El calor se ha convertido en uno de los grandes desafíos de los hogares españoles. La primera ola de calor en España ha llegado antes de terminar junio. Siendo cada vez más frecuentes, más intensas y más prolongadas, se ha disparado la dependencia del aire acondicionado en millones de viviendas. Sin embargo, no todos los hogares cuentan con estos sistemas y, además, su uso continuado suele traducirse en facturas eléctricas cada vez más elevadas.. Ante este escenario, arquitectos especializados en diseño bioclimático insisten en una idea que durante décadas formó parte de la construcción tradicional: una casa bien pensada puede combatir gran parte del calor sin necesidad de recurrir constantemente a aparatos de climatización. La clave no está en la tecnología, sino en comprender cómo entra el calor en la vivienda y cómo impedir que se acumule.. La batalla contra el calor empieza mucho antes de encender un aparato. Cuando una vivienda se recalienta, el problema no suele estar únicamente en la temperatura exterior. La radiación solar que incide sobre ventanas y fachadas, el aire caliente que se acumula en el interior y los materiales constructivos que almacenan calor durante horas son factores determinantes.. Según explica el arquitecto Juan Pacheco, una de las estrategias más eficaces consiste en favorecer la ventilación natural mediante diferencias de presión que permitan renovar constantemente el aire interior. En términos prácticos, se trata de aprovechar la circulación natural del aire para expulsar el calor acumulado y sustituirlo por aire más fresco. Este fenómeno, conocido como ventilación cruzada, ha sido utilizado durante siglos en regiones cálidas mucho antes de la aparición del aire acondicionado.. Techos altos, espacios abiertos y muros gruesos: soluciones que nunca pasaron de moda. Algunas de las medidas más eficaces son también las más antiguas. Las viviendas con techos elevados ofrecen una ventaja evidente: el aire caliente asciende y permanece alejado de las zonas habitadas, mejorando la sensación térmica.. Algo similar ocurre con las distribuciones abiertas. Cuanto más fácil sea la circulación del aire entre distintas estancias, más sencillo resultará evacuar el calor acumulado.. Los materiales también desempeñan un papel fundamental. Los muros gruesos de ladrillo macizo, piedra o bloques de hormigón poseen una elevada inercia térmica. Esto significa que tardan muchas horas en absorber el calor exterior y otras tantas en liberarlo hacia el interior. Gracias a esta propiedad, las viviendas mantienen una temperatura más estable incluso durante los días más calurosos. No es casualidad que muchas construcciones tradicionales del sur de España incorporaran precisamente estas características mucho antes de que existieran los sistemas modernos de refrigeración.. La estrategia que recomiendan los expertos para viviendas ya construidas. No todas las casas fueron diseñadas con criterios bioclimáticos. Sin embargo, eso no significa que no puedan mejorar notablemente su comportamiento frente al calor.. Pacheco propone una pauta sencilla: aprovechar las horas nocturnas y la madrugada para abrir completamente puertas y ventanas, permitiendo que el aire fresco renueve el interior. Una vez que la temperatura exterior comienza a subir, la recomendación es cerrar ventanas, bajar persianas y minimizar la entrada de radiación solar. La fórmula podría resumirse en una frase: ventilar de noche y proteger durante el día.. Esta estrategia resulta especialmente eficaz cuando se combina con elementos de sombra exterior, como toldos, pérgolas o aleros, capaces de bloquear gran parte de la radiación solar antes de que alcance los cerramientos y las ventanas.. Uno de los aspectos más destacados por los especialistas es la importancia de controlar la incidencia directa del sol. Un voladizo bien diseñado o un toldo correctamente instalado puede reducir de forma considerable la temperatura interior durante las horas más críticas.. La vegetación también desempeña un papel relevante. Enredaderas, parras o glicinias instaladas en terrazas y balcones generan sombra natural y crean pequeños microclimas gracias a la evapotranspiración, un proceso que contribuye a refrescar el ambiente circundante. Además, pequeñas intervenciones como sellar rendijas, utilizar pinturas reflectantes en cubiertas o colocar muebles macizos junto a las paredes más expuestas al sol pueden ayudar a limitar la transmisión del calor hacia el interior.. Más allá de las características constructivas, los arquitectos recuerdan que la forma de habitar una casa influye directamente en la sensación de frescor. Utilizar las estancias más soleadas durante las horas nocturnas y refugiarse en las orientadas al norte o al este durante las tardes puede marcar una diferencia notable sin necesidad de realizar obras.. Mantener una vivienda confortable durante el verano no siempre exige grandes inversiones. Comprender cómo actúan el sol, el aire y los materiales permite aprovechar recursos que llevan siglos funcionando. Porque, en muchos casos, la mejor climatización sigue siendo la que proporciona la propia arquitectura.
Mientras las temperaturas baten récords cada verano, los expertos recuerdan que muchas viviendas pueden ganar confort térmico con soluciones sencillas, económicas y al alcance de casi cualquier bolsillo
El calor se ha convertido en uno de los grandes desafíos de los hogares españoles. La primera ola de calor en España ha llegado antes de terminar junio. Siendo cada vez más frecuentes, más intensas y más prolongadas, se ha disparado la dependencia del aire acondicionado en millones de viviendas. Sin embargo, no todos los hogares cuentan con estos sistemas y, además, su uso continuado suele traducirse en facturas eléctricas cada vez más elevadas.. Ante este escenario, arquitectos especializados en diseño bioclimático insisten en una idea que durante décadas formó parte de la construcción tradicional: una casa bien pensada puede combatir gran parte del calor sin necesidad de recurrir constantemente a aparatos de climatización. La clave no está en la tecnología, sino en comprender cómo entra el calor en la vivienda y cómo impedir que se acumule.. La batalla contra el calor empieza mucho antes de encender un aparato. Cuando una vivienda se recalienta, el problema no suele estar únicamente en la temperatura exterior. La radiación solar que incide sobre ventanas y fachadas, el aire caliente que se acumula en el interior y los materiales constructivos que almacenan calor durante horas son factores determinantes.. Según explica el arquitecto Juan Pacheco, una de las estrategias más eficaces consiste en favorecer la ventilación natural mediante diferencias de presión que permitan renovar constantemente el aire interior. En términos prácticos, se trata de aprovechar la circulación natural del aire para expulsar el calor acumulado y sustituirlo por aire más fresco. Este fenómeno, conocido como ventilación cruzada, ha sido utilizado durante siglos en regiones cálidas mucho antes de la aparición del aire acondicionado.. Techos altos, espacios abiertos y muros gruesos: soluciones que nunca pasaron de moda. Algunas de las medidas más eficaces son también las más antiguas. Las viviendas con techos elevados ofrecen una ventaja evidente: el aire caliente asciende y permanece alejado de las zonas habitadas, mejorando la sensación térmica.. Algo similar ocurre con las distribuciones abiertas. Cuanto más fácil sea la circulación del aire entre distintas estancias, más sencillo resultará evacuar el calor acumulado.. Los materiales también desempeñan un papel fundamental. Los muros gruesos de ladrillo macizo, piedra o bloques de hormigón poseen una elevada inercia térmica. Esto significa que tardan muchas horas en absorber el calor exterior y otras tantas en liberarlo hacia el interior. Gracias a esta propiedad, las viviendas mantienen una temperatura más estable incluso durante los días más calurosos. No es casualidad que muchas construcciones tradicionales del sur de España incorporaran precisamente estas características mucho antes de que existieran los sistemas modernos de refrigeración.. La estrategia que recomiendan los expertos para viviendas ya construidas. No todas las casas fueron diseñadas con criterios bioclimáticos. Sin embargo, eso no significa que no puedan mejorar notablemente su comportamiento frente al calor.. Pacheco propone una pauta sencilla: aprovechar las horas nocturnas y la madrugada para abrir completamente puertas y ventanas, permitiendo que el aire fresco renueve el interior. Una vez que la temperatura exterior comienza a subir, la recomendación es cerrar ventanas, bajar persianas y minimizar la entrada de radiación solar. La fórmula podría resumirse en una frase: ventilar de noche y proteger durante el día.. Esta estrategia resulta especialmente eficaz cuando se combina con elementos de sombra exterior, como toldos, pérgolas o aleros, capaces de bloquear gran parte de la radiación solar antes de que alcance los cerramientos y las ventanas.. Uno de los aspectos más destacados por los especialistas es la importancia de controlar la incidencia directa del sol. Un voladizo bien diseñado o un toldo correctamente instalado puede reducir de forma considerable la temperatura interior durante las horas más críticas.. La vegetación también desempeña un papel relevante. Enredaderas, parras o glicinias instaladas en terrazas y balcones generan sombra natural y crean pequeños microclimas gracias a la evapotranspiración, un proceso que contribuye a refrescar el ambiente circundante. Además, pequeñas intervenciones como sellar rendijas, utilizar pinturas reflectantes en cubiertas o colocar muebles macizos junto a las paredes más expuestas al sol pueden ayudar a limitar la transmisión del calor hacia el interior.. Más allá de las características constructivas, los arquitectos recuerdan que la forma de habitar una casa influye directamente en la sensación de frescor. Utilizar las estancias más soleadas durante las horas nocturnas y refugiarse en las orientadas al norte o al este durante las tardes puede marcar una diferencia notable sin necesidad de realizar obras.. Mantener una vivienda confortable durante el verano no siempre exige grandes inversiones. Comprender cómo actúan el sol, el aire y los materiales permite aprovechar recursos que llevan siglos funcionando. Porque, en muchos casos, la mejor climatización sigue siendo la que proporciona la propia arquitectura.
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