Vuelve Lucía Miranda, vuelve Caperucita y, por supuesto, vuelve Carmen Martín Gaite a Madrid a los pocos días de haberse cumplido el centenario de su nacimiento en Salamanca. De no muy lejos de allí, de Valladolid, es Miranda la directora que levantó hace un año su ‘Caperucita en Manhattan’ y que ha tenido que regresar a La Abadía para complacer a las masas madrileñas después de su primera estancia en esta sala y de haber pisado una treintena de plazas por toda la geografía española.. Estrenaron en 2024 con todo vendido y repiten doce meses después. «Con más felicidad si cabe», reconoce la directora y responsable de la dramaturgia de la función en la que Carolina Yuste alternará su papel de Sara Allen con Mar Calvo: «La primera vez piensas en la reacción de la gente, pero ahora ya puedes disfrutar. El que va es porque alguien le ha dicho que tiene que ir. ¿Qué más le puedo pedir a la vida teatral? Poco más», celebra una mujer que disfruta como público de su propio montaje. Desde su butaca puede comprobar de primera mano las reacciones del público; las buenas y las malas: «Es maravilloso ver cómo los adultos entran en la fantasía. Un día tenía detrás a una pareja que no paraba de resoplar porque les estaba espantando y pude entender qué les horrorizaba, y al mismo tiempo, otra pareja de la misma edad estaba disfrutando al máximo».. «Mini cambios». Quizá sea por ello que Miranda no es conservadora con el espectáculo. «Siempre hay cosas que cambiar y escenas que rescribiría, aunque la realidad es que cuando tú lo pones en marcha eso ya tiene su propia vida». Es por ello por lo que la directora reconoce «mini cambios», como el de introducir una broma con el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. «Todas esas cosas tienen que ver con lo que pasa en el momento y con que las actrices vuelen solas. De hecho, la escena favorita del público es una que ellas han alargado y la han hecho más divertida. Tienen que ser dueñas del espectáculo».. Así, La Abadía programa de nuevo la reinterpretación que Martín Gaite hace del cuento de Perrault, «un ejemplo del poder de la ficción como espacio seguro, como refugio ante la adversidad; una loa a la libertad y a la dificultad de ejercerla, un manifiesto a ser tú mismo. Una obra que parece estar escrita hoy, en una época en la que anhelamos parar, en la que las mujeres no dudan en ocupar los espacios públicos y en la que a diario nos enfrentamos a la difícil labor de elegir un camino», presentan de lo que la autora resumió en una frase de su obra: «En la ciudad, los sueños son tan reales como los edificios que lo rodean».. Tres años fueron los que vivió la directora de ‘Caperucita’ en la Gran Manzana y todavía echa de menos una ciudad que le recuerda a ‘Solo en casa 2’, donde la mendiga de Central Park es una suerte de Miss Lunatic; pero también a Woody Allen, por supuesto, y a su ‘Misterioso asesinato en Manhattan’. «Ahí unos entran y salen y no saben qué ha pasado; y es que así es la ciudad. Trepidante. Loca. En un día te pueden ocurrir muchísimas cosas, es una gran aventura si estás abierto».. Vuelta al sueño neoyorquino. Lucía Miranda se fue de Nueva York, pero la ciudad nunca salió de ella. Sueña con regresar: «Me encantaría. Sería un lujo». Estuvo como estudiante en dos periodos diferentes y le gustaría volver con la familia, «como Elvira Lindo, que se fue unos años a escribir y a seguir trabajando».. «Quiero hacer esta obra porque como Gaite, no me querría ir nunca de Nueva York y es mi manera de continuar allí -defiende Miranda-. Porque creo que es una novela para todos los públicos, que tiene dentro un espectáculo para audiencias de ocho a ochenta y ocho años también. Y porque es una obra legado, una barca a la que agarrarte en la tormenta, no solo por la Torci y Carmen, sino por todas las que llegamos después».. Aun así, la dramaturga no olvida su casa, sus orígenes, Valladolid. «Una gran tierra de teatro»: Concha Velasco, Lola Herrera, Emilio Gutiérrez Caba, ella misma o la reciente galardonada con el Premio Ojo Crítico, María San Miguel. «Ha sido una plaza que siempre han acogido las compañías, pero no es una cosa solo de teatro, también ocurre con el cine, con la Seminci. La ficción tiene su propio espacio. Recuerdo los inviernos vallisoletanos de cuando era adolescente. Mi refugio eran los cines y las librerías, porque también ha dado grandes escritores: Delibes, Zorrilla, Martín Garzo…».. -Quizá eso tenga la culpa de esa coletilla de que allí hablan el castellano «más puro».. -Bueno, si me oyes hablar a mí… [risas] Mi padre me echa la bronca porque dice que me tendría que dar vergüenza ser dramaturga y hablar como hablo».. Pero dentro de ese oasis pucelano, Miranda también saca un hueco para la crítica: «Valladolid ha conseguido todo eso a pesar de que la Junta de Castilla y León no tenga una política cultural fuerte. El Ayuntamiento es otra cosa, pero desde la comunidad no hay una política que responda a los artistas que tiene como sí existe, por ejemplo, en Galicia, Cataluña o País Vasco».. En lo que también hace mucho hincapié, más esta función destinada a personas «de 8 a 88 años», es en acercar este arte a las nuevas generaciones. Ya se acercó a la adolescencia en ‘Fiesta, fiesta, fiesta’, donde realizó decenas de entrevistas a unos jóvenes que no pierde de vista: «Hay que incluirlos en los procesos, interesarnos en temas que van más allá de los creadores, preguntarles qué necesitan y qué no estamos haciendo. En fin, generar diálogo con la ciudadanía y no solo hacer tu paja mental. Yo hago teatro para conversar con la gente».. Con todo ello, Lucía Miranda recupera para la causa un espectáculo que tiene en cuenta a esos «nuevos» espectadores, pero que sobre todo es un homenaje a su autora: la señora Martín Gaite. «Ante la duda, confía en Carmen Martín Gaite», repite como filosofía de vida de «una creadora muy libre y referencia»: «Supo hacer su propio camino y salir se canon de la época que marcaban los Ferlosio, Cela, Delibes y demás».
Un año después y coincidiendo con el centenario del nacimiento de Carmen Martín Gaite, La Abadía acoge de nuevo un espectáculo que arrasa en la taquilla
Vuelve Lucía Miranda, vuelve Caperucita y, por supuesto, vuelve Carmen Martín Gaite a Madrid a los pocos días de haberse cumplido el centenario de su nacimiento en Salamanca. De no muy lejos de allí, de Valladolid, es Miranda la directora que levantó hace un año su ‘Caperucita en Manhattan’ y que ha tenido que regresar a La Abadía para complacer a las masas madrileñas después de su primera estancia en esta sala y de haber pisado una treintena de plazas por toda la geografía española.. Estrenaron en 2024 con todo vendido y repiten doce meses después. «Con más felicidad si cabe», reconoce la directora y responsable de la dramaturgia de la función en la que Carolina Yuste alternará su papel de Sara Allen con Mar Calvo: «La primera vez piensas en la reacción de la gente, pero ahora ya puedes disfrutar. El que va es porque alguien le ha dicho que tiene que ir. ¿Qué más le puedo pedir a la vida teatral? Poco más», celebra una mujer que disfruta como público de su propio montaje. Desde su butaca puede comprobar de primera mano las reacciones del público; las buenas y las malas: «Es maravilloso ver cómo los adultos entran en la fantasía. Un día tenía detrás a una pareja que no paraba de resoplar porque les estaba espantando y pude entender qué les horrorizaba, y al mismo tiempo, otra pareja de la misma edad estaba disfrutando al máximo».. «Mini cambios». Quizá sea por ello queMiranda no es conservadora con el espectáculo. «Siempre hay cosas que cambiar y escenas que rescribiría, aunque la realidad es que cuando tú lo pones en marcha eso ya tiene su propia vida». Es por ello por lo que la directora reconoce «mini cambios», como el de introducir una broma con el nuevo alcalde de Nueva York, ZohranMamdani. «Todas esas cosas tienen que ver con lo que pasa en el momento y con que las actrices vuelen solas. De hecho, la escena favorita del público es una que ellas han alargado y la han hecho más divertida. Tienen que ser dueñas del espectáculo».. Así, La Abadía programa de nuevo la reinterpretación que Martín Gaite hace del cuento de Perrault, «un ejemplo del poder de la ficción como espacio seguro, como refugio ante la adversidad; una loa a la libertad y a la dificultad de ejercerla, un manifiesto a ser tú mismo. Una obra que parece estar escrita hoy, en una época en la que anhelamos parar, en la que las mujeres no dudan en ocupar los espacios públicos y en la que a diario nos enfrentamos a la difícil labor de elegir un camino», presentan de lo que la autora resumió en una frase de su obra: «En la ciudad, los sueños son tan reales como los edificios que lo rodean».. Tres años fueron los que vivió la directora de ‘Caperucita’ en la Gran Manzana y todavía echa de menos una ciudad que le recuerda a ‘Solo en casa 2’, donde la mendiga de Central Park es una suerte de Miss Lunatic; pero también a Woody Allen, por supuesto, y a su ‘Misterioso asesinato en Manhattan’. «Ahí unos entran y salen y no saben qué ha pasado; y es que así es la ciudad. Trepidante. Loca. En un día te pueden ocurrir muchísimas cosas, es una gran aventura si estás abierto».. Vuelta al sueño neoyorquino. Lucía Miranda se fue de Nueva York, pero la ciudad nunca salió de ella. Sueña con regresar: «Me encantaría. Sería un lujo». Estuvo como estudiante en dos periodos diferentes y le gustaría volver con la familia, «como Elvira Lindo, que se fue unos años a escribir y a seguir trabajando».. «Quiero hacer esta obra porque como Gaite, no me querría ir nunca de Nueva York y es mi manera de continuar allí -defiende Miranda-. Porque creo que es una novela para todos los públicos, que tiene dentro un espectáculo para audiencias de ocho a ochenta y ocho años también. Y porque es una obra legado, una barca a la que agarrarte en la tormenta, no solo por la Torciy Carmen, sino por todas las que llegamos después».. Aun así, la dramaturga no olvida su casa, sus orígenes, Valladolid. «Una gran tierra de teatro»: Concha Velasco, Lola Herrera, Emilio Gutiérrez Caba, ella misma o la reciente galardonada con el Premio Ojo Crítico, María San Miguel. «Ha sido una plaza que siempre han acogido las compañías, pero no es una cosa solo de teatro, también ocurre con el cine, con la Seminci. La ficción tiene su propio espacio. Recuerdo los inviernos vallisoletanos de cuando era adolescente. Mi refugio eran los cines y las librerías, porque también ha dado grandes escritores: Delibes, Zorrilla, Martín Garzo…».. -Quizá eso tenga la culpa de esa coletilla de que allí hablan el castellano «más puro».. -Bueno, si me oyes hablar a mí… [risas] Mi padre me echa la bronca porque dice que me tendría que dar vergüenza ser dramaturga y hablar como hablo».. Pero dentro de ese oasis pucelano, Miranda también saca un hueco para la crítica: «Valladolid ha conseguido todo eso a pesar de que la Junta de Castilla y León no tenga una política cultural fuerte. El Ayuntamiento es otra cosa, pero desde la comunidad no hay una política que responda a los artistas que tiene como sí existe, por ejemplo, en Galicia, Cataluña o País Vasco».. En lo que también hace mucho hincapié, más esta función destinada a personas «de 8 a 88 años», es en acercar este arte a las nuevas generaciones. Ya se acercó a la adolescencia en ‘Fiesta, fiesta, fiesta’, donde realizó decenas de entrevistas a unos jóvenes que no pierde de vista: «Hay que incluirlos en los procesos, interesarnos en temas que van más allá de los creadores, preguntarles qué necesitan y qué no estamos haciendo. En fin, generar diálogo con la ciudadanía y no solo hacer tu paja mental. Yo hago teatro para conversar con la gente».. Con todo ello, Lucía Miranda recupera para la causa un espectáculo que tiene en cuenta a esos «nuevos» espectadores, pero que sobre todo es un homenaje a su autora: la señora Martín Gaite. «Ante la duda, confía en Carmen Martín Gaite», repite como filosofía de vida de «una creadora muy libre y referencia»: «Supo hacer su propio camino y salir se canon de la época que marcaban los Ferlosio, Cela, Delibes y demás».
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