiero que nadie decida mi tratamiento en función de si es rentable o no».. Esta defensa tan potente de debe a que, en realidad, el cómico siente que le está dejando un mensaje a sus hijos después de haber mirado de cerca la muerte. «Les hablo a ellos, por si a papá no le da tiempo a explicarles qué opina de la sanidad pública y la privada […] Como le hablo a ellos, me da tan igual a quién moleste lo que le estoy contando a mis hijos… Me siento tan orgulloso de hacerlo publicamente que merece la pena. Es una cuestión de honestidad», ha concluido.
Manu Sánchez ha pasado por Directo al grano dispuesto a poner palabras a su experiencia tras conocer que padecía cáncer testicular con metástasis en los ganglios, justo 48 horas antes de dar la bienvenida a su hija Leonor.. Un mazazo que decidió guardar en silencio durante unos días, con una muy clara razón: «No era oportuno, no era mi momento. Era el momento de mi hija. Yo no quería la Casa de Bernalda Alba, con mi familia pensando que mi hija se iba a quedar huérfana. Quería evitar eso».. Porque si algo tiene Sánchez es ese arte muy del sur de ponerle un chiste al abismo. Aunque, como él mismo ha admitido, la realidad no siempre colabora: «Una noticia así de gorda siempre viene mal». Da igual si hay un bebé en camino o una fiesta preparada. «La muerte es impertinente e inoportuna», ha sentenciado.. A partir de conocer su enfermedad, su día a día cambió por completo: operaciones, tratamientos, quimioterapia y muchas horas difíciles. Pero si hay una constante que le ha acompañado en todo ese proceso ha sido su forma de tomarse las cosas: «El humor son las gafas que no me puedo quitar».. Eso no significa que todo haya sido llevadero. Él mismo ha reconocido que ha tenido que pasar por un proceso de aceptación. «Para que yo hable de mi cuerpo de esta manera he tenido que aceptar nuevas condiciones físicas. Me he dado cuenta de que el físico no nos define. Nos condiciona, por supuesto, pero no nos define», ha apuntado.. Uno de los tramos más difíciles de su enfermedad fue cuando tuvo que enfrentarse a una cirugía de 16 horas en la que las expectativas no invitaban al optimismo. «Lo normal es que no salga bien», le dijeron. Y si salía adelante, las consecuencias podían ser desoladoras: parálisis, diálisis o la amputación de un brazo. Aun así, Sánchez se queda con el lado más humano de aquel instante: «Reímos, lloramos y nos abrazamos el médico y yo».. En medio de todo ese carrusel emocional, ha habido un pilar que Sánchez ha querido defender a capa y espada: la sanidad pública, especialmente la andaluza. «Yo tenía claro que tenía que ser en la sanidad pública, yo no estaría tranquilo ni siquiera clínicamente ante la duda de que las decisiones se estén tomando desde una gerencia de una empresa privada», ha sostenido.. Y por si quedaba alguna duda, ha rematado: «Igual estoy siendo injusto con los doctores de la privada, pero yo no quiero tener esa duda […] Yo no quiero que nadie decida mi tratamiento en función de si es rentable o no».. Esta defensa tan potente de debe a que, en realidad, el cómico siente que le está dejando un mensaje a sus hijos después de haber mirado de cerca la muerte. «Les hablo a ellos, por si a papá no le da tiempo a explicarles qué opina de la sanidad pública y la privada […] Como le hablo a ellos, me da tan igual a quién moleste lo que le estoy contando a mis hijos… Me siento tan orgulloso de hacerlo publicamente que merece la pena. Es una cuestión de honestidad», ha concluido.
