Los cristianos medievales en Dinamarca exhibían su riqueza al morir comprando tumbas prestigiosas, puesto que cuanto más cerca de la iglesia, mayor era el precio, aunque tuvieran lepra, una enfermedad muy estigmatizada y culturalmente asociada con el pecado.. Un equipo de investigadores utilizó estas tumbas para investigar la exclusión social basada en la enfermedad, estudiando si las personas con lepra o tuberculosis eran excluidas de las zonas de mayor estatus. Sorprendentemente, descubrieron que las personas con enfermedades estigmatizadas eran enterradas con la misma prominencia que sus compañeros, según se expone en un artículo publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology.. «Esta imagen refleja nuestras ideas sobre cómo las personas del pasado y, en algunos casos, de la actualidad, reaccionaban a enfermedades debilitantes. Sin embargo, nuestro estudio revela que las comunidades medievales presentaban respuestas y una composición variables. En varias comunidades, quienes enfermaban eran enterrados junto a sus vecinos y recibían el mismo trato que cualquier otra persona», explica Saige Kelmelis, de la Universidad de Dakota del Sur (Estados Unidos).. Las investigadoras principales, Kelmelis y Vicki Kristensen, de la Universidad de Dakota del Sur, y Dorthe Pedersen, de la Universidad del Sur de Dinamarca, examinaron 939 esqueletos de adultos procedentes de cinco cementerios medievales daneses (tres urbanos y dos rurales) para identificar posibles diferencias entre las ciudades y el campo.. Una mayor densidad de población facilita la transmisión de la lepra y la tuberculosis, y las condiciones insalubres tradicionalmente asociadas a las ciudades medievales aumentan la vulnerabilidad a ambas enfermedades.. Sin embargo, ambas enfermedades impactaron la vida de los pacientes de manera diferente. Las lesiones faciales de los pacientes con lepra los habrían identificado como diferentes, a diferencia de los síntomas menos específicos de la tuberculosis.. “La tuberculosis es una de esas infecciones crónicas con las que las personas pueden vivir mucho tiempo sin presentar síntomas”, apunta Kelmelis.. Esta investigadora subraya: «La tuberculosis no es tan visiblemente incapacitante como la lepra y en una época en la que se desconocían la causa de la infección y la vía de transmisión, los pacientes con tuberculosis probablemente no eran tratados con la misma estigmatización que los pacientes con lepra, que era más evidente. Quizás la gente de la Edad Media estaba tan ocupada lidiando con una enfermedad que la otra era solo la guinda del pastel».. Los científicos luego mapearon los cementerios, buscando cualquier demarcación que indicara diferencias de estatus, como entierros dentro de edificios religiosos. Trazaron cada esqueleto en estos mapas, buscando diferencias entre áreas de estatus superior e inferior.. «Existe documentación que demuestra que algunas personas podían pagar una cuota para tener un lugar de entierro más privilegiado», recalca Kelmelis, quien agrega: «En vida, estas personas —benefactores, caballeros y clérigos— probablemente también podían usar su riqueza para asegurar una mayor proximidad a la divinidad, como tener un banco más cerca de la entrada de la iglesia».
Las enfermedades estigmatizadas no impedían acceder a entierros socialmente prestigiosos, según un estudio.
Los cristianos medievales en Dinamarca exhibían su riqueza al morir comprando tumbas prestigiosas, puesto que cuanto más cerca de la iglesia, mayor era el precio, aunque tuvieran lepra, una enfermedad muy estigmatizada y culturalmente asociada con el pecado.. Un equipo de investigadores utilizó estas tumbas para investigar la exclusión social basada en la enfermedad, estudiando si las personas con lepra o tuberculosis eran excluidas de las zonas de mayor estatus. Sorprendentemente, descubrieron que las personas con enfermedades estigmatizadas eran enterradas con la misma prominencia que sus compañeros, según se expone en un artículo publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology.. «Esta imagen refleja nuestras ideas sobre cómo las personas del pasado y, en algunos casos, de la actualidad, reaccionaban a enfermedades debilitantes. Sin embargo, nuestro estudio revela que las comunidades medievales presentaban respuestas y una composición variables. En varias comunidades, quienes enfermaban eran enterrados junto a sus vecinos y recibían el mismo trato que cualquier otra persona», explica Saige Kelmelis, de la Universidad de Dakota del Sur (Estados Unidos).. Las investigadoras principales, Kelmelis y Vicki Kristensen, de la Universidad de Dakota del Sur, y Dorthe Pedersen, de la Universidad del Sur de Dinamarca, examinaron 939 esqueletos de adultos procedentes de cinco cementerios medievales daneses (tres urbanos y dos rurales) para identificar posibles diferencias entre las ciudades y el campo.. Una mayor densidad de población facilita la transmisión de la lepra y la tuberculosis, y las condiciones insalubres tradicionalmente asociadas a las ciudades medievales aumentan la vulnerabilidad a ambas enfermedades.. Sin embargo, ambas enfermedades impactaron la vida de los pacientes de manera diferente. Las lesiones faciales de los pacientes con lepra los habrían identificado como diferentes, a diferencia de los síntomas menos específicos de la tuberculosis.. “La tuberculosis es una de esas infecciones crónicas con las que las personas pueden vivir mucho tiempo sin presentar síntomas”, apunta Kelmelis.. Esta investigadora subraya: «La tuberculosis no es tan visiblemente incapacitante como la lepra y en una época en la que se desconocían la causa de la infección y la vía de transmisión, los pacientes con tuberculosis probablemente no eran tratados con la misma estigmatización que los pacientes con lepra, que era más evidente. Quizás la gente de la Edad Media estaba tan ocupada lidiando con una enfermedad que la otra era solo la guinda del pastel».. Los científicos luego mapearon los cementerios, buscando cualquier demarcación que indicara diferencias de estatus, como entierros dentro de edificios religiosos. Trazaron cada esqueleto en estos mapas, buscando diferencias entre áreas de estatus superior e inferior.. «Existe documentación que demuestra que algunas personas podían pagar una cuota para tener un lugar de entierro más privilegiado», recalca Kelmelis, quien agrega: «En vida, estas personas —benefactores, caballeros y clérigos— probablemente también podían usar su riqueza para asegurar una mayor proximidad a la divinidad, como tener un banco más cerca de la entrada de la iglesia».
