No era un proyecto fácil. Ni mucho menos. Pero sí ilusionante. Traer a Valencia algunas de las joyas de nuestro pintor más relevantes, Joaquín Sorolla, desde la Hispanic Society de Nueva York a la capital del Turia y ubicarlas en pleno centro de la ciudad, en el Palacio de las Comunicaciones, parecía todo un acierto. Porque Valencia quiere a Sorolla y los valencianos siempre responden cuando se exhiben las pinturas del maestro de la luz en su tierra natal. También buscaba ser un reclamo turístico inmejorable. ¿Quién puede resistirse, si está en Valencia, a poder disfrutar de más de 200 pinturas que rara vez salen de la sede de la institución neoyorquina? Por ello, el proyecto, tutelado por el ya expresidente de la Generalitat Valenciana Carlos Mazón -fue una de sus grandes apuestas- tenía todos los ingredientes para convertirse en un nuevo hito en la historia cultural de la ciudad.. Pero los escollos, vaivenes y los tumbos del proyecto amenazan con desinflar las expectativas. Es más, la adecuación del Palacio de las Comunicaciones para acoger estas pinturas está paralizada por un recurso interpuesto por el Colegio de Arquitectos de la Comunitat Valenciana, que ha pleiteado contra los pliegos de la licitación para la adecuación del edificio. Desde la Generalitat llevan meses defendiendo que se va a resolver pronto, pero esto ha hecho que retrasen las previsiones de que en 2027 estuviera abierto el espacio. Así que, ante las dificultades que van sacudiendo el proyecto, el actual jefe del Consell, Juanfran Pérez Llorca, y la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, han anunciado esta semana que las obras de Sorolla se instalarán en el Museo de la Ciudad, en Valencia, un espectacular enclave en pleno centro de la capital que se erige como una solución perfecta para esta problemática. Porque los representantes públicos quieren que estas joyas lleguen a Valencia antes de que finalice la legislatura en 2027. Para ello, se ha elegido un espacio que, en la actualidad sólo acoge exposiciones temporales -se da la circunstancia de que ahora se muestra la obra de Manuel Benedito, discípulo de Sorolla-, ya que está pendiente de una reordenación de sus fondos. Su colección permanente está guardada a la espera de que se lleve a cabo un nuevo plan museológico. Este hecho facilita que los cuadros de Sorolla puedan exhibirse durante bastante tiempo -no hay plazos- en este museo valenciano.. El Consell sigue apostando por este gran proyecto que lleva la firma de Mazón. El expresidente fue quien firmó personalmente con el director de la Hispanic Society, Guillaume Kientz, el convenio por el que esas más de 220 pinturas abandonarían la sede neoyorquina y se instalarán en Valencia al menos, durante cuatro años (el acuerdo es prorrogable para otros cuatro y se podrá renovar por periodos sucesivos adicionales). La intención fue que los acuerdos se suscriban durante un mínimo de 15 años y la idea inicial es que el nuevo museo estuviera abierto el próximo año. Para ponerlo en marcha, la Generalitat se comprometió a acondicionarlo y pagará a la Hispanic una cuota anual de 1.150.000 euros por el préstamo de las obras.. El sucesor de Mazón mantiene la intención de que Sorolla sea profeta en su tierra. Por esta razón, comentó el pasado miércoles que el futuro museo de Sorolla «es un hito, pero es cierto que hay recursos y para adelantar la llegada de los cuadros buscamos espacio». Buenas intenciones, pero eso no quita que, de nuevo, el proyecto de abrir un futuro museo con obras de Sorolla vuelva a desinflarse -lo hizo tras el recurso que aún no se ha resuelto- al buscar alternativas que nada tienen que ver con el proyecto original que suscitó tanta expectación.
El recurso de los arquitectos y la solución provisional de instalarse en el Museo de la Ciudad lastran el atractivo proyecto
No era un proyecto fácil. Ni mucho menos. Pero sí ilusionante. Traer a Valencia algunas de las joyas de nuestro pintor más relevantes, Joaquín Sorolla, desde la Hispanic Society de Nueva York a la capital del Turia y ubicarlas en pleno centro de la ciudad, en el Palacio de las Comunicaciones, parecía todo un acierto. Porque Valencia quiere a Sorolla y los valencianos siempre responden cuando se exhiben las pinturas del maestro de la luz en su tierra natal. También buscaba ser un reclamo turístico inmejorable. ¿Quién puede resistirse, si está en Valencia, a poder disfrutar de más de 200 pinturas que rara vez salen de la sede de la institución neoyorquina? Por ello, el proyecto, tutelado por el ya expresidente de la Generalitat Valenciana Carlos Mazón -fue una de sus grandes apuestas- tenía todos los ingredientes para convertirse en un nuevo hito en la historia cultural de la ciudad.. Pero los escollos, vaivenes y los tumbos del proyecto amenazan con desinflar las expectativas. Es más, la adecuación del Palacio de las Comunicaciones para acoger estas pinturas está paralizada por un recurso interpuesto por el Colegio de Arquitectos de la Comunitat Valenciana, que ha pleiteado contra los pliegos de la licitación para la adecuación del edificio. Desde la Generalitat llevan meses defendiendo que se va a resolver pronto, pero esto ha hecho que retrasen las previsiones de que en 2027 estuviera abierto el espacio. Así que, ante las dificultades que van sacudiendo el proyecto, el actual jefe del Consell, Juanfran Pérez Llorca, y la alcaldesa de Valencia, María José Catalá, han anunciado esta semana que las obras de Sorolla se instalarán en el Museo de la Ciudad, en Valencia, un espectacular enclave en pleno centro de la capital que se erige como una solución perfecta para esta problemática. Porque los representantes públicos quieren que estas joyas lleguen a Valencia antes de que finalice la legislatura en 2027. Para ello, se ha elegido un espacio que, en la actualidad sólo acoge exposiciones temporales -se da la circunstancia de que ahora se muestra la obra de Manuel Benedito, discípulo de Sorolla-, ya que está pendiente de una reordenación de sus fondos. Su colección permanente está guardada a la espera de que se lleve a cabo un nuevo plan museológico. Este hecho facilita que los cuadros de Sorolla puedan exhibirse durante bastante tiempo -no hay plazos- en este museo valenciano.. El Consell sigue apostando por este gran proyecto que lleva la firma de Mazón. El expresidente fue quien firmó personalmente con el director de la Hispanic Society, Guillaume Kientz, el convenio por el que esas más de 220 pinturas abandonarían la sede neoyorquina y se instalarán en Valencia al menos, durante cuatro años (el acuerdo es prorrogable para otros cuatro y se podrá renovar por periodos sucesivos adicionales). La intención fue que los acuerdos se suscriban durante un mínimo de 15 años y la idea inicial es que el nuevo museo estuviera abierto el próximo año. Para ponerlo en marcha, la Generalitat se comprometió a acondicionarlo y pagará a la Hispanic una cuota anual de 1.150.000 euros por el préstamo de las obras.. El sucesor de Mazón mantiene la intención de que Sorolla sea profeta en su tierra. Por esta razón, comentó el pasado miércoles que el futuro museo de Sorolla «es un hito, pero es cierto que hay recursos y para adelantar la llegada de los cuadros buscamos espacio». Buenas intenciones, pero eso no quita que, de nuevo, el proyecto de abrir un futuro museo con obras de Sorolla vuelva a desinflarse -lo hizo tras el recurso que aún no se ha resuelto- al buscar alternativas que nada tienen que ver con el proyecto original que suscitó tanta expectación.
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