Hay galerías que están haciendo actualmente en Barcelona una labor propia de museos al traernos autores y temáticas que no tienen cabida en los grandes espacios expositivos de la ciudad. Un buen ejemplo de ello es la propuesta que en la actualidad ofrece Imago Dei Gallery. Se trata de una oportunidad de contemplar algunos trabajos realizados por el dúo de creadores Costus, un nombre fundamental para la denominada Movida madrileña. Pinturas y dibujos nos ayudan a conocer de primera mano la producción plástica de esta pareja, especialmente centrando el foco en la obra de Juan de O, seudónimo de Juan José Carrero Galofré, la mitad de Costus.. Las piezas presentes en la galería nos ayudan a saber del interés de Costus por reflejar con sus pinceles la figura humana, especialmente la masculina, con una paleta que sigue impresionando por sus llamativos tonos casi fauvistas. Hay también una reivindicación de la cultura de género, además de una búsqueda de la libertad en muchos de los personajes de estas telas y composiciones sobre papel.. Si el impacto lo sigue teniendo el público, no es difícil imaginar cómo debió ser hace más de cuarenta años, cuando la pareja se convirtió en una tendencia en el Madrid del renacer cultural tras la muerte de Franco. Entre quienes quedaron fascinados por este arte, uno de los primeros admiradores de Costus fue Pedro Almodóvar en el inicio de su meteórica carrera cinematográfica. Buena prueba de ello es la posibilidad de poder contemplar ahora en la muestra barcelonesa un retrato de un joven Almodóvar de la mano de Juan de O. La casa de la pareja de pintores fue uno de los principales escenarios de «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón», el primer título de la filmografía de Almodóvar. Una pintura de Costus, la titulada «El desafío», aparece en «Laberinto de pasiones», el segundo título del manchego para la gran pantalla.. Costus fueron el citado Juan José Carrero Galofré y Enrique Naya Igueravide, pareja creativa y sentimental que tomó su nombre de Costus como un homenaje a las costureras, a las que reivindicaban e idolatraban. Los dos se habían conocido en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz, durante el curso 1974-1975, trasladándose a continuación a Madrid, ciudad que les abrió sus puertas para dejarse conquistar y para que se convirtieran en iconos de su movida, de aquella revolución artística de la que se seguirá hablando por los siglos de los siglos.. Los Costus pasaron a ser un soplo de aire fresco tanto por su manera de entender la pintura, como por lo irreverentes que quisieron ser desde el primer momento, plantando cara al sistema y a los discursos más anticuados. Buena prueba de ello es la serie denominada «El Valle de los Caídos» donde desmitificaban viejas leyendas españolas, casposos misticismos para seguir una colorista senda. También se apoyaron en temáticas puramente españolas, desde la religiosidad a lo folklórico, una manera de bucear en sus propias raíces culturales frente a las invasiones foráneas tan frecuentes en la década de los ochenta. Para ello bucean en todo lo «kitch» en sus cuadros.. Pero su labor traspasaba la pintura al convertir su propio hogar en punto de encuentro de creadores, de Almodóvar a Alaska pasando por Tino Casal, Nacho Canut o Flabio McNamara, por lo que no parece exagerado decir que esa casa fue el centro de la Movida. Casa Costus pasó a ser un mito que todavía hoy pervive en la memoria de cuantos pasaron por allí.. La exposición barcelonesa quiere especialmente poner su foco en Juan de O, Juan Costus, el autor de las obras en Imago Dei Gallery. En una primera etapa, Juan era el autor de los fondos mientras que Enrique se centraba en la figura, aunque ese proceso creativo se giró con el tiempo. La muestra nos ayuda a tener una buena perspectiva del talento de Juan de O, de su inimitable mirada y especial búsqueda del color.. El final de la pareja está marcado por la tragedia porque ambos desaparecieron de forma prematura. Enrique, víctima del sida, falleció en un hospital de Badalona el 4 de mayo de 1989. Un mes más tarde, víctima de una profunda depresión, Juan no aguantó más la ausencia de su pareja y decidió quitarse la vida en Sitges.
Una exposición reivindica el legado pictórico del dúo Costus, a partir de una aproximación a la obra de Juan de O
Hay galerías que están haciendo actualmente en Barcelona una labor propia de museos al traernos autores y temáticas que no tienen cabida en los grandes espacios expositivos de la ciudad. Un buen ejemplo de ello es la propuesta que en la actualidad ofrece Imago Dei Gallery. Se trata de una oportunidad de contemplar algunos trabajos realizados por el dúo de creadores Costus, un nombre fundamental para la denominada Movida madrileña. Pinturas y dibujos nos ayudan a conocer de primera mano la producción plástica de esta pareja, especialmente centrando el foco en la obra de Juan de O, seudónimo de Juan José Carrero Galofré, la mitad de Costus.. Las piezas presentes en la galería nos ayudan a saber del interés de Costus por reflejar con sus pinceles la figura humana, especialmente la masculina, con una paleta que sigue impresionando por sus llamativos tonos casi fauvistas. Hay también una reivindicación de la cultura de género, además de una búsqueda de la libertad en muchos de los personajes de estas telas y composiciones sobre papel.. Si el impacto lo sigue teniendo el público, no es difícil imaginar cómo debió ser hace más de cuarenta años, cuando la pareja se convirtió en una tendencia en el Madrid del renacer cultural tras la muerte de Franco. Entre quienes quedaron fascinados por este arte, uno de los primeros admiradores de Costus fue Pedro Almodóvar en el inicio de su meteórica carrera cinematográfica. Buena prueba de ello es la posibilidad de poder contemplar ahora en la muestra barcelonesa un retrato de un joven Almodóvar de la mano de Juan de O. La casa de la pareja de pintores fue uno de los principales escenarios de «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón», el primer título de la filmografía de Almodóvar. Una pintura de Costus, la titulada «El desafío», aparece en «Laberinto de pasiones», el segundo título del manchego para la gran pantalla.. Costus fueron el citado Juan José Carrero Galofré y Enrique Naya Igueravide, pareja creativa y sentimental que tomó su nombre de Costus como un homenaje a las costureras, a las que reivindicaban e idolatraban. Los dos se habían conocido en la Escuela de Artes y Oficios de Cádiz, durante el curso 1974-1975, trasladándose a continuación a Madrid, ciudad que les abrió sus puertas para dejarse conquistar y para que se convirtieran en iconos de su movida, de aquella revolución artística de la que se seguirá hablando por los siglos de los siglos.. Los Costus pasaron a ser un soplo de aire fresco tanto por su manera de entender la pintura, como por lo irreverentes que quisieron ser desde el primer momento, plantando cara al sistema y a los discursos más anticuados. Buena prueba de ello es la serie denominada «El Valle de los Caídos» donde desmitificaban viejas leyendas españolas, casposos misticismos para seguir una colorista senda. También se apoyaron en temáticas puramente españolas, desde la religiosidad a lo folklórico, una manera de bucear en sus propias raíces culturales frente a las invasiones foráneas tan frecuentes en la década de los ochenta. Para ello bucean en todo lo «kitch» en sus cuadros.. Pero su labor traspasaba la pintura al convertir su propio hogar en punto de encuentro de creadores, de Almodóvar a Alaska pasando por Tino Casal, Nacho Canut o Flabio McNamara, por lo que no parece exagerado decir que esa casa fue el centro de la Movida. Casa Costus pasó a ser un mito que todavía hoy pervive en la memoria de cuantos pasaron por allí.. La exposición barcelonesa quiere especialmente poner su foco en Juan de O, Juan Costus, el autor de las obras en Imago Dei Gallery. En una primera etapa, Juan era el autor de los fondos mientras que Enrique se centraba en la figura, aunque ese proceso creativo se giró con el tiempo. La muestra nos ayuda a tener una buena perspectiva del talento de Juan de O, de su inimitable mirada y especial búsqueda del color.. El final de la pareja está marcado por la tragedia porque ambos desaparecieron de forma prematura. Enrique, víctima del sida, falleció en un hospital de Badalona el 4 de mayo de 1989. Un mes más tarde, víctima de una profunda depresión, Juan no aguantó más la ausencia de su pareja y decidió quitarse la vida en Sitges.
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