La presión policial ejercida durante los últimos años en el Campo de Gibraltar ha provocado un efecto desplazamiento que ya nadie discute en los círculos policiales: el narcotráfico ha buscado nuevas rutas y ha encontrado en el río Guadalquivir un corredor estratégico difícil de controlar. Sanlúcar de Barrameda se ha convertido así en uno de los principales escenarios de esta nueva fase del crimen organizado en Andalucía.. Fuentes policiales lo resumen con una frase tan gráfica como inquietante: «El río es una autopista». Más de cien kilómetros de cauce navegable, decenas de orillas, caños y entradas secundarias hacen prácticamente imposible un control total. Las narcolanchas entran por la desembocadura y remontan el Guadalquivir con rapidez, descargando o repostando en distintos puntos que se extienden desde Sanlúcar hasta Coria del Río o la zona de Isla Menor.. La presión operativa se ha extendido ya a todo ese eje fluvial. De hecho, el reciente tiroteo sufrido por un agente en esta zona es uno de los detonantes de un nuevo despliegue específico: la operación «Tartessus», un plan diseñado para combatir de forma integral el narcotráfico en el río. Los controles, las interceptaciones y las detenciones se reparten entre Sanlúcar, Lebrija, Coria o Isla Menor, en una batalla constante contra organizaciones que se mueven con enorme capacidad de adaptación.. Del hachís a la cocaína: un salto cualitativo en la amenaza. El fenómeno no solo es territorial, sino también cualitativo. Si durante años el Guadalquivir fue utilizado mayoritariamente para el tráfico de hachís, ahora las fuerzas de seguridad detectan un aumento significativo de la entrada de cocaína por esta ruta. Un cambio que eleva el nivel de riesgo: se trata de organizaciones más violentas, más profesionalizadas y menos reacias a utilizar las armas.. «No hay alijo sin su kalashnikov», advierten los agentes. La proliferación de armas de guerra –muchas procedentes del conflicto de Ucrania– es una constante creciente. La presencia de fusiles de asalto en los cargamentos se ha normalizado, lo que incrementa de forma alarmante el peligro para los cuerpos policiales y para la población.. Recursos ilimitados frente a medios insuficientes. El contraste entre la capacidad económica de los narcos y los medios disponibles para combatirlos es uno de los grandes problemas del dispositivo. En Sanlúcar, la Policía Nacional cuenta con apenas 120 funcionarios para cubrir seguridad ciudadana, extranjería y un reducido grupo operativo local. El refuerzo de unidades especializadas como GRECO Jerez –los Grupos de Respuesta Especial para el Crimen Organizado– ha permitido algunas operaciones relevantes, pero resulta claramente insuficiente frente a organizaciones con recursos casi ilimitados.. A ello se suma una sensación ampliamente compartida entre los agentes: se sigue trabajando con herramientas judiciales y tecnológicas de hace dos décadas. Las investigaciones chocan con limitaciones legales y técnicas que dificultan el seguimiento de comunicaciones cifradas.. El negocio del combustible: el petaqueo se desplaza. Otro de los pilares del narcotráfico en la zona es el petaqueo, la red de adquisición, almacenamiento y suministro de combustible para las narcolanchas. Solo en Sanlúcar se han intervenido en los últimos meses cifras descomunales: 20.000 litros, 40.000, 50.000 litros en distintas operaciones.. La presión policial ha provocado que estas redes se desplacen. Ya no repostan únicamente en Sanlúcar: se mueven hacia Jerez, Chiclana o incluso municipios de Sevilla y Lebrija. El riesgo es evidente. La manipulación de grandes cantidades de combustible en entornos urbanos supone una amenaza directa para la seguridad ciudadana, como demuestran incendios recientes vinculados a estas prácticas.. Un fenómeno enquistado en la economía local. La problemática tiene además un fuerte componente social. En Sanlúcar y otros municipios del entorno, el narcotráfico se ha convertido en una fuente de ingresos para parte de la población. Si no es hachís, es marihuana; si no es transporte, es logística, vigilancia o repostaje. El dinero fluye y genera una economía paralela difícil de erradicar sin una intervención integral.. Las organizaciones que operaban en La Línea o Algeciras se han trasladado en bloque. «Aquí están todos ellos», reconocen los investigadores. Muchos de los detenidos en Sanlúcar proceden directamente del Campo de Gibraltar.. La alcaldesa reclama medidas urgentes. Ante este escenario, la alcaldesa de Sanlúcar, Carmen Álvarez, ha elevado la voz. En una reunión celebrada en Cádiz con la subdelegada del Gobierno, Blanca Flores, y mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, reclamó medidas urgentes y contundentes contra el narcotráfico.. Álvarez insistió en la necesidad de una respuesta coordinada entre administraciones y volvió a solicitar que Sanlúcar sea declarada Municipio de Especial Singularidad, una figura que permitiría reforzar plantillas, recursos materiales y medios de protección para los agentes.. Entre sus propuestas figuran el aumento de efectivos de la Guardia Civil, un mayor control del tráfico en el Guadalquivir –donde conviven embarcaciones pesqueras, deportivas y narcolanchas–, actuaciones específicas contra el menudeo y una dotación adecuada de medios y armamento para las fuerzas de seguridad.. Una batalla abierta en el río. Mientras tanto, el Guadalquivir sigue siendo un eje clave del narcotráfico en el sur de España. Una autopista fluvial por la que circulan droga, armas y dinero, y donde la presión policial avanza, pero siempre un paso por detrás de organizaciones que se adaptan, se desplazan y elevan el nivel de violencia.. La guerra contra el narco ya no se libra solo en el Estrecho. Ahora, el frente está río arriba.
Las mafias abandonan el Estrecho y convierten el río Guadalquivir, con Sanlúcar de Barrameda en el epicentro, en una ruta estratégica para la cocaína y el abastecimiento de narcolanchas
La presión policial ejercida durante los últimos años en el Campo de Gibraltar ha provocado un efecto desplazamiento que ya nadie discute en los círculos policiales: el narcotráfico ha buscado nuevas rutas y ha encontrado en el río Guadalquivir un corredor estratégico difícil de controlar. Sanlúcar de Barrameda se ha convertido así en uno de los principales escenarios de esta nueva fase del crimen organizado en Andalucía.. Fuentes policiales lo resumen con una frase tan gráfica como inquietante: «El río es una autopista». Más de cien kilómetros de cauce navegable, decenas de orillas, caños y entradas secundarias hacen prácticamente imposible un control total. Las narcolanchas entran por la desembocadura y remontan el Guadalquivir con rapidez, descargando o repostando en distintos puntos que se extienden desde Sanlúcar hasta Coria del Río o la zona de Isla Menor.. La presión operativa se ha extendido ya a todo ese eje fluvial. De hecho, el reciente tiroteo sufrido por un agente en esta zona es uno de los detonantes de un nuevo despliegue específico: la operación «Tartessus», un plan diseñado para combatir de forma integral el narcotráfico en el río. Los controles, las interceptaciones y las detenciones se reparten entre Sanlúcar, Lebrija, Coria o Isla Menor, en una batalla constante contra organizaciones que se mueven con enorme capacidad de adaptación.. Del hachís a la cocaína: un salto cualitativo en la amenaza. El fenómeno no solo es territorial, sino también cualitativo. Si durante años el Guadalquivir fue utilizado mayoritariamente para el tráfico de hachís, ahora las fuerzas de seguridad detectan un aumento significativo de la entrada de cocaína por esta ruta. Un cambio que eleva el nivel de riesgo: se trata de organizaciones más violentas, más profesionalizadas y menos reacias a utilizar las armas.. «No hay alijo sin su kalashnikov», advierten los agentes. La proliferación de armas de guerra –muchas procedentes del conflicto de Ucrania– es una constante creciente. La presencia de fusiles de asalto en los cargamentos se ha normalizado, lo que incrementa de forma alarmante el peligro para los cuerpos policiales y para la población.. Recursos ilimitados frente a medios insuficientes. El contraste entre la capacidad económica de los narcos y los medios disponibles para combatirlos es uno de los grandes problemas del dispositivo. En Sanlúcar, la Policía Nacional cuenta con apenas 120 funcionarios para cubrir seguridad ciudadana, extranjería y un reducido grupo operativo local. El refuerzo de unidades especializadas como GRECO Jerez –los Grupos de Respuesta Especial para el Crimen Organizado– ha permitido algunas operaciones relevantes, pero resulta claramente insuficiente frente a organizaciones con recursos casi ilimitados.. A ello se suma una sensación ampliamente compartida entre los agentes: se sigue trabajando con herramientas judiciales y tecnológicas de hace dos décadas. Las investigaciones chocan con limitaciones legales y técnicas que dificultan el seguimiento de comunicaciones cifradas.. El negocio del combustible: el petaqueo se desplaza. Otro de los pilares del narcotráfico en la zona es el petaqueo, la red de adquisición, almacenamiento y suministro de combustible para las narcolanchas. Solo en Sanlúcar se han intervenido en los últimos meses cifras descomunales: 20.000 litros, 40.000, 50.000 litros en distintas operaciones.. La presión policial ha provocado que estas redes se desplacen. Ya no repostan únicamente en Sanlúcar: se mueven hacia Jerez, Chiclana o incluso municipios de Sevilla y Lebrija. El riesgo es evidente. La manipulación de grandes cantidades de combustible en entornos urbanos supone una amenaza directa para la seguridad ciudadana, como demuestran incendios recientes vinculados a estas prácticas.. Un fenómeno enquistado en la economía local. La problemática tiene además un fuerte componente social. En Sanlúcar y otros municipios del entorno, el narcotráfico se ha convertido en una fuente de ingresos para parte de la población. Si no es hachís, es marihuana; si no es transporte, es logística, vigilancia o repostaje. El dinero fluye y genera una economía paralela difícil de erradicar sin una intervención integral.. Las organizaciones que operaban en La Línea o Algeciras se han trasladado en bloque. «Aquí están todos ellos», reconocen los investigadores. Muchos de los detenidos en Sanlúcar proceden directamente del Campo de Gibraltar.. La alcaldesa reclama medidas urgentes. Ante este escenario, la alcaldesa de Sanlúcar, Carmen Álvarez, ha elevado la voz. En una reunión celebrada en Cádiz con la subdelegada del Gobierno, Blanca Flores, y mandos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, reclamó medidas urgentes y contundentes contra el narcotráfico.. Álvarez insistió en la necesidad de una respuesta coordinada entre administraciones y volvió a solicitar que Sanlúcar sea declarada Municipio de Especial Singularidad, una figura que permitiría reforzar plantillas, recursos materiales y medios de protección para los agentes.. Entre sus propuestas figuran el aumento de efectivos de la Guardia Civil, un mayor control del tráfico en el Guadalquivir –donde conviven embarcaciones pesqueras, deportivas y narcolanchas–, actuaciones específicas contra el menudeo y una dotación adecuada de medios y armamento para las fuerzas de seguridad.. Una batalla abierta en el río. Mientras tanto, el Guadalquivir sigue siendo un eje clave del narcotráfico en el sur de España. Una autopista fluvial por la que circulan droga, armas y dinero, y donde la presión policial avanza, pero siempre un paso por detrás de organizaciones que se adaptan, se desplazan y elevan el nivel de violencia.. La guerra contra el narco ya no se libra solo en el Estrecho. Ahora, el frente está río arriba.
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