La ingeniería técnica industrial se ha consolidado como una de las profesiones con mayor estabilidad laboral en Andalucía, donde el colectivo suma entre 12.000 y 13.000 profesionales colegiados. El VIII Barómetro Industrial del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España, publicado en julio, muestra un mercado especialmente favorable para la profesión: el 91% del colectivo está actualmente en activo y solo un 3% se encuentra en desempleo, un dato que sitúa a esta profesión muy cerca del pleno empleo.. Según el informe, entre quienes trabajan por cuenta ajena (7 de cada 10), el 76% valora su situación laboral como buena o muy buena y el 81% considera probable o muy probable mantener su empleo en los próximos meses. Un marco nacional que, trasladado a territorios como Andalucía –con un fuerte impulso en áreas como la transición energética, las renovables y los servicios de ingeniería– explica la demanda de estos perfiles. De hecho, resulta especialmente destacable la evolución la región, que, a pesar de no ser tradicionalmente considerada como una comunidad «industrializada», continúa ocupando el tercer lugar, por detrás de Cataluña y muy cerca de Madrid, en cuanto a aportación a la producción industrial. En 2020 representaba el 11,02%; en 2021, su cuota ascendió al 11,93%; y en 2022 alcanzó el 12,34% del total.. En la provincia de Sevilla, el Colegio Oficial de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales (Cogitise) agrupa en torno a 3.500 colegiados, de los cuales un 95% se encuentran empleados. En este escenario, el Colegio ha iniciado una nueva etapa tras la toma de posesión de su junta de gobierno, encabezada por José Joaquín Palma Chaves como decano. Ingeniero técnico industrial por la Universidad de Sevilla y jefe del Departamento de Prevención del Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento del Ayuntamiento hispalense, Palma llega con un discurso marcado por «la gestión y el método». Su experiencia le ha permitido «saber marcar objetivos, organizar equipos y tener claro qué hay que hacer», una manera de trabajar que ahora traslada al Colegio, donde asegura haber conformado «un grupo cohesionado que va a llevar a cabo otro modelo de gestión».. Entre esos aspectos, el nuevo decano sitúa como prioridad el acercamiento al colegiado. Mantener reuniones presenciales y reforzar el contacto directo «con toda la provincia» forma parte de una estrategia que también busca dar mayor protagonismo a quienes ejercen por cuenta propia, un colectivo relevante si se tiene en cuenta que el 31% de los ingenieros técnicos industriales trabaja como autónomo o empresario, y a «otras ramas no representadas». La mejora de los servicios de asesoría técnica, jurídica y acompañamiento es otro de los ejes del mandato. Palma habla de la necesidad de que el colegiado, especialmente el que ejerce de forma libre, se sienta «respaldado».. El decano sitúa también el crecimiento de la colegiación como un reto estratégico. Identifica dos grandes bolsas de profesionales a las que dirigirse: ingenieros que trabajan en sectores como la aeronáutica o las auditorías energéticas y, especialmente, los jóvenes. Muchos, admite, «no entienden muy bien el sentido del colegio». El propio Barómetro alerta de falta talento técnico, ya que el 58% de los encuestados considera que existen carencias importantes de perfiles cualificados en el mercado laboral.. En este punto, Palma recuerda que los ingenieros técnicos industriales no se concentran en un único sector, sino que están presentes en muchos, «desde la administración hasta las energías renovables o la automoción». Esa diversidad es la que permite entender por qué «hay cabida en muchísimas empresas» y por qué la profesión mantiene un «su protagonismo en un contexto marcado por la innovación tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial (IA)». Definir la ingeniería técnica industrial pasa por entenderla como «la capacidad de resolver problemas industriales e incluso cotidianos con seguridad y criterio». En ese camino, la IA aparece como una «herramienta útil», pero, insiste el ingeniero, «no como un sustituto», por lo que «el papel de estos profesionales se hace indispensable para poder utilizarla con conocimiento».. No esquiva el problema del intrusismo, un asunto que considera «grave» por las responsabilidades que implica. Advierte de su presencia en ámbitos como «las instalaciones eléctricas o las plantas fotovoltaicas» y recuerda que, cuando algo falla, «no solo hay un perjuicio económico, sino un riesgo directo para la seguridad de las personas».. Tampoco oculta los retos pendientes en igualdad, con una presencia femenina que ronda entre el 9% de los colegiados, ni la necesidad de reforzar la colaboración con las administraciones. Para Palma, una cooperación más estrecha con el sector público «permitiría aprovechar mejor el conocimiento técnico» en los grandes proyectos de ciudad. «Siempre que colaboramos, la sociedad sale ganando», concluye.
Cogitise, la institución colegial de este gremio en Sevilla, inicia una nueva etapa con José Joaquín Palma al frente en un contexto de alta empleabilidad y retos tecnológicos
La ingeniería técnica industrial se ha consolidado como una de las profesiones con mayor estabilidad laboral en Andalucía, donde el colectivo suma entre 12.000 y 13.000 profesionales colegiados. El VIII Barómetro Industrial del Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España, publicado en julio, muestra un mercado especialmente favorable para la profesión: el 91% del colectivo está actualmente en activo y solo un 3% se encuentra en desempleo, un dato que sitúa a esta profesión muy cerca del pleno empleo.. Según el informe, entre quienes trabajan por cuenta ajena (7 de cada 10), el 76% valora su situación laboral como buena o muy buena y el 81% considera probable o muy probable mantener su empleo en los próximos meses. Un marco nacional que, trasladado a territorios como Andalucía –con un fuerte impulso en áreas como la transición energética, las renovables y los servicios de ingeniería– explica la demanda de estos perfiles. De hecho, resulta especialmente destacable la evolución la región, que, a pesar de no ser tradicionalmente considerada como una comunidad «industrializada», continúa ocupando el tercer lugar, por detrás de Cataluña y muy cerca de Madrid, en cuanto a aportación a la producción industrial. En 2020 representaba el 11,02%; en 2021, su cuota ascendió al 11,93%; y en 2022 alcanzó el 12,34% del total.. En la provincia de Sevilla, el Colegio Oficial de Graduados e Ingenieros Técnicos Industriales (Cogitise) agrupa en torno a 3.500 colegiados, de los cuales un 95% se encuentran empleados. En este escenario, el Colegio ha iniciado una nueva etapa tras la toma de posesión de su junta de gobierno, encabezada por José Joaquín Palma Chaves como decano. Ingeniero técnico industrial por la Universidad de Sevilla y jefe del Departamento de Prevención del Servicio de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento del Ayuntamiento hispalense, Palma llega con un discurso marcado por «la gestión y el método». Su experiencia le ha permitido «saber marcar objetivos, organizar equipos y tener claro qué hay que hacer», una manera de trabajar que ahora traslada al Colegio, donde asegura haber conformado«un grupo cohesionado que va a llevar a cabo otro modelo de gestión».. Entre esos aspectos, el nuevo decano sitúa como prioridad el acercamiento al colegiado. Mantener reuniones presenciales y reforzar el contacto directo «con toda la provincia» forma parte de una estrategia que también busca dar mayor protagonismo a quienes ejercen por cuenta propia, un colectivo relevante si se tiene en cuenta que el 31% de los ingenieros técnicos industriales trabaja como autónomo o empresario, y a «otras ramas no representadas». La mejora de los servicios de asesoría técnica, jurídica y acompañamiento es otro de los ejes del mandato. Palma habla de la necesidad de que el colegiado, especialmente el que ejerce de forma libre, se sienta «respaldado».. El decano sitúa también el crecimiento de la colegiación como un reto estratégico. Identifica dos grandes bolsas de profesionales a las que dirigirse: ingenieros que trabajan en sectores como la aeronáutica o las auditorías energéticas y, especialmente, los jóvenes. Muchos, admite, «no entienden muy bien el sentido del colegio». El propio Barómetro alerta de falta talento técnico, ya que el 58% de los encuestados considera que existen carencias importantes de perfiles cualificados en el mercado laboral.. En este punto, Palma recuerda que los ingenieros técnicos industriales no se concentran en un único sector, sino que están presentes en muchos, «desde la administración hasta las energías renovables o la automoción». Esa diversidad es la que permite entender por qué «hay cabida en muchísimas empresas» y por qué la profesión mantiene un «su protagonismo en un contexto marcado por la innovación tecnológica y la irrupción de la inteligencia artificial (IA)». Definir la ingeniería técnica industrial pasa por entenderla como «la capacidad de resolver problemas industriales e incluso cotidianos con seguridad y criterio». En ese camino, la IA aparece como una «herramienta útil», pero, insiste el ingeniero, «no como un sustituto», por lo que «el papel de estos profesionales se hace indispensable para poder utilizarla con conocimiento».. No esquiva el problema del intrusismo, un asunto que considera «grave» por las responsabilidades que implica. Advierte de su presencia en ámbitos como «las instalaciones eléctricas o las plantas fotovoltaicas» y recuerda que, cuando algo falla, «no solo hay un perjuicio económico, sino un riesgo directo para la seguridad de las personas».. Tampoco oculta los retos pendientes en igualdad, con una presencia femenina que ronda entre el 9% de los colegiados, ni la necesidad de reforzar la colaboración con las administraciones. Para Palma, una cooperación más estrecha con el sector público «permitiría aprovechar mejor el conocimiento técnico» en los grandes proyectos de ciudad. «Siempre que colaboramos, la sociedad sale ganando», concluye.
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