“Celia se va haciendo mayor, ha crecido con los años y llega un momento en que ya no puede seguir haciendo las mismas travesuras que cuando era pequeña. Elena Fortún necesitaba encontrar un relevo, correspondía crear otro personaje para que el público infantil siguiera conectado a la saga, por eso nació Cuchifritín”, explica Nuria Capdevila-Argüelles, profesora de la Universidad de Exeter, responsable de la edición del segundo libro de este personaje, “Cuchifritín y sus primos”, que acaba de publicar Renacimiento. Una editorial que lleva varios años al rescate de los libros que la célebre escritora dedicó a los niños de la familia Gálvez.. “Quisimos redimensionar la autoría de Elena Fortún, seudónimo de Encarnación Aragoneses (Madrid 1886-1952), empezamos a publicar su literatura de exilio y publicaciones menos conocidas y tuvo tanto éxito que seguimos con todo, porque sus libros tienen un paralelismo muy interesante con la historia de España. Tras haber contado la infancia de la famosa Celia, ahora llega el turno de Cuchifritín, su hermano pequeño, personaje inspirado en Félix, el hermanito de Florinda, hijos reales de Mercedes, una amiga de Fortún que conocieron en Tenerife, y cuya familia sirvió de base para la saga de los Gálvez. Su nombre era Juan Antonio y nació cuando Celia tenía siete años. Ella misma lo apodó Cuchifritín, porque según su abuelo, tenía un eco a cochifrito “que le venía pintiparado”. Sus primeras andanzas, travesuras y ocurrencias aparecieron primero por entregas en la revista Gente Menuda entre 1932 y 1933 y posteriormente fueron reunidas en cuatro libros publicados por Aguilar.. En esta nueva entrega, los hermanos Gálvez han dejado París y pasan el verano en el norte de España con sus primos José Ramón y Gerardo, las mellizas Miss Fly y Pili y sus tías. Allí ocurren sus travesuras mientras que papá y mamá están lejos. El verano pasa rápido y el comienzo de curso lleva a los personajes, tras una parada en Valladolid, a la calle Serrano de Madrid, escenario de gran parte de la infancia de Celia. La vida en la capital ha cambiado y también allí sienten la ausencia de los padres. “Cuchifritín no es novelero como su hermana, pero es un niño muy imaginativo, muy noblote y siempre metido en líos. Es travieso, pero increíblemente ocurrente y divertido, organiza muchos estropicios, pero comparte la misma ingenuidad y gracia de su hermana Celia”, explica Capdevila-Argüelles, que señala la capacidad de Fortún para captar la psicología infantil y presentar un mundo en el que los niños son realmente niños, con humor y frescura, traviesos pero inocentes. “Trata de encontrar la lógica a sus travesuras, es decir, de expresar la lógica infantil y no tenerlo como maldad”. Celia, por ejemplo, es una niña que observa mucho y dice sin filtros todo lo que ve. “A través de sus personajes, Fortún mostraba el sinsentido del mundo de los mayores, la hipocresía social, la injusticia, las paradojas y contradicciones del mundo adulto”, significa la profesora. Por eso, “Celia rechaza las normas sin sentido, la autoridad porque sí, quiere que las cosas tengan un por qué, que sean de justicia”.. De alguna manera, Fortún cuestiona los valores de su clase. “No olvidemos que estamos en la década de 1930 y el retrato que elabora a través de estos niños es históricamente muy sólido, vemos a la familia sostenida por los vaivenes de una economía precaria y volátil, a una burguesía caracterizada por la movilidad, los padres se han ido, ¿dónde están papá y mamá? –se preguntan-. Dicen que buscado dinero y fortuna”. Es decir, “la crisis del 29 está ahí -apunta Capdevila-, y esa agudeza histórica me parece muy valiosa”.. A través de los ojos de estos niños, Fortún construyó una crónica fiel de los años más convulsos del siglo XX, narró la vida de un país entero. “Celia y sus hermanos son la historia de una generación. Ella solía decir: “Yo no me invento nada”, porque escribía lo que veía, la República, la guerra, incluso narra el exilio y su regreso de él”. ¿Marcó un hito en la historia de la literatura infantil española? “Creo que es la escritora de literatura infantil más importante, pero es mucho más que eso –afirma Capdevila-. Hay que destacar también su inquietud en la lucha por los valores femeninos, junto a amistades como María de la O Lejárraga, o Victorina Durán y su participación en el Liceo femenino”. El personaje de Celia y su saga ha sido leída por generaciones de niños y adolescentes españoles a lo largo del siglo XX hasta ahora. “Durante tiempo fueron un puente con el pasado. Su reedición en los años 80 fue la única manera de acercarse a la infancia de nuestras abuelas, lo que pasa es que ahora, en la literatura de Fortún se valoran mucha más cosas, se evalúa como un importante documento histórico, como una ventana muy rica en matices a nuestro pasado más reciente”, concluye.
La editorial Renacimiento publica “Cuchifritín y sus primos”, el segundo de los cuatro libros que su creadora, Elena Fortún, dedicó al hermano pequeño de Celia, en edición de Nuria Capdevila-Argüelles e ilustraciones de Serny
“Celia se va haciendo mayor, ha crecido con los años y llega un momento en que ya no puede seguir haciendo las mismas travesuras que cuando era pequeña. Elena Fortún necesitaba encontrar un relevo, correspondía crear otro personaje para que el público infantil siguiera conectado a la saga, por eso nació Cuchifritín”, explica Nuria Capdevila-Argüelles, profesora de la Universidad de Exeter, responsable de la edición del segundo libro de este personaje, “Cuchifritín y sus primos”, que acaba de publicar Renacimiento. Una editorial que lleva varios años al rescate de los libros que la célebre escritora dedicó a los niños de la familia Gálvez.. “Quisimos redimensionar la autoría de Elena Fortún, seudónimo de Encarnación Aragoneses (Madrid 1886-1952), empezamos a publicar su literatura de exilio y publicaciones menos conocidas y tuvo tanto éxito que seguimos con todo, porque sus libros tienen un paralelismo muy interesante con la historia de España. Tras haber contado la infancia de la famosa Celia, ahora llega el turno de Cuchifritín, su hermano pequeño, personaje inspirado en Félix, el hermanito de Florinda, hijos reales de Mercedes, una amiga de Fortún que conocieron en Tenerife, y cuya familia sirvió de base para la saga de los Gálvez. Su nombre era Juan Antonio y nació cuando Celia tenía siete años. Ella misma lo apodó Cuchifritín, porque según su abuelo, tenía un eco a cochifrito “que le venía pintiparado”. Sus primeras andanzas, travesuras y ocurrencias aparecieron primero por entregas en la revista Gente Menuda entre 1932 y 1933 y posteriormente fueron reunidas en cuatro libros publicados por Aguilar.. En esta nueva entrega, los hermanos Gálvez han dejado París y pasan el verano en el norte de España con sus primos José Ramón y Gerardo, las mellizas Miss Fly y Pili y sus tías. Allí ocurren sus travesuras mientras que papá y mamá están lejos. El verano pasa rápido y el comienzo de curso lleva a los personajes, tras una parada en Valladolid, a la calle Serrano de Madrid, escenario de gran parte de la infancia de Celia. La vida en la capital ha cambiado y también allí sienten la ausencia de los padres. “Cuchifritín no es novelero como su hermana, pero es un niño muy imaginativo, muy noblote y siempre metido en líos. Es travieso, pero increíblemente ocurrente y divertido, organiza muchos estropicios, pero comparte la misma ingenuidad y gracia de su hermana Celia”, explica Capdevila-Argüelles, que señala la capacidad de Fortún para captar la psicología infantil y presentar un mundo en el que los niños son realmente niños, con humor y frescura, traviesos pero inocentes. “Trata de encontrar la lógica a sus travesuras, es decir, de expresar la lógica infantil y no tenerlo como maldad”. Celia, por ejemplo, es una niña que observa mucho y dice sin filtros todo lo que ve. “A través de sus personajes, Fortún mostraba el sinsentido del mundo de los mayores, la hipocresía social, la injusticia, las paradojas y contradicciones del mundo adulto”, significa la profesora. Por eso, “Celia rechaza las normas sin sentido, la autoridad porque sí, quiere que las cosas tengan un por qué, que sean de justicia”.. De alguna manera, Fortún cuestiona los valores de su clase. “No olvidemos que estamos en la década de 1930 y el retrato que elabora a través de estos niños es históricamente muy sólido, vemos a la familia sostenida por los vaivenes de una economía precaria y volátil, a una burguesía caracterizada por la movilidad, los padres se han ido, ¿dónde están papá y mamá? –se preguntan-. Dicen que buscado dinero y fortuna”. Es decir, “la crisis del 29 está ahí -apunta Capdevila-, y esa agudeza histórica me parece muy valiosa”.. A través de los ojos de estos niños, Fortún construyó una crónica fiel de los años más convulsos del siglo XX, narró la vida de un país entero. “Celia y sus hermanos son la historia de una generación. Ella solía decir: “Yo no me invento nada”, porque escribía lo que veía, la República, la guerra, incluso narra el exilio y su regreso de él”. ¿Marcó un hito en la historia de la literatura infantil española? “Creo que es la escritora de literatura infantil más importante, pero es mucho más que eso –afirma Capdevila-. Hay que destacar también su inquietud en la lucha por los valores femeninos, junto a amistades como María de la O Lejárraga, o Victorina Durán y su participación en el Liceo femenino”. El personaje de Celia y su saga ha sido leída por generaciones de niños y adolescentes españoles a lo largo del siglo XX hasta ahora. “Durante tiempo fueron un puente con el pasado. Su reedición en los años 80 fue la única manera de acercarse a la infancia de nuestras abuelas, lo que pasa es que ahora, en la literatura de Fortún se valoran mucha más cosas, se evalúa como un importante documento histórico, como una ventana muy rica en matices a nuestro pasado más reciente”, concluye.
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