Juan Facundo Almenara Ordóñez, Luck Ra (Córdoba, Argentina, 1999), dio a conocer sus primeras composiciones en 2017, pero fue seis años más tarde cuando alcanzó un éxito desmedido con «La morocha». Esa canción atesora cerca de 390 millones de visualizaciones en YouTube y una cifra similar de escuchas en Spotify, lo que sumado a sus más de tres millones de seguidores en Instagram da una idea exacta de la popularidad de la que goza este músico cuyo estilo se mueve entre el cuarteto (género musical originario de su tierra) y la música urbana. Fue con ese tema, «La morocha», con el que el Getafe CF celebró el pasado marzo su inopinada victoria ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu, momento que compartieron en sus redes sociales. ¿Qué sintió al saber que David festejó su triunfo ante Goliat con su canción? «Imaginá. Fue lindo –afirma con una sonrisa mayúscula–. Para mí, que me gusta tanto el fútbol, muchísimo, que se me escuchara ahí fue como estar adentro de la cancha». Él iba precisamente para futbolista, pero una lesión cambió para siempre el curso de su vida: «Si bien el fútbol ha sido mi primer gran sueño, la verdad es que no me puedo quejar en absoluto de cómo me está tratando la vida –explica–. Obviamente, no es que sea de color de rosa desde que nací, y uno se la tiene que buscar y perseguir lo que le gusta, pero mis dos grandes amores siempre han sido el fútbol y la música. Tenía un plan A y un plan B, y cuando se desmoronó el primero solo tuve uno. Hay veces que decís: “La puta madre, ¿por qué me está pasando esto a mí?”, y después pasa el maestro tiempo y te lo recompensa».. Luck manifestó que él escribía para esquivar los días grises. ¿Hacer canciones es, pues, una terapia para él? «Obvio, sí. La verdad es que es como salir a caminar, ¿viste? Todo lo que te ayuda a despejarte es bueno. Siento que cada uno tiene sus formas de escaparse o de afrontarlo, y creo que la mía siempre fue haciendo temas o escuchando canciones. La música siempre ha sido mi gran compañera». Se declara omnívoro en cuanto a sus gustos musicales: «Siempre he escuchado de todo. De chiquito he sido una esponja a la hora de absorber conocimientos, y siento que todo, al final, te termina sirviendo. A la hora de lanzarme como artista ya tenía varios pros a favor, como saber tocar la guitarra o saber qué progresiones eran buenas para hacer tal género o tal otro. Y he hecho poesía de chiquito, y si bien al día de hoy tampoco hablo sobre temas existenciales, eso siempre me interesó mucho».. Lo efímero de las redes. Buena parte de las letras del trap y el reguetón exhiben una sexualidad feroz que escandaliza a muchos. ¿Él escribe con absoluta libertad, se mide, se impone límites? «La verdad es que yo no soy mucho de usar un lenguaje fuerte –explica–. Pero no por el hecho de que me lo prohíban, sino porque me gusta manejar un lenguaje medio apto para todos los públicos. Si bien tengo temas en los que digo cosas en un tono siempre como medio pícaro, medio inocente, igual he tenido mis temas viejos y he dicho cosas bastante fuertes. Pero uno se vuelve más grande con el tiempo y ya pienso en otras cosas, la verdad. No soy tan guarango [grosero] en los temas, pero si en algún momento me agarra un ataque y me pinta decirlo, tampoco me voy a contener. Y cuando dudo, veo siempre qué dice el congreso de mis amigos».. «Con las redes es mucho más fácil que le vaya bien a una canción, pero se consume muy rápido y se olvida también mucho más rápido». Hoy vivimos en un mundo en el que, gracias a las redes sociales, el músico se puede hacer un nombre y difundir su obra sin necesidad, en principio, del amparo de una discográfica, aunque la mayoría los grandes nombres publica sus discos en multinacionales. Él, que tuvo diferencias con alguna discográfica con la que editó sus primeras composiciones, ¿cómo lo ve? «Tengo una teoría sobre eso –dice–. Antes era más difícil entrar al mercado, pero una vez que entrabas te quedabas instalado por mucho tiempo. Lo que hacen las redes es que es mucho más fácil entrar o que le vaya bien a una canción, pero se consume muy rápido y se olvida también mucho más rápido. Por algo siento que hay más clásicos viejos que nuevos. Y sí, he tenido mis momentos duros con discográficas, aunque ya los remonté y siento que todo fue como un aprendizaje. Si nunca me hubiese tropezado no sabría qué hacer en situaciones en donde ahora sí me manejo con más comodidad. ¿Soy amo y señor de lo que hago? Mi peor enemigo ya sé que soy yo, me juzgo mucho y soy muy perfeccionista conmigo mismo. Así que siempre tengo ahí, ya digo, el congreso de amigos. No soy amo y señor de todo lo que hago porque también está la gente que me quiere y que me ayuda a hacer bien las cosas. Pero sí me considero una persona bastante libre».. «Mi peor enemigo soy yo, me juzgo mucho y soy muy perfeccionista con todo lo que hago». Lo que más desea un músico español es abrir mercado en Latinoamérica, y eso les pasa también a ellos respecto a España, un país que Luck conoce bien y en el que no le importaría vivir: «Desde hace como cuatro o cinco años vengo para acá cada año. Primero fue para conocerlo y después para trabajar. Desde que conocí España, me enamoré del lugar y de todo lo que tiene. Así que qué lindo el hecho de saber que se puede venir acá a trabajar, no solo a disfrutar, aunque la verdad es que trabajando también la paso hermoso. Y además es que odio el frío. Y cuando en Argentina arranca a hacer frío, me vengo a España. Así que se podría decir que vivo casi en un verano eterno. El frío no me gusta nada, la escapo, me pone mal, me pone triste. El sol es como qué lindo, te dan más ganas de hacer cosas».. «Cuando en Argentina arranca a hacer frío, me vengo a España. Así que se podría decir que vivo casi en un verano eterno». Con dos discos de estudio en su haber, «Que nos falte todo» (2024) y «Qué sed» (2025), y un reguero de singles y EP’s tanto en solitario como con otros artistas, acaba de publicar su último sencillo, «El último baile». Los próximos 26 y 28 de noviembre actuará en Barcelona (Sant Jordi Club) y Madrid (Palacio Vistalegre). «La morocha», pues, volverá a sonar para alegrarnos el otoño.. CANTAR, BAILAR, VIVIR. Por Javier Menéndez Flores. Mirá a esa morocha frente a vos, se ve remorena y relinda y está sola y se está moviendo. Se muere de ganas, lo notás, de que algún pibe eléctrico la saque a bailar. Y te has perfumado hasta los tímpanos y puesto bonito y, junto al resto de la banda, te sentís el mismo rey. Y aunque los muchachos parecen algo dormidos, cuando vos salís a cazar siempre tenés la mirilla presta y andás megaatento. Una buena historia no necesita más que eso: dos cuerpos libres que se encuentran en la noche, igual que dos pájaros en vuelo, y toda la luna llena por delante.. Y resulta que el Cono Sur no pillaba tan lejos de Getafe y que en un Santiago Bernabéu de morros, David, tras tumbar de un directo a Goliat, se arrancó a «morochear». Qué regios esos pibes de la periferia salvaje de Madrid que cantan su alegría inmensa a ritmo de Luck Ra como si fuera un paisano más, y tal vez lo sea. Qué bendición, che, la de la lengua hermana, la del español sabroso y fértil e infinito, esa sangre en llamas que riega dos continentes y quinientos millones de vidas.. En el Marqués de Sobremonte, en la coronilla de la Córdoba argentina, la vida era deliciosa y alegre como el canto del piojito azulado. Uno se puede criar en un punto intermedio entre la ferocidad sin ley que acontece al borde de las vías, donde sobrevivir era la única meta, y la sabiduría contenida en el Museo Histórico, ese edificio blanquísimo y sin chaflán en el que se abrazan las armas, la pintura y la imaginería religiosa. Y aunque te levantaran el auto y aquello te dio tremenda bronca, no conoces placer mayor que volver de vez en cuando a las calles de la infancia y comprobar que todo sigue más o menos en su sitio, con las mismas zozobras y alborozos alojados en rostros distintos.. Huir del invierno, buscar sin descanso la mano revitalizadora del sol, es la mejor de las ocupaciones, y qué lástima que no te paguen por ello. Pero si escribes dándole ritmo de cuarteto pop a las teclas para sortear la tormenta que se desata en tu cabeza cada domingo por la tarde, verás cómo se infla tu billetera y para celebrarlo tendrás que salir a incendiar la noche junto a Javi y los demás. El artista, en fin, debe llevarse las nubes negras a su terreno y sacarles rédito; exprimirle a cada tropiezo o fracaso hasta la última gota de tristeza, darle la vuelta a esa remera y marcarse una de esas piezas que ponen en pie el ánimo de la gente más diversa.. Qué lejos quedaron aquellos lances con los sellos discográficos que tanta angustia te causaban, pero de eso no moriste, doy fe, y, a la postre, engordó tu biografía. Y la perfección, ese imposible, es una espuela necesaria y la prueba mayor de que estás en lo que estás por pura pasión. Y si te desvías un poco del raíl, quédate tranquilo porque el «congreso» de amigos te volverá a encauzar con un beso.. Chayanne es un capo y un día sin él es un siglo. Y el último baile con Abraham Mateo será el primero de cien, o eso juráis, al menos, en público. Y en el horizonte del quién sabe, del emocionante quizá que mantiene siempre alerta al artista, centellean C. Tangana, Rels B, Quevedo, Bunbury, Alejandro Sanz. Paso lento y buena letra, que todo llegará. Mientras tanto, vamos a tomar unos tragos. ¿Qué tal un cóctel de «Live forever» (Oasis) y «On Melancholy Hill» (Gorillaz)? Pues dale.
El músico argentino, creador de «La morocha», uno de los himnos populares del pasado verano, actuará en Madrid y Barcelona el próximo noviembre
Juan Facundo Almenara Ordóñez, Luck Ra (Córdoba, Argentina, 1999), dio a conocer sus primeras composiciones en 2017, pero fue seis años más tarde cuando alcanzó un éxito desmedido con «La morocha». Esa canción atesora cerca de 390 millones de visualizaciones en YouTube y una cifra similar de escuchas en Spotify, lo que sumado a sus más de tres millones de seguidores en Instagram da una idea exacta de la popularidad de la que goza este músico cuyo estilo se mueve entre el cuarteto (género musical originario de su tierra) y la música urbana. Fue con ese tema, «La morocha», con el que el Getafe CF celebró el pasado marzo su inopinada victoria ante el Real Madrid en el Santiago Bernabéu, momento que compartieron en sus redes sociales. ¿Qué sintió al saber que David festejó su triunfo ante Goliat con su canción? «Imaginá. Fue lindo –afirma con una sonrisa mayúscula–. Para mí, que me gusta tanto el fútbol, muchísimo, que se me escuchara ahí fue como estar adentro de la cancha». Él iba precisamente para futbolista, pero una lesión cambió para siempre el curso de su vida: «Si bien el fútbol ha sido mi primer gran sueño, la verdad es que no me puedo quejar en absoluto de cómo me está tratando la vida –explica–. Obviamente, no es que sea de color de rosa desde que nací, y uno se la tiene que buscar y perseguir lo que le gusta, pero mis dos grandes amores siempre han sido el fútbol y la música. Tenía un plan A y un plan B, y cuando se desmoronó el primero solo tuve uno. Hay veces que decís: “La puta madre, ¿por qué me está pasando esto a mí?”, y después pasa el maestro tiempo y te lo recompensa».. Luck manifestó que él escribía para esquivar los días grises. ¿Hacer canciones es, pues, una terapia para él? «Obvio, sí. La verdad es que es como salir a caminar, ¿viste? Todo lo que te ayuda a despejarte es bueno. Siento que cada uno tiene sus formas de escaparse o de afrontarlo, y creo que la mía siempre fue haciendo temas o escuchando canciones. La música siempre ha sido mi gran compañera». Se declara omnívoro en cuanto a sus gustos musicales: «Siempre he escuchado de todo. De chiquito he sido una esponja a la hora de absorber conocimientos, y siento que todo, al final, te termina sirviendo. A la hora de lanzarme como artista ya tenía varios pros a favor, como saber tocar la guitarra o saber qué progresiones eran buenas para hacer tal género o tal otro. Y he hecho poesía de chiquito, y si bien al día de hoy tampoco hablo sobre temas existenciales, eso siempre me interesó mucho».. Lo efímero de las redes. Buena parte de las letras del trap y el reguetón exhiben una sexualidad feroz que escandaliza a muchos. ¿Él escribe con absoluta libertad, se mide, se impone límites? «La verdad es que yo no soy mucho de usar un lenguaje fuerte –explica–. Pero no por el hecho de que me lo prohíban, sino porque me gusta manejar un lenguaje medio apto para todos los públicos. Si bien tengo temas en los que digo cosas en un tono siempre como medio pícaro, medio inocente, igual he tenido mis temas viejos y he dicho cosas bastante fuertes. Pero uno se vuelve más grande con el tiempo y ya pienso en otras cosas, la verdad. No soy tan guarango [grosero] en los temas, pero si en algún momento me agarra un ataque y me pinta decirlo, tampoco me voy a contener. Y cuando dudo, veo siempre qué dice el congreso de mis amigos».. «Con las redes es mucho más fácil que le vaya bien a una canción, pero se consume muy rápido y se olvida también mucho más rápido». Hoy vivimos en un mundo en el que, gracias a las redes sociales, el músico se puede hacer un nombre y difundir su obra sin necesidad, en principio, del amparo de una discográfica, aunque la mayoría los grandes nombres publica sus discos en multinacionales. Él, que tuvo diferencias con alguna discográfica con la que editó sus primeras composiciones, ¿cómo lo ve? «Tengo una teoría sobre eso –dice–. Antes era más difícil entrar al mercado, pero una vez que entrabas te quedabas instalado por mucho tiempo. Lo que hacen las redes es que es mucho más fácil entrar o que le vaya bien a una canción, pero se consume muy rápido y se olvida también mucho más rápido. Por algo siento que hay más clásicos viejos que nuevos. Y sí, he tenido mis momentos duros con discográficas, aunque ya los remonté y siento que todo fue como un aprendizaje. Si nunca me hubiese tropezado no sabría qué hacer en situaciones en donde ahora sí me manejo con más comodidad. ¿Soy amo y señor de lo que hago? Mi peor enemigo ya sé que soy yo, me juzgo mucho y soy muy perfeccionista conmigo mismo. Así que siempre tengo ahí, ya digo, el congreso de amigos. No soy amo y señor de todo lo que hago porque también está la gente que me quiere y que me ayuda a hacer bien las cosas. Pero sí me considero una persona bastante libre».. «Mi peor enemigo soy yo, me juzgo mucho y soy muy perfeccionista con todo lo que hago». Lo que más desea un músico español es abrir mercado en Latinoamérica, y eso les pasa también a ellos respecto a España, un país que Luck conoce bien y en el que no le importaría vivir: «Desde hace como cuatro o cinco años vengo para acá cada año. Primero fue para conocerlo y después para trabajar. Desde que conocí España, me enamoré del lugar y de todo lo que tiene. Así que qué lindo el hecho de saber que se puede venir acá a trabajar, no solo a disfrutar, aunque la verdad es que trabajando también la paso hermoso. Y además es que odio el frío. Y cuando en Argentina arranca a hacer frío, me vengo a España. Así que se podría decir que vivo casi en un verano eterno. El frío no me gusta nada, la escapo, me pone mal, me pone triste. El sol es como qué lindo, te dan más ganas de hacer cosas».. «Cuando en Argentina arranca a hacer frío, me vengo a España. Así que se podría decir que vivo casi en un verano eterno». Con dos discos de estudio en su haber, «Que nos falte todo» (2024) y «Qué sed» (2025), y un reguero de singles y EP’s tanto en solitario como con otros artistas, acaba de publicar su último sencillo, «El último baile». Los próximos 26 y 28 de noviembre actuará en Barcelona (Sant Jordi Club) y Madrid (Palacio Vistalegre). «La morocha», pues, volverá a sonar para alegrarnos el otoño.. Por Javier Menéndez Flores. Mirá a esa morocha frente a vos, se ve remorena y relinda y está sola y se está moviendo. Se muere de ganas, lo notás, de que algún pibe eléctrico la saque a bailar. Y te has perfumado hasta los tímpanos y puesto bonito y, junto al resto de la banda, te sentís el mismo rey. Y aunque los muchachos parecen algo dormidos, cuando vos salís a cazar siempre tenés la mirilla presta y andás megaatento. Una buena historia no necesita más que eso: dos cuerpos libres que se encuentran en la noche, igual que dos pájaros en vuelo, y toda la luna llena por delante.. Y resulta que el Cono Sur no pillaba tan lejos de Getafe y que en un Santiago Bernabéu de morros, David, tras tumbar de un directo a Goliat, se arrancó a «morochear». Qué regios esos pibes de la periferia salvaje de Madrid que cantan su alegría inmensa a ritmo de Luck Ra como si fuera un paisano más, y tal vez lo sea. Qué bendición, che, la de la lengua hermana, la del español sabroso y fértil e infinito, esa sangre en llamas que riega dos continentes y quinientos millones de vidas.. En el Marqués de Sobremonte, en la coronilla de la Córdoba argentina, la vida era deliciosa y alegre como el canto del piojito azulado. Uno se puede criar en un punto intermedio entre la ferocidad sin ley que acontece al borde de las vías, donde sobrevivir era la única meta, y la sabiduría contenida en el Museo Histórico, ese edificio blanquísimo y sin chaflán en el que se abrazan las armas, la pintura y la imaginería religiosa. Y aunque te levantaran el auto y aquello te dio tremenda bronca, no conoces placer mayor que volver de vez en cuando a las calles de la infancia y comprobar que todo sigue más o menos en su sitio, con las mismas zozobras y alborozos alojados en rostros distintos.. Huir del invierno, buscar sin descanso la mano revitalizadora del sol, es la mejor de las ocupaciones, y qué lástima que no te paguen por ello. Pero si escribes dándole ritmo de cuarteto pop a las teclas para sortear la tormenta que se desata en tu cabeza cada domingo por la tarde, verás cómo se infla tu billetera y para celebrarlo tendrás que salir a incendiar la noche junto a Javi y los demás. El artista, en fin, debe llevarse las nubes negras a su terreno y sacarles rédito; exprimirle a cada tropiezo o fracaso hasta la última gota de tristeza, darle la vuelta a esa remera y marcarse una de esas piezas que ponen en pie el ánimo de la gente más diversa.. Qué lejos quedaron aquellos lances con los sellos discográficos que tanta angustia te causaban, pero de eso no moriste, doy fe, y, a la postre, engordó tu biografía. Y la perfección, ese imposible, es una espuela necesaria y la prueba mayor de que estás en lo que estás por pura pasión. Y si te desvías un poco del raíl, quédate tranquilo porque el «congreso» de amigos te volverá a encauzar con un beso.. Chayanne es un capo y un día sin él es un siglo. Y el último baile con Abraham Mateo será el primero de cien, o eso juráis, al menos, en público. Y en el horizonte del quién sabe, del emocionante quizá que mantiene siempre alerta al artista, centellean C. Tangana, Rels B, Quevedo, Bunbury, Alejandro Sanz. Paso lento y buena letra, que todo llegará. Mientras tanto, vamos a tomar unos tragos. ¿Qué tal un cóctel de «Live forever» (Oasis) y «On Melancholy Hill» (Gorillaz)? Pues dale.
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