No estamos ante una simple evolución tecnológica, sino ante una encrucijada cognitiva. La proliferación del slop (contenido basura diseñado por máquinas para engañar a algoritmos) está acelerando la teoría de la “Internet Muerta”, un escenario donde la interacción humana corre el riesgo de volverse residual.. Ami Bondía Raga, directora del Máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza este fenómeno y advierte de que la actual “inflación informativa” amenaza con colapsar la capacidad del individuo para construir un criterio propio.. Una transformación profunda, no un «punto de no retorno». Ante la hipótesis de que la mayor parte de la red sea ya un diálogo entre bots, Bondía aporta una perspectiva histórica necesaria para entender el presente: “No estamos ante una Internet muerta, sino ante una Internet en transformación profunda. Cada revolución, desde la imprenta hasta la televisión, ha generado miedo a la sustitución, pero la historia demuestra que no sobrevive quien más se resiste, sino quien mejor integra el cambio sin perder su esencia”.. Para la experta, hablar de un “punto de no retorno” es un error de diagnóstico: “Eso supondría asumir que hemos perdido la capacidad de intervenir en el rumbo tecnológico, y no es así. La pregunta no es si lo sintético desplaza a lo orgánico, sino si sabremos reforzar el valor de lo humano en un entorno automatizado”.. El peligro del Slop y el «bucle de degradación». El gran agente contaminante de este ecosistema es el slop, que Bondía define como una “inflación informativa: mucho contenido, pero poco valor”. Este fenómeno no solo satura los buscadores, sino que erosiona la credibilidad de todo el sistema digital. El riesgo más crítico, según la experta, es el «bucle de degradación»: un escenario donde las IAs se retroalimentan de datos generados por otras IAs, eliminando la complejidad, el matiz y la duda.. “La IA puede multiplicar la producción de datos, pero el sentido de la información nace de la ética y el contexto, algo que la automatización no puede sustituir plenamente. El peligro real es que el ciudadano pierda referencias sólidas para construir su propio criterio ante tal cantidad de ruido”, afirma la profesora de VIU.. El «curador humano» y la rebelión de la imperfección. En una Internet dominada por la perfección aséptica y estandarizada de los algoritmos, la figura del profesional de la comunicación evoluciona hacia el «curador de contenidos», un rol que Bondía define como un activo de lujo. La diferenciación ya no vendrá de la velocidad en la producción, sino de la vulnerabilidad consciente y la coherencia vital.. “En un ecosistema donde la IA puede imitar casi cualquier estilo, la diferenciación vendrá de la experiencia vivida. La imperfección es nuestra huella de identidad; es la prueba de que detrás hay una persona que ha dudado, aprendido y sentido. Cuanto más sofisticada es la tecnología, más evidente se vuelve aquello que no puede replicar: la emoción genuina. Por eso, la IA no es el fin de la comunicación humana, es la prueba definitiva de su valor”, explica la experta.. Soberanía digital: el pensamiento crítico como hábito de higiene. Para no quedar atrapados en este ecosistema deshumanizado y recuperar el control sobre el consumo informativo, Bondía propone que el ciudadano ejerza su soberanía digital a través de tres pilares fundamentales:. 1. Alfabetización mediática avanzada: comprender cómo funcionan los algoritmos para no ser su producto.. 2. Consumo informativo consciente y diversificado: buscar activamente fuentes humanas y contrastadas.. 3. Desarrollo del pensamiento crítico como hábito: el ciudadano que comprende el ecosistema recupera su autonomía.. Como conclusión, la experta de VIU sentencia: “En la era de la automatización masiva, el gran desafío no es tecnológico, sino humano: preservar el criterio, la ética y la autenticidad como fundamentos del conocimiento”.
En una Internet dominada por la perfección aséptica y estandarizada de los algoritmos, la figura del profesional de la comunicación evoluciona hacia el «curador de contenidos», un rol que desde la VIU definen como un activo de lujo
No estamos ante una simple evolución tecnológica, sino ante una encrucijada cognitiva. La proliferación del slop (contenido basura diseñado por máquinas para engañar a algoritmos) está acelerando la teoría de la “Internet Muerta”, un escenario donde la interacción humana corre el riesgo de volverse residual.. Ami Bondía Raga, directora del Máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a la red de educación superior Planeta Formación y Universidades, analiza este fenómeno y advierte de que la actual “inflación informativa” amenaza con colapsar la capacidad del individuo para construir un criterio propio.. Una transformación profunda, no un «punto de no retorno». Ante la hipótesis de que la mayor parte de la red sea ya un diálogo entre bots, Bondía aporta una perspectiva histórica necesaria para entender el presente: “No estamos ante una Internet muerta, sino ante una Internet en transformación profunda. Cada revolución, desde la imprenta hasta la televisión, ha generado miedo a la sustitución, pero la historia demuestra que no sobrevive quien más se resiste, sino quien mejor integra el cambio sin perder su esencia”.. Para la experta, hablar de un “punto de no retorno” es un error de diagnóstico: “Eso supondría asumir que hemos perdido la capacidad de intervenir en el rumbo tecnológico, y no es así. La pregunta no es si lo sintético desplaza a lo orgánico, sino si sabremos reforzar el valor de lo humano en un entorno automatizado”.. El peligro del Slop y el «bucle de degradación». El gran agente contaminante de este ecosistema es el slop, que Bondía define como una “inflación informativa: mucho contenido, pero poco valor”. Este fenómeno no solo satura los buscadores, sino que erosiona la credibilidad de todo el sistema digital. El riesgo más crítico, según la experta, es el «bucle de degradación»: un escenario donde las IAs se retroalimentan de datos generados por otras IAs, eliminando la complejidad, el matiz y la duda.. “La IA puede multiplicar la producción de datos, pero el sentido de la información nace de la ética y el contexto, algo que la automatización no puede sustituir plenamente. El peligro real es que el ciudadano pierda referencias sólidas para construir su propio criterio ante tal cantidad de ruido”, afirma la profesora de VIU.. El «curador humano» y la rebelión de la imperfección. En una Internet dominada por la perfección aséptica y estandarizada de los algoritmos, la figura del profesional de la comunicación evoluciona hacia el «curador de contenidos», un rol que Bondía define como un activo de lujo. La diferenciación ya no vendrá de la velocidad en la producción, sino de la vulnerabilidad consciente y la coherencia vital.. “En un ecosistema donde la IA puede imitar casi cualquier estilo, la diferenciación vendrá de la experiencia vivida. La imperfección es nuestra huella de identidad; es la prueba de que detrás hay una persona que ha dudado, aprendido y sentido. Cuanto más sofisticada es la tecnología, más evidente se vuelve aquello que no puede replicar: la emoción genuina. Por eso, la IA no es el fin de la comunicación humana, es la prueba definitiva de su valor”, explica la experta.. Soberanía digital: el pensamiento crítico como hábito de higiene. Para no quedar atrapados en este ecosistema deshumanizado y recuperar el control sobre el consumo informativo, Bondía propone que el ciudadano ejerza su soberanía digital a través de tres pilares fundamentales:. 1. Alfabetización mediática avanzada: comprender cómo funcionan los algoritmos para no ser su producto.. 2. Consumo informativo consciente y diversificado: buscar activamente fuentes humanas y contrastadas.. 3. Desarrollo del pensamiento crítico como hábito: el ciudadano que comprende el ecosistema recupera su autonomía.. Como conclusión, la experta de VIU sentencia: “En la era de la automatización masiva, el gran desafío no es tecnológico, sino humano: preservar el criterio, la ética y la autenticidad como fundamentos del conocimiento”.
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