La sociedad de convencidos, de la que se ha contagiado la televisión, nos ha llevado a canales repletos de tertulias en las que sabes el enfoque de cada idea dependiendo de quién abra la boca. Los debates ya no son para los pensadores de la cultura o los expertos en los asuntos que te aportaban miradas despiertas entre las manipulaciones del ruido. Las cadenas prefieren contertulios de argumentario, que posicionan al espectador como si estuviera viendo Sálvame o Tómbola. Conmigo o contra mí. No hay más vida inteligente. De hecho, lo importante no es qué pasa: es quién lo dice. El posicionamiento sobre los asuntos gira como un calcetín dependiendo de la persona que lo protagonice.. Todos hablan de libertad pero solo defienden su libertad. El individualismo social ha ganado. Hasta que aparece Alba Carrillo, hija de esta misma estirpe de programas que ha trasladado dinámicas de Tómbola a la política. Pero sus brotes de imprevisibilidad han transformado a la periodista en sinónimo de honestidad. Porque sabes que no será la voz del que se presupone que le da voz. Es la única que solo se representa a ella y, a la vez, así, termina representando a causas compartidas.. Su coherencia le ha impedido quedarse callada por la presencia de Ofelia Hentschel en Masterchef, lanzando la pregunta al público de si es ético que una cadena pública fiche a una persona que pidió no pagar impuestos. Y nadie la responde. Aunque fuera tan fácil como que saliera Ofelia a excusarse de aquellas declaraciones en un Dubai atacado. Tan sencillo como decir que fue pasto del miedo y necesitaba que alguien la rescatara de allí.. También Alba ha dudado de la legitimidad del documental de Benita en La 2. En las esferas privadas se comentaba, pero nadie se atrevía a verbalizarlo públicamente. Tantas personas trans que llevan toda la vida luchando por los derechos jamás tuvieron un documental así en TVE. A pesar de contar con bastante más historia noticiosa que Benita.. Alba Carrillo se moja más allá de seguir los cánones del relato predominante, que nos hace previsibles en una sociedad en la que si eres de derechas parece que debes cerrar filas con el enfoque oficial. Y si eres de izquierda, ahora, también. Sin matices. Cosa que no es muy progresista, por cierto. La imposición siempre es carca.. Con este panorama, se van marchando de la televisión las grandes audiencias: las que está en la vida y no en la fe ciega de dos únicas corrientes inamovibles de opinión. Desde su pasión desmedida que le visibilizó en la tele y las redes sociales en la que ha crecido, pero con una implicación social que no acostumbran las influencers del algoritmo -pensando qué trabajo o qué publi se les puede caer-, Carrillo ha marcado estos días su paso. Es oro para las tertulias, pues transmite alma incontrolable desde un prisma que no parece trending en esta época: que no te metan en un único patrón de pensamiento. Una rareza. Paradojas de la era donde la opinión es más democrática que nunca. Tenemos más plataformas para la expresión gracias a Internet. Sin embargo, estar hiperconectados ha ayudado a que solo busquemos a quien nos da la razón. Pero Alba no puede evitarlo. No se deja dentro sus ideales. Reivindica en lo que cree, actitud que en una mujer muchos confundían con “es conflictiva”. Siempre ha habido virtudes que nos han terminado haciendo creer que eran un defecto. Será porque autocensurados somos más cómodos, porque se nos ve venir de lejos en un mundo distraído en el show de los polos opuestos.
Alba Carrillo y la incontinencia verbal con más enjundia que calentura.
20MINUTOS.ES – Televisión
La sociedad de convencidos, de la que se ha contagiado la televisión, nos ha llevado a canales repletos de tertulias en las que sabes el enfoque de cada idea dependiendo de quién abra la boca. Los debates ya no son para los pensadores de la cultura o los expertos en los asuntos que te aportaban miradas despiertas entre las manipulaciones del ruido. Las cadenas prefieren contertulios de argumentario, que posicionan al espectador como si estuviera viendo Sálvame o Tómbola. Conmigo o contra mí. No hay más vida inteligente. De hecho, lo importante no es qué pasa: es quién lo dice. El posicionamiento sobre los asuntos gira como un calcetín dependiendo de la persona que lo protagonice.. Todos hablan de libertad pero solo defienden su libertad. El individualismo social ha ganado. Hasta que aparece Alba Carrillo, hija de esta misma estirpe de programas que ha trasladado dinámicas de Tómbola a la política. Pero sus brotes de imprevisibilidad han transformado a la periodista en sinónimo de honestidad. Porque sabes que no será la voz del que se presupone que le da voz. Es la única que solo se representa a ella y, a la vez, así, termina representando a causas compartidas.. Su coherencia le ha impedido quedarse callada por la presencia de Ofelia Hentschel en Masterchef, lanzando la pregunta al público de si es ético que una cadena pública fiche a una persona que pidió no pagar impuestos. Y nadie la responde. Aunque fuera tan fácil como que saliera Ofelia a excusarse de aquellas declaraciones en un Dubai atacado. Tan sencillo como decir que fue pasto del miedo y necesitaba que alguien la rescatara de allí.. También Alba ha dudado de la legitimidad del documental de Benita en La 2. En las esferas privadas se comentaba, pero nadie se atrevía a verbalizarlo públicamente. Tantas personas trans que llevan toda la vida luchando por los derechos jamás tuvieron un documental así en TVE. A pesar de contar con bastante más historia noticiosa que Benita.. Alba Carrillo se moja más allá de seguir los cánones del relato predominante, que nos hace previsibles en una sociedad en la que si eres de derechas parece que debes cerrar filas con el enfoque oficial. Y si eres de izquierda, ahora, también. Sin matices. Cosa que no es muy progresista, por cierto. La imposición siempre es carca.. Con este panorama, se van marchando de la televisión las grandes audiencias: las que está en la vida y no en la fe ciega de dos únicas corrientes inamovibles de opinión. Desde su pasión desmedida que le visibilizó en la tele y las redes sociales en la que ha crecido, pero con una implicación social que no acostumbran las influencers del algoritmo -pensando qué trabajo o qué publi se les puede caer-, Carrillo ha marcado estos días su paso. Es oro para las tertulias, pues transmite alma incontrolable desde un prisma que no parece trending en esta época: que no te metan en un único patrón de pensamiento. Una rareza. Paradojas de la era donde la opinión es más democrática que nunca. Tenemos más plataformas para la expresión gracias a Internet. Sin embargo, estar hiperconectados ha ayudado a que solo busquemos a quien nos da la razón. Pero Alba no puede evitarlo. No se deja dentro sus ideales. Reivindica en lo que cree, actitud que en una mujer muchos confundían con “es conflictiva”. Siempre ha habido virtudes que nos han terminado haciendo creer que eran un defecto. Será porque autocensurados somos más cómodos, porque se nos ve venir de lejos en un mundo distraído en el show de los polos opuestos.
